Mi cabeza no me deja más remedio, cada vez que me detengo
unos días por el pueblo, ella -que de por sí da vueltas sin parar-, gira su
foco de atención y me inunda de unas imágenes que desvían de la temática
habitual. No olvido, ¿cómo?, las vicisitudes de un mundo cáustico, quemante de
un pasado que aparentaba estable, de una coyuntura amenazante que abre
abruptamente un futuro ignoto para el que carecemos de más pista que la propia
ausencia de indicios, a excepción de los proporcionados por las miserias de la
condición humana. No olvido, claro, pero las emociones, los pensamientos que se
arremolinan y me baten se ciernen en ese pequeño espacio en el que fui niño y
del que de alguna manera me escapé. Y por primera vez percibo que algo está
cambiando. Por rigor apunto que lo reciente no es tanto la percepción como el
asiento de esta. El pueblo que recobraba vida apenas unas quincenas en verano,
ebulle cada vez más en vacaciones, burbujea muchos fines de semana.
Sabedor de que una tesis consistente no se consolida sobre
andanzas que dan razón a nuestras querencias sino con la acumulación de datos
que la confirmen, me limito a constatar el hartazgo provocado en mis paisanos
por el modo de vida actual de unas ciudades -más cuanto más grandes- en las que
la inercia se ha convertido en la fuerza imperativa generadora de los
movimientos rutinarios. Una inercia que arrastra cuerpos y esconde vida, que fuerza
ritmos y silencia relatos sobre raíces o entorpece sentidos de comunidad.
Las ciudades, tampoco las muy grandes, no siempre
respondieron a este patrón. Pero, al parecer, no me atrevo a garantizar, esta
deriva despersonalizadora se impone y son cada vez más las personas que
recurren a esta periferia de la periferia en busca del saludo diario, la
conversación en las plazuelas, las inopinadas charlas intergeneracionales, los
paseos sin destino, las cotidianas cartas o el bingo cotidiano, como
excusa para verse y distraerse en común…
Regreso a la
ciudad, mi cabeza volverá a sus cosas. Eso sí, cada vez más me aumenta el deseo
del retorno. Y sí, ya sé que la realidad rural no es tan bucólica. Pero…
Publicado en El Norte de Castilla el 07-04-2026