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martes, 5 de marzo de 2019

SUENA A PLUSCUAMPERFECTO

Foto El Norte
Promesas que nos hacemos cuando vemos más o menos cercana la paternidad pero aún pensamos como los hijos que somos y no como los padres que habremos de ser: yo nunca voy a decir a mis hijos que... Yo nunca voy a decir a mis hijos que... Hasta que los hijos se hace presentes, crecen y adquieren cierta autonomía; entonces, de aquellas bienintencionadas promesas, ni un rasguño en la memoria. Aquellas frases que jamás se iban a decir brotan ahora de la boca como si se hubieran memorizado en un catálogo escrito ex profeso.

lunes, 25 de febrero de 2019

TRES EQUIPOS PEORES

Foto El Norte
A pesar de que no se tiene por conducta muy aconsejable, camarón que se duerme se lo lleva la corriente, llegar tarde puede tener alguna ventaja. Que se lo pregunten si no a Alonso Pinto. El tío se las apañaba día tras día –cuando no era por el fas de que se había dormido, era por el nefás de que no encontraba no sé qué libro– para hacernos esperar algún minuto. Tan tenaz era en esto de retrasarse que el autobusero no partía sin antes preguntar en alto si Pinto había subido. Cuando recibía el sí coral arrancaba el motor y nos ponía en marcha. Algún día, sin embargo, ocurrió que alguien se demoró más que Alonso. Mala suerte. Habiendo llegado Pinto, la puerta se cerraba. No había tiempo para más.

domingo, 10 de febrero de 2019

GUANTES DE NIÑO PERA

Foto "El Norte"
Algunos años antes de que naciera Sergio Asenjo, en esa misma Palencia, los guantes de portero eran un artículo de lujo. En Palencia y en el resto de España, pero es en Palencia donde uno estaba y es lo que uno recuerda. Antes de eso no es que fueran un lujo, simplemente no eran: hasta los porteros profesionales jugaban con las manos descubiertas. Pero estamos en los años ochenta. Los Arconada, Urruti, Miguel Ángel, Fenoy y hasta Sabino Zubeldia cubrían sus manos con unos guantes milagrosos a los que parecía pegarse el balón. Los niños que por devoción u obligación defendíamos las millones de porterías de esos Maracanás imaginarios queríamos unos guantes como esos o, al menos, un par que pudieran dar el pego. Pero topábamos siempre con el muro del ‘no’ paterno y materno, por juntos o por separado. Así las cosas, para parecer más portero, apañé con unas propinas lo más parecido que vi a unos guantes de profesional: unos de lana amarilla con puntos de negro alquitrán incrustados. 

sábado, 2 de febrero de 2019

EL DÍA QUE ERA EL DÍA

Foto "El Norte"
Con frecuencia, la belleza se encuentra en los ojos que la observan. A mí me cuesta encontrarla en el boxeo o en los toros; pero es una evidencia que hay quienes, donde tú ves un simple puñetazo o un señor esquivando un morlaco, son capaces de embelesarse ante lo que ellos entienden como la pureza de un golpe o de un pase. Además, como te descuides, van y te lo explican. Eso sí, por más que admirados en lo suyo se empeñen en mostrarte lo que es y la dificultad de ejecutar un gancho de izquierda o unas chicuelinas, no encuentran manera de hacerte ver belleza alguna. Seguramente, en muchas de esas personas se dibujaría una mueca de escepticismo si yo, embebido, glosase con sentida admiración la belleza de un pase milimétrico hacia un compañero que ha emprendido un desmarque de ruptura o un amansamiento con el pie de un balón que cae salvaje desde el cielo.

lunes, 28 de enero de 2019

O MAYÚSCULA EN TORNO A LA BOCA

Foto "El Norte"
Aunque cueste creerlo, hubo un tiempo en que la comunicación oral fue toda así, de boca a oreja. La escrita podía alcanzar mayor distancia, pero, por contra, tardaba mucho más y se corría el riesgo de que no llegara a su destino. ¿Cuántos amores se habrán dejado de consumar por una desalmada nota que desapareció en algún punto del camino sin que el destinatario tuviera siquiera consciencia de que fue escrita?
Era la escrita, además, una comunicación menos habitual, como de día de fiesta. La espontánea, la natural, la de cada jornada laborable, se efectúa hablando. Los juegos de la calle, por ejemplo, casi nunca admitían otro lenguaje. Así aprendimos a hablar bajito si queríamos que nos oyese solo el amigo de al lado; un poco más alto, para que se diera por aludida toda la pandilla y a voces cuando uno o varios estaban al otro lado de la plaza. En este último caso, con las dos manos formando una O mayúscula alrededor de la boca, improvisábamos una corneta que hacía que nuestras palabras llegaran sin pérdida al otro lado de la calle. Nunca supimos, ni nos planteábamos, si de verdad ese gesto tenía algún sentido. De hecho los alguaciles o los sacristanes, las personas encomendadas para pregonar, no se valían de dicha artimaña. Ellos, sin más recurso que sus cuerdas vocales, tal como Manuel Alexandre en ‘Amanece que no es poco’, conseguían que todos los de la plaza escuchásemos que “de orden del señor cura se hace saber que Dios es uno y trino”, quisiera decir esto lo que quisiera decir.

lunes, 21 de enero de 2019

POR DONDE AMARGAN LOS PEPINOS

Foto El Norte
Cuando se hubo quedado solo, se encogió de hombros como queriendo darse a entender que no comprendía nada de lo ocurrido. Su amigo, su amigo del alma, por una nadería, le acababa de mandar a tomar por aquel orificio en donde dicen que amargan los pepinos. Tras el gesto de incredulidad, caminó dolido hacia su casa dando una y mil vueltas a la escena que le reconcomía.
-No era para tanto, no era para tanto...

domingo, 13 de enero de 2019

UN RELOJ Y UNA CAJA DE ZAPATOS CON SORPRESA

Foto "El Norte"
No era necesario más que observar el comportamiento de aquella pareja de chavales de apenas media docena de años para que nuestro cerebro nos perturbase con preguntas al respecto del libre albedrío, para que cuestionase las tesis que defienden que las personas somos deudoras tan solo de la educación recibida. Ambos habían nacido el mismo día, eran hijos de los mismos padres y habían recibido una educación casi idéntica, pero no podían ser más diferentes: impenitentemente pesimista el uno; el otro, optimista contumaz. Parecía obvia la existencia de un algo interno relacionado con la genética que, con moldes similares, era capaz de generar seres tan disímiles, de forjar caracteres tan radicalemente opuestos.

domingo, 6 de enero de 2019

VOY A BUSCARTE, ¿NO?

Foto El Norte
Pretendía volver a casa de mis padres para pasar la Nochevieja. El tren me acababa de dejar en aquel pueblo, pequeño ma non troppo, a unos veinte kilómetros del mío. Como hacía tiempo que no había tomado esa ruta, quise asegurarme y pregunté al primer vecino con que me crucé.
-          Es ya de noche, hace mucho frío y hay no menos de una docena de kilómetros, ¿no será mejor que llame y le vengan a buscar en coche?
Creo que mi sonrisa fue suficiente para convencerle de que la decisión estaba tomada por más que el sol se hubiera escondido unas horas antes y de que fuese la víspera de fin de año. El hombre estiró el brazo y con su dedo me indicó el camino.
-          ¿Ve usted esa ermita? Bien, pues llegue a ella y una vez allí tome el camino que sale de frente. Siga usted todo recto, no tiene pérdida.
Eso hice, pero no debió de ser tan así pues al poco me topé con el brocal de un pozo que ponía punto final al camino. Era obvio que me había equivocado, que en algún punto había perdido la línea recta y me había desviado. Media vuelta. Volver al punto de partida no suponía riesgo alguno, los destellos de las luces de las farolas del pueblo de partida eran visibles a esa distancia y me servirían de guía, no cabía pues la posibilidad de quedarme perdido en tierra de nadie.

domingo, 16 de diciembre de 2018

LA MUECA INTERPRETABLE

Foto "El Norte"
De todo lo mensurable, por rara que parezca la cuestión, siempre existirá alguien que haya dedicado sus dedos a la labor de realizar esas cuentas, sus cuentas, para averiguar el número existente. Por ejemplo, a Paul Ekman le inquietaba no saber cuántas muecas de las que podría realizar tendrían un significado que podría ser entendido a la vez en Jamaica y Tasmania, en Ushuaia y Cuenca. Hasta quince gestos faciales, tres manos enteras, pudo contar este psicólogo estadounidense. No sé si son muchas o pocas, pero son más que palabras, por eso es tan frecuente encontrarnos con paisanos que, cuando quieren explicar algo a una persona extranjera, tras intentarlo hablando más alto de lo habitual y desistiendo al comprobar la ineficacia de dar voces, recurren a la mímica para indicar que el restaurante que buscan está en la segunda calle que sale a mano derecha. Esas quince muecas reseñadas dejan fuera el inmenso elenco de gestos cuyo mensaje es interpretable. Y para desentrañar el sentido oculto de esas otras muecas se hace necesaria una información adicional.

martes, 11 de diciembre de 2018

COMO ERA POSIBLE, LO HICIERON

Foto El Norte
Al sacerdote, embebido por la poética belleza del Magnificat, se le calentó un poco la boca. Así, al menos, lo entendió uno de los feligreses al que en el barrio le conocían como 'Patajunco' desde aquel maldito día en que, aún niño, sufrió un ataque de poliomielitis. El cura, ya digo, absorto, fuera de sí, con los ojos cerrados, recitaba aquellos versos con los que, según el Evangelio de Lucas, María, la que al poco habría de ser la madre del hijo de Dios, saludaba a su prima Isabel. «Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí». De la misma manera, continuaba el clérigo, todos somos depositarios de esta misma gracia, todos podemos decir, como María, que el Señor obró en cada uno de nosotros maravillas. 'Patajunco', anclado en su silla de ruedas desde aquel infausto episodio, sin apenas fuerza en los brazos, no se contuvo y, aunque de esta no quedase más que un hilillo, dejó escuchar su voz en forma de pregunta retórica.

domingo, 2 de diciembre de 2018

DEFINICIÓN DE AMIGO

Foto El Norte
El fenómeno de la erosión afecta también al lenguaje y por ello existen frases que nos resultan cansinas: expresiones que en algún momento tuvieron sentido, hicieron gracia y cuajaron pero que, tiempo después, nos suenan desgastadas.
Otras expresiones, sin embargo, son como el diamante: no hay manera de que el tiempo las aje de forma que, traídas a cuenta cuando la ocasión lo requiere, siempre resultan oportunas. Uno de estos dichos es el que define a los amigos como esas personas que están (también) en los peores momentos, que aparecen en esas circunstancias en las que ellos no tienen nada que ganar pero deciden hacer acto de presencia  para compartir la carga.
Pero tal es la dureza de estas últimas frases que con su punta, también como el diamante, pueden cortar todos los materiales que se le pongan por delante. Ocurre cuando las utilizamos como dogmas arrojadizos y juzgamos a través de ellas sin entender bien las circunstancias que concurrieron para que las cosas sucedieran como sucedieron. Desde luego, si actuase con esa ligereza, Jordi Masip hubiera podido presentar anoche esta foto en casa.
-Solo, me dejaron completamente solo y vendido.

lunes, 26 de noviembre de 2018

ROMANCE SONÁMBULO

Foto El Norte
Cada cosa parece en su sitio, “el barco sobre la mar y el caballo en la montaña”. Pero así, con cada pieza académicamente en su sitio, pese a la armonía del funcionamiento colectivo del equipo, parece que no llega para conseguir in triunfo que se va resistiendo. Es en esos momentos cuando Sergio “con la sombra en la cintura […] sueña en su baranda, verde carne, pelo verde con ojos de fría plata”. Sus compañeros entonces se agarran al asa de la esperanza “Verde que te quiero verde” en forma de un chut que desbarate el armazón defensivo del rival. “Verde viento” Daniele coge el balón, sabes que va a disparar, lo sabes tú, lo sabe el compañero, lo sabe el rival y, a pesar de todo, no hay forma de evitarlo, “Verdes ramas”, lo hace. De momento, dos en copa, uno en liga, sus zarpazos “la higuera frota su viento” acabaron en la red. El resto dejaron un ¡uy! y un lamento, las manos al alto, “compadre, vengo sangrando desde los montes de Cabra”.

domingo, 11 de noviembre de 2018

Y AÚN DICEN QUE UN PUNTO ES CARO

Foto El Norte
Pascualet se debate entre la vida y la muerte en la bodega de un barcucho. Un compañero le sujeta por los brazos mientras permite que su pierna sirva de apoyo al moribundo. Otro le palpa el pecho con el anhelo de encontrar un hálito de vida al que agarrarse. Pascualet es poco más que un muchacho, pero ya ha tragado mil y una veces las hieles a las que la vida invita en casa de los pobres. Ahora, ya digo, con fechas aún pendientes para llegar a adulto, la vida se le va. Así, con esa crudeza relataba el joven Sorolla con sus pinceles la dureza del día a día de los pescadores. Una escena que describió previamente Vicente Blasco Ibáñez en la novela «Flor de Mayo». Allí, en esas páginas conocemos más personajes.

domingo, 4 de noviembre de 2018

EL INVENTO DEL REZO

Foto El Norte
Las plegarias, los rezos, las oraciones, quizá hasta el sentido de la trascendencia, brotaron del corazón humano en situaciones como estas, en esos momentos en los que las circunstancias le desposeen del dominio sobre los hechos y consecuencias que se enmarcarían en un acontecer inmediato cargado de peligros que aún no se ha producido. El humano en tal tesitura, con toda la vulnerabilidad al aire, consciente de que ya nada puede hacer personalmente para evitar un determinado mal, busca y encuentra en algún recoveco interno de su ser un alguien más poderoso al que dirigirle una petición para que remedie lo que previamente él no supo o no pudo remediar.

lunes, 22 de octubre de 2018

PORQUE NO LO TENGO, SI NO...

Foto El Norte
Lo pudimos ver en uno de estos programas que proliferaron allá por los noventa del siglo pasado y que básicamente pretendían la risa fácil de la audiencia mediante el recurso de lanzar a un -vamos a llamar- reportero lenguaraz a la calle en busca de anónimos viandantes a los que, con intención de provocar, asaeteaban con preguntas pretendidamente mordaces. Esta vez el cazador fue cazado, el mozo del micrófono en ristre encontró la horma de su zapato y fue él el que acabó cortado. Por aquel entonces se había estrenado la película 'Una proposición indecente', recordemos, un millonario encarnado por Robert Redford ofrece un millón de dólares a un matrimonio a cambio de pasar una noche con la mujer, papel interpretado Demi Moore. El jovenzuelo callejeaba al acecho de mujeres de un entorno de edad cercano al del mito para preguntarles que si ellas se acostarían con Redford por aquel dineral. Alguna -ruborizada- dijo abiertamente que sí; alguna otra -ofendida-, que no. Hasta que llegó una mujer genial que, tras entender mal el sentido en el que habría de fluir ese supuesto millón, todo desparpajo, mientras se relamía solo con imaginar esa noche con el galán a su disposición, dejó boquiabierto y sin respuesta al reportero.

viernes, 28 de septiembre de 2018

LA SOLEDAD DEL INDIVIDUO

Foto El Norte
Durante muchos años, casi todos los que él podía recordar, había puesto su empeño de forma obsesiva en evitar que cerraran las escuelas del pueblo. Cada año las dificultades variaban. Unas veces tuvo que enfrentarse a una decisión política que pretendía agrupar en un solo centro a la escasa chavalería de los pueblos adyacentes. Otras, a la realidad demográfica de su municipio que, por temporadas, no daba más de sí de forma que no se sobrepasaba el límite mínimo exigido para que la escuelita se mantuviera abierta. Cuando los problemas venían desde la Administración, dedicaba sus días a intentar doblegar aquella decisión. Si no pasaba las horas escribiendo alegaciones lo hacía saltando de despacho en despacho de las autoridades implicadas o participando en asambleas con el resto de sus paisanos. Al final, no cejando en su empeño, siempre consiguieron salirse con la suya. Más difícil fue cuando el inconveniente para que el centro escolar permaneciese abierto durante un determinado curso tenía que ver con el número, cuando no había niños suficientes. Entonces, nuestro protagonista se las apañaba para encontrar alguna familia foránea que, además de tener hijos en edad escolar, estuviera dispuesta a empadronarse en el municipio. Hizo todo lo imaginable para el acomodo de al menos tres familias, con lo que salvó durante tres cursos la vida de un centro eternamente condenado a la extinción. Cada año que lo lograba, que torcía la voluntad administrativa o solventaba el problema numérico, salía a celebrarlo con el resto de sus vecinos. Mas cuando estos le solicitaban un brindis esperando unas frases eufóricas, él se limitaba a reseñar –de nuevo– la importancia del logro, «mientras haya escuela, hay esperanza», alentanto a mantener las orejas tiesas para adelantarse a las dificultades que pudieran sobrevenir al año siguiente. Siempre, eso sí, sin que se le desdibujase la sonrisa. Hasta ayer. Al llegar a casa, su pareja se había armado de fuerza y fue capaz de decirle lo que llevaba meses rumiando, que alababa su dedicación a la causa pero que así no podían seguir. Le abrazó y se fue. De repente, él sintió sobre su espalda el peso de la abrumadora soledad. El esfuerzo que año tras año permitió que se lograran pequeños triunfos colectivos tenía como consecuencia la certidumbre de su mayor fracaso individual.

lunes, 17 de septiembre de 2018

EL TESORO ESCONDIDO

Foto El Norte
Para bien y para mal, me tocó cursar la EGB. Para bien, porque de ella salí con un buen bagaje y ganas de aprender más; para mal, porque es prueba fehaciente de que de aquellos años ha pasado mucho tiempo. Pero a lo que vamos, cada curso, siempre en época prenavideña, el colegio organizaba una velada en la que parte del alumnado representaba alguna obra –vamos a llamar con cierta generosidad– teatral. El programa siempre se completaba mezclando algún sainete que provocase las risas del resto de los compañeros con alguna obrita de ínfulas moralizantes. A mí me tocó actuar en varias pero recuerdo especialmente un año en que formé parte del elenco de una de las del segundo grupo. No vayan a creer, no tengo un singular recuerdo de aquella noche debido a la profundidad del texto representado o por la huella que pudiera haber dejado en mí la correspondiente moraleja sino porque en una escena tuve que salir al escenario en calzoncillos y pasé días convencido de que no iba a ser capaz. Al final me las apañé para que fuera un discreto sí pero no que puso en salvaguardia mi pudor preadolescente.

lunes, 27 de agosto de 2018

LOS HOMBRES SUBTERRÁNEOS

Foto El Norte
El camino les parecía despejado, alzaban la vista y sentían que ningún peligro se cernía al menos en toda esa línea horizontal que se les dibujaba en el horizonte. Nada aparentemente podría malbaratar su tarde de juego y paseo. De repente, como si fueran una suerte de topos agresivos que esperasen el momento oportuno de la salida para, una vez fuera, abrir los ojos, recuperar la vista y amargar una plácida noche sabatina, una oncena de futbolistas blanquivioletas brotaban aleatoriamente e ininterrumpidamente desde las entrañas de la tierra con la intención de robar el juguete de aquel rico virtuoso que no esperaba más que disfrutar del expediente semanal. La tierra se abría y en cada hueco uno, dos, tres blanquivioletas aparecían de súbito para frenar una acometida, para cerrar una línea de pase, para emborronar el trazo diseñado en el cuaderno de uno de los primeros de la clase. No solo eso, una vez fuera, una vez robado el juguete, los hombres subterráneos emprendían con vigor una carrera con la intención de descuadrar cualquier presupuesto de rivales, neutrales e, incluso, de aquellos propios que no quisieron hacerse ilusiones. En un tris estuvo, mucho más cerca de lo que dirán estadística y hemeroteca cuando pasado un tiempo se ponga el ojo en esta fecha.

sábado, 18 de agosto de 2018

CARÁCTER ÁSPERO EN UN TERRENO DESCONOCIDO

Foto El Norte
No es cuestión citar el nombre del pueblo, no vaya a ser que, en un exceso de susceptibilidad, alguien se me haga el ofendido, pero en aquel entorno comarcal, los paisanos de Isabel la Católica tienen, o al menos así era antes, cierta fama de ásperos. No es que de normal fuesen desabridos en el trato, que no es el caso, sino que su espoleta activaba la carga explosiva con suma facilidad. Vamos, que cualquier pretexto les parecía buena razón para desatar una tormenta. No sé cuánto hay de cardar la lana y cuánto de llevar la fama, desconozco si esa teoría del muelle flojo responde a una realidad o no es más que una leyenda urbana; pero lo cierto es que la primera (y si la memoria no me falla, última) vez que fui a las fiestas de la villa donde dejó de respirar Fray Luis de León casi me tocó salir por piernas. Este menda, copa bien agarrada con la mano izquierda, antebrazo derecho apostado en la barra del bar, charlaba con una amigo. De repente, sentí el contacto de alguien que culeaba pretendiendo hacerse un hueco a mi espalda. Cuando ha conseguido su primer objetivo, ese alguien coloca su brazo por debajo del mío. Me sorprendió pero lo dejo estar, oye, cosas de las aglomeraciones de barra. Hasta que el tipo me dio un leve codazo como para marcar territorio. Me giré, tenía ante mí un rostro desafiante que, antes de que yo pudiera abrir la boca, dejó claro, a mí y al resto de la concurrencia, que no tenía intención de bailar conmigo.

martes, 19 de junio de 2018

NUMANCIA, NUMANCIA, NUMANCIA

Foto El Norte de Castilla
La idea me ha rondado por la cabeza estos días. Todo empezó en el momento exacto en que concluyó el partido de Soria. De alguna manera lo plasmé en el artículo de ese día. Entonces, cuando el ascenso blanquivioleta más que se vislumbraba, agüé un poco el vino recordando situaciones parecidas en las que el oso muerto del que se había vendido su piel estaba aún muy vivo. Esa noche rematé diciendo que si al final ocurría lo que parecía que iba a ocurrir tendríamos tiempo para festejar. Y –añadí– aplaudir a un dignísimo rival. Cerré los ojos y me imaginé el momento en que el árbitro pitaba el final de este partido, la explosión de júbilo del momento inmediatamente posterior, la algarabía de un poco más tarde... y, de repente, escuchaba en mi cabeza miles de gargantas blanquivioletas rindiendo homenaje a los rojillos gritando a coro un ruidoso 'Numancia, Numancia, Numancia'. Demasiado bonito, pensé.