No
hace tanto, o quizá sí, de aquellos tiempos en que sólo había dos
cadenas de televisión. Podíamos elegir entre la primera y la uhacheefe
pero rara vez lo hacíamos porque estábamos la mayor parte del tiempo en
la calle. Cuando llegábamos a casa era para cenar y dormir. Menos los
viernes que, al no haber escuela al día siguiente, se ensanchaba un
poco, no mucho, la manga y, tras la cena, veíamos el Un, Dos, Tres.
Entre preguntas y canciones, entre multiplicaciones y calabazas,
aparecía, cada día con un disfraz, Antonio Ozores. Hablaba pero no se le
entendía y de eso hizo profesión. Arrancaba carcajadas con un humor con
un cierto barniz surrealista. Sus absurdos monólogos quedaron
almacenados en mi subconsciente de tal forma que ese recuerdo aparece
cuando escucho a muchos santones de la política o de la economía. Hablan
en un lenguaje tan artificioso que resulta ininteligible, sus
explicaciones del por qué pasa lo que pasa, son como las intervenciones
de Antonio Ozores pero sin hacer reír. Lían sus discursos como un gato
una madeja. Podríamos pensar que no somos lo suficientemente listos para
comprender pero no es el caso, en realidad ocurre que han encontrado un
lenguaje capaz de engullir palabras sin aportar nada, un idioma en el
que pueden decir a la vez so y arre y convencernos de la coherencia de
las dos órdenes dadas al mismo tiempo. De esta forma evaden su
responsabilidad, esconden los errores de sus análisis previos y, sin
rubor, se erigen en portavoces de la única verdad verdadera. Pero
resulta que su oficio es –debería ser- el contrario: explicar con
nitidez las cosas que afectan al común para que pudiéramos decidir con
un criterio más formado. Pero date, eso nos convertiría en más soberanos
y menos masa. Luego no (les) conviene.
Blog sin más pretensión que la de poner un poco de orden en mi cabeza. Irán apareciendo los artículos que vaya publicando en diversos medios de comunicación y algunas reflexiones tomadas a vuelapluma. Aprovecharé para recopilar artículos publicados tiempo atrás.
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viernes, 3 de mayo de 2013
jueves, 14 de febrero de 2013
BRASEROS DE AUTOCOMPLACENCIA
Las voces llegan a mi habitación,
levanto la persiana y observo una muchedumbre que grita frases que empiezan por
NO. No a esto, no a aquello. Abro la ventana, me asomo y leo las pancartas.
Todas, casi todas, empiezan por un NO. No a esto, no a aquello. Espero, cuando
la manifestación (¿Desfile? ¿Procesión?) ha terminado me pongo el abrigo, hace
frío hasta en casa, y salgo a la calle. No tengo un destino definido, camino,
solo camino y miro los rostros de las personas con las que me cruzo. No percibo
chispa en sus ojos, no intuyo un gramo de ilusión, camino. Pienso en alguna
palabra que pudiera turbar esa triste sensación que no es tristeza sino desesperanza,
una frase que pudiera romper esa monótona desazón que no es desazón sino
derrota. Pienso, pero no doy con ella. Tengo las manos heladas, entro en un
bar, necesito un café que caliente las manos y la garganta, una sonrisa que
caliente el día.
A mis oídos llegan cenizas de una
conversación que mantienen dos hombres y una mujer que comparten la mesa de al
lado. No puede ser, dicen, no podemos seguir así. Me giro. La tele está
encendida pero sin volumen. Un subtítulo enmarca las palabras inaudibles de la
presentadora: los indignados toman nuevamente las calles.
Vuelvo a casa. Leo un periódico,
me sobresalta el titular. En España hay más de 6 millones de parados, los
mismos que había en Alemania, con una mayor población, cuando Hitler ganó las
elecciones. ¿Es posible, me pregunto, que aquí, ahora, pueda ocurrir algo
parecido? Me desasosiega la respuesta. La que doy a la pregunta y la que veo en
la calle. Hartazgo de noes y de indignaciones, toneladas de rabia y miedo que
de la mano provocan gestos temerarios pero solo gestos, miles de personas con la
fuerza intacta pero sin saber hacia dónde, ni cómo dirigirla.
Veo también personas,
organizaciones, que anticiparon esta situación, no son pocas, nunca estuvieron
quietas. Antes fueron llamados catastrofistas, ahora, medio con orgullo por
haber sido capaces de prever, medio con pánico ante tanta incertidumbre, se
preguntan qué hacer. El problema es que se lo preguntan en cenáculos
autocomplacientes, reductos en los que todos se dan la razón o se pierden en
discusiones bizantinas, burbujas de corrección política en los que nadie se
sale del librillo, pequeños braseros, abrigos raídos. A veces surge una
respuesta y se ponen manos a la obra, pero tampoco esa obra sale del círculo. Mientras,
en la calle, crece el hastío. Miro por la ventana. No la abro, hace frío.
Publicado en "Ultimo Cero" el 31-01-2013
sábado, 22 de diciembre de 2012
LA HISTORIA ES PLANA…EPPUR SI MUOVE
Nuestros padres eran más cerrados
que nosotros y nuestros abuelos iban más a misa que nuestros padres. Así visto,
así parecía, cada generación daba un paso más en una línea recta. Nos convencieron
de que la historia permanece inmóvil y somos nosotros los que avanzamos sobre
ella. Sin vuelta atrás, sin parapetar lo conseguido, sin miedo, por tanto, a
perderlo, sin consciencia, sin memoria. De repente, vuelta atrás. Y ahora nos
preguntamos cómo hemos llegado hasta aquí, hasta un punto desconocido que, sin
embargo, se parece demasiado a lo descrito en las novelas del pasado. Fortunata
busca en los contenedores mientras los hombres cercanos a Jacinta ejercen de
dueños de todo, de todos y de todas.
Volvemos, digo. La parte de la
sociedad que se denomina ‘indignada’ reclama algo tan ‘revolucionario’ como
transparencia, exige algo tan ‘radical’ como que los gobernantes cumplan lo que
proponen en los programas electorales, reivindica algo tan ‘rompedor’ como participar.
Todo aquello que ya creíamos tener, todo aquello que nunca pensamos que se
pudiera perder. De nuevo a la casilla de salida, de nuevo con la puerta
cerrada. De nuevo a la calle para pedir lo elemental, un decálogo de buenas
intenciones, no robarás, no matarás. Nada por soñar, nada por transformar.
Demasiado y, a la vez, demasiado poco. Las mil revoluciones pendientes siguen
pendientes porque, entre otras cosas, están en la carpeta de asuntos para más
tarde, como si la historia fuera lineal, como si después de esto fuera a llegar
necesariamente lo otro, como si no tuviésemos, ya, nada nuevo que decir, nada
distinto que proponer, ningún camino más allá en el que luchar.
Publicado en "Último Cero" el 22-12-2012
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