Cuando Terrence Malick decidió que ‘El árbol de la vida’ era un título idoneo para la película que tenía entre manos, lo hizo sin asociar ese título a ninguna otra cinta anterior. The tree of life sonaba rotundo y definía de un trazo la idea que plasmaba en este poema visual que cuenta la peripecia vital de Jack O`Brien. Malick nos muestra la infancia del protagonista sacudida por dos vientos y de sentidos opuestos: el vendaval paterno quería dotar a Jack de herramientas para poder sobrevivir en una sociedad cruel; la brisa materna solo pretendía acariciar el rostro con la ternura cotidiana. Años después, Jack, ya adulto, es incapaz de encontrar el viento que le marque el sentido al que ha de dirigir las velas de su vida. Camina a trompicones buscando esas respuestas que den sentido a su torpe deambular, pensando que así podrá reconciliarse con su padre que es la única manera de reconciliarse consigo mismo para poder cerrar el pasado.
Blog sin más pretensión que la de poner un poco de orden en mi cabeza. Irán apareciendo los artículos que vaya publicando en diversos medios de comunicación y algunas reflexiones tomadas a vuelapluma. Aprovecharé para recopilar artículos publicados tiempo atrás.
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domingo, 2 de junio de 2013
lunes, 27 de mayo de 2013
VERDUGO REMOLÓN
A José Luis, a pesar de su timidez, no le faltaban recursos para
encontrar novia. De hecho más de una chica estuvo tentada de dar ese
‘sí’ a su propuesta de relación, pero en el último momento todas
salieron por patas en cuanto mentaba su trabajo: parecía que ninguna
quería compartir lecho y vida con quien trata a diario, aunque sea
profesionalmente, con cadáveres. Carmen no tenía mejor suerte, ser hija
de un verdugo era una peste que alejaba a los hombres de su vera. Amadeo,
el padre de Carmen, el verdugo, se topa con José Luis. Al fin y al cabo
ambos trabajan con la muerte y en un Madrid provinciano estaban
condenados a cruzarse. Amadeo debería recibir un piso, pero este, ya
mayor, era consciente de que nunca podría disfrutar de ese beneficio
porque se jubilará antes de la entrega. Entre una cosa, ayudar a su hija
a encontrar marido, y otra, no perder el piso, José Luis es el
denominador común. Si el joven se casase con su hija y aceptase la plaza
de verdugo que quedará vacante tras su jubilación, mataría dos pájaros
de un tiro: tendría yerno y piso. José Luis no veía muy claro el paso de
trasladar cadáveres a fabricarlos él mismo, pero Amadeo le aseguró que
sería poco más que un verdugo nominal, que no tendrá que matar a nadie.
Oída así, la propuesta no le parece tan mal y, aun a regañadientes,
acepta. Pero a las penas de muerte las carga el diablo y José Luis
recibe una orden de ejecución. Quiere dejar el nuevo empleo aunque eso
suponga perder el piso y el sueldo.
lunes, 20 de mayo de 2013
NO NOS PODEMOS QUEJAR
Sucedió una mañana de otoño del año 29 del siglo pasado, al menos así se ha transmitido de generación en generación hasta haber tomado cuerpo como leyenda urbana. John D. Rockefeller Jr se sentó, como cada día a esas horas, en un café donde, además de desayunar, un limpiabotas le daba lustre a sus ya de por sí lustrosos zapatos. Pero esa mañana había algo excepcional en la luz de la cara de ese hombre que se arrodillaba frente al magnate. Así, el hombre, sin poder reprimir el impulso, levantó la mirada y, entre betún, cepillo y trapo, se encumbró de palabra al privilegiado espacio onírico en el que, desde la perspectiva del limpiabotas, habitaban los Rockefeller. No nos podemos quejar de cómo nos van las cosas en la bolsa, dice dirigiéndose de tú a tú, al potentado. ¿A qué se refiere? le pregunta este atónito. A que invierto todo lo que gano en acciones, incluso he pedido un préstamo para comprar más, y en las últimas semanas no dejan de subir, nos vamos a hacer de oro, contestó aquel, satisfecho en este nuevo estatus. Todo lo que gana, barruntaba el segundo de los Rockefeller, todo lo que gana lo dedica a comprar acciones y además ha pedido un crédito ¿quién se las va a comprar a él si no hay un escalón más bajo en esta pirámide? Inmediatamente llamó a sus agentes y dio orden de vender todas las acciones que tuviera en empresas que no fuesen controladas por él. Pocas semanas después los mercados de valores se desplomaron como se desploma un castillo de naipes cuando el viento le sacude. Rockefeller se limpió el polvo de la chaqueta y siguió adelante; del limpiabotas solo se supo que tuvo que dar mucho betún para ponerse al día con el banco, si es que en alguno de sus días lo logró.
El Real Valladolid bastante tiene con sobrevivir, este año la cosecha no ha ido mal, el cerdo ha engordado en condiciones, y se ha garantizado los cocidos del próximo año. Sucede que esta celebración ha coincidido, tanto en el tiempo como en el espacio, con una fiesta absolutamente ajena, la de un F.C. Barcelona que ha jugado como tomando café sentado en el confortable sofá del hotel de su propiedad. Sin nervio, sin tensión. El Pucela ha querido ser cómplice y le ha guiñado el ojo como diciendo: «No nos podemos quejar...». En estas, el Barcelona se ha apropiado de todo lo que ganan los blanquivioletas cuando Jaime se ha apartado ante un tirito de Pedro, y del dinero de un préstamo solicitado por Marc Valiente y depositado en propia puerta. Un crac, como el del 29, que debería servir para aprender a no dejarnos embaucar. No somos ellos, a nosotros la vida nos cuesta mucho más.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 22-05-2013
domingo, 12 de mayo de 2013
EL BOSQUE DEL MIEDO
domingo, 5 de mayo de 2013
DE MENÚ: PECHUGA DE PAVO
A la generalización del uso de cualquier avance le acompaña siempre un
elenco de servidumbres que, en muchos de los casos, exigen otros nuevos
avances. Nadie (o casi) discute que el coche aporta posibilidades que
sin él no podríamos imaginar. Pero su uso generalizado, además de las
contraindicaciones obvias, ha modificado hasta la estructura de las
ciudades. Ahora los espacios de ocio, las áreas industriales, las
grandes superficies comerciales, los hospitales...están completamente a
desmano. En estas grandes ciudades, los diseños se plantean con la
certidumbre de que, quien más, quien menos, tiene un coche disponible.
Las menos grandes, efectos del mimetismo, imitan a sus hermanas mayores.
El coche ha pasado de herramienta a arquitecto urbanista, de opción a
necesidad. Otro tanto ha pasado con la alimentación. La industria ofrece
una serie de productos que han arrinconado en el frigorífico a los que
antaño eran la sota, el caballo y el rey. El bocadillo de chorizo (sin
cortar en lonchas) ha ido perdiendo protagonismo ante la invasión de la
mortadela o el pan de molde. Las meriendas de la chavalería actual se
parece mucho a la dieta que nos (im)ponían nuestras madres cuando
estábamos enfermos. Masticar la carne de animales engordados de forma
artificial exige mucho menos esfuerzo del que nuestro organismo puede
realizar. A los dientes, por ejemplo, no se les pide el trabajo para el
que se han ido preparando a lo largo de miles de generaciones de homo
sapiens, tienen mucho tiempo para bailar y terminan en cualquier lugar
de esa pista llamada boca. Las ortodoncias se ven obligadas a recolocar
unas piezas desubicadas por los desmanes de la pechuga de pavo.
lunes, 29 de abril de 2013
JOB Y LOS VASALLOS
No sabría dónde ubicarlo en un mapa actual, pero hubo un tiempo en que
debió existir un país llamado Us porque de esas ignotas tierras
encontramos una primera referencia en el Antiguo Testamento. Conocemos,
eso sí, una ciudad con ese nombre en el norte de Francia, pero no creo
que este libro sagrado para judíos y cristianos de toda índole emplazase
al prototipo de la sumisión en tierras galas. Decir que Job, que así se
llamaba este hombre, habitaba en Us es poco decir, en realidad era el
amo del cotarro, señor de vidas y haciendas hasta el punto de ser
considerado, por aquel entonces, como el más rico entre todos los
orientales. Siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de
bueyes y quinientas asnas daban fe del poder del señor Job.
domingo, 21 de abril de 2013
PEOR PARA ELLOS
Los agoreros son esas personas con capacidad para imaginar los caminos
que ha de recorrer una mala situación para llegar a empeorar. Si, por
que las cosas son como son, la realidad les da la razón, apretarán más
el tornillo, y dirán, con toda solemnidad, que aún no hemos tocado
fondo. Son así, sin más argumento que la tristeza de su alma, siempre
encontrarán un síntoma del que colegirán un inminente agravamiento de la
situación. Esa tristeza conlleva, al menos, otras dos desventuras
consecuentes: de una parte, la imposibilidad de gozar de las cosas
corrientes, hecho que, y es de agradecer, sufren en silencio; de otra,
les resulta sospechoso de vacuidad ética o intelectual aquel que
disfruta de nimios placeres en medio de la tempestad. Mayor aún es su
desprecio cuando estos placeres son compartidos por lo que ellos,
despectivamente, definen como masa, esa multitud informe de gentes que
disfrutan a la par. A ellos, tan suyos, les repele la palabra
mayoritario.
domingo, 14 de abril de 2013
DIOS AHOGA A OTROS
El refrán es el hermano inculto del proverbio. Este luce frac, se puede
expresar en latín, es citado en libros tan trascendentes como la Biblia
y forman parte del acervo del que los eruditos presumen. El refrán, sin
embargo, es más de boina, se pronuncia en un castellano de tierra
‘adentro’, solo se habla de él en libros sobados que van de una mesilla a
otra sin lucir en la estantería y resuena en los debates tabernarios.
Refranes y proverbios son hermanos porque son hijos de la misma madre:
la observación. Tienen, sin embargo, padres distintos: el proverbio es
hijo de la reflexión; el refrán de la experiencia vivida. Eso sí, tanto
el reflexivo padre que habla latín como el lugareño que se maneja con el
verbo propio de la Moraña o de la Tierra de Campos, no son infalibles. A
la reflexión siempre le falta más reflexión. A la experiencia, la
experiencia de otros, sobre todo la de esos otros que no pueden ya
aportarla. Tirando de refranero podemos encontrar, valga como ejemplo,
que ‘Dios aprieta pero no ahoga’. Todos los que lo oyen recuerdan algún
momento de apuro extremo del que lograron salir y el aserto va cobrando
fuerza. Y cobra más porque ningún ahogado está en disposición de
refutarlo.
lunes, 8 de abril de 2013
¿QUIÉN DE USTEDES?
El consejo atribuido a Sun Tzu es válido para enfrentarse a cualquier
circunstancia, pero es esencial para quien tenga alguna responsabilidad
en la estrategia militar: ‘Nunca hay que dar un paso si no se está
seguro del siguiente’. Al anecdotario de Hitler le ocurre lo mismo (con
perdón) que a las reliquias que encierran un fragmento de la corona de
espinas con que aquellos soldados romanos pretendieron humillar a Jesús
de Nazaret: si creyésemos que todas las anécdotas son ciertas, o que
todos esos trocitos de madera estuvieron donde dicen que estuvieron,
podríamos llegar a la conclusión de que el tirano habría vivido
doscientos años y que la cabeza del joven nazareno tendría una
superficie capilar cercana, en tamaño, a la del partido de Sigüenza. Una
de esas leyendas hitlerianas cuenta que el enajenado líder nazi, buen
seguidor de la consigna citada, reunió a sus asesores militares con el
fin de conocer las intenciones del ejército enemigo antes de decidir
cuáles habrían de ser los pasos a seguir. Para tal fin había pedido,
previamente, a cada uno de ellos un minucioso informe en el que deberían
recoger cuáles serían los próximos movimientos de los aliados. Tras
escucharlos, comprobó que apenas había coincidencia entre las
previsiones de cada uno. Hitler se levantó airado, lanzó los informes al
suelo y les dijo a voz en grito: ‘Seguramente uno de ustedes tenga
razón, el problema es que no sé quién de todos es’.
lunes, 1 de abril de 2013
LA TECLA O LA FLAUTA
La leyenda cuenta que la pérdida
accidental de una herradura de un caballo produjo la derrota en una batalla del
bando del jinete. Un pequeño, casi anecdótico, hecho provoca consecuencias de
mucho mayor impacto. También en los libros podemos leer cómo se puede gestar un
punto de inflexión por medio de una acción provocada. Un movimiento que cambie
los paradigmas del momento. La forma más eficaz consiste en invertir el legado
de ‘El Gatopardo’. En su libro, Giuseppe Tomasi di Lampedusa explicita los
tejemanejes de los poderosos para anclarse en el poder, aunque para ello haya
que cambiar el envoltorio. Frente a esta acción, quien quiere cambiar las cosas
puede proponer acabar con todo o, ya digo, elegir un camino mucho más eficaz:
mantener el envoltorio y cambiar el objeto envuelto. Por fuera vemos lo mismo,
pero dentro se han modificado los presupuestos.
domingo, 17 de marzo de 2013
RECORDAD: SABÉIS JUGAR
Las corrientes pedagógicas en vigor tienden a menospreciar el desarrollo de la memoria en los procesos de aprendizaje. Dicho de otra manera, lo que antes era la base ahora es un recurso. Las escuelas de antaño, tan escasas de medios como sobradas de alumnos, seguramente por eso, centraban buena parte de su actividad en la enumeración de interminables listados de ríos, de países con sus capitales, de escritores decimonónicos, de reyes de diversas dinastías o en recitar cómo siete cachorros acorralaban a una loba parda. Los alardes de memoria eran pruebas de inteligencia y cualquier aspirante a erudito gozaba de la admiración de su audiencia cuando, mirando al tendido, ahogaba en datos sus peroratas. La influencia de las nuevas teorías, sumada al hecho de que ahora podamos, con solo pulsar una tecla, tener acceso a cualquier información, ha relegado la memoria a un baúl subsidiario hasta el punto de que haya sido ridiculizada con definiciones como ‘la inteligencia de los torpes’.
Los que nacimos a caballo entre una y otra época aún cogimos el gusto a las enumeraciones y, dado que hasta entonces en el fútbol ningún entrenador había teorizado sobre las ventajas de modificar el equipo cada semana, podíamos recitar de memoria las alineaciones de los equipos señeros de la liga. A mí, por edad ya digo, y aunque por afición mirase a otros lares, me correspondió aquella Real Sociedad en la que Arconada y Satrústegui eran el alfa y el omega, los Ataulfo y Rodrigo en la correosa lista de los Reyes Godos. Aquel equipo de una modesta ciudad norteña (asociar vasco y modesto tiene su mérito, reconózcanmelo) consiguió el elogio unánime y dos títulos de liga. Desde entonces, treinta años ya, su trayectoria deportiva ha estado plagada de vaivenes que le han llevado a acariciar la gloria, fueron dos veces subcampeones, y a embarrancar en la Segunda División. Institucionalmente no han tenido una línea más regular, ni han sufrido menos sobresaltos. Pero parece que esa incertidumbre acabó, que han vuelto a encontrar el golpe preciso de pedal, y han conseguido aglutinar un grupo que augura la vuelta a los viejos buenos tiempos.
Verles ayer frente al Real Valladolid fue una delicia. Sí, ya sé que nosotros lo hemos sufrido, pero dado lo inevitable de la derrota, hecho que dimos por cierto demasiado pronto, en cuanto vimos a unos y a otros, lo mejor que se podía hacer era disfrutar del talento, la velocidad y la precisión de esa pareja de diablos heredera de López Ufarte: Vela y Griezmann; del orden, la sincronía y el dominio sobre el juego de los hijos de Jesús Mari Zamora:Illarramendi, Pardo y Zurutuza... En San Sebastián gozan y temen a partes iguales, gozan de un fútbol de alto voltaje y tiemblan ante la cierta acometida de equipos más ricos y voraces dispuestos a engrosar sus plantillas con alguno de los jugadores de esta Real Sociedad que se tragó de un bocado a un Pucela cariacontecido. Un Pucela que pasó por la Bella Easo como la luz a través del cristal, sin romperlo ni rasgarlo. No hubo espacio para extraer ninguna conclusión positiva. Supongo que Rama, debutante como titular, se pregunte dónde se ha metido.
Debe ser que estos chicos, jóvenes como son, pasaron por una escuela en la que la memoria no se ejercitaba y, quizá debido a ello, no recuerden que pueden jugar mucho más y mucho mejor que en San Sebastián. La memoria será, en este caso, el bálsamo que cure la melancolía y estimule el apetito, porque si no quince días sin competición pueden hacerse muy largos.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 17-03-2013
domingo, 10 de marzo de 2013
BILLETES FALSOS DE JEQUE
No
lograron su objetivo porque, cuando habían conseguido una réplica
perfecta de los billetes de dólar americano, los aliados estaban a las
puertas de Berlín. La operación Bernhard moría por falta de tiempo para
ponerla en marcha. Un grupo de prisioneros encerrados en campos de
concentración son seleccionados por los jerarcas nazis por su especial
habilidad en cualquiera de las ramas de la impresión. En un primer
momento les piden que ‘fabriquen’ libras esterlinas para, por exceso de
dinero, poder hundir la economía británica. Consiguen la libra pero no
es suficiente, el enemigo ya no es Inglaterra sino los Estados Unidos.
Segunda exigencia: hay que fabricar dólares. A Salomon Sorowitsch, el
prisionero que dirige la parte técnica de la operación, le fascina el
plan. Él era un falsificador profesional y la moneda americana era su
asignatura pendiente. El reto, ahora con todos los medios a su
disposición, le estimula, pero, poco a poco, va siendo consciente de que
su éxito personal conllevaría una ayuda trascendental para los nazis.
La contradicción entre el orgullo y el deber la resuelve ralentizando la
operación hasta el límite, impidiendo, de esta manera, que los USA
murieran con los dólares al cuello. Esta historia real es la base en la
que se inspiró Stefan Ruzowitzky para rodar en 2007 ‘Los
falsificadores’.
lunes, 4 de marzo de 2013
NO SOMOS ÁNGELES
Los ángeles no tienen sexo’, más que una frase hecha o una aparente
explicación terrena que puede servir para ilustrar a los creyentes
acerca de una realidad incognoscible, es un adagio, una sentencia moral.
La frase de marras enfoca el camino a la perfección, el referente al
que deben aspirar las personas de fe: desprenderse del cuerpo, alejarse
de los placeres que este pueda proporcionar. No es casual que cualquier
persona consagrada haya tenido que realizar un voto de castidad por el
que renuncia a cualquier práctica sexual: ser como ángeles, ese es el
ideal. Esta abstinencia, sin embargo, no te acerca a los ángeles ya que
ese ‘no tienen sexo’ no puede ser considerado como explicación sino como
un terreno metafórico en el que el sexo es la imagen que aúna todas
las pasiones y pulsiones de los seres corpóreos. La diferencia entre lo
angelical y lo humano no es la tenencia o carencia de órganos genitales,
su uso o la negación de él. Es más, esto último, las más de las veces,
puede ser contraproducente porque genera una disfunción entre lo que se
siente y el compromiso adquirido o, en el peor de los casos, porque
puede ocurrir lo mismo que a una olla de vapor cuando se obstruye la
válvula: la tapadera se enfrenta a una realidad física y vuela por los
aires. Ni somos ángeles, ni podemos serlo.
En ‘Cielo sobre Berlín’ Wim Wenders cede el protagonismo de su película a dos ángeles que bajan a la Tierra con la misión de insuflar ganas de vivir y mitigar el dolor que la vida, en algún momento, produce. Hay dos líneas que no pueden atravesar: ni pueden modificar la vida de las personas con las que se cruzan, ni pueden hablar de su procedencia. Con su cuerpo recién adquirido (aunque solo puedan verlo la buena gente y los niños) pasean por la capital alemana, uno de ellos va sintiendo la eternidad como un castigo y aspira a beber todos los tragos de la vida humana incluido el amor.
En ‘Cielo sobre Berlín’ Wim Wenders cede el protagonismo de su película a dos ángeles que bajan a la Tierra con la misión de insuflar ganas de vivir y mitigar el dolor que la vida, en algún momento, produce. Hay dos líneas que no pueden atravesar: ni pueden modificar la vida de las personas con las que se cruzan, ni pueden hablar de su procedencia. Con su cuerpo recién adquirido (aunque solo puedan verlo la buena gente y los niños) pasean por la capital alemana, uno de ellos va sintiendo la eternidad como un castigo y aspira a beber todos los tragos de la vida humana incluido el amor.
lunes, 25 de febrero de 2013
DE NUEVO CON EMPLEO
lunes, 18 de febrero de 2013
LA LEYENDA PERDIDA
Salía perdiendo en cualquier comparación. En aquel presidio convivían,
al menos vivían juntos, asesinos convictos, traficantes habituados a
marcar territorio, atracadores de gatillo fácil y los propios carceleros
cuyos valores no se diferenciaban de los reclusos y su actitud la
empeoraba por el simple hecho de ser los depositarios del poder.
Formaban una caterva para andarse con cuidado, para recelar ante
cualquier movimiento. Luke Jackson tendría que compartir ese territorio,
en que la violencia se servía con más frecuencia que la comida, por un
motivo mucho menor: destrozar un indicador de aparcamiento en medio de
una borrachera. No era un santo, su carácter era excesivamente
impulsivo, pero poco más. En medio de aquella cueva de lobos se veía
como un alma cándida, tenía todas las papeletas para ser visto como
tierna carne de cañon para ser servida en caliente. Luke recordó, no
podía ser de otra forma, nadie que haya oído silbar las balas a
centímetros de la oreja o el estruendo de las bombas al explotar puede
olvidarlo, que, aunque a sí mismo se considerase, sin más, un ciudadano
corriente, había participado en una guerra. Sabía que en terreno
inhóspito, en suelo hostil, el primer mandamiento es hacerse respetar,
forjar una imagen que fuera un escudo, y en ello puso todo su empeño.
martes, 12 de febrero de 2013
SOSIEGO ADULTO
Los
niños sueñan que algún día recorreran el mundo y vivirán mil y una
peripecias. Después, viene en el lote del crecimiento, muchos se
tuercen, asesinan al aspirante a explorador y se conforman con un coche
más grande, una casa mayor y más dinero en el banco. En otros muchos
casos, al menos en momentos como este, Indiana Jones muere de muerte
natural porque la retórica del final de mes emborrona la lírica. Los
niños estudian y cuando abren el libro de Historia quieren ser el
Cristóbal Colón o Isabel de Castilla, Catalina de Medici o Iván el
Terrible, ven mapas de otros tiempos en que las fronteras nada tenían
que ver con las actuales y aparecían nombres como Ribagorza o Imperio
Austrohúngaro, y maldicen la quietud del presente envidiando a los
protagonistas de aquellos convulsos siglos. Luego crecen y son
conscientes de que están vivos en medio de una época apasionante, que no
es necesariamente sinónimo de buena, en la que las líneas de los mapas
bailan a ritmo de rap, no se apaga una guerra y se ha encendido otra y, a
la par, el avance tecnológico ha propiciado más cambios en las formas
de hacer y pensar que en varios milenios anteriores. Hasta hemos visto
la renuncia de un papa, un hecho tan insólito, que el Cometa Halley ha
tenido tiempo de visitarnos ocho veces desde que se produjera el
anterior episodio semejante. Los niños quieren el mar con olas, cuando
dejan de serlo se lavan los pies en la mar calma.
sábado, 2 de febrero de 2013
EL PASILLO DEL LOCO
No
fue la mejor de las conmemoraciones. En 1850, tres siglos después de la
muerte del fundador, desaparece en España la Orden de San Juan de Dios.
Más que una desaparición sería un cese temporal de actividad porque los
frailes de otras latitudes se dolían por el vacío generado en el país
en que nació la Orden. Así pues, manos a la obra. Un joven italiano,
Angelo Hercules Menni, que apenas tres años antes había ingresado en la
Orden y cambiado su nombre por el de Benito, fue el encargado de
cimentar esa refundación a partir de 1867. Cuando el edificio tuvo, de
nuevo, cierta consistencia se embarcó en otra aventura. Dado que la
Orden era masculina, y hombres la mayoría de los beneficiarios, se
propuso, y logró, fundar una congregación con el mismo carácter pero en
femenino. Nacieron así, en 1881, las Hermanas Hospitalarias del Sagrado
Corazón. Benito Menni fue canonizado y por tanto el ‘san’ debería
preceder a su nombre, pero las monjas le deben tratar de tú: el hospital
que regentan en Valladolid omite el título de santo. Esta misma
congregación gestiona otro centro en Palencia, el San Luis, similar a
tantos en que atiende a personas con enfermedad mental, discapacidad
física o psíquica pero que tiene una peculiaridad: un pasillo casi tan
largo como la prototípica calle mayor de la capital palentina.
domingo, 27 de enero de 2013
EL DIOS DE LOS NOMBRES
Los nombres de las personas, como los títulos de los libros o los
artículos, tienen su pequeña historia.
A veces la casualidad bautiza. Durante 19 años me llamé Celestino. Fueron casi dos décadas en las que ya tenía nombre sin haber aún nacido. Mi padre -como todos los niños de esa Castilla hidalga, pobre y ensimismada en las viejas historias de los siglos en que sus reyes dominaban territorios tan amplios que no se ponía el sol; mientras, a la vez, con tanta hambre como para obligar a sus habitantes a trabajar como si el sol no se pusiera- sabía que en su futuro estaban el arado y los hijos. Con 11 años se sabía padre y agricultor. Entonces, inopinadamente, murió mi abuelo, su padre. También padre y también agricultor. Ese día tomó la decisión: su hijo mayor se habría de llamar Celestino como el difunto que involuntariamente le dejaba desamparado, como él mismo que acababa de atravesar la línea de sombra del dintel que certifica la irremisible muerte de la infancia para entrar en el hosco territorio de la vida adulta. Desde entonces, el niño que se tuvo que hacer hombre demasiado pronto, soñaba con una criatura acurrucada en sus brazos al que llamaba Celestino. Así fue hasta una semana antes de que yo naciera. Entonces quiso el destino -esa forma de llamar a las cosas que van ocurriendo- que muriese mi otro abuelo y, claro, la cercanía pudo más, heredé el 'Joaquín' y el 'Celestino' quedó postergado para otro hijo que a buen seguro habría de llegar.
A veces la casualidad bautiza. Durante 19 años me llamé Celestino. Fueron casi dos décadas en las que ya tenía nombre sin haber aún nacido. Mi padre -como todos los niños de esa Castilla hidalga, pobre y ensimismada en las viejas historias de los siglos en que sus reyes dominaban territorios tan amplios que no se ponía el sol; mientras, a la vez, con tanta hambre como para obligar a sus habitantes a trabajar como si el sol no se pusiera- sabía que en su futuro estaban el arado y los hijos. Con 11 años se sabía padre y agricultor. Entonces, inopinadamente, murió mi abuelo, su padre. También padre y también agricultor. Ese día tomó la decisión: su hijo mayor se habría de llamar Celestino como el difunto que involuntariamente le dejaba desamparado, como él mismo que acababa de atravesar la línea de sombra del dintel que certifica la irremisible muerte de la infancia para entrar en el hosco territorio de la vida adulta. Desde entonces, el niño que se tuvo que hacer hombre demasiado pronto, soñaba con una criatura acurrucada en sus brazos al que llamaba Celestino. Así fue hasta una semana antes de que yo naciera. Entonces quiso el destino -esa forma de llamar a las cosas que van ocurriendo- que muriese mi otro abuelo y, claro, la cercanía pudo más, heredé el 'Joaquín' y el 'Celestino' quedó postergado para otro hijo que a buen seguro habría de llegar.
lunes, 21 de enero de 2013
ERRARON PERO GANARON
En aquellos ya lejanos años en que las grandes palabras mantenían el significado que las otorga el diccionario, cuando democracia era un despertar tras cuarenta años de noche, cuando libertad era un plato lleno en casa del hambriento, un manjar que se mordía hoy sin pensar en el mañana, cuando no eran palabras manoseadas que sirven de coartada hasta el punto de que al escucharlas, como acto reflejo, arrastramos la mano al bolso pensando que son las manos con las que el tahúr esconde la piedra, en aquellos ya lejanos años, decía, un grupo de jóvenes pegaba unos carteles. Casi nadie en la ciudad conocía siquiera uno de los nombres que figuraban en aquel afiche que animaba a acudir a un homenaje que, música mediante, se iba a realizar en la madrileña Escuela de Ingenieros de Caminos. En dicho homenaje, costumbre muy española, burro muerto, cebada al rabo, se iba a enaltecer la figura de un joven fallecido semanas antes, José Enrique Cano, ‘Canito’, bateria de ‘Tos’, una banda cuyo final se escribió en la misma carretera en que dejó la vida nuestro protagonista. Sus compañeros de grupo, tres hermanos de apellido Urquijo. Si desconocido para la gran mayoría era el homenajeado, no menos se podía decir del elenco musical. Detrás de ‘Tos’ se alistaban Trastos, Alaska y los Pegamoides, Mermelada, Los Bólidos, Mamá, Mario Tenia y Los Solitarios, Nacha Pop y Paraíso. Allí, ese 9 de febrero de 1980, lo que quedaba de ‘Tos’ dio vida pública a una canción que el poso de los años ha convertido en referente generacional: ‘Déjame’. Esta canción, compuesta poco más de un año antes por Enrique, uno de los tres hermanos Urquijo, formaba parte de la única maqueta que tuvo tiempo de realizar la banda. La muerte de Canito obligó a los tres hermanos a buscar un nuevo batería. A partir de ahora se denominarían ‘Los Secretos’, y este nombre aparecerá indisolublemente unido a ‘Déjame’, su tema fetiche, una melodía pop que envuelve un serie de frases enunciadas por quien sufre un desgarro en su corazón al sentirse traicionado y se niega, se dice a sí mismo que se niega, a un nuevo encuentro. «Tuviste una oportunidad», dice, «y la dejaste escapar».
Uno de esos presuntos axiomas que se utilizan en el mundo del fútbol se mueve en la misma línea que la letra de esta canción: ‘El que perdona (pierde una oportunidad), termina pagándolo con la derrota’. Claro, esto se dice cuando la realidad se atañe al enunciado, de no ser así nos olvidamos del dicho. Por ejemplo ayer, cuando el error, incluso el empecinamiento en el error, no tuvo tan fatales consecuencias. El Real Valladolid marró cerca de media docena de ocasiones nítidas, de esas que han de terminar en gol sí o sí y fue que no. Larsson, Óscar y Guerra tuvieron una, dos y hasta tres oportunidades y las dejaron escapar. Podían haber pensado que «No hay nada que ahora ya, puedas hacer» pero persistieron en sus intenciones y el partido no se escapó.
Uno de esos presuntos axiomas que se utilizan en el mundo del fútbol se mueve en la misma línea que la letra de esta canción: ‘El que perdona (pierde una oportunidad), termina pagándolo con la derrota’. Claro, esto se dice cuando la realidad se atañe al enunciado, de no ser así nos olvidamos del dicho. Por ejemplo ayer, cuando el error, incluso el empecinamiento en el error, no tuvo tan fatales consecuencias. El Real Valladolid marró cerca de media docena de ocasiones nítidas, de esas que han de terminar en gol sí o sí y fue que no. Larsson, Óscar y Guerra tuvieron una, dos y hasta tres oportunidades y las dejaron escapar. Podían haber pensado que «No hay nada que ahora ya, puedas hacer» pero persistieron en sus intenciones y el partido no se escapó.
domingo, 13 de enero de 2013
UN PUÑITO CHICO
Hace diez años, una parte de Italia lloraba por la pérdida del polifacético artista Giorgio Gaber. Con su muerte, producida el mismo día que nacía el calendario de 2003, desaparecía un referente artístico, pero también un faro ético e intelectual. Desaparecía él, pero no su obra, hoy podemos escuchar sus canciones, deleitarnos con sus actuaciones en el teatro o sonreír, con la tristeza propia de quienes sienten un pellizco en la parte del corazón en la que reside la nostalgia, cuando oímos sus brillantes monólogos.
Estos últimos son un compendio de agudeza para diseccionar la sociedad en la que vive, con sus anhelos y sus derrotas-, ingenio para encontrar las palabras precisas, ternura para declamarlas como si fuesen caricias y mordacidad para no permitir la indiferencia. En uno de ellos, ‘Qualquno era comunista’, Gaber asiste a una supuesta entrevista de trabajo. En sus primeras respuestas al inexistente interlocutor, él, timorato, trata de medio esconder o justificar algunos hechos producidos tiempo atrás, cuando militaba en alguna organización juvenil de orientación comunista. Dice que sí, pero bueno, eran cosas del momento, pecata minuta, cosillas a las que se sentía arrastrado por otros. Cantaba la Internacional, pero lo hacía en coro. Vio a los Inti Illimani, pero no lloró. Tenía en la habitación un cartel con el rostro del ‘Che’ pero pequeño. Nunca, nunca, nunca, levantó el puño, bueno, a lo mejor una vez, un puñito chico, claro.
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