Cualquier declaración
-más allá de los dictámenes técnicos- emitida a rebufo de una tragedia,
proferida en un tiempo en el que a la sociedad receptora le revuelve la
zozobra, le desbarata la congoja, se deposita en mi cerebro como asiento
maquillado de interés. Palabras de las que me preservo cerniéndolas por el
tamiz del ‘cui prodest’, cotejándolas con otras pronunciadas cuando el
protagonismo recaía en manos diferentes, parangonándolas con la conveniencia
del emisor.
Me declaro
incapaz -asumiendo, eso sí, que la fatalidad de continuo ronda lo cotidiano- de
aventurar siquiera qué pudo suceder para desencadenar la infausta secuencia
ferroviaria. Admito mi torpeza para encontrar palabras -siempre me resulto
tardo y desacertado- ante un hecho luctuoso.
Entonces, mi
cabeza dispersa rastrea las periferias. Con frecuencia vivo con la sensación de
que la vaca España aparenta gorda cuando no está sino implada. Lo construido se
observa, se disfruta, de ello se puede alardear; el mantenimiento resulta frío,
aséptico, funcional… y costoso. ‘No me regales El Escorial -cuentan que antaño
le respondió una chica a su novio- que me tocará a mí limpiar los cristales’.
Tal vez solo sea impresión, pero intuyo que mucho de lo bueno se sostiene por
la buena voluntad de los trabajadores.
En otra
vuelta mental, respecto al debate acerca de la responsabilidad humana o el
fallo tecnológico, colapso. El humano supervisa la máquina que vigila al humano
pendiente de la máquina atenta al humano responsable de la máquina que
controla… Al final nuestra vida se deposita en manos de otro humano
desconocido, de su pericia, de su sensatez. Se lo digo desde mi bici tras leer
la noticia de los cuatro fallecidos en el accidente de Zamora.
Solo me sale
pedir -exigir es demasiado- a los responsables políticos valor para evitar
buscar de primeras a quien te salve el culo y respeto para no caer en la
tentación de emitir juicios acomodados a sus propios intereses.
Días de Santos y
Difuntos. Rasueros, el pueblo vacío se llena de gente consciente de que la
muerte engendra vida, de que vivimos sobre lo que los muertos nos legaron. Y se
les visita. Mañana aún será ayer todavía.
Artículo publicado en El Norte de Castilla el 3-11-2026




