martes, 15 de septiembre de 2026

ESPERAR HASTA DESPUÉS DE INTENTAR TODO

 

Foto: R. Jiménez


Hace unos días, charlando de no sé qué, empleé la expresión 'es bueno' para denotar la calidad de alguna mercadería. Me recordaron que ese mismo enunciado lo utilizaba algún miembro de mi familia de la generación anterior a la mía. Asentí. En casa –recordé–, referido a alguna de esas compras sustanciosas y, por tanto, con pretensión de durabilidad, se lo había escuchado en más de una ocasión a mis padres. La cama –como el armario, el frigorífico, la televisión...–, si admite el 'es buena', habrá de acompañarnos durante sus buenos decenios. 'Tempus fugit', y aquella forma de entender el mundo se ha desvanecido. Nuestra –o ya no tanto– era se asocia al nombre de la multinacional de raíz sueca consagrada a la fabricación y venta de innumerables tipos de objetos prácticos para el hogar. Objetos ofertados a un precio asequible, presentados sin más finalidad ornamental que la requerida por la propia utilidad, armonizados estéticamente al margen del lugar del mundo en que se vayan a vender, desechados en cuanto –por aburrimiento o necesidad de mudanza– la ocasión lo requiere. Objetos que al fin resuelven, sin más, un problema sobrevenido durante un tiempo limitado. Objetos entendidos de la misma forma que Víctor Orta, vicepresidente deportivo del Pucela, comprende el papel de los futbolistas que incorpora a las plantillas que gestiona: piezas a un precio que –en este caso– un bolsillo parco pueda permitir, aparentemente útiles para formar un equipo con la aspiración de sobrevivir y que duren aquí lo que tengan que durar antes de ser sustituidos por los siguientes.

La última característica de este formato advierte que consigna el artefacto desmontado e impone el «hazlo tú mismo». Un «tú mismo» que Orta delega en el entrenador. Y parece ser que Escribá no ha leído el manual de instrucciones, las piezas no se ajustan al montaje indicado o, vaya usted a saber, Orta efectuó la compra en un chino, en uno de esos bazares en los que terminas adquiriendo, sin mayor cargo de conciencia porque asumes la inconsistencia por asociación con la baratía, incluso género del que desconocías su existir.

De esta forma, tras las permutas del mobiliario, el hogar blanquivioleta ha resultado demasiado parecido al que se pretendía sustituir. Por ejemplo, el efecto que diluye a Chacón se asemeja demasiado al germen que licuó la temporada pasada a Chuki. Ítem más, tras idas, vueltas y remolinos, ante el Oviedo, Escribá recurre a la arandela Juric, al tornillo Latasa, para apuntalar las patas de un diván que no se sostenía, que no se sostiene. Así, año tras año, decepción tras decepción, cinco jornadas han sido suficientes para que la afición haya asumido que el intento parece fallido, que este mueble 'no es bueno', que corresponde clamar por la supervivencia mientras exige medidas para romper este marasmo autocomplaciente. A ver si por fin... Aunque, cabe que –tal y como indica la frase referida a los estadounidenses falsamente atribuida a Winston Churchill y recordada el pasado sábado en este nuestro 'El Norte' por el periodista zamorano Agustín Remesal–: «Siempre puedes contar con este Pucela para hacer lo correcto, después de haber intentado todo lo demás».


Artículo publicado en El Norte de Castilla el 14-09-2026

 

 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Y EL MAR RECORDÓ

 

Foto: Ep


En una especie de justicia química redistributiva, un puñado de sal arrojado sobre el agua de una cazuela termina distribuyéndose de forma uniforme. Si antes de añadir el pellizco salino, mediante una membrana semipermeable -la que permite que el agua circule mientras bloquea la sal- dividimos la cazuela en dos partes, observaremos que, ante la imposibilidad de alcanzar la armonía por la retención del cloruro de sodio, será el agua la que traspase la frontera vaciando, de esta forma, parcialmente un lado y elevando el nivel acuoso del otro. Aplicando esta propiedad, la ósmosis, el ser humano aprendió, por ejemplo, el proceso de la curación del jamón. Dado que, de inicio, la sal apenas puede entrar, el agua del músculo sale.   

Los humanos hemos tejido en el planeta una urdimbre de membranas que, también de inicio, separan semipermeablemente concentraciones de riqueza muy diversas. De esta forma, ante un enorme gradiente osmótico -y la tela que divide las disoluciones económica y socialmente más dispares se sitúa entre España y Marruecos, vaya, en Ceuta y Melilla-, si el soluto de la renta no se disemina, será el disolvente de la población el que circule.

Antaño, los progenitores de los que ahora pretenden acceder a Europa, los millones de habitantes de aquella conveniente periferia, posibilitaban el bienestar de ese territorio cuya denominación, ‘occidente’, se desactualiza cada día. El sistema nos beneficiaba, no sorprende que un flujo humano de ‘perdedores’ aspire a compartir la sal. Europa, aquel enano político que ha perdido talla económica, languidece. En su corrosión, hasta la aglutinadora lealtad interna, ha perdido vigencia. A la par, los procesos migratorios, sobrepasando el orden interesado del receptor, han adquirido el perfil de masas informes. Aquella estrategia de pagar a otros países el canon por realizar el ‘trabajo sucio’ más allá de la membrana europea se vuelve en contra: entregas dignidad, pagas vigilancia y el vigilante te presiona: las personas se convierten en instrumentos de poder, de chantaje.

Una certeza: han muerto en torno a dos centenares de personas. Dentro de unos años el presente de entonces leerá a Federico García Lorca: “Y el mar recordó ¡de pronto! los nombres de todos sus ahogados”.

Publicado en El Norte de Castilla el 8-09-2026

 

 

 

lunes, 7 de septiembre de 2026

ESTE PAVO ESTÁ MUY BUENO

Foto: A. Mingueza

Cuando apenas hace unos minutos que el árbitro ha señalado el final del partido del Pucela, con la maqueta –que en un rato referirá un texto relacionado con la primera victoria blanquivioleta– aún en blanco, me quedo con ganas de evadir una respuesta a la manera del padre Velasco, el cura amigo de Francisco Galván de Montemayor, el protagonista de la película 'Él' dirigida por Luis Buñuel en 1953. Los comensales de una cena de la alta sociedad mexicana disertan, inducidos por el afán enfermizo de Francisco, sobre las diferentes perspectivas desde las que enfocan el amor. Mientras tanto –Gloria, doliente receptora de la perversa visión del amor que no es sino cobarde sentido de la posesión– calla. El cura, en su pretensión de difuminar alguna arista de una diatriba tan refinada en formas como agreste en el fondo, apunta un suave cuestionamiento, un leve condicional, un «y si ella no te quisiera...». Atónito ante la vehemencia –y el desalmado convencimiento– de la respuesta, del «tendría que quererme» formulada como una inexorable obligación, el cura opta por apartarse de la conversación, evita de esta forma contrariar al anfitrión. Sin embargo, quizá con la voluntad de que Francisco se callase, por el anhelo de escuchar un parecer opuesto al de este o debido a la simple inconsciencia, otro comensal se empeña en devolver la palabra al padre Velasco.

 

–¿Qué opina usted, padre Velasco?

El hombre, pusilánime, acobardado –cobarde de por sí–, sabedor de la procedencia de su aventajado estatus, abre los ojos como platos, fuerza un gesto candoroso, un ademán afable y concluye.

–Pues yo opino sobre el amor que este pavo está muy bueno.

Me quedo con ganas, decía un poco más arriba, de evadir la respuesta. Cuenta –escucho con demasiada frecuencia, y no solo en lo entroncado con el fútbol– sin más, el resultado. El 'cómo' –cuando se gana y cuando se pierde– ocupa un espacio marginal. Un hijo bastardo de aquel «ganar, ganar y volver a ganar» que proclamó Luis Aragonés ha devenido axioma. Luis, su carrera parece confirmarlo, pretendía ganar siempre; a buen seguro, para su paladar, la literatura de la derrota no la transformaba en dulce por más que hubiera resultado inmerecida... pero de la misma forma, me cuesta creer que un triunfo pírrico, que la suma de tres puntos sustentada en el azar, le complaciese, no le impeliese a desmenuzar las razones por las que –triunfo al margen– su equipo resultó zarandeado en el campo.

–¿Qué opina usted, Robledo, del partido del Real Valladolid?

–Pues yo opino sobre el triunfo del Pucela que este pavo está muy bueno. Y que ha ganado porque el hado estadístico se ha empeñado. De todos los remates de cabeza de los jugadores del FC Andorra, el único que traspasó la línea de gol fue el que Alende, al fin y al cabo lució en su momento la elástica blanquivioleta, realizó contra su propio portero. A partir de ahí, la nada, el desarrollo de la vieja táctica del murciélago: todos colgados del larguero.

Una consideración, De Rooij, uno de los mejores en Cádiz, recibe la retribución en forma de banquillo. Ítem más, de primeras, cuando el jugador que ocupaba su puesto fue sustituido, tampoco compareció. O sufría algún problema físico o qué decir: que este pavo está muy bueno. Los tres puntos también, claro, riquísimos. Pero...

 

martes, 1 de septiembre de 2026

AFERRADOS AL ‘AUNQUE’ DE LA NOCHE

 

Foto: LOF

Tras uno de los últimos partidos de la espasmódica temporada, ante la sensación de pérdida de rumbo con la que deambulaba el Pucela, me refugié en la letra de unos tangos de Enrique Morente para exponer el ansia, la desesperación, por ubicar el viento que impulsara con tino: «Si yo encontrara la estrella que me guiara, /yo la metería muy dentro de mi pecho». Apenas cien días después, podemos aferrarnos de nuevo a otros desgarrados tangos flamencos de Morente. En el 83 de la centuria ya pasada, el cantaor granaíno publicó el álbum 'Cruz y luna'; en él pudimos encontrar la versión musicalizada del poema 'Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe', escrito cuatro siglos atrás por San Juan de la Cruz, unos versos más conocidos por el estribillo 'aunque es de noche'.

El 'es de noche' se cernió sobre nuestras cabezas en cuanto el Cádiz se adelantó en el marcador. Viniendo de donde se viene, resulta complicado que nuestras inercias se aventuren en pos de un escenario alentador. El estímulo del ánimo se ha de imponer de forma racional –pese a que la razón no encuentre argumentos–, la esperanza sobrevive como parte del instinto de conservación. El dolor, el temor, la duda, la devastación interna... se alimentan de una realidad demasiado tozuda, incapaz de desmentir la concatenación de malos agüeros.

Escribía unos renglones más arriba que podemos aferrarnos a estos tangos, a estos versos. El 'aunque', como buena conjunción concesiva, introduce un escollo, una cuña que impide a la noche descarriarnos pese a la oscuridad absoluta: «Qué bien sé yo la fuente que mana y corre». Puede que «Aquella eterna fuente está escondida», pero «Qué bien sé yo por fe la fuente fría». Y ahí aparece la palabra clave, la fe, el convencimiento en que este equipo, pese al inicio –me proveo de eufemismos– vacilante, dispone de instrumentos para sobreponerse. Al fin y al cabo, algún indicio respalda la concesión: salvo un rato en Mallorca, ninguno de los tres rivales se ha mostrado superior a los blanquivioleta. Incluso, los dos últimos, Eibar y Cádiz, exhibieron un nivel aparentemente de menor enjundia. Eso sí –trabajo y voluntad–, ambos lucieron más automatismos ofensivos, ambos imprimieron mayor determinación en los duelos.

Como a los futbolistas de la plantilla y a buena parte de la afición aquel 83 les puede sonar antediluviano, podrán encontrar una versión mucho más cercana, de 2017, interpretada por Rosalía: la misma letra, una estética tan desgarradora pero más personal, en la que cada segundo rezuma angustia, dolor personal sin dejar de insistir en el 'aunque'.

Un 'aunque' que bien puede ser el gol del empate, el primer gol, el primer punto «En esta noche oscura», «En este vivo pan por darnos vida». Al fin y al cabo, mi casi paisano, el medio fraile fontivereño Juan de la Cruz, al igual que nuestro técnico de cabecera, se apellidaba Yepes, digo yo que algo sabría de fútbol.


Publicado en El Norte de Castilla el 31-08-2026

 

martes, 25 de agosto de 2026

SI DURA, NO SE TRATA DE UNA FLOR

 

Foto: Carlos Gil-Roig


La potente voz de Rocío Jurado elevó a una cima musical la canción compuesta por Manuel Alejandro 'Se nos rompió el amor'. En ella, la intérprete chipionera refiere los detalles de una relación sentimental que se difumina, describe los límites temporales de una pasión amorosa en primer lugar con una aséptica expresión prosaica, sin adornos, «las cosas tan hermosas duran poco», posteriormente engalanando la misma percepción con una elegante metáfora, «jamás duró una flor dos primaveras».

En ambas frases, el autor reduce la certeza de dicha fugacidad a las emociones deseables. No cualquier cosa se apaga rauda, él se ciñe a asegurar tal peculiaridad tan solo de las hermosas, de las flores. Al final, nada que no supiéramos, medio milenio antes, Jorge Manrique había escrito «Cuán presto se va el placer». El placer. El resto, lo desagradable, lo desdeñable, puede encontrar acomodo definitivo a nuestra vera. Si acaso, irse poco a poco, alejarse sin prisa.

El juego del Pucela no puede, ni por Manuel Alejandro ni por nadie, definirse como una flor. Por eso, el doliente desempeño blanquivioleta pervive sin aparente interrupción. La afición –de nuevo se superará ampliamente la cifra de 20.000 abonados– ansía el fin del oscuro peregrinar, fantasea con que tampoco duren más las circunstancias carentes de belleza, suspira añorando pretéritos más o menos idealizados. Pero los cauces se secan en cuanto la pelota se pone en marcha. El Mallorca, por gallito; el Eibar, por gorrión, han esterilizado sin apenas dificultad los esfuerzos blanquivioletas por truncar una hiel que amenaza con perpetuarse.

Dos partidos, cero goles. Cero ideas. Existen miles de maneras de no marcar a lo largo de un partido. La que hemos visto del Pucela se sustenta en la notoria ausencia de ocasiones. Ocasiones inviables por incapacidad de mostrar siquiera un plan. En un momento ya final del partido, un rótulo de la retransmisión indicaba que el Valladolid había efectuado cinco lanzamientos a puerta. El Eibar, uno. Y fue gol. Atendiendo a esos datos, podríamos pensar –si no hubiéramos visto el partido– que la derrota nació envuelta en una anomalía estadística, en uno de esos ardides con los que el fútbol nos sorprende cerrándose con resultados incomprensibles dado el desarrollo de los juegos. Pero no. El Eibar, en aquel momento, había disparado una sola vez, pero de verdad. A los cinco del Pucela, la locución 'salva de artificio' les resulta excesiva. Ni pirotecnia. A los números en fútbol les sirve el aforismo de Juan Carlos Onetti en su novela 'El pozo': «Se dice que hay varias maneras de mentir; pero la más repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos».

A diferencia de la derrota en Mallorca, esta en el feudo armero duele porque la comparación obliga a rebajar alguna expectativa. El Pucela tiene por delante una labor –tomando el epíteto utilizado por Michaleen Flynn en la película de John Ford 'El hombre tranquilo'– homérica. Urge armarse de esa tranquilidad, sorber dosis de paciencia, y desear, una vez pasen los meses, escuchar a 'álguienes' reprocharme con un «Joaquín, te precipitaste. Tenemos la flor. Y durará».



Artículo publicado en El Norte de Castilla el 24-08-2026

 

martes, 18 de agosto de 2026

SIN EMBARGO, AQUÍ ESTOY

 

Foto: Factoría 9

Recién registrado el Mundial -la futbolera hipertrofia de los nacionalismos de cualquier laya- en los anales de la historia, sin apenas tiempo para el sosiego, sin cuerpo para digerir el comienzo, sin clima propicio para adecuar cabeza y contexto, una porción de la rutina irrumpe importunando la placidez estival: el fútbol cotidiano embiste en medio de agosto para recordarnos una finitud que de sobras conocemos. El fútbol acomete de forma tal que se precipita contra sí mismo; se obliga a comenzar cuando las plantillas no se han cerrado, cuando no ha habido (o no se ha encontrado) siquiera margen para la pertinente inscripción de jugadores. Huelga recordar que arremete contra sí mismo en su empeño por adueñarse hasta de los menores resquicios para expandir un negocio que desprecia los límites. Los puntos, con cuerpo o sin él, con plantilla cerrada o a medio pespunte, contarán lo mismo cuando se complete la suma.

El citado Mundial, incluso para quienes se amparan en el tópico de los veintidós tíos en calzoncillos, ha mostrado el poder simbólico -el poder del poder- del fútbol. Ya en aquel deseo aparentemente inocuo de “separar política del deporte” encontramos la primera trampa: el poder reside en quienes detentan la potestad de trazar la frontera entre lo que la política engloba y lo que permanece fuera. Además, el fútbol por sí solo expresa el sentido de las realidades en las que se enmarca: relata líneas de geopolítica, informa sobre cada tiempo concreto (el levantamiento porque sí de la sanción al estadounidense Balogun reverbera un pasado que creímos haber abandonado, épocas pretéritas en las que lo arbitrario no necesitaba disimulos; la imposición de los cuatro tiempos para distorsiones publicitarias…). También explica la pequeña política de cada territorio, los resortes que articulan el poder económico: la Segunda División española explicó la temporada pasada la separación, Madrid al margen, entre centro y periferia. Los tres clubes ascendidos más los tres que accedieron a la promoción se sitúan en provincias con mar; los cuatro descendidos se asientan en territorios interiores.   

El Pucela, aspirante a todo, conseguidor de nada el curso pasado, enfoca la presente temporada, al menos debería, con las orejas tiesas. Escriben los teóricos sociales que cada dos o tres generaciones, tras la desaparición física de los testigos, en el momento en que la memoria colectiva olvida una tragedia, cuando el dolor propio se transforma en una evocación etérea de los nuevos protagonistas, la vulnerabilidad retorna. Pocos en Valladolid recuerdan el paso del equipo por la tercera categoría, tanto que ni el riesgo se tenía en cuenta. Imposible, pensaban, pensábamos. Hasta que la temporada pasada dio el primer aviso. El primer aviso y una muestra significativa: el Zaragoza. Aunque, advierten en los pueblos, de poco vale: “nadie escarmienta en cabeza ajena”.  A ver si la experiencia, el miedo reciente, dota al grupo de cautela, no vaya a ser.  

En Mallorca se escribió un primer capítulo que se celebra por haber aguantado a un favorito. Primera lectura: favoritos son otros; o sea... Segunda: tan baja se situaba, al menos de momento, la expectativa que una hora sin recibir se asume como buen síntoma. Una hora sin recibir y todo un partido cual martillo de plastilina sin siquiera poder amenazar.

Alguna temporada atrás, en inicio en fechas semejantes, utilicé la celebración católica de la Asunción, la elevación al cielo en cuerpo y alma de María como alegoría de la aspiración blanquivioleta. Esta, más medroso, me acerco al día posterior, el de San Roque, para recurrir a esa copla tradicional que el Nuevo Mester de Juglaría popularizó: “Arrímate a mi viña que soy San Roque, que si viene la peste que te toque”.

Claro que en la leyenda de este santo del siglo XIV se puede leer que, cuando le acechó la misma enfermedad que a otros él sanaba, un perro le acercaba mendrugos de pan para que se alimentara. Un animal al que la tradición le convirtió en protagonista de un trabalenguas: “el perro de San Roque no tiene rabo porque Ramón Ramírez se lo ha cortado”. Ramón, pero en este caso Martínez, cortó de cuajo cualquier aspiración pucelana. Un mal día. 

Tampoco -insisto, es el primer día- el Pucela ha de permitir a la cautela convertirse en amilanamiento, al riesgo en inmovilidad. A lo mejor, así, “cantando al sol como la cigarra” de la canción de Mercedes Sosa, “después de un año bajo la tierra” entona ufano “Tantas veces me mataron, tantas veces me morí; sin embargo, aquí estoy, resucitando”.

 Artículo publicado en El Norte de Castilla el 17-08-2026

 

 

miércoles, 1 de julio de 2026

RETORNO PARA MIRAR ADELANTE

 

Foto: Rodrigo Jiménez

Calor. Exceso de calor. Mataría -metafóricamente, aclaro como necesidad en estos tiempos en que ningún nivel de burrada puede dejar de tomarse en serio-, mataría, digo, a quienes asocian ‘calor’ con ‘buen tiempo’. En mi cabeza, la correspondencia siempre fue otra: la establecida entre ‘verano’ y ‘pueblo’. Las visitas en otra época del año se convierten en leves digresiones, silencios de apenas unas horas, comas en la oración del año, pausas breves para dar y recibir esas sonrisas que, pese a mantenerse presentes desde la infancia, necesitan apuntalarse.  

 

En verano muda la consideración. El regreso -porque no se trata de un viaje sino de un retorno- no se encamina a un lugar, se ramifica hacia diversos tiempos del atrás. Cada rostro con el que topas, cada rutina en la que te acomodas, cada fecha que transcurre, la fiesta de tal o cual pueblo, lanza una mirada hacia atrás en la que te reconoces. Una mirada que, pensaba, te acercaba al pasado; que, en realidad, te aleja del presente, te muestra el camino transitado. Por ti mismo y por el barco en el que viajamos, por este mundo en el que zozobran todos los círculos concéntricos. Un apego que me posibilita conocer raíces, un arraigo al que impido refugiarme en la identidad.  

 

No sé si por más o menos días, tornaré a ese tiempo de viejas reglas, de decoros añejos. Veré a mi madre y me acordaré del día que un concursante en la televisión ignoraba una respuesta que ella conocía. ¿A qué van a la tele si no saben algo que sé hasta yo?, -preguntaba-. Por dinero o por salir en la tele, -respondió mi hermano-. Pues yo -sostuvo ella- ni por todo el oro del mundo iría a quedar como una ignorante delante de toda España. 

 

Por más o menos días, como Rantés, el protagonista de la película de Eliseo Subiela ‘Hombre mirando al sudeste’, me quedaré quieto, con la mirada perdida en el infinito, intercambiando información siquiera conmigo mismo. Llorando las sucesivas Venezuelas. La vida, la muerte, la vida. Aprendiendo que la naturaleza no sorprende porque sorprende despiadadamente con inusitada frecuencia. El presente espera.   

Publicado en El  Norte de Castilla el 30-06-2026

miércoles, 17 de junio de 2026

BAJAS MIRADAS

 

Foto: Ep

Se acabó la guerra entre los Estados Unidos e Irán. Al menos, ambos países han anunciado un acuerdo. Una buena noticia, un rictus de preocupación. Que se detengan las hostilidades, a excepción de para quienes sustentan riqueza y poder en el negocio armamentístico, supone motivo de regocijo. Pero el contexto, ay, el contexto, impide la celebración. Por un lado, la historia de la cabeza imperial -y la de su aliado en estas contiendas- demuestra una desacomplejada adicción bélica. Por otro, se mantiene vigente la alerta que el presidente de China, Xi Jinping, anunció al de los Estados Unidos, Donald Trump: ‘La trampa de Tucídides’, la explicación del historiador griego que 2500 años atrás relató cómo el progreso de Atenas/China generó el miedo de Esparta/Estados Unidos desatando la Guerra del Peloponeso. Acaba la guerra, pero no la sensación de que asistimos al preámbulo del abatimiento de un nuevo Francisco Fernando, al instante previo a la chispa que detonará la hecatombe. Eso sí, cosas del corrimiento de los poderes, el baleado no será archiduque ni europeo.

A otro nivel, bajando la mirada, el teatro patrio sustenta sus representaciones en el triste desempeño de los correspondientes representantes -los depositarios del poder ejecutivo y sus entornos- ante sus representados. ¿Qué les queda a estos cuando pretenden defender electoralmente un modelo garantista de estructura social cobijadora? La antisepsia, en estas circunstancias, resulta demasiado insuficiente ante heridas extensas y profundas. Lamentable orfandad. ¿A quién votan quienes consideran desalmada la expulsión masiva de emigrantes, los pacientes oncológicos que temen los abrazos de dirigentes locales con los Mileis de turno, las apologías de las teologías de la prosperidad?

La mirada más abajo nos presenta a un Mañueco presidencial. Entusiasmo de la nada, no solo por la continuidad sino por la asunción de que no aspiramos a más que la gestión de esa nada. Tan nada, que la propia población, aun consciente de ella, la sigue eligiendo ante su alternativa de menos que nada.

Quien ha reclamado alzar la mirada, el papa Prevost, tuvo que marcharse abrumado de España. A nadie complació, todos le aplaudieron. Al menos, ninguno le acusó de pretender dividir esta comunidad en dos con la elección del nombre pontifical: mucho mejor hubiera sido Castilla y León XIV.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 16-06-2026

miércoles, 3 de junio de 2026

LA NOTA DE CORTE

 

Foto: José C. Castillo

Una nota, un número adosado, una aspiración viva o un anhelo que se desvanece. Una centésima delinea la frontera entre un éxito o un fracaso autoinfligido. La Selectividad -perdón, hablo en pesetas- como linde inexistente entre la dicha por poner el pie en la carrera que a buen seguro (de eso me han convencido, en eso he construido el relato de mi futuro) me garantizará la felicidad y la desventura de sentir el fracaso, el amargor de asumir una vida, de tan distante a lo soñado, un poco ajena. Una presión insoportable. Una competencia contra sí mismo -surgida de un modelo que casi desde la cuna nos configura con las etiquetas ‘winners and losers’, ganadores y perdedores- con poder destructor. Como si supiéramos, con la vida recién estrenada, dónde únicamente sí merece la pena y dónde solo cabe la resignación.    

‘Winners and losers’ para todo, tiempos donde los ‘losers entre los losers’, los que a simple vista discuerdan de lo que el imaginario define (impone) como ‘ser de aquí’, no caben en el territorio. El ‘winner’ por acogerse a una ‘prioridad nacional’ acota un primer rechazo que le permite mantenerse en el equipo ‘de los buenos’ junto a una mayoría. Se erige exponente de esa mayoría inicial a la que se le pretende instalar una mentalidad de víctima para que reaccione ofendida ante la minoría excluida. La historia recuerda que, posterior e inexorablemente, el pretendido ganador tornará a perdedor de consecutivos repudios. Así, quienes gracias a ellos alcanzaron el poder, planteando otra acotación de ‘prioridad’ que sonará bien aún a muchos, aplicarán a los ahora señalados las mismas recetas que, mirando hacia abajo, ellos habían exigido antes para otros. Ha sido así tantas veces… Niemöller, ¿recuerdan? Primero fueron tales, pero yo no era. Círculos concéntricos que solo preocupan cuando desaparece el trazo del que nos cobijaba por detrás.  Prioridad nacional, bosquejo de un ‘nacionalindividualismo’, un lazo ficticio de identidad que encubre el ‘sálvese quien pueda’. Una planta que crece fertilizada por el nitrógeno procedente de la inmundicia de un presente que, en los espacios de decisión, apesta.

La chavalería atosigada ahora por la Selectividad tendrá la siguiente palabra. Suerte.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 2-06-2026