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domingo, 2 de junio de 2013

EL ÁRBOL DE LA VIDA

Cuando Terrence Malick decidió que ‘El árbol de la vida’ era un título idoneo para la película que tenía entre manos, lo hizo sin asociar ese título a ninguna otra cinta anterior. The tree of life sonaba rotundo y definía de un trazo la idea que plasmaba en este poema visual que cuenta la peripecia vital de Jack O`Brien. Malick nos muestra la infancia del protagonista sacudida por dos vientos y de sentidos opuestos: el vendaval paterno quería dotar a Jack de herramientas para poder sobrevivir en una sociedad cruel; la brisa materna solo pretendía acariciar el rostro con la ternura cotidiana. Años después, Jack, ya adulto, es incapaz de encontrar el viento que le marque el sentido al que ha de dirigir las velas de su vida. Camina a trompicones buscando esas respuestas que den sentido a su torpe deambular, pensando que así podrá reconciliarse con su padre que es la única manera de reconciliarse consigo mismo para poder cerrar el pasado. 

lunes, 27 de mayo de 2013

VERDUGO REMOLÓN

A José Luis, a pesar de su timidez, no le faltaban recursos para encontrar novia. De hecho más de una chica estuvo tentada de dar ese ‘sí’ a su propuesta de relación, pero en el último momento todas salieron por patas en cuanto mentaba su trabajo: parecía que ninguna quería compartir lecho y vida con quien trata a diario, aunque sea profesionalmente, con cadáveres. Carmen no tenía mejor suerte, ser hija de un verdugo era una peste que alejaba a los hombres de su vera. Amadeo, el padre de Carmen, el verdugo, se topa con José Luis. Al fin y al cabo ambos trabajan con la muerte y en un Madrid provinciano estaban condenados a cruzarse. Amadeo debería recibir un piso, pero este, ya mayor, era consciente de que nunca podría disfrutar de ese beneficio porque se jubilará antes de la entrega. Entre una cosa, ayudar a su hija a encontrar marido, y otra, no perder el piso, José Luis es el denominador común. Si el joven se casase con su hija y aceptase la plaza de verdugo que quedará vacante tras su jubilación, mataría dos pájaros de un tiro: tendría yerno y piso. José Luis no veía muy claro el paso de trasladar cadáveres a fabricarlos él mismo, pero Amadeo le aseguró que sería poco más que un verdugo nominal, que no tendrá que matar a nadie. Oída así, la propuesta no le parece tan mal y, aun a regañadientes, acepta. Pero a las penas de muerte las carga el diablo y José Luis recibe una orden de ejecución. Quiere dejar el nuevo empleo aunque eso suponga perder el piso y el sueldo. 

lunes, 20 de mayo de 2013

NO NOS PODEMOS QUEJAR


Sucedió una mañana de otoño del año 29 del siglo pasado, al menos así se ha transmitido de generación en generación hasta haber tomado cuerpo como leyenda urbana. John D. Rockefeller Jr se sentó, como cada día a esas horas, en un café donde, además de desayunar, un limpiabotas le daba lustre a sus ya de por sí lustrosos zapatos. Pero esa mañana había algo excepcional en la luz de la cara de ese hombre que se arrodillaba frente al magnate. Así, el hombre, sin poder reprimir el impulso, levantó la mirada y, entre betún, cepillo y trapo, se encumbró de palabra al privilegiado espacio onírico en el que, desde la perspectiva del limpiabotas, habitaban los Rockefeller. No nos podemos quejar de cómo nos van las cosas en la bolsa, dice dirigiéndose de tú a tú, al potentado. ¿A qué se refiere? le pregunta este atónito. A que invierto todo lo que gano en acciones, incluso he pedido un préstamo para comprar más, y en las últimas semanas no dejan de subir, nos vamos a hacer de oro, contestó aquel, satisfecho en este nuevo estatus. Todo lo que gana, barruntaba el segundo de los Rockefeller, todo lo que gana lo dedica a comprar acciones y además ha pedido un crédito ¿quién se las va a comprar a él si no hay un escalón más bajo en esta pirámide? Inmediatamente llamó a sus agentes y dio orden de vender todas las acciones que tuviera en empresas que no fuesen controladas por él. Pocas semanas después los mercados de valores se desplomaron como se desploma un castillo de naipes cuando el viento le sacude. Rockefeller se limpió el polvo de la chaqueta y siguió adelante; del limpiabotas solo se supo que tuvo que dar mucho betún para ponerse al día con el banco, si es que en alguno de sus días lo logró.

El Real Valladolid bastante tiene con sobrevivir, este año la cosecha no ha ido mal, el cerdo ha engordado en condiciones, y se ha garantizado los cocidos del próximo año. Sucede que esta celebración ha coincidido, tanto en el tiempo como en el espacio, con una fiesta absolutamente ajena, la de un F.C. Barcelona que ha jugado como tomando café sentado en el confortable sofá del hotel de su propiedad. Sin nervio, sin tensión. El Pucela ha querido ser cómplice y le ha guiñado el ojo como diciendo: «No nos podemos quejar...». En estas, el Barcelona se ha apropiado de todo lo que ganan los blanquivioletas cuando Jaime se ha apartado ante un tirito de Pedro, y del dinero de un préstamo solicitado por Marc Valiente y depositado en propia puerta. Un crac, como el del 29, que debería servir para aprender a no dejarnos embaucar. No somos ellos, a nosotros la vida nos cuesta mucho más.

Publicado en "El Norte de Castilla" el 22-05-2013



domingo, 12 de mayo de 2013

EL BOSQUE DEL MIEDO


El verano de dos mil once miraba de frente a su fin, las puertas de los colegios estaban ya entreabiertas y mi periplo en bicicleta por Portugal había concluido esa misma tarde sabatina en las calles de Valença do Minho. Las pocas pedaladas que aún habría de dar servirían para cruzar el puente que atraviesa el río fronterizo que da nombre a la ciudad que despedía y poner pie en la gallega Tuy. Una vez allí podría tomar algún tren que me devolvería a casa. Pero resulta que el tren esperado no salía hasta las siete de la mañana del día siguiente y no pasaba por la estación situada en la ciudad sino en otra que, aun perteneciendo al mismo municipio, estaba ubicada en la parroquia de Guillarey. Ni el tiempo de espera, ni la distancia suponían, a priori, ningún inconveniente. La espera se lleva bien cuando es sábado por la noche y la distancia era de cinco escasos kilómetros, apenas nada para quien viene de recorrer casi mil a golpe de pedal. Pero ese estrambote escondía una sorpresa, unos cientos de metros que atravesaban un bosque en el que las copas de los árboles de un lado de la carretera besaban a las del otro. La oscuridad era absoluta, solo la luz del foco de la bici me permitía vislumbrar el borde de la carretera. Pudieron ser tres o cuatro minutos los que tardé en atravesarlo, pero hubo tiempo más que de sobra para comprender las innumerables leyendas sobre meigas que en Galicia se han parido. La Santa Compaña acechaba tras cada árbol, entendí lo que era el miedo a la nada, el irracional. El miedo es un resorte del instinto de supervivencia del que no nos hemos despegado ni siquiera cuando la razón ofrece argumentos para no tenerlo. 

domingo, 5 de mayo de 2013

DE MENÚ: PECHUGA DE PAVO

A la generalización del uso de cualquier avance le acompaña siempre un elenco de servidumbres que, en muchos de los casos, exigen otros nuevos avances. Nadie (o casi) discute que el coche aporta posibilidades que sin él no podríamos imaginar. Pero su uso generalizado, además de las contraindicaciones obvias, ha modificado hasta la estructura de las ciudades. Ahora los espacios de ocio, las áreas industriales, las grandes superficies comerciales, los hospitales...están completamente a desmano. En estas grandes ciudades, los diseños se plantean con la certidumbre de que, quien más, quien menos, tiene un coche disponible. Las menos grandes, efectos del mimetismo, imitan a sus hermanas mayores. El coche ha pasado de herramienta a arquitecto urbanista, de opción a necesidad. Otro tanto ha pasado con la alimentación. La industria ofrece una serie de productos que han arrinconado en el frigorífico a los que antaño eran la sota, el caballo y el rey. El bocadillo de chorizo (sin cortar en lonchas) ha ido perdiendo protagonismo ante la invasión de la mortadela o el pan de molde. Las meriendas de la chavalería actual se parece mucho a la dieta que nos (im)ponían nuestras madres cuando estábamos enfermos. Masticar la carne de animales engordados de forma artificial exige mucho menos esfuerzo del que nuestro organismo puede realizar. A los dientes, por ejemplo, no se les pide el trabajo para el que se han ido preparando a lo largo de miles de generaciones de homo sapiens, tienen mucho tiempo para bailar y terminan en cualquier lugar de esa pista llamada boca. Las ortodoncias se ven obligadas a recolocar unas piezas desubicadas por los desmanes de la pechuga de pavo. 

lunes, 29 de abril de 2013

JOB Y LOS VASALLOS

No sabría dónde ubicarlo en un mapa actual, pero hubo un tiempo en que debió existir un país llamado Us porque de esas ignotas tierras encontramos una primera referencia en el Antiguo Testamento. Conocemos, eso sí, una ciudad con ese nombre en el norte de Francia, pero no creo que este libro sagrado para judíos y cristianos de toda índole emplazase al prototipo de la sumisión en tierras galas. Decir que Job, que así se llamaba este hombre, habitaba en Us es poco decir, en realidad era el amo del cotarro, señor de vidas y haciendas hasta el punto de ser considerado, por aquel entonces, como el más rico entre todos los orientales. Siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas daban fe del poder del señor Job.

domingo, 21 de abril de 2013

PEOR PARA ELLOS

Los agoreros son esas personas con capacidad para imaginar los caminos que ha de recorrer una mala situación para llegar a empeorar. Si, por que las cosas son como son, la realidad les da la razón, apretarán más el tornillo, y dirán, con toda solemnidad, que aún no hemos tocado fondo. Son así, sin más argumento que la tristeza de su alma, siempre encontrarán un síntoma del que colegirán un inminente agravamiento de la situación. Esa tristeza conlleva, al menos, otras dos desventuras consecuentes: de una parte, la imposibilidad de gozar de las cosas corrientes, hecho que, y es de agradecer, sufren en silencio; de otra, les resulta sospechoso de vacuidad ética o intelectual aquel que disfruta de nimios placeres en medio de la tempestad. Mayor aún es su desprecio cuando estos placeres son compartidos por lo que ellos, despectivamente, definen como masa, esa multitud informe de gentes que disfrutan a la par. A ellos, tan suyos, les repele la palabra mayoritario.

domingo, 14 de abril de 2013

DIOS AHOGA A OTROS

El refrán es el hermano inculto del proverbio. Este luce frac, se puede expresar en latín, es citado en libros tan trascendentes como la Biblia y forman parte del acervo del que los eruditos presumen. El refrán, sin embargo, es más de boina, se pronuncia en un castellano de tierra ‘adentro’, solo se habla de él en libros sobados que van de una mesilla a otra sin lucir en la estantería y resuena en los debates tabernarios. Refranes y proverbios son hermanos porque son hijos de la misma madre: la observación. Tienen, sin embargo, padres distintos: el proverbio es hijo de la reflexión; el refrán de la experiencia vivida. Eso sí, tanto el reflexivo padre que habla latín como el lugareño que se maneja con el verbo propio de la Moraña o de la Tierra de Campos, no son infalibles. A la reflexión siempre le falta más reflexión. A la experiencia, la experiencia de otros, sobre todo la de esos otros que no pueden ya aportarla. Tirando de refranero podemos encontrar, valga como ejemplo, que ‘Dios aprieta pero no ahoga’. Todos los que lo oyen recuerdan algún momento de apuro extremo del que lograron salir y el aserto va cobrando fuerza. Y cobra más porque ningún ahogado está en disposición de refutarlo.

lunes, 8 de abril de 2013

¿QUIÉN DE USTEDES?

El consejo atribuido a Sun Tzu es válido para enfrentarse a cualquier circunstancia, pero es esencial para quien tenga alguna responsabilidad en la estrategia militar: ‘Nunca hay que dar un paso si no se está seguro del siguiente’. Al anecdotario de Hitler le ocurre lo mismo (con perdón) que a las reliquias que encierran un fragmento de la corona de espinas con que aquellos soldados romanos pretendieron humillar a Jesús de Nazaret: si creyésemos que todas las anécdotas son ciertas, o que todos esos trocitos de madera estuvieron donde dicen que estuvieron, podríamos llegar a la conclusión de que el tirano habría vivido doscientos años y que la cabeza del joven nazareno tendría una superficie capilar cercana, en tamaño, a la del partido de Sigüenza. Una de esas leyendas hitlerianas cuenta que el enajenado líder nazi, buen seguidor de la consigna citada, reunió a sus asesores militares con el fin de conocer las intenciones del ejército enemigo antes de decidir cuáles habrían de ser los pasos a seguir. Para tal fin había pedido, previamente, a cada uno de ellos un minucioso informe en el que deberían recoger cuáles serían los próximos movimientos de los aliados. Tras escucharlos, comprobó que apenas había coincidencia entre las previsiones de cada uno. Hitler se levantó airado, lanzó los informes al suelo y les dijo a voz en grito: ‘Seguramente uno de ustedes tenga razón, el problema es que no sé quién de todos es’.

lunes, 1 de abril de 2013

LA TECLA O LA FLAUTA


La leyenda cuenta que la pérdida accidental de una herradura de un caballo produjo la derrota en una batalla del bando del jinete. Un pequeño, casi anecdótico, hecho provoca consecuencias de mucho mayor impacto. También en los libros podemos leer cómo se puede gestar un punto de inflexión por medio de una acción provocada. Un movimiento que cambie los paradigmas del momento. La forma más eficaz consiste en invertir el legado de ‘El Gatopardo’. En su libro, Giuseppe Tomasi di Lampedusa explicita los tejemanejes de los poderosos para anclarse en el poder, aunque para ello haya que cambiar el envoltorio. Frente a esta acción, quien quiere cambiar las cosas puede proponer acabar con todo o, ya digo, elegir un camino mucho más eficaz: mantener el envoltorio y cambiar el objeto envuelto. Por fuera vemos lo mismo, pero dentro se han modificado los presupuestos.

domingo, 17 de marzo de 2013

RECORDAD: SABÉIS JUGAR


Las corrientes pedagógicas en vigor tienden a menospreciar el desarrollo de la memoria en los procesos de aprendizaje. Dicho de otra manera, lo que antes era la base ahora es un recurso. Las escuelas de antaño, tan escasas de medios como sobradas de alumnos, seguramente por eso, centraban buena parte de su actividad en la enumeración de interminables listados de ríos, de países con sus capitales, de escritores decimonónicos, de reyes de diversas dinastías o en recitar cómo siete cachorros acorralaban a una loba parda. Los alardes de memoria eran pruebas de inteligencia y cualquier aspirante a erudito gozaba de la admiración de su audiencia cuando, mirando al tendido, ahogaba en datos sus peroratas. La influencia de las nuevas teorías, sumada al hecho de que ahora podamos, con solo pulsar una tecla, tener acceso a cualquier información, ha relegado la memoria a un baúl subsidiario hasta el punto de que haya sido ridiculizada con definiciones como ‘la inteligencia de los torpes’.
Los que nacimos a caballo entre una y otra época aún cogimos el gusto a las enumeraciones y, dado que hasta entonces en el fútbol ningún entrenador había teorizado sobre las ventajas de modificar el equipo cada semana,  podíamos recitar de memoria las alineaciones de los equipos señeros de la liga. A mí, por edad ya digo, y aunque por afición mirase a otros lares, me correspondió aquella Real Sociedad en la que Arconada y Satrústegui eran el alfa y el omega, los Ataulfo y Rodrigo en la correosa lista de los Reyes Godos. Aquel equipo de una modesta ciudad norteña (asociar vasco y modesto tiene su mérito, reconózcanmelo) consiguió el elogio unánime y dos títulos de liga. Desde entonces, treinta años ya, su trayectoria deportiva ha estado plagada de vaivenes que le han llevado a acariciar la gloria, fueron dos veces subcampeones, y a embarrancar en la Segunda División. Institucionalmente no han tenido una línea más regular, ni han sufrido menos sobresaltos. Pero parece que esa incertidumbre acabó, que han vuelto a encontrar el golpe preciso de pedal, y han conseguido aglutinar un grupo que augura la vuelta a los viejos buenos tiempos.
Verles ayer frente al Real Valladolid fue una delicia. Sí, ya sé que nosotros lo hemos sufrido, pero dado lo inevitable de la derrota, hecho que dimos por cierto demasiado pronto, en cuanto vimos a unos y a otros, lo mejor que se podía hacer era disfrutar del talento, la velocidad y la precisión de esa pareja de diablos heredera de López Ufarte: Vela y Griezmann; del orden, la sincronía y el dominio sobre el juego de los hijos de Jesús Mari Zamora:Illarramendi, Pardo y Zurutuza... En San Sebastián gozan y temen a partes iguales, gozan de un fútbol de alto voltaje y tiemblan ante la cierta acometida de equipos más ricos y voraces dispuestos a engrosar sus plantillas con alguno de los jugadores de esta Real Sociedad que se tragó de un bocado a un Pucela cariacontecido. Un Pucela que pasó por la Bella Easo como la luz a través del cristal, sin romperlo ni rasgarlo. No hubo espacio para extraer ninguna conclusión positiva. Supongo que Rama, debutante como titular, se pregunte dónde se ha metido.
Debe ser que estos chicos, jóvenes como son, pasaron por una escuela en la que la memoria no se ejercitaba y, quizá debido a ello, no recuerden que pueden jugar mucho más y mucho mejor que en San Sebastián. La memoria será, en este caso, el bálsamo que cure la melancolía y estimule el apetito, porque si no quince días sin competición pueden hacerse muy largos.

Publicado en "El Norte de Castilla" el 17-03-2013

domingo, 10 de marzo de 2013

BILLETES FALSOS DE JEQUE

No lograron su objetivo porque, cuando habían conseguido una réplica perfecta de los billetes de dólar americano, los aliados estaban a las puertas de Berlín. La operación Bernhard moría por falta de tiempo para ponerla en marcha. Un grupo de prisioneros encerrados en campos de concentración son seleccionados por los jerarcas nazis por su especial habilidad en cualquiera de las ramas de la impresión. En un primer momento les piden que ‘fabriquen’  libras esterlinas para, por exceso de dinero, poder hundir la economía británica. Consiguen la libra pero no es suficiente, el enemigo ya no es Inglaterra sino los Estados Unidos. Segunda exigencia: hay que fabricar dólares. A  Salomon Sorowitsch, el prisionero que dirige la parte técnica de la operación, le fascina el plan. Él era un falsificador profesional y la moneda americana era su asignatura pendiente. El reto, ahora con todos los medios a su disposición, le estimula, pero, poco a poco, va siendo consciente de que su éxito personal conllevaría una ayuda trascendental para los nazis. La contradicción entre el orgullo y el deber la resuelve ralentizando la operación hasta el límite, impidiendo, de esta manera, que los USA murieran con los dólares al cuello. Esta historia real es la base en la que se inspiró Stefan Ruzowitzky para rodar en 2007 ‘Los falsificadores’.

lunes, 4 de marzo de 2013

NO SOMOS ÁNGELES

Los ángeles no tienen sexo’, más que una frase hecha o una aparente explicación terrena que puede servir para ilustrar a los creyentes acerca de una realidad incognoscible, es un adagio, una sentencia moral. La frase de marras enfoca el camino a la perfección, el referente al que deben aspirar las personas de fe: desprenderse del cuerpo, alejarse de los placeres que este pueda proporcionar. No es casual que cualquier persona consagrada haya tenido que realizar un voto de castidad por el que renuncia a cualquier práctica sexual: ser como ángeles, ese es el ideal. Esta abstinencia, sin embargo, no te acerca a los ángeles ya que ese ‘no tienen sexo’ no puede ser considerado como explicación sino como un terreno metafórico en el que el sexo es la imagen que aúna todas las pasiones y pulsiones de los seres corpóreos. La diferencia entre lo angelical y lo humano no es la tenencia o carencia de órganos genitales, su uso o la negación de él. Es más, esto último, las más de las veces, puede ser contraproducente porque genera una disfunción entre lo que se siente y el compromiso adquirido o, en el peor de los casos, porque puede ocurrir lo mismo que a una olla de vapor cuando se obstruye la válvula: la tapadera se enfrenta a una realidad física y vuela por los aires. Ni somos ángeles, ni podemos serlo.
En ‘Cielo sobre Berlín’ Wim Wenders cede el protagonismo de su película a dos ángeles que bajan a la Tierra con la misión de insuflar ganas de vivir y mitigar el dolor que la vida, en algún momento, produce. Hay dos líneas que no pueden atravesar: ni pueden modificar la vida de las personas con las que se cruzan, ni pueden hablar de su procedencia. Con su cuerpo recién adquirido (aunque solo puedan verlo la buena gente y los niños) pasean por la capital alemana, uno de ellos va sintiendo la eternidad como un castigo y aspira a beber todos los tragos de la vida humana incluido el amor.

lunes, 25 de febrero de 2013

DE NUEVO CON EMPLEO

Desde el momento en que Eva y Adán asumieron que tendrían que ganar el pan con el sudor de la frente, el trabajo pasó a ser una suerte de esclavitud temporal: había nacido la necesidad y el trabajo se convirtió en el camino que unía dicha necesidad material con la forma de cubrirla. Desde entonces, unos cuantos se adueñaron de los medios de producción, los otros solo tenían las manos como objeto de intercambio. Para estos últimos, que a duras penas cubrían sus mínimas necesidades, ese trabajo era la garantía de un mendrugo de pan o del pago de una factura. En nuestras sociedades, como en todas las anteriores, no poder desarrollar ese potencial nos empequeñece, nos acobarda, nos deshumaniza. Individual y también colectivamente, porque cuando este problema afecta a un número ingente de personas, un claro síntoma del fracaso de un modelo, es la sociedad entera la que sufrirá, aunque sea tiempo después, las consecuencias. Unas consecuencias que son funestas psicológicamente a corto plazo pero que, según caen las hojas del calendario, se van convirtiendo en dramáticas en lo económico. Por eso, el dato que nos indica el número de personas sin empleo, sirve más para palpar las perspectivas de una sociedad que para conocer la realidad presente.

lunes, 18 de febrero de 2013

LA LEYENDA PERDIDA

Salía perdiendo en cualquier comparación. En aquel presidio convivían, al menos vivían juntos, asesinos convictos, traficantes habituados a marcar territorio, atracadores de gatillo fácil y los propios carceleros cuyos valores no se diferenciaban de los reclusos y su actitud la empeoraba por el simple hecho de ser los depositarios del poder. Formaban una caterva para andarse con cuidado, para recelar ante cualquier movimiento. Luke Jackson tendría que compartir ese territorio, en que la violencia se servía con más frecuencia que la comida, por un motivo mucho menor: destrozar un indicador de aparcamiento en medio de una borrachera. No era un santo, su carácter era excesivamente impulsivo, pero poco más. En medio de aquella cueva de lobos se veía como un alma cándida, tenía todas las papeletas para ser visto como tierna carne de cañon para ser servida en caliente. Luke recordó, no podía ser de otra forma, nadie que haya oído silbar las balas a centímetros de la oreja o el estruendo de las bombas al explotar puede olvidarlo, que, aunque a sí mismo se considerase, sin más, un ciudadano corriente, había participado en una guerra. Sabía que en terreno inhóspito, en suelo hostil, el primer mandamiento es hacerse respetar, forjar una imagen que fuera un escudo, y en ello puso todo su empeño.

martes, 12 de febrero de 2013

SOSIEGO ADULTO

Los niños sueñan que algún día recorreran el mundo y vivirán mil y una peripecias. Después, viene en el lote del crecimiento, muchos se tuercen, asesinan al aspirante a explorador y se conforman con un coche más grande, una casa mayor y más dinero en el banco. En otros muchos casos, al menos en momentos como este, Indiana Jones muere de muerte natural porque la retórica del final de mes emborrona la lírica. Los niños estudian y cuando abren el libro de Historia quieren ser el Cristóbal Colón o Isabel de Castilla, Catalina de Medici o Iván el Terrible, ven mapas de otros tiempos en que las fronteras nada tenían que ver con las actuales y aparecían nombres como Ribagorza o Imperio Austrohúngaro, y maldicen la quietud del presente envidiando a los protagonistas de aquellos convulsos siglos. Luego crecen y son conscientes de que están vivos en medio de una época apasionante, que no es necesariamente sinónimo de buena, en la que las líneas de los mapas bailan a ritmo de rap, no se apaga una guerra y se ha encendido otra y, a la par, el avance tecnológico ha propiciado más cambios en las formas de hacer y pensar que en varios milenios anteriores. Hasta hemos visto la renuncia de un papa, un hecho tan insólito, que el Cometa Halley ha tenido tiempo de visitarnos ocho veces desde que se produjera el anterior episodio semejante. Los niños quieren el mar con olas, cuando dejan de serlo se lavan los pies en la mar calma.

sábado, 2 de febrero de 2013

EL PASILLO DEL LOCO

No fue la mejor de las conmemoraciones. En 1850, tres siglos después de la muerte del fundador, desaparece en España la Orden de San Juan de Dios. Más que una desaparición sería un cese temporal de actividad porque los frailes de otras latitudes se dolían por el vacío generado en el país en que nació la Orden. Así pues, manos a la obra. Un joven italiano, Angelo Hercules Menni, que apenas tres años antes había ingresado en la Orden y cambiado su nombre por el de Benito, fue el encargado de cimentar esa refundación a partir de 1867. Cuando el edificio tuvo, de nuevo, cierta consistencia se embarcó en otra aventura. Dado que la Orden era masculina, y hombres la mayoría de los beneficiarios, se propuso, y logró, fundar una congregación con el mismo carácter pero en femenino. Nacieron así, en 1881, las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón. Benito Menni fue canonizado y por tanto el ‘san’ debería preceder a su nombre, pero las monjas le deben tratar de tú: el hospital que regentan en Valladolid omite el título de santo. Esta misma congregación gestiona otro centro en Palencia, el San Luis, similar a tantos en que atiende a personas con enfermedad mental, discapacidad física o psíquica pero que tiene una peculiaridad: un pasillo casi tan largo como la prototípica calle mayor de la capital palentina.

domingo, 27 de enero de 2013

EL DIOS DE LOS NOMBRES

Los nombres de las personas, como los títulos de los libros o los artículos, tienen su pequeña historia. 
A veces la casualidad bautiza. Durante 19 años me llamé Celestino. Fueron casi dos décadas en las que ya tenía nombre sin haber aún nacido. Mi padre -como todos los niños de esa Castilla hidalga, pobre y ensimismada en las viejas historias de los siglos en que sus reyes dominaban territorios tan amplios que no se ponía el sol; mientras, a la vez, con tanta hambre como para obligar a sus habitantes a trabajar como si el sol no se pusiera- sabía que en su futuro estaban el arado y los hijos. Con 11 años se sabía padre y agricultor. Entonces, inopinadamente, murió mi abuelo, su padre. También padre y también agricultor. Ese día tomó la decisión: su hijo mayor se habría de llamar Celestino como el difunto que involuntariamente le dejaba desamparado, como él mismo que acababa de atravesar la línea de sombra del dintel que certifica la irremisible muerte de la infancia para entrar en el hosco territorio de la vida adulta. Desde entonces, el niño que se tuvo que hacer hombre demasiado pronto, soñaba con una criatura acurrucada en sus brazos al que llamaba Celestino. Así fue hasta una semana antes de que yo naciera. Entonces quiso el destino -esa forma de llamar a las cosas que van ocurriendo- que muriese mi otro abuelo y, claro, la cercanía pudo más, heredé el 'Joaquín' y el 'Celestino' quedó postergado para otro hijo que a buen seguro habría de llegar.

lunes, 21 de enero de 2013

ERRARON PERO GANARON


En aquellos ya lejanos años en que las grandes palabras mantenían el significado que las otorga el diccionario, cuando democracia era un despertar tras cuarenta años de noche, cuando libertad era un plato lleno en casa del hambriento, un manjar que se mordía hoy sin pensar en el mañana, cuando no eran palabras manoseadas que sirven de coartada hasta el punto de que al escucharlas, como acto reflejo, arrastramos la mano al bolso pensando que son las manos con las que el tahúr esconde la piedra, en aquellos ya lejanos años, decía, un grupo de jóvenes pegaba unos carteles. Casi nadie en la ciudad conocía siquiera uno de los nombres que figuraban en aquel afiche que animaba a acudir a un homenaje que, música mediante, se iba a realizar en la madrileña Escuela de Ingenieros de Caminos. En dicho homenaje, costumbre muy española, burro muerto, cebada al rabo, se iba a enaltecer la figura de un joven fallecido semanas antes, José Enrique Cano, ‘Canito’, bateria de ‘Tos’, una banda cuyo final se escribió en la misma carretera en que dejó la vida nuestro protagonista. Sus compañeros de grupo, tres hermanos de apellido Urquijo. Si desconocido para la gran mayoría era el homenajeado, no menos se podía decir del elenco musical. Detrás de ‘Tos’ se alistaban Trastos, Alaska y los Pegamoides, Mermelada, Los Bólidos, Mamá, Mario Tenia y Los Solitarios, Nacha Pop y Paraíso. Allí, ese 9 de febrero de 1980, lo que quedaba de ‘Tos’ dio vida pública a una canción que el poso de los años ha convertido en referente generacional: ‘Déjame’. Esta canción, compuesta poco más de un año antes por Enrique, uno de los tres hermanos Urquijo, formaba parte de la única maqueta que tuvo tiempo de realizar la banda. La muerte de Canito obligó a los tres hermanos a buscar un nuevo batería. A partir de ahora se denominarían ‘Los Secretos’, y este nombre aparecerá indisolublemente unido a ‘Déjame’, su tema fetiche, una melodía pop que envuelve un serie de frases enunciadas por quien sufre un desgarro en su corazón al sentirse traicionado y se niega, se dice a sí mismo que se niega, a un nuevo encuentro. «Tuviste una oportunidad», dice, «y la dejaste escapar».
Uno de esos presuntos axiomas que se utilizan en el mundo del fútbol se mueve en la misma línea que la letra de esta canción: ‘El que perdona (pierde una oportunidad), termina pagándolo con la derrota’. Claro, esto se dice cuando la realidad se atañe al enunciado, de no ser así nos olvidamos del dicho. Por ejemplo ayer, cuando el error, incluso el empecinamiento en el error, no tuvo tan fatales consecuencias. El Real Valladolid marró cerca de media docena de ocasiones nítidas, de esas que han de terminar en gol sí o sí y fue que no. Larsson, Óscar y Guerra tuvieron una, dos y hasta tres oportunidades y las dejaron escapar. Podían haber pensado que «No hay nada que ahora ya, puedas hacer» pero persistieron en sus intenciones y el partido no se escapó.

domingo, 13 de enero de 2013

UN PUÑITO CHICO

Hace diez años, una parte de Italia lloraba por la pérdida del polifacético artista Giorgio Gaber. Con su muerte, producida el mismo día que nacía el calendario de 2003, desaparecía un referente artístico, pero también un faro ético e intelectual. Desaparecía él, pero no su obra, hoy podemos escuchar sus canciones, deleitarnos con sus actuaciones en el teatro o sonreír, con la tristeza propia de quienes sienten un pellizco en la parte del corazón en la que reside la nostalgia, cuando oímos sus brillantes monólogos. 

Estos últimos son un compendio de agudeza para diseccionar la sociedad en la que vive, con sus anhelos y sus derrotas-, ingenio para encontrar las palabras precisas, ternura para declamarlas como si fuesen caricias y mordacidad para no permitir la indiferencia. En uno de ellos, ‘Qualquno era comunista’, Gaber asiste a una supuesta entrevista de trabajo. En sus primeras respuestas al inexistente interlocutor, él, timorato, trata de medio esconder o justificar algunos hechos producidos tiempo atrás, cuando militaba en alguna organización juvenil de orientación comunista. Dice que sí, pero bueno, eran cosas del momento, pecata minuta, cosillas a las que se sentía arrastrado por otros. Cantaba la Internacional, pero lo hacía en coro. Vio a los Inti Illimani, pero no lloró. Tenía en la habitación un cartel con el rostro del ‘Che’ pero pequeño. Nunca, nunca, nunca, levantó el puño, bueno, a lo mejor una vez, un puñito chico, claro.