Descuella el ser humano entre los primos titís, macacos,
aulladores, gibones, cercopitecos, langures, mandriles, orangutanes, gorilas o
chimpancés, por una cualidad: asocia un significado a sus sonidos, se comunica
por medio de un lenguaje articulado, habla y, con peor disposición, escucha.
Somos unos primates que elaboramos, expresamos y comunicamos nuestros
pensamientos. Pero los desasosiegos de la historia y las vicisitudes de la
geografía han labrado comunidades de hablantes cercadas por un código común,
unos idiomas que, más allá de análisis lingüísticos, filológicos o
psicológicos, fueron bandera de un imperio. No hay mejor clave para el dominio
que la uniformidad de los súbditos: un idioma, un dios, un rey. Anatema para el
distinto, extranjero, usurpador en mi territorio. Y no lo fío tan lejos; los
mismos que santifican a Isabel I de Castilla impiden la enseñanza del euskera
en la Escuela Oficial de Idiomas en Miranda de Ebro. Antes habían apoyado la
del gallego en el Bierzo. ¿Asombra ese disparejo trato? Para nada. Es un jalón
previsible en la lógica del conservadurismo castellano (extensible al español),
de sus gentes y de sus gobernantes. Es un vergajazo rabioso ante la acometida
de una realidad que les supera. Son hijos de los corifeos que clamaban que
“España es una y no cincuenta y una” allá por la etapa preautonómica, ellos
mismos sonreían al son del “Pujol, enano, habla castellano” minutos antes de
pactar con él. Pretenden conformar su España acomplejando Castilla. Deploran el
uso del catalán o del euskera, para ellos son extranjeros en su tierra, el
gallego es sólo lengua pobre de campesinos sin mayor trascendencia, no supone
peligro para su concepción de la patria. El mismo reflejo que les impele a
aguzar su verbo contra quienes exigen la devolución de parte de los legajos del
archivo de Salamanca por qué quien lo pide son catalanes. Acostumbrados a
imponer ordalías a sus herejes, cualquiera que no sean ellos, va siendo hora de
que asuman que vertebrar no es hacer todos los huesos iguales sino distintos y
complementarios y de la salud de cada uno se conforma un cuerpo con mejor
disposición para vivir. El mutuo conocimiento de las partes evitará resabios
¿Qué mejor que facilitar el aprendizaje de los otros idiomas hablados por
gentes destinadas a convivir en un espacio común? ¿O volvemos al mono?
Blog sin más pretensión que la de poner un poco de orden en mi cabeza. Irán apareciendo los artículos que vaya publicando en diversos medios de comunicación y algunas reflexiones tomadas a vuelapluma. Aprovecharé para recopilar artículos publicados tiempo atrás.
Mostrando entradas con la etiqueta El Mundo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Mundo. Mostrar todas las entradas
domingo, 7 de agosto de 2005
jueves, 4 de agosto de 2005
EL VERANO MIENTE EN LOS PUEBLOS
Cuando
envío un artículo al periódico tengo la misma sensación que el náufrago
que arroja una botella al mar. Si además es catorce de agosto la
botella, pienso, caerá en un mar seco.
Hace
dos horas escasas aún estaba en mi pueblo, uno de tantos que
languidecen en invierno para resurgir falsariamente durante unos escasos
días. En invierno la edad media de la población se aproxima
inexorablemente al número de los que allá habitan, en verano la
chiquillería asalta en cualquier esquina. Los que un día nos tuvimos que
ir sonreímos en corrillos con tristeza y no podemos contener la
desazón, lo bien que aquí viviríamos si durante el larguísimo invierno
se mantuviese esta algarabía vital. Hundimos allí las raíces y la
nostalgia pero nuestra vida trampea en otros lugares lejanos.
El
capitalismo se rige por fuerzas centrípetas, precisa de la acumulación.
Necesita un centro al que atraer y una periferia excluida. Si a gran
escala la periferia son continentes enteros, en la pequeña proporción de
un estado las ciudades grandes se tornan en metrópolis acolmenadas y
los pueblos núcleos de estudio para los etnógrafos. Los irreductibles
que aun quedan ya no miran al cielo, entre la edad y el fatalismo sus
ojos apuntan a Bruselas y de allí cada vez llueve menos.
Estos
días he visto a Rasueros alborotarse, reencuentros, abrazos, tertulias
en el bar o la piscina, niños merodeando alrededor de la tienda de
Tomasa, chavales adornando las peñas para unas fiestas que ya asoman,
Gabi se casó con Arancha, todos buscamos desde cualquier camino los
matices que la luz brinda de una de las más bellas torres del románico
mudéjar. Cuando los músicos recojan sus aperos el reencuentro será
entre el pueblo y su realidad. Todos, chiquillos, chavales, adultos y
los que se casaron, nos habremos ido. Las peñas apagarán sus luces para
los próximos once meses, Tomasa despachará algún kilo de fruta de tanto
en tanto y la torre será una foto pegada en la pared de nuestras casas.
El verano es el último estertor, la mejoría que precede a la muerte, la
gran mentira.
Diversas oleadas de pueblerinos llenamos las ciudades, fuimos los emigrantes en décadas pasadas, hoy son otros –sería bueno recordar- los que vienen con el mismo designio, huir del hambre, labrarse un futuro. Así, acumulando, esquilmando de aquí y de allá, se escribe la historia de las ciudades; así, poco a poco, nuestros pueblos se han deformado en meros parques temáticos, enclaves del pasado, un suicidio para el futuro, una letras impresas a fuego lento: R.I.P.
Diversas oleadas de pueblerinos llenamos las ciudades, fuimos los emigrantes en décadas pasadas, hoy son otros –sería bueno recordar- los que vienen con el mismo designio, huir del hambre, labrarse un futuro. Así, acumulando, esquilmando de aquí y de allá, se escribe la historia de las ciudades; así, poco a poco, nuestros pueblos se han deformado en meros parques temáticos, enclaves del pasado, un suicidio para el futuro, una letras impresas a fuego lento: R.I.P.
lunes, 23 de mayo de 2005
CON CARGO A PRESUPUESTOS
La “princesita republicana” es ya más
princesa y nada republicana. Cenicienta, plebeya, casó con príncipe azulesco
pero no fue más cenicienta. La mezcolanza del pueblo y la monarquía, din, don,
dan, tañen ebúrneas gargantas advenedizas pero Letizia es Su Alteza Real y de
ella, de la que fue, sin noticias; no me refiero a su pasado sino al futuro que
delataba su pasado. No hay unión sino abducción. El príncipe, al parecer, se
enamoró de una como nosotros, pero se ha casado con una como él. Exclusiva y
excluyente, de sucesión dinástica y linajuda estirpe venidera. La Letizia
humana y libre ha constreñido su rebeldía con la seda ceñida de un papel de
consorte sometida al ogro de un protocolo que no sabe donde colocar a la mujer
de su padre. Aquella ortizada del “déjame hablar a mí” pasó a mejor vida
borbónica. Un cuento es crear mundos ajenos a éste y ella es protagonista ya de
este cuento caro y absurdo que es la monarquía. Incomprensible para mí, pero
claro yo como las chuletillas con las manos.
De la boda en sí huí, pero corrió más que
yo. Ya fuera en el bar o en el comentario de quien me acompañaba en el autobús:
boda. Tan hortera, supongo, como casi todas, pero más. O eso pensaba hasta esta
mañana, hasta abrir la prensa y toparme en una foto con el flamear de lo
hortera genuino en un cuadro de encorsetado hortera. Ágata Ruiz de la Prada en
guiño maliciosamente ingenuo dibujó un corazón republicano en medio del sarao.
Como esa niña que llama gorda a la señora gorda ante el sonrojo de sus padres,
Ágata hizo hervir la mueca de los que le sonreían. Un traje a la altura del
brillante calambur con que Quevedo llamó coja a la mujer de Felipe IV, con la
fuerza expresiva de cualquier sátira dramática de Darío Fo a quién el Vaticano
llamó bufón cuando le concedieron el Nobel. Sí. Pero entre tanto cortesano el
bufón puso colores a su corazón, medio en broma pero muy en serio, y habló;
otros, por miedo o interés, callarán para siempre.
Punto y final a un esperpento, a una ópera
bufa –algún autor denomina a este género, casualmente, zarzuela- latosa pero
tan previsible como las antecedentes y como, eso temo, las que quedan por
venir. Sobre todo si la pareja sigue los consejos de Rouco y crían una ingente
prole de borboncitos ortiz. Podemos juntarnos con más niños en palacio que en
la Tierra de Campos toda.
Hoy es otro día y como cualquier día toca
trabajar, a quién tenga la suerte de tener trabajo.
Ah, en Valladolid, para no ser menos,
también tuvimos teatro en la calle.
jueves, 5 de mayo de 2005
POR LA NEOLENGUA A LA SHARIA
“LA GUERRA ES LA PAZ
LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD
LA IGNORANCIA ES LA FUERZA”
Las tres consignas del partido. “1984” George Orwell
Al libro citado,
imbuidos por una lectura epidérmica, hemos asociado la idea de una sociedad
persistentemente acechada por una pantalla desde la que se observa cada uno de
los movimientos de todo individuo. No en vano vivimos en la era de las
imágenes. A mí, por el contrario, más que la vigilancia de los movimientos, del
libro de Orwell me desasosiega el control del pensamiento. Por más estricta que
fuese la vigilancia ningún supuesto Gran Hermano podría aspirar a otra
subordinación superior en grado a la obediencia de unos súbditos amedrentados.
El dominio absoluto deviene de la aniquilación del pensamiento individual. Cada
página del 1984 puntea en ese proceso. La herramienta no es lo de menos, un
ministerio encargado de crear un idioma, la neolengua, que tras el vaciado de
contenidos del original se torna inútil para expresar sentimientos, sueños,
anhelos. El humano es un ser de palabras
y sin ellas, o con ellas restringidas, prostituidas, manoseadas, no es otra
cosa que un animal de rebaño. Si la palabra es la célula del pensamiento, su
uso fraudulento es la base de la manipulación, de la mentira con aderezos de
razón cierta. En ello están. Vocablos edulcorados suplantan a las viejas
palabras duras de roer por precisas. Ya nadie despide a los obreros ni cierra
una empresa, regula o deslocaliza. Vocablos como libertad, democracia,
justicia... antaño preñados de esperanza, ahuecados, hoy son armas arrojadizas
en la defensa de algo o de su contrario.
La última perla en el diccionario de la neolengua es objeción de conciencia.
Algunos alcaldes de
esta comunidad, encabezados por el siempre ceñudo alcalde de Valladolid, ante
la reforma del código civil que iguala en derechos a hederos y homosexuales, se
baten en algarada. Apelan a la objeción de conciencia para negarse a oficiar
bodas entre personas del mismo sexo y dicho lo cual desfilan opiniones en
retahíla. Que si pueden o no pueden negarse, que si la Constitución ampara o no
el derecho a la objeción de conciencia, bla, bla, bla. Entre si galgos o
podencos otorgamos a la objeción de conciencia un contenido falaz, el
pretendido por los alcaldes.
Objeción de
conciencia, antes de su secuestro por la neolengua, no era más que un concepto
impreciso, un derecho subjetivo, con el que se envolvían los motivos esgrimidos
para desobedecer una ley que se oponía a la norma ética individual. En la suma
del peso ético de las causas y los métodos enraizaba su fuerza. Era el reto de
unos ciudadanos a un poder. El desacato acarreaba para el objetor penas de
muerte, cárcel o exclusión social; pero la amenaza del castigo no amedrentaba
ante la fuerza de los valores defendidos. Para reafirmar esa postura no
aceptaban un beneficio personal de la desobediencia. En algún caso el
legislador astuto aspiró a integrar la disidencia sin menoscabo del objeto
último de la norma proveyendo algunas leyes con vehículos para su desobediencia.
Desobedecer sin desobedecer.
Nuestros prohombres
justifican su motín con unas palabras, recitadas tras sugerencias del cardenal
López Trujillo, que no denotan un conflicto de conciencia sino otro irresoluble
de doble obediencia. Ante la imposibilidad de acatar los dictados de dos
fuentes normativas han optado por la de agua bendita radicada en las criptas
vaticanas. Contra el agua fresca que, por una vez, brota en el Parlamento.
Pero además la
preferencia está motivada de forma artera o la conciencia de estos alcaldes es
volátil en demasía.
No hace tanto,
quienes hoy se postran de hinojos, no dudaron en apoyar la decisión del mismo
Parlamento (con otros mimbres) desoyendo las recomendaciones papales contra la
invasión militar de Irak. No hace tanto fustigaban con su verbo iracundo a los
musulmanes porque no asumían que en Europa se obedece a la ley antes que a los
clérigos, porque imponían la sharía como norma a la que podían. Entre el César
y Dios muerte al César si es de los otros, mas si el César es de los míos que
muera Dios.
.En neolengua la
primera acepción de objeción de conciencia es “instrumento ladino para asestar
golpes al oponente político en la cabeza de los que han sido históricamente
discriminados por su orientación sexual”. Puede no ser la única si estos
neoobjetores, espoleados por sus voceros, calculan que obtendrán réditos
políticos. Tal vez mañana su conciencia les impele a pinchar los condones que
vayan a ser usados en sus ciudades o a no celebrar matrimonios civiles.
De momento no
casarán a los homosexuales y nada les ocurrirá. Algún recoveco del derecho
evitará la foto pero han quedado retratados. Pero ojo, sin el aire de las
palabras nuestros cerebros se desoxigenan y podemos llegar a creerles.
lunes, 7 de junio de 2004
PROSTITUCIÓN EUROPEA
Europa es una
necesidad política, un salto cualitativo del cejijunto provincianismo a la
ciudadanía universal, de las esencias a los derechos. Pero el sueño de
generaciones -una Europa crisol, ariete de los derechos humanos, refractaria
por escaldada de aventuras bélicas o colonialistas, medioambientalmente
sostenible, abierta, solidaria, laica y comprometida con las condiciones de
vida de hombres y mujeres- se desvanece. A cambio, un lo tomas o lo dejas en
forma de constitución cambalacheada que trueca el sueño en pesadilla.
lunes, 31 de mayo de 2004
PALESTINA. EL HILO DE LA MEMORIA
Es sólo un libro pero este hojaldre de
páginas es a la vez una clase vigorosa de periodismo impartida por Teresa
Aranguren. De principio avisa, sin tapujos, “El testigo del drama está en el
drama...no creo que pretender ser distante y aséptico sea condición de
objetividad y verdad”. Escribir es mirar el mundo desde un particular
caleidoscopio, componer desde la mirada propia, una de tantas. La pretensión de
objetividad es un ejercicio de cinismo retórico que esconde la individualidad
del ángulo de visión de quién escribe. Teresa, al contrario, marca su
territorio, sale a la calle casi a cuerpo, pertrechada sólo con el poder de la
palabra. De la palabra escrita, de la que no se lleva el aire, de la que
demanda permanecer; palabras revestidas con tanto orgullo como las personas, no
personajes, que habitan en las páginas del libro.
martes, 11 de mayo de 2004
DECÍA, DIGO Y DIRÉ “NO”
Mis ojos se ensucian de rabia y asco ante
esas fotos que colocan al hombre un peldaño por debajo del cerdo. Una soldado,
émula de Jonh Wayne, muerde un cigarrillo y con una sonrisa señala la polla de
presos iraquíes, un grupo de militarones se regodea tras amontonar a futuros cadáveres. En el amor y la guerra
no hay moral que valga más que el deseo de sojuzgar al vencido. Esto es la
guerra y así se escribe; se mata y se muere, pero sobre todo se humilla. Nada
es inocuo por más que sus impulsores pretendan revestir sus propósitos de
bienaventuranzas y disfrazar sus efectos con la seda de los eufemismos, por más
que acudan al catálogo de virtudes para declararla. En el bien entendido
pretenden llenar sus bolsillos de dólar y poder aunque emborronen discursos de
amor a su pueblo y gloria de dios por los siglos de los siglos. Saben de sobra
que ellos morirán viejos, cuidados y con un termómetro bajo sus aseados sobacos
tras haber sembrado la mierda de la muerte prematura lejos de sus casas. Y odio
que generará muerte, que generará odio, que... así el mundo no girará en el
sentido que marquen jóvenes armados de futuro sino por el recuerdo de los
desafueros sufridos por unos abuelos mancillados. ¿A ellos qué?
lunes, 3 de mayo de 2004
SIN POSTRE
El melón
constitucional está en un tris de ser abierto mientras discutimos con las
enaguas abajo si son galgos o podencos. Los gerentes de esta comunidad, esos
que miran de soslayo a Madrid antes de tomar una decisión, dirán que algo se ha
ido y no sabrán cómo ha sido. Con prosopopeya relatarán que unas perversas
fuerzas centrífugas se han llevado por delante ese sueño inconcluso de la
paisana Isabel Montatanto llamado España. Digo inconclusa porque la pieza
Portugal falta del puzzle onírico de la tan católica.
jueves, 29 de abril de 2004
NUEVE PROVINCIAS DE ESPAÑA
Díceme Hoyas, a la sazón sufriente prior de
esta página, que los escribas que aquí garabateamos malamente nuestras ideas
somos una recua de desarraigados, que a la menor nos descarriamos por
vericuetos que nos arrastran allende la meseta. Vamos, que para el bueno de
Tomás conducimos nuestras letras hacia Irak, el tripartito o, cuando no, la
nostalgia nos seduce como aquella prima que vivía en el extranjero; pero que de
este páramo cuyo topónimo se engarza con el alambre de una conjunción
copulativa, ni letra. Tiene razón, lo que de por sí ya es un síntoma. Porque
Castilla y León no es ni por arriba ni por abajo. El techo que nos cobija no se
aleja mucho de los sueños frustrados de España eterna con las goteras
sin restañar que narraron los tristes hombres tristes de aquella generación del
98. Somos un vivero de nacionalistas de la España que se sintió imperial y que
aún espera que los designios de ese Dios uno y trino se posen sobre nuestra
hidalguía y nos sonría como pueblo elegido para gestas que engrandezcan la
historia de lo universal. Pero ya no estamos para trascendencias.
martes, 20 de abril de 2004
EL CRISTO Y LA BOLSA
Si hiciera caso a mis descreídos ojos y nada
más me preguntase, esos renglones de feligreses
escritos en las calles a lo largo de la semana santa obligarían a
reconocerme en medio de una sociedad henchida de un fervor religioso que, sin
embargo, el resto del año desmiente. Una contradicción nada aparente que en
principio me desconcierta.
Bajo las caperuzas de esas reatas de
penitentes que marcharon en filas de a uno se disimulan las caras de nuestros
vecinos mostrando resabios de una religión prescrita con analgésicos marca
dogma cuya modernidad se enarbola en pos de las treinta monedas que nos aporta
el gran fetiche futurista: el turismo. Mañana, cuando las tallas reposen en sus
aposentos cotidianos y muchos escondan sus convicciones religiosas para mejor
recuerdo en el mismo armario donde guardan almidonada la túnica de sayón, los
hosteleros harán cuentas.
jueves, 11 de marzo de 2004
CARTA A ETA MIRANDO A LOS OJOS DE MI HIJO
Una tos alérgica impidió a mi hijo dormir
bien la noche del miércoles al jueves. Decidí no llevarle al colegio y que
descansase. Pero esa mañana era ya noche, noche de dolor a las ocho de la
mañana. Unos salvajes apagaron el sol como vosotros lo habíais hecho otros días
siniestros. Con Diego a mi lado no pude hacer otra cosa en todo el día que
mirarle, sólo mirarle. Fundí mi pupila en sus ojos transparentes y le hablaba,
“que el azar de la barbarie no convierta tu futuro, ese que aún ni has soñado,
en amasijo de carne de víctima y, aún más, que nunca seas verdugo”. Y frente a
él, llorando reflexionaba y os maldecía cómo tantas otras veces, cómo seguiré
haciendo mientras permanezcáis anclados en sueños tiznados de sangre mil veces
inocente. Comprenderéis que el reflejo condicionado, que el primer impulso,
dibujase vuestras siglas en nuestros ascos. No fuisteis vosotros. Pero eso no
borra de nuestra memoria la semilla de dolor que habéis sembrado a lo largo de
treinta años. Esas muertes mancillan vuestro debe, el pasado es lamentablemente
terco. Hoy, sin embargo, debéis dar un paso al futuro, valiente, sin cortapisas
ni vuelta atrás. Un pie en pared que marque el final del ansia homicida que
hasta ahora mostráis. Ninguna causa merece la muerte ajena y la vuestra, por
supuesto, tampoco. La carnicería del jueves fue brutal pero el dolor es
individual y una víctima, una tan solo, en el silencio de sus cercanos, hilvana
el mismo drama. Llevo años soñando, con muchos, con casi todos, en ese instante
de lucidez en que decidáis que callen para siempre las armas. Para vosotros
existe una guerra, yo soy uno más de vuestros enemigos, vale, pero la paz se
hace con los enemigos. Abandonad las armas, asumir el error hace grande a quien
lo hace. Estáis a tiempo de tener un gesto de dignidad. Pedid perdón a todas
las víctimas, purgad culpas de sangre y luchad por vuestra arcadia desde los
votos.
Sentid, pensad, que cada víctima tiene cara
y su visión es un acicate; mientras enturbio estas letras con mis lágrimas os
recuerdo que la voluntad mayoritaria es la de vivir en paz, la de buscar vías
pacíficas para la resolución de conflictos. Incorporaos. Y recordad que en la
masacre de Madrid murieron gentes que vinieron de Colombia, de Rumanía, de
Marruecos y así hasta doce lugares de origen. Esa es mi patria, la de los que
viajan en tren, la de los que se levantan a las seis a trabajar y no llegan a
fin de mes. Si la vuestra es otra reclamadla pero con la palabra. En nuestras
conciencias está grabado a fuego que seremos libres en la medida en que
queramos serlo y hoy lo queremos más que nunca. Falta vuestra palabra, esa que
silencie definitivamente las armas. Está en vuestra mano.
domingo, 29 de febrero de 2004
NO SABE PERO CONTESTA
Carlos Taibo, uno de esos
trotamundos de la disidencia intelectual, habló el jueves en Valladolid.
Curtido cómo uno está en el triste cobijo de los cuatro gatos que
decoramos estas citas asombra ver su
capacidad de convocatoria. Eso ya es adrenalina para un tiempo.
Amén de resaltar la gran paradoja: los únicos mentores de
una lectura sosegada de la letra (la grande y la pequeña) de ese pretendido
tratado constitucional son los postulantes del “no” mientras los patronos del
voto afirmativo escamotean su contenido difundiendo vaguedades, Carlos, tirando
de sus nutrientes intelectuales ironizó sobre el nuevo tipo de encuestas al uso
de cara al referéndum. Al consabido si-no-no sabe/no contesta se le debe
agregar un cuarto epígrafe: no sabe pero contesta, aun más, no sabe pero acata.
En realidad la sociedad que estamos construyendo parece el sueño de Esquilache,
aquel ministro de Carlos III, máximo exponente del despotismo ilustrado, menos
de lo segundo que de lo primero. La inercia social al uso conlleva un
desencanto de tal calibre que el personal por hastío dimite de su labor
crítica. Del todo para el pueblo pero sin el pueblo al que hagan lo
que quieran se cierra un círculo que recrea un panorama parejo. Como
entonces el único motín quizá provenga de la reacción nostálgica. Del resto,
sumisión por cansancio o desidia.
En éstas la televisión asume el
rol de Oráculo de Delfos, de prontuario ético, capaz por saturación de dibujar
el abanico de gustos y necesidades. Algún programa se escapa de la vorágine y
pretende hablar de ideas, de libros. Al margen de gustos o tendencias, el que
modera Sánchez Dragó es uno de ellos y a veces dan una clave aunque, como días
atrás, lo hagan de forma inconsciente; el elenco de polemistas intercambiaban
ejemplos de malos usos del lenguaje, uno de ellos con rostro sorprendido relató
que los chiquillos para negar usaban la expresión “va a ser que no”. Nadie dio
respuesta. A la par que los más mimetizan actitudes recogidas de la tele como
las ratas aprenden en las jaulas experimentales, los sabios analizan el por qué
pero la realidad se les escapa entre los dedos.
La conciencia se evade
refugiándose en los cuarteles de invierno y el resto no sabe pero opina lo que
le han coreado mil veces. Dad al poder una tele y moverá el mundo. A su gusto.
Publicado en la edición de Castilla y León de 'El Mundo'.
lunes, 16 de febrero de 2004
UN DÍA CUALQUIERA DEL AÑO QUE VIENE
Afahin Chiddi está
tumbado sobre una colchoneta en un calabozo. No hace aún dos horas caminaba de
vuelta a casa tras finalizar otra interminable jornada laboral. Como todos los
días desde hace 10 meses. Pero hoy, tras ver como se acercaba un policía, se
abrigó con una sensación de desasosiego y empezó a correr. Una llamada del
policía a la central y al minuto varios coches patrulla siguieron su rastro
hasta que le detuvieron.
Sobre la colchoneta
llora. Ya no podrá enviar a su madre el dinero que arranca de sus 400 euros de
sueldo. Llora y se le agolpan las emociones en forma de recuerdos. Aquel primer
día en que su padre le dejó al cargo del rebaño de cabras y ayudó a un
cabritillo a nacer, aquel día que fue con su hermano mayor a la ciudad de
Imzurem enorme para él que sólo conocía su aldea y cada trocha en las montañas,
aquel día que conoció a aquella chiquilla de ojos negros. Aquel día en que la
tierra se estremeció y se tragó todas las casas de su aldea y bajo la suya
quedó para siempre la alegría de su hermana. Ese día maldijo a Alá, el miedo se
convirtió primero en dolor y después en ira. Pasaron unas semanas, sin futuro y
odiando al suelo que cubre a su padre y a la niña, decidió huir al norte. Tomó
el hatillo, vendió sus cabras y supo a quién tenía que dirigirse para
embarcarse en una patera que le arrojó a la costa y de allí a buscarse la vida.
Hablaba un más que
correcto castellano y no le fue difícil encontrar trabajo. Sin papeles estaba a
merced de quien le contratase, nada podía exigir y tuvo que aceptar lo que le
dieron: doce horas, seis días por semana, cuatrocientos euros de salario.
Ya ni eso, hoy es
carne de deportación, le trasladarán de nuevo a su aldea. Pero sabe que lo
volverá a intentar. ¿Qué otra cosa puede hacer? Ha soportado humillaciones e
insultos, ha sobrevivido con lo mínimo viviendo con otros siete hombres en la
misma casa, no ha vuelto a ver a aquella muchacha. Pero es consciente de que no
puede volver atrás aunque le obliguen. Llora con la rabia de la que extraerá la fuerza para volver.
Llora pero sabe que sólo es una interrupción en su destino. Llora y levanta la mirada. En la misma celda hay otro hombre más oscuro todavía. Con lágrimas en los ojos le cuenta su historia, de dónde vino, cómo tembló la tierra bajo sus pies, cómo le detuvieron. Cuando Afahin calla su compañero se arranca. Me llamo Laurent y vine de Haití.
lunes, 9 de febrero de 2004
CRUZADA CONTRA EL SEXO
Cuentan que allá por el 48, cuando se
estrenó Gilda en Madrid, hubo alboroto. El detonante fue el dichoso guante de
terciopelo que la Hayword se quitaba ante el pasmo de esa España hambrienta de
pan y libertad. Los que acudieron a esa sesión, en pleno delirio onanista,
percibieron que les robaban, exhibiendo una versión alicorta de la película, el
desnudo de la diva que hubiera saciado, siquiera fugazmente, sus deseos
cohibidos. Intuyeron censura donde no la había, porque la había incluso donde no
la intuían. Erraron de diana pero el disparo iba bien dirigido.
domingo, 1 de febrero de 2004
JULIO MÉDEM
ETA es vil y envilece. No cabe éxito mayor.
Treinta años acaparando portadas y debates. Dictadura, transición y democracia.
Caudillos y presidentes. Una generación, la mía, no ha conocido el antes. De
niños escuchábamos a nuestros mayores que ETA era el paradigma de maldad y, ya
entrados en grasas, el paradigma de maldad sigue siendo ETA. Seis lustros de
anuncios de agonía de la banda pero “el muerto que vos matasteis goza de
perfecta salud”.
Ese hijo bastardo del ramplón nacionalismo
araniano que mamó odio al albur de la represión franquista y se hizo grande
asumiendo para sí deseos de insatisfechos de toda laya se ha instalado en
nuestras vidas y no vemos el día del alivio de su extinción definitiva. Si
nunca tuvo sentido su existencia, hoy menos. Pero sigue y sigue matando y no
sólo, también confundiendo, atemorizando, manchando... pudriendo.
lunes, 29 de diciembre de 2003
CASTAÑERA A TUS CASTAÑAS
La ingesta de turrón produce vómitos de
falso humanismo, el caso es que en estas fechas de apareamiento incestuoso de
la carne y el espíritu, del alegre capital con luces de neón y la negra
iglesia, cargamos a nuestros atribulados oídos con sartas de sublimes tropelías
que nos subyugan ubicándonos bajo el mazo del mercado o el catón de los dogmas.
Las del capital justificadas por su esencia de lobos hincando sus dientes en
los enclenques corderos de nuestras carteras; se deben analizar para conocer
sus arteros empeños y defendernos pero no caben reproches, es su
naturaleza.
Pero la iglesia,
amigo Sancho, esconde sus fauces bajo la figura de un pobre niño recién nacido
y ya perseguido por “las iglesias de entonces”. Bajo esa apariencia
inofensiva extiende e impone sus valores particulares tapizándolos de
universales a una sociedad inerme por medrosa. Así seguirá mientras no
acordonemos el terreno que a una confesión religiosa le corresponde en un
estado aconfesional: sus templos y sus fieles. Ni un metro, ni una constricción
más.
lunes, 22 de diciembre de 2003
RECUPERAR LA POLÍTICA
Engañados por aquella película del maestro
Kubrik, todos creemos que el atraco perfecto es aquel que se lleva a cabo sin
dejar rastros que puedan delatarnos, pero eso hoy es nada comparado con el ideal
de expolio: que la víctima no se entere e incluso sea feliz sin lo despojado.
Tal es así con la política. A la par que celebramos la democracia, hasta el
punto de exportarla con la fuerza si es menester, nuestros bolsillos se vacían
de la posibilidad de participar en la vida pública. Algo que ayer exigíamos, se
ha escapado. Y no es casualidad. Ni viene de cerca.
La convivencia,
cualquier convivencia, teje su día a día con una suerte de hilo de dos colores:
normas y prácticas. Unas normas de las
que seamos partícipes y unas prácticas que se adquieren con experiencia
democrática y pedagogía. A falta de la experiencia, tras cuarenta años de
marasmo dictatorial, un gobierno pretendidamente de izquierdas podía haber
aprovechado la impetuosa ebullición social para crear unas redes de participación
ciudadana que nos hubieran acercado al verdadero sentido del término democracia
más allá del votad y dejadnos hacer que llevaron a cabo. Podían haber extendido
una cultura del diálogo entre las organizaciones políticas y entre éstas y la
sociedad articulada, pero confundieron el sentido de sus abrumadoras mayorías.
Podían haber construido un partido en el que cupiesen legítimas discrepancias
pero urdieron una organización monolítica de culto al líder y “el que se movía
no salía en la foto”. Podían...
miércoles, 3 de diciembre de 2003
DE NACIONALISMOS Y FRONTERAS
Ayer, con la compra de este periódico, se
regalaba un ejemplar de ese texto redondeado con el compás del miedo de unos y
otros, de otros a unos: la Constitución del 78. Así, ojeada y hojeada, no
parecía más que un contrato social moralmente superior al régimen cuartelero
precedente. Pero es una trinchera. Si sus renglones fueron alguna vez refugios
de concordia, lejano queda el día.
Hija de su tiempo, la Constitución no
debería ser más –ni menos- que un texto articulado que traza los ejes de la
organización de este tapiz de cuatro esquinas que llamamos España. Hoy, este
esbozo de nuestra voluntad de vivir en paz, es un arma cargada de pasado. Fea
se ha puesto la tarde; entre sus acérrimos enemigos y sus defensores a ultranza
la han colocado en un brete. Los unos sueñan abatirla al abordaje, los otros se
encastillan en su inmovilidad. Y ninguno la lee al completo. La han convertido
en un fetiche. Han reducido interesadamente la porfía al mínimo común divisor
de sus aspiraciones oníricas. Han sometido el valor de la Constitución a una
discusión agraria sobre lindes. Fronteras que traza la historia a sangre y
fuego. Para todos ellos la Constitución es, sin más, España, usurpadora
madrastra o amantísima madre.
El veneno del nacionalismo ha embutido el
debate en la ilógica de unos apriorismos surgidos de artificios insostenibles
racionalmente que idealizan mitos de vetustas arcadias felices o de
esplendorosos pasados imperiales, “utopías
compensatorias de las frustraciones de
las clases populares propuestas por élites que obtenían de ello beneficio
político” en palabras de Álvarez Junco. En este terreno no puede haber
lugar para el diálogo civilizado. Los parámetros tribales se contraponen a los
análisis de vertebración territorial que nos permitan avanzar por los tortuosos
senderos del progreso social.
Los nacionalismos disgregadores de Cataluña
y el País Vasco dibujan nuevas fronteras de viejas historias, de las mismas
viejas historias con que el nacionalismo español urde el tejido de su
indisolubilidad. Los primeros ven en la Constitución la rémora de sus anhelos,
no les vale; la otros pretenden blindarla de la erosión provocada por la
inexorable corriente de los cambios sociales. Como San Pablo, tras el topetazo
divino de aquel día que se cayó del caballo, han cejado en su empeño
perseguidor para convertirse en sus demiurgos.
A punto de cumplir veinticinco años es hora
de reparar en esos capítulos olvidados de la Constitución que hablan de derecho
al trabajo o a la vivienda. Contingencias olvidadas bajo chapapotes
fronterizos.
miércoles, 26 de noviembre de 2003
NOTIZIA, NOTICIAS; MENTIRA, SILENCIOS
Como en los pueblos
antaño asolados por una riada, hemos esculpido en oro las letras de una lápida
“hasta aquí llegó la baba de la cortesana España el día de todos los santos de
2003”. Una vacua obra hagiográfica transmitida en directo hasta la náusea
torna en “modernez” lo que no es más que el estertor del antiguo régimen: el
anuncio de boda del hijo y heredero de un monarca. Un oxímoron esto de la
monarquía moderna. Una reliquia sin más peso que el de una bandera ha compuesto
unas notas más de su réquiem bajo el empalagoso disfraz de unos novios
aparentemente dichosos. Del Imperio del Valle del Nilo hasta ayer, del monarca
dios al monarca símbolo, se ha escrito una historia que el tiempo ha de
enterrar en sus anales.
Mientras ese día llega, no puedo sustraerme
de los hechos, hay que hurgar en sus tripas aunque el hedor sea vomitivo. Entre
las miles de páginas publicadas sobre el heredero y su boda ni una sola
plasmaba un análisis riguroso acerca del sentido –o la falta de él- que hoy
tiene la monarquía. Con calculada pericia nos han despojado del verdadero
debate sustituyéndolo por un falaz (y mediatizado por la fuerza de los hechos)
Letizia sí, Letizia no. Las dos Españas de hoy son el “Hola” y el “Tómbola”, el
corazón y las heces. Legiones de monárquicos, pelotas y buscavidas escudriñan
el pasado de una persona cuyo único mérito para asumir papeles de
representación de un estado es haber sido designada por el corazón o la
testosterona de un príncipe.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











