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lunes, 19 de mayo de 2014

YO, TARZÁN; TÚ, JANE

Los ingredientes eran escasos: unos pocos verbos sin conjugar, un puñadito de sustantivos y algún pronombre. Suficiente material para que Tarzán pudiera comunicarse con los humanos, amén de arrancar las sonrisas de varias generaciones de niños. Ese uso primario del lenguaje puede servir para salir del paso, para transmitir una información básica, pero poco más. Si lo que se pretende es transmitir un sentimiento profundo, una información compleja o aportar matices sobre cualquier tema, necesitamos el cemento con el que amalgamar las palabras para construir oraciones. Ese ungüento se forma, en buena medida, con las preposiciones, esas palabras modestas, sin apenas valor cuando las tomamos fuera de su contexto. Busco en el diccionario la definición precisa (palabra invariable que introduce otros elementos de la oración) y pienso que el Valladolid de esta temporada ha sido un equipo sin preposiciones, un equipo cuyo juego colectivo no ha pasado del ‘Yo, Tarzán; tú, Jane’.

lunes, 12 de mayo de 2014

UN BOTE, UN BARCO...

Sin pamplinas. La palabra esperpento suele ir asociada a Ramón María del Valle-Inclán, pero antes de que el gallego la emplease referida a su obra, la palabra ya existía. Sin ser consciente, la persona que muy antaño acuñó el término nos dotó del instrumento que define implacablemente la página que el Valladolid perpetró ayer en Sevilla. Un esperpento, una historia sin héroes arquetípicos de esos que acuden puntuales a última hora para enfrentarse al mal, un relato sin antihéroes de esos que se autorredimen acudiendo impuntualmente a tiempo a donde nadie les espera, una novela sin villanos de esos que conocen perfectamente el mal para poder llevarlo a cabo. Un esperpento, un cuento amorfo de un equipo que, teniendo el objetivo en la mano, lo ha dejado escurrir como escurre el agua del mar que se arroja en un agujero abierto en la playa.

jueves, 8 de mayo de 2014

EL EMPATE RELATIVO

Una de esas leyendas apócrifas que labran el mito de algunos genios se refiere a Albert Einstein cuando, tras formular su teoría de la relatividad (aunque él nunca la denominó así), su reputación había trascendido más allá del ámbito en el que trabajan los investigadores. Durante aquella época, el físico recorrió diversas universidades de los Estados Unidos desgranando los vericuetos de tan revolucionaria teoría. Un día de tantos, a caballo entre dos ciudades, su chófer le espetó: «Tiene usted mucha cara, le pagan barbaridades de dinero y lo único que hace es repetir siempre la misma copla, ahora que ya le he oído, yo también podría hacerlo». Einstein le tomó la palabra y aceptó la propuesta: «La próxima conferencia la impartirá usted». Dicho y hecho, antes de llegar, intercambiaron sus ropas y se caracterizaron convenientemente. El chófer expuso palabra tras palabra todo lo que había oído al genio tantas veces.

domingo, 4 de mayo de 2014

LOS DOS GOLES DE RUKA

Existen expresiones que aparentemente no dicen nada pero que cobran sentido porque encierran en sí toda la experiencia vital de quien las escucha. Son frases con un contenido obvio, de apariencia hueca, pero que retumban en el receptor, porque en alguna de sus alacenas interiores encuentra la definición precisa. Una expresión del cariz de ‘la vida es así’ puede ser un buen ejemplo. Ese ‘así’ puede valer para un roto y para un descosido, en esencia no dice nada, pero cuando llega a nuestros oídos nos cuenta todo. Al fin y al cabo, ¿qué es la vida más que la suma de las cosas que caben en ella? La vida es lo que es, lo que nos permite gozar y lo que nos arrastra a sufrir, una secuencia ilógica de acontecimientos que tenemos que digerir, un espacio en el que las causas y las consecuencias no siempre llevan el mismo camino.

martes, 29 de abril de 2014

LÁGRIMAS DE BERGDICH

A lomos de su montura, Boabdil se aleja. El caballo no llega ni a trotar, porque el jinete no tiene fuerza para mover los arreos. No tiene fuerza ni para girar la cabeza y mirar por última vez aquella fortaleza que parecía teñida de rojo por el reflejo de las luces de las antorchas. No tiene el valor suficiente para enfrentarse a la visión de la imponente alhambra que se alza majestuosa, porque esa sola imagen es la crónica de su derrota, de una derrota que le perseguirá hasta el final de los tiempos. El que había sido monarca del reino nazarí caminaba ahora hacia un exilio que no era más que la consumación de la pérdida, la puesta en escena de una humillación, la muerte en vida. Visto de lejos es un espectro que deambula en medio de la noche, de cerca no es más un despojo de grandeza que se balancea según la voluntad del viento. Una lágrima recorre su rostro avejentado de tanta pena. Aixa, su madre, cabalga al lado. El aroma de su cara huele a rabia destilada, mira a su hijo con desprecio y replica a su llanto: «Llora como una mujer lo que no supiste defender como hombre». No sabemos si en realidad ocurrió de esta manera, es imaginable, en cualquier caso, las respuestas del alma encogida de Boabdil, pero nadie estaba allí para atestiguarlo. Pero, como a todo derrotado, la historia le juzgó de forma severa convirtiéndole en un pelele propicio para ser manteado por los escribanos. Esas supuestas lágrimas, la reprimenda de su madre -una mujer-, sirvieron a un intrascendente escritor apellidado Echevarría, que vivió allá por el siglo XVIII, para forjar la imagen de un rey débil y para asociar esa laxitud al carácter femenino. Los hombres no lloran, ya se sabe. Hasta que lloramos. Hasta que por fin pudimos llorar y afirmarlo públicamente: ni llorar es de débiles, ni es de mujeres, ni, por supuesto, mujer y debilidad son términos sinónimos.

sábado, 12 de abril de 2014

INDULTO NO; TESÓN

Los humanos construimos nuestra realidad con palabras. No solo para explicarla, también para comprenderla. Por eso, nada mejor que la poesía para explorar en nuestros sentimientos, porque cuando se trata de lo profundo no es nada sencillo atinar con las palabras adecuadas para comunicar cómo nos encontramos. Cuando estamos realmente mal, sufriendo por alguna de esas jugarretas que la vida propone en nuestro camino, tenemos dificultades para transmitirlo. Llegados a este punto tenemos que recurrir a un poema o incorporar metáforas al lenguaje cotidiano. Tenemos que agarrarnos a palabras como ‘alma’ con las que pretendemos definir algo tan etéreo e inaprensible como la parte inmaterial de las personas o recurrimos a la metonimia dirigiendo al corazón el dolor de todo el cuerpo. El corazón, dicen los médicos, no duele, sin embargo utilizamos este órgano para referirnos a un dolor ilocalizado, a un pesar que afecta al todo, al vacío, por ejemplo, que sufre una madre cuando siente que puede perder un hijo.

lunes, 7 de abril de 2014

ÓSCAR, EL INSUMISO

El primer siglo de vida de los Estados Unidos cuenta la historia de una expansión territorial que duró prácticamente hasta que el propio país sufrió una implosión, esa guerra civil conocida como la Guerra de Secesión. México, el de abajo, sufrió en sus carnes el mordisco del gran vecino que acababa de ver la luz. En 1846 el ejército estadounidense invadió México tras un litigio originado un año antes cuando se formó, sobre territorio que había sido mexicano, la República de Texas. En aquel momento, Henry David Thoreau, un filósofo puritano de Massachusetts, se negó a pagar impuestos al considerar ilegítimo que se destinasen a esta contienda, así como a mantener un sistema en el que la esclavitud estaba amparada por la ley. Debido a ello, fue encarcelado. Para justificar teóricamente su decisión escribió ‘La desobediencia civil’, en la que defendía que los ciudadanos deberían tener más poder frente a los Estados y que esto solo sería posible si cada persona se implicaba en su comunidad. Desobedecer las leyes era, en alguna instancia, la única salida digna de un ciudadano coherente frente a ese poder. En nuestro país el mejor exponente de este compromiso colectivo lo tuvimos con el movimiento de objeción de conciencia que, a finales del siglo pasado, impulsó campañas a favor de la insumisión –la negativa a la realización del servicio militar– como forma de apostar por una sociedad en la que el papel de los ejércitos fuera progresivamente disminuyendo. Ilustres defensores de esta forma de entender la vida fueron el ruso Tolstói, el indio Mahatma Gandhi, el nor­teamericano Luther King o el sudafricano Mandela. Ayer, en el estadio Zorrilla, se sumó a esta lista el futbolista pucelano Óscar. El poder establecido le ordenó jugar por la banda izquierda, en la posición teórica de extremo izquierdo, pero él, después de remolonear un poco por aquella zona, decidió que ese terreno no era el suyo y caminó río arriba hasta la demarcación en la que se encuentra más a gusto, o en la que cree que más puede ofrecer al equipo. La diferencia entre una y otra razón no es menor porque afecta al meollo teórico que califica a una desobediencia como legítima. En el primer caso, que fuera por su gusto, estaríamos ante una actitud pueril de niño malcriado o de adulto egoísta que solo obra en su beneficio. En el segundo, nos encontraríamos ante una actitud madura, comprometida y que, siendo el jugador consciente del riesgo de que el peso de la ley del entrenador cayese sobre sus espaldas, asumiría pensando en el beneficio colectivo. Quiero pensar que ha sido la segunda más que nada porque en este caso, al menos por lo que a ayer respecta, Óscar dobló el peso de la autoridad y el entrenador decidió, con la entrada de Bergdich por Manucho, reubicar a los jugadores permitiendo que el salmantino jugase en la posición de ‘10’.

lunes, 31 de marzo de 2014

SIN ACUSE DE RECIBO

Estimado Señor Rubio:
Desde ayer, la Pucela futbolística se asoma por la ventana, cierra los ojos y se regodea mientras recibe en la cara ese tímido rayito de sol que, atravesando el cristal, parece venir a decirnos que ha llegado para derrotar al invierno. Pero en esta tierra sabemos que hasta el cuarenta de mayo no es conveniente desterrar la ropa de abrigo, por si acaso. Precisamente por eso, ahora que aún nada está conseguido y, a la vez, se está a tiempo de lograrlo todo, quería dirigirme a usted para decirle una palabra que, también a la vez, resume todas: ¡gracias! No me apetece esperar a que se confirme la permanencia del equipo, así será, cruzo los dedos,  porque daría la sensación de que ese agradecimiento sería un premio por haber alcanzado un fin. Quiero hacerlo en este momento en que todo está por escribir. En este sentido me da igual lo que ocurra al final, si alumbra ese rayo de sol es debido, sobre todo, a usted. Sí, ya sé que el fútbol no es una excepción, que el trabajo de uno carece de sentido si no está respaldado del de los demás. Y es cierto que usted pertenece a una plantilla que ha dado a lo largo del año muestras de una honradez que escasea en otros ámbitos de la vida social de nuestro país. Quienes así no lo entendieron tuvieron que hacer las maletas. Al resto nada que reprocharles, lo que tienen lo dan. Más no se puede pedir. Pero en medio de todos refulge usted, y no por brillar como lo haría una estrella, tampoco por arrancarse en carreras estériles a la manera de los demagogos que buscan el aplauso fácil, su mérito radica, ahí es nada, en hacer en cada momento lo que corresponde y hacerlo, casi siempre, bien. Ayer, sin ir más lejos, consiguió transmitirme la emoción que siento cuando observo ante mí algo que se acerca a la perfección.

viernes, 28 de marzo de 2014

SEGURO QUE SÍ

Supongo que las cosas habrán cambiado desde entonces, pero cuando uno vuelve la vista hacia atrás y la fija en aquella época en que la semana no era más que una larga espera que encontraba sentido a partir de los viernes, rememora un tiempo envuelto en una doble capa de optimismo y perseverancia. O sea, una concatenación de intentos fallidos que culminaban en la vana esperanza de que la semana siguiente sería distinto. Llegada la hora salíamos en tropel a la fiesta de cualquier pueblo o, en su defecto, a la Peñaranda capital de aquella comarca en la que conviven tres provincias. Ahora llegaban los de tal pueblo, ahora los del otro hasta abarrotar el aforo de las calles. Los chicos de entonces, copa en mano, aires de yo pasaba por aquí, nos acercábamos a las chicas con las que íbamos coincidiendo en cada garito.

domingo, 23 de marzo de 2014

CON DIGNIDAD

Llegada de la marcha a Valladolid - ROSI CASARES
Han pasado cinco meses desde que Cáritas hiciese público el VIII Informe del Observatorio de la Realidad Social referido a 2012, un pormenorizado estudio que, piedra sobre piedra, dato sobre dato, certificaba con un número, tres millones, una realidad que, a estas alturas, no se le escapa a nadie: algún vecino nuestro es pobre de los de verdad. Pobre severo, si utilizamos la terminología empleada en el informe. El subtítulo del informe no puede contener más información en menos palabras: «El aumento de la fractura social en una sociedad vulnerable que se empobrece». Lo peor, con todo, no es el dato - tres millones de personas en España disponen menos de 307 euros al mes- sino la tendencia: cinco años antes el número era la mitad. La información que ofrece la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) confirma esta tendencia, sus análisis ratifican que en el periodo 07-10 España fue el país europeo donde más aumentó la desigualdad. Mientras los ingresos de las clases sociales más altas se mantuvieron, las más bajas habían reducido sus rentas en un 14%. Si extendiésemos los datos hasta hoy podríamos, de quedarnos vergüenza, ponernos colorados. El fútbol, como buen crisol en el que se funden todos los metales de la sociedad, se mimetiza con la sociedad hasta reflejarla de forma fidedigna. Todos los focos apuntan esta semana en la dirección de ese Foro de Davos del balompié, de ese Wall Street futbolero, que es el Real Madrid-Barça, sin embargo, el partido en que más había en juego era el del Pucela frente al Rayo. Mientras aquellos se enzarzan en discusiones sobre quién tiene el mejor avión o despide a más empleados, estos se juegan en cada carrera el pan de cada día. Comparten planeta, pero son otra cosa. Aquellos rivalizan, decía, pero se ponen de acuerdo para quedarse con el pastel. Estos pelean por unas migajas, apenas por un salario que les permita vivir y mantener las fuerzas para poder trabajar al otro día. Nos han convencido de que una derrota es una humillación, de que un empate, si no da para llegar a fin de mes, es merecido porque, a buen seguro, no hace nada por salir de esa condición.

lunes, 17 de marzo de 2014

BATIR Y PICAR

Bien pudo haber sido así. Juan Ignacio Martínez, ese entrenador que viste como lo haría cualquier señor castellano para ir a misa, se quedó plácidamente dormido en el sofá. En su cara se podían leer todas las letras de la palabra felicidad. De súbito abrió los ojos –apenas le costó un instante reubicarse en su nueva condición de despierto– se levantó, caminó hacia su despacho, allí se sentó, tomó un bolígrafo y, en el primer folio en blanco que encontró sobre la mesa, escribió unas notas que concluían con un ‘ganamos al Barça’. Volvió a sonreír recreándose de nuevo en la escena con la que había soñado momentos atrás. Estaba, como cualquier padre, a los pies de la cama de su criatura leyéndole un cuento. Un mozuelo pasaba la tarde en su taller, dado que no era mucho el trabajo que le encargaban, pasaba buena parte del tiempo en su inopia particular. Unas moscas, pesadas de oficio, no le dejaban de incordiar. El chico cogió un trozo de paño y, de un golpe seco, mató a siete de ellas. Satisfecho, quiso inmortalizar la hazaña con una leyenda estampada en una de sus camisas: Maté a siete de golpe. Se la puso y salió a pasear por la ciudad. Entre sus vecinos se acrecentó el rumor de que el lema hacía referencia a siete soldados que nuestro protagonista habría abatido de golpe. Su fama llegó hasta el rey que, impresionado por el valor del chiquillo, le encomendó enfrentarse a dos gigantes que atemorizaban a los habitantes de su palacio. El reto era de órdago pero el joven no podía volverse atrás, a riesgo de hundir su reputación, y aceptó la encomienda.

domingo, 9 de marzo de 2014

SOLO ALGO MEJOR

Cuando recibió el aviso de que Jeanne St. Jean había roto aguas, la anónima matrona, como cada vez que era requerida para ejercer su profesión, preparó el material necesario y se puso en camino. Para ella se trataba de un parto más, cierto es que los Bernadotte eran una familia con posibles, no en vano, Henri, el padre, era procurador en Pau, pero ni ella ni nadie en esta ciudad francesa podía pensar que ese día fuera a quedar apuntado en los futuros manuales sobre la historia de Suecia. Con el pasar de los años, el pequeño Jean-Baptiste se enroló en el ejército. Tras el triunfo de la Revolución, subío con inusitada rapidez los peldaños del escalafón militar hasta alcanzar el último, fue convertido en mariscal del ejército napoleónico. En 1808 estuvo al mando de las tropas francesas frente a las suecas. No tuvo éxito pero su labor no debió pasar inadvertida para sus rivales ya que dos años después fue reclamado para ocupar el trono vacante. Aquel frío día de enero, la matrona caminaba sin saberlo, y quizá nunca lo supiera, para ayudar a nacer a un futuro rey.

domingo, 2 de marzo de 2014

ABRIGO EN EL POLO

Cuando el sol estaba en su punto más alto, Esaú entró en casa. Como cada mañana, había salido de caza acompañando a las primeras luces del día. Las horas transcurridas entre uno y otro momento las fue ocupando subiendo riscos y bajando laderas, persiguiendo algún conejo y protegiéndose de las alimañas. Como cada día, más o menos a estas horas, regresaba exhausto y hambriento a casa, pero allí no encontró más comida que el plato de lentejas guisadas que estaba comiendo Jacob, su hermano pequeño. Tanto reclamaba el estómago de Esaú que no dudó en ofrecer los derechos que le correspondían por ser el primogénito a cambio del plato de legumbres. Esaú se arrepintió y posteriormente procuró, si bien de forma infructuosa, que ese acuerdo no se llevara a efecto. Pero este pasaje que podemos encontrar en ese manjar literario que es la Biblia explica a la perfección lo que los economistas en su jerga denominan ‘valor de uso’, o sea, el precio que estamos dispuestos a pagar por un objeto en función de la necesidad que satisfaga en un instante concreto. Ese plato de lentejas, tantas veces menospreciado, multiplica su valor cuando no hay nada más que pueda saciar el hambre voraz de Esaú en ese preciso momento. Frente al valor de uso, el ‘valor de cambio’ es menos subjetivo al relacionar el precio de cada mercancía en relación con las demás. Sobre cómo se fija este valor hay diversas teorías. A estas alturas de la liga, el precio de un punto para el Real Valladolid hay que empezar a medirlo por su valor de uso. A principio de temporada cada punto se atenía al valor que tan bien midiera el técnico ‘yugoeslavo’ Bujadin Boskov en uno de sus axiomas: ‘punto ser punto’. Valía para sumar pero la temporada era, entonces, tan larga como el margen de error. El tiempo fue pasando y llegamos a este día en donde no caben más pinchazos. Cada punto vale tanto como lo que se está dispuesto a pagar por un abrigo si te encuentras desnudo atravesando el Polo Norte; si ese punto significa restar dos a tu oponente más directo no tendrías ningún empacho en ofrecer por ese abrigo tu pulmón para un futuro trasplante. Un punto de octubre vale lo mismo que el obtenido ayer, sin embargo, de haber perdido el Pucela en ‘La Rosaleda’, además de un golpe mortal al estado de ánimo, hubiera supuesto acrecentar la desventaja ante los que le anteceden en la tabla de forma tal que ya no tendríamos dedos suficientes en una mano para contarla. Sumen a eso que los dos partidos en puertas son de esos que no hacen que se dispare el optimismo. En resumen, la derrota, salvo inesperado milagro posterior, hubiera sido una invitación, sin posibilidad de ser devuelta, a la Segunda.

sábado, 22 de febrero de 2014

CALMA NADA BUENA

Uno va a su puesto de trabajo, pongo por caso, como el día anterior, el anterior y el anterior. De haber notado ciertos movimientos inhabituales hubiera sentido esa dichosa mosca tras la oreja y habría llegado fácilmente a la conclusión de que algo (casi nunca bueno) se estaba cociendo a sus espaldas. Sin embargo, cuando esa misma oficina lleva varios días demasiado tranquila, cuando parece que los papeles pesan y los movimientos se repiten, cuando cada día se parece excesivamente al anterior, el mismo trabajador empieza a notar que el aire se solidifica y es consciente de que por algún lado algo va a estallar. Que tras la tormenta llega la calma es algo sabido, pero esta relación se produce también, con mucha frecuencia, en sentido inverso. La calma, el exceso de esta, suele ser el preámbulo de una partida de rayos y truenos que llegan así, como de repente. Lo sorprendente es que no nos suele pillar desprevenidos porque un sexto sentido nos mantiene alerta, nos prepara para lo peor.

domingo, 16 de febrero de 2014

240 SEGUNDOS

Un tratado sobre la historia de las drogas sería tan largo como cualquier libro de historia universal, al fin y al cabo las sustancias estupefacientes nos llevan acompañando desde el principio de los siglos y, den las vueltas que den, seguirán recorriendo el mismo camino que el ser humano hasta que este corra la misma suerte que los dinosaurios. Estudiar las drogas es, por tanto, aprender a conocernos más en todos los sentidos. Por una parte, podemos mirar hacia dentro y en busca de las razones que mueven al ser humano a tener determinados comportamientos, podemos indagar en sus sueños, en sus anhelos, en sus frustraciones, podemos saber de lo que huimos. Pero también hay una mirada exterior que nos muestra qué sustancias se consumen, cuándo o a qué edades, y con ella tendríamos un perfecto mapa socioeconómico.

lunes, 10 de febrero de 2014

EMPATE ÉPI

Caminaba absorta Mafalda, como siempre con la cabeza centrada en sus cosas, con esa cara que no te permite saber si no se entera de nada o se entera demasiado de todo. Caminaba sola por la acera hasta que una inconclusa pintada en una tapia le hizo levantar la mirada, expandir la mente y abrir la boca. La pared hablaba poco pero informaba mucho, más incluso por lo que callaba que por lo que decía. Sobre el blanco de la cal solo una docena de letras precedidas por un signo de exclamación -¡Basta de censu- eran suficientes para imaginar que no mucho rato antes, el servicio de limpiezas no había tenido tiempo para reblanquear la pared , un grupo de personas pertrechadas con un cubo y dos o tres brochas querían denunciar el poder dictatorial que silenciaba cualquier voz distinta de la versión oficial. Mientras uno de ellos pintaba, el resto de la camarilla vigilaba por las calles adyacentes para, en caso de ser necesario, alertar al resto y salir en estampida.

domingo, 2 de febrero de 2014

SIMPLE CONTRA BARROCO

Pudo ser así, o quizá nunca fue, pero así me lo contaron. Un chaval por cuya apariencia podemos vislumbrar que no hace tanto que ha cruzado la frontera de los veinte, se acerca al escritor bonaerense Jorge Luis Borges, quien recién acaba de terminar una conferencia. El chico porta una carpeta que tiembla entre sus dos manos, en su gesto alguno podría vislumbrar un cierto temor, otros una ilusión desmedida; lo cierto es que, ese es el poder de los gestos, probablemente expresase las dos cosas a un mismo tiempo. Maestro, dice con voz entrecortada, le dejo esta novela que he escrito, me encantaría conocer su opinión acerca de ella. Borges, que jamás destacó por su don de gentes, o bien podríamos decir que nunca utilizó eso que podríamos llamar hipocresía social como aceite para sus relaciones, le alejó con un áspero movimiento de la mano y con desdén le dijo que no le hiciera perder el tiempo, y añadió: ‘Si aún no he terminado de leer la obra de Dostoievski no encuentro motivo para leer antes la suya’. El joven se quedó, probablemente para su bien, sin conocer el juicio sobre su novela del escritor consagrado, este tenía claro que cualquier juicio parte de una pregunta: ¿comparado con qué? Y con esas, la novela del imberbe siempre salía perdiendo ante cualquier cosa escrita por el ruso. Cosas de la vida, con el pasar de los años Borges renegó (también) del autor de "Crimen y Castigo".

domingo, 26 de enero de 2014

HIJOS SIN PARÁBOLA

Nunca me convencieron, ni poco ni mucho ni nada, las diversas lecturas que se hacían de la parábola del hijo pródigo. Más que nada porque el debate se plantea como si la realidad solo ofreciera -tal que si fuera una contienda electoral en un escenario asolado por el bipartidismo, tal que si fuera una liga en la que nada más que dos se juegan la gloria y el resto apenas malviven, tal que si fuera una tele de los años sesenta- un blanco y un negro intercambiables como únicas alternativas posibles. Recordemos: un padre tenía dos hijos, el pequeño elige una vida placentera y se va de casa tras haber pedido su parte de la herencia. Una vez dilapidados estos dineros y viéndose en la miseria, se arrepiente (se arrepiente o, como en el clásico aforismo, piensa que entre el orgullo y el dinero lo segundo es lo primero) y vuelve tras el rebufo paterno. El padre, cuando le ve llegar, se llena de alegría y celebra su vuelta por todo lo alto. Aparece entonces en escena el mayor de los hijos, el que se quedó trabajando en la hacienda familiar, el que pensaba que todo este esfuerzo repercutiría única y exclusivamente en su futuro patrimonio. La reacción del padre le encoleriza porque la considera injusta. Visto así, parece que cualquier comportamiento solo se produce por el empuje de los intereses personales envueltos en la aparente bondad del mayor o en la cierta falsedad del pequeño. Y no es así, podrían darse, al menos, otras tres opciones representadas por otros tantos vástagos que no aparecen el cap. 15 del Evangelio de San Lucas, el tercero se arrepentiría de veras, el cuarto cumpliría con lo que cree que tiene que cumplir sin más interés que el resultado de su buena labor y el quinto derrocharía una y otra vez lo que va consiguiendo por una mezcla de orgullo, prepotencia y mala cabeza.

martes, 21 de enero de 2014

CASI UN ENGAÑO

Por si ya fueran pocas las dificultades a las que ha de enfrentarse para sobrevivir un joven de los años veinte en los suburbios de Rotterdam, Jacob Katadreuffe añadía una más: era un hijo ‘bastardo’, condición por la que se sentía apuntado por el dedo cruel de las habladurías. Su madre callaba en todos los sentidos, no solo le ocultaba el nombre de su padre sino que, además, quizá condicionada por el sentimiento de culpa, quizá por verse obligada a ‘cargar’ con un hijo que jamás deseó, nunca le dio el cariño ni la atención que el niño reclamaba. Jacob, a pesar de todo, se empeña en escalar socialmente. Unos viejos libros que yacían mortecinos en la casa de su madre encienden la llama de su curiosidad y marcan el inicio de su formación autodidacta. Un día descubre que Deverhaven, el ser más odiado de la comunidad, es su padre. Este es un hombre ruin que se siente orgulloso de ese estigma. No en vano, por su trabajo de alguacil se dedica a desalojar a los vecinos más pobres entre los pobres de sus casuchas y, en los ratos libres, ejerce de usurero aplicando métodos canallescos. 

sábado, 11 de enero de 2014

LA BOINA DE ANICETO

Como en años anteriores, mi amigo Aniceto (que no, que no fabulo, juro que se llama así) comió las doce uvas en un refugio cercano a la Laguna Grande de Gredos. El primer día del año, por cosa de las malas condiciones meterorológicas, no pudo culminar la costumbre: hincar el diente al Almanzor. No obstante, a pesar de esta actitud precavida, Aniceto no pudo evitar, le cito, ‘un hecho trágico: mi boina ha caído en acto de servicio (una ráfaga de viento que...)’. Ernesto, presente en la conversación, puso cara de pesadumbre y le respondió con no menos sorna: ‘Siempre se van los mejores’. Y me acordé , como cada vez que la escucho, que esta frase es la misma que digo en alto cada vez que llega a mis manos un ejemplar de la revista El Jueves y veo que ya no están las ‘Historias de la puta mili’ en las que el fallecido Ramón Tosas ‘Ivá’ narraba con ironía y mordacidad las aventuras milicianas de un grupo de zagales.