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lunes, 27 de febrero de 2023

NIÑOS ESPERANDO UN FINAL FELIZ

La dilatación de la esperanza de vida ha alargado la duración de las distintas etapas vitales de forma que lo antaño supuestamente natural –por capacidad o apariencia física, por las responsabilidades que el día a día te obligaba a enfrentar– para un determinado intervalo de edad ahora le corresponde a otro posterior. Escuchamos de veinteañeros, hombres y mujeres que decenios atrás lucían manos bien curtidas, que son los nuevos adolescentes, que los cuarenta son los nuevos treinta o los nuevos setenta son los cincuenta de cuando mis abuelos llegaban avejentados al medio siglo de vida. La vida es así, no la inventó Sandro Giacobbe, tampoco la he inventado yo. De otra manera, los aficionados al fútbol padecemos (o disfrutamos) de un proceso similar: bien jugando, bien contemplando un partido, el balón nos realoja, transitoriamente, eso sí, en los tiempos de nuestra infancia, de cuando creíamos factible lo inviable, que el Ratoncito Pérez amontonaba dientes en su almacén, que los Reyes Magos tenían suficiente con una noche para colmar de regalos todas las casas del mundo. Un aficionado, por impotente que observe a su equipo, por más que le estén vapuleando, siempre albergará la esperanza de que por un fenómeno prodigioso, debajo de la almohada, en el interior de sus zapatos, encontrará un regalo que revertirá la realidad y le transportará a la cima de la felicidad. Solo así se entiende, por ejemplo, que un seguidor del Pucela aguantase el partido de Vigo hasta el final cuando no habían hecho falta más de cuarenta y cinco segundos para que una ocasión rival te dejase en evidencia, un cuarto de hora para asumir que el marcador y el juego se ponían de acuerdo al cerciorar la inferioridad blanquivioleta. Y se entiende porque el fútbol, ya digo, resquicio por el que nos asomamos a nuestra niñez, ha dado pruebas de su potencial para sorprendernos. Como buenos mesianistas (con una 'ese', no nos confundamos) vivimos esperando una llegada salvífica, identificando signos por doquier que nos garantizan el cercano advenimiento. Incluso en este infausto partido. El gol de Amallah, desde el instante en que observamos como la pelota se alojaba en la red hasta que el VAR nos convenció de que el apunte del gol desaparecería del marcador, obró el efecto de hacernos olvidar todo lo visto, de creer con fervor que el muerto estaba de parranda, de convencernos de que el Celta se desmoronaría. Ese centímetro lo alteró todo. Soñábamos lo imposible y de sopetón regresó la realidad, ahogó la quimera y la película que imaginábamos del estilo de las producidas por Disney o del de esos romances bobalicones que inexorablemente concluyen con el beso esperado desde el inicio resulta que se trataba de una de miedo de serie B. El aficionado, como buen niño, también teme a los fantasmas.

domingo, 29 de noviembre de 2020

DE DÓNDE SACA

Foto El Norte de Castilla
El paso de los años, tal vez sea por la sucesión de malas experiencias, nos afila el colmillo, nos retuerce la mirada. La ingenuidad o el candor -no las tomen por virtudes, con ambas se puede delinquir- cogen polvo perdidos en alguna estantería. La naturalidad ni eso, murió y fue bien enterrada varios pies bajo tierra. El primer paso lo dimos aquel día en que nos tapamos los ojos con la intención de que no nos vieran. El gesto rezumaba ingenuidad, pero apuntaba a salir de ella. 

A las sociedades y a sus desarrollos les ocurre tres cuartos de lo mismo: con el transcurrir de los siglos, se resabian. Sin embargo, a pesar de la dinámica, de tanto en tanto nos sorprenden brisas de frescura, niños con los pantalones manchados de barro, adultos jugando con un balón. Porque el fútbol, sin poder evitar la envoltura con el celofán de la impostura, ha conseguido que en el campo de juego pervivan esencias y modos de su carácter primitivo. Así, en el rectángulo conviven expresiones de ambos mundos que se manifiestan hasta en el sentido de llevarse la mano a la nariz. Uno, el granota Son, desdeñoso, lo hace para liberar sus fosas nasales, para dar vida a unos pulmones hambrientos de oxígeno. Así, indiferente a composturas y miradas ajenas, aprieta la napia y empuja aire hacia afuera lanzando los mocos al suelo.  Otro, el local Guardiola,  con ese gesto malhumorado que nunca le abandona, dándose ínfulas de importante, pretende con su mano esconder la conversación. Como si en sus palabras hubiera alguna fórmula desconocida que patentar a la salida del estadio, como si el diálogo fuera más allá de un par de lugares comunes y un ‘hasta otra’. Precisamente Guardiola, ‘de dónde saca pá tanto como destaca’, el mismo que a punto del fin de la pasada temporada, de forma precipitada cuando se imponía la prudencia, abrió la boca de par en par en forma de tuit para entonar el anuncio de una despedida que luego no fue. 

lunes, 23 de noviembre de 2020

BENDITOS FALLOS

Foto "El Norte de Castilla"
En cualquier comedieta romántica, el entramado se dibuja como un campo de minas intransitable que sugiere que no va a ocurrir lo que todos sabemos que terminará por suceder. Entonces, como de repente, cuando se ha dado a entender que el más que previsible romance entre los dos protagonistas ha ido al traste, un giro de guion permite que todas las dificultades se soslayen, que todos los nudos se desaten y que se cierre la trama con un final feliz. Entre todas ellas, una obra teatral destaca por el prestigio del autor, William Shakespeare, y por lo bien que el título refleja la peripecia argumental y la filosofía vital de un gran número de congéneres: “A buen fin, no hay mal principio”.

Todo el pucelanismo, él el que más, lamentó la ocasión errada por Plano cuando el partido estaba aún en pañales. Lo mismo sucedió al poco tras un error similar de Guardiola. Entonces teníamos claro que esos nonatos goles solo podían sumar en el platillo blanquivioleta de la balanza. Tras el partido, tras conocer el resultado, mejor será no volver la vista atrás: ¿quién sabe qué hubiera ocurrido si las cosas no hubieran sido como efectivamente resultaron ser? La sabiduría china nos enseñó que un sutil aleteo de una mariposa en determinado lugar puede sentirse tiempo después en el sitio más alejado. Vaya, que cualquier variación de las circunstancias, cualquier modificación de las condiciones de partida, podrá desplazar a gran distancia la desembocadura de un sistema dinámico caótico como lo es un partido de fútbol. Y dado que el de ayer concluyó con un resultado óptimo, mejor, ya digo, que todo sucediera, errores incluidos, tal y como sucedió.

lunes, 9 de noviembre de 2020

UN NO PARAR

Foto "El Norte de Castilla"
El mundo no se está quieto ni en el sentido figurado, la vida es puro dinamismo, ni, por supuesto, en el literal, que bien sabemos que ese ritmo de nuestra Tierra, de vuelta diaria sobre sí misma y anual alrededor del Sol, nunca decae. Pero no por ello dejamos de apelar a ese imposible y, cuando vienen mal dadas, imploramos al planeta que se detenga.

Tras el fallecimiento de mi tocayo el dibujante Quino, proliferaron las imágenes de su más icónica creación: Mafalda. En muchos casos, tal vez por el momento de duelo, le acompañaba una frase de ese estilo atribuida a la niña, “detengan el mundo, que me bajo”. Tiempo atrás, el propio Quino apuntó que se trataba de una viñeta adulterina; su Mafalda, la genuina, nunca hubiera deseado dejar el mundo. Su potente curiosidad, su visión crítica de la sociedad, eran causa y efecto de una monomanía: la pretensión de que el mundo mejore.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

IR POR DERECHO

Foto "El Norte de Castilla"
Ante cualquier avería tiramos de listín telefónico y llamamos al profesional pertinente. En principio, el asunto parece fácil: si la cosa va de agua, se llama a un fontanero; si de ladrillo, a un albañil; si de chispa, a un electricista... Pero más allá del terreno de la ñapa doméstica, las necesidades suelen ser más complejas y los profesionales, más específicos. Para resolver los trámites de un divorcio, litigar con la empresa que nos despide o comerse el menor trullo posible tras haber atracado un banco necesitamos un abogado, pero no el mismo para las tres cosas. Eso de ‘tengo un primo abogado que esto me lo resuelve’, pues según y conforme. Y sorprendidos si el primo nos dice que de eso no sabe. Como lo estuvo aquel fulano que, sentado en la plaza de la Universidad, pendiente de sus hijos, vio cómo el menor recibía un balonazo en la entrepierna. Acudió presto y, ante las quejas de la criatura, miró y comprobó que el testículo izquierdo se le estaba amoratando. En el instante de la duda del qué hacer, su mirada se topó con el edificio de la Universidad. Allí, pensó, tienen que saber. Cargó con el muchacho, fue y, apenas sobrepasada la entrada, preguntó azarado a la primera persona que encontró.

lunes, 26 de octubre de 2020

¿DÓNDE ESTÁ MI BOCADILLO?

Foto "El Norte de Castilla"
El lunes, poco antes de que me tuviese que levantar, me despertaron las voces de Juan Carlos, el Gordo, desde la puerta de la calle.

-Señá Jose, ábrame la trasera.

En lo que él se preparaba para comenzar su labor -alguna obra menor de albañilería- yo desayuné y dispuse el material para ir a la escuela. Quiso la fortuna que desde la ventana viese cómo el Gordo dejaba el bocadillo del almuerzo envuelto en papel de periódico sobre un estante de herramientas. Haciéndome el longuis, salí a la calle por el corral con ojos golosos cargando la media barra larga en la cartera.  

Llegado el momento, el Gordo fue a por su tentempié. Primero, sorpresa. Después de afanarse en una búsqueda estéril, mueca de incredulidad, brazos pegados al cuerpo, antebrazos extendidos, manos abiertas con las palmas hacia arriba… Cariacontecido, como Kike

-Señá Jose, no encuentro el bocadillo.

Mi madre le hizo uno para que cubriese el expediente.

lunes, 19 de octubre de 2020

FUERA DE MARCO

Foto "El Norte de Castilla"
Algunas fotos panorámicas se asemejan demasiado a la escenografía de un espectáculo de prestidigitación: los encuadres están perfectamente ajustados para que el espectador crea que lo que ve es la realidad, lo sustantivo de la realidad, cuando en verdad lo que el artista, fotógrafo o mago,  ofrece a la vista no es más que un ejercicio de distracción bajo el que se esconden las cartas marcadas, los tejemanejes. Bien pensado, algo no muy diferente al presente de nuestra cotidianeidad política, ejecutada por unos actores más pendientes de transmitir una imagen -un relato, dicho en lengua snob- que en enfrentar, desde las diferentes perspectivas analíticas, la situación compleja que se observa.

En este ejercicio de simplificación, la foto panorámica cuenta con el marco como aliado: así, se permite el lujo de ofrecer una imagen que aparenta una visión general a la vez que esconde lo que no le apetece mostrar, con la simple artimaña de dejar esto al otro lado de la linde que separa lo que aparece de lo que no.  En un partido reglamentario de fútbol, árbitros aparte, se cuentan veintitrés protagonistas: los veintidós que lo juegan y el balón. Pues bien, nuestra foto, con alta densidad de futbolistas, con poses recias o expectantes, actitudes físicamente activas o pasivas, muecas naturales o artificiosas, deja fuera del perímetro vallado a las dos estrellas más refulgentes del encuentro disputado ayer: el balón, que lo es por definición, y Roberto. Sin la actuación brillante del portero pucelano, el equipo se hubiera venido del Prepirineo con media docena de agachadas al fondo de la portería y ¡chitón!, aquí paz y después gloria. Cuando ocurre al revés y elevamos a categoría de internacional al portero rival, la lengua se nos va a que la fatalidad nos persigue, a que tal, cual y que el fútbol es injusto. Lo es. Y lo es también cuando el destino se pone de nuestra parte.

sábado, 3 de octubre de 2020

ADIÓS TRISTEZA

Se despide Diego, la mezcla de sábado tarde y veinteañero no cuaja en el interior de una casa.

-¿Sales ya?

Antes de cerrar la puerta por fuera, enciende su modo ironía, araña mi ojo por dentro. 

-Sí, he quedado. ¿Has terminado el artículo? Imagino que será todo alegría y jolgorio.

Tuerzo el gesto de la cara.

-¿Y eso?

Bien sabe que no es verdad, que, al contrario, sonrío más tiempo del que refunfuño. Pero le da igual, sabe que muerde magro y no suelta pieza.

- Te pasas el día enfadado.

Le miro con cara de ‘en qué hora se me ocurriría que era buena idea ser padre’.

jueves, 1 de octubre de 2020

EL DIABLO COTILLA

Durante muchos siglos, al menos en nuestro ámbito cultural de referencia histórica, el ‘Maligno’  jugó un papel amenazador, tentaba a los humanos con el afán de hacerles desobedecer el mandato divino, anotaba en alguna libreta ígnea cada uno de sus triunfos y asumía el control de las almas de los difuntos desobedientes. En el fondo, nada distinto a los manejos de cualquier comercial de una compañía telefónica: usaba sus artimañas para convencer de las bondades de sus productos y, tras el sí, el incauto cliente estaba condenado a penar por las centralitas.

Por entonces, el soberano de turno no tenía más que hacerse con el control religioso de una comunidad, convertir su deseo en ley de Dios y el miedo al infierno se encargaba de docilitar a la población. Paulatinamente, ese miedo concreto dejó de surtir su efecto y determinados usos, antaño pecaminosos, se normalizaron. Entendimos, con Oscar Wilde, que la mejor manera de librarse de las tentaciones es ceder ante ellas. La paradoja se contaba sola: si creemos en el demonio, le daremos la espalda; ahora bien, si no lo tenemos presente, actuaremos según sus deseos. Por eso, a juicio de los que creen en su presencia, el principal poder del ángel caído consiste en habernos convencido de que no existe.

lunes, 28 de septiembre de 2020

USTED Y YO

Foto "El Norte de Castilla"
Como al año en curso le estaba faltando algo de pimienta, allá por esos días en que la primavera anda en retirada, alguien quiso ver un cocodrilo en ese punto donde el Duero coge la fama porque el Pisuerga le regala el agua. A saber qué fue lo que en aquel lugar flotaba y que arrastró las mentes de los testigos que juraron y ‘rejuraron’ la certeza de su avistamiento. Pero no sorprende, las historias de cocodrilos fuera de su entorno son demasiado recurrentes desde hace casi un siglo. Luego, será por miedo, será por exotismo, miles de personas lo creyeron, los relatos cuajaron, se propagaron, aparecieron crónicas similares, se realimentó la creencia, y vuelta a empezar. Y así tuvimos entre manos una leyenda urbana.

lunes, 21 de septiembre de 2020

PREGUNTE A OTRO

Foto "El Norte de Castilla"
Enfrentarse a un nuevo reto desencadena sensaciones ambivalentes: por un lado, el desafío nos sirve como estímulo; por otro, genera una especie de pánico. En las horas previas, como espantando miedos, cerramos los ojos, fantaseamos con un desenlace fetén y recordamos aquel latinajo “veni, vidi, vici”  supuestamente pronunciado por Julio César ante el Senado romano.

Ese “llegué, vi, vencí” tiene su miga. No es que parezca una muestra de soberbia, efectivamente lo es. Si hacemos caso a los historiadores Suetonio y Plutarco, Julio César, enfrascado en una guerra civil que le enfrentaba a las facciones más conservadoras del Senado al mando de Pompeyo, quiso sacar pecho ante la alta institución de su victoria en la batalla de Zela, frente a las tropas de Farnaces II del Ponto. Consciente el cónsul de que las cosas no pintaban bien en Roma, con la necesidad pues de regresar, aceleró las maniobras para propiciar el inmediato enfrentamiento. En menos de una semana, Julio César pudo encaminarse a Roma con otro sello en su historial de victorias y, una vez en la capital de la república, alardear de ello.

lunes, 14 de septiembre de 2020

TE LO DIJE

Foto "El Norte de Castilla"
Algunas respuestas las llevamos grabadas tan a fuego que o hemos aprendido a domesticarlas o brotan de inmediato en cuanto la ocasión lo propicie. Al fin y a la postre, las aprendemos desde bien pequeñitos; en muchos casos, nada menos que de boca de nuestros padres. Porque ellos también, cuando de reafirmarse se trataba, fueron unos ventajistas.

A ver si no. Tú te estabas retorciendo de dolor en el suelo y, antes de preguntarte cómo estabas, una tormenta en forma de “te lo dije, ¿eh?, te lo dije. O, ¿no te había dicho que no te subieras a la silla, que te ibas a caer?” tronaba sobre tu cabeza. Había como una malsana intención de dejar patente que para ellos era más importante el aviso que la consecuencia, que era más trascendente apuntalar su “tenía razón” que una posible luxación de codo. En ese momento, entre el dolor, el bochorno y la inferioridad jerárquica del hijo, como que uno sobreentiende que no es el momento más pertinente para hacer uso del derecho a réplica, pero de buena gana se queda. Porque claro, entre 10.000 advertencias de catástrofe, tampoco es mucho mérito el acertar alguna vez como para andar reivindicando la capacidad profética. Más que nada, porque cuando no sobreviene la plaga bíblica anunciada no se les escapaba ni un tímido “me equivoqué”, no se oye “perdona hijo, no confiaba en ti”.

Nos hacemos grandes y seguimos dando vueltas a la noria del ventajismo. Con nuestros hijos,  ¿cuántas veces antes de tenerlos nos repetimos que nunca jamás utilizaríamos ese mantra? Pues nada, en cuanto llega la ocasión, zas, “te lo dije, ¿eh?, te lo dije”. Y el fútbol, que exprime y sublima, no se podía quedar al margen. Es también escenario privilegiado en el que se busca la razón y a quien echársela en cara. Y todo el mundo la tiene y tiene a quien: cualquier aficionado habla tanto, dice tanto, mezcla tantas filias y fobias que, aunque solo sea por pura matemática probabilística, alguna vez tiene que acertar y, aunque sea una vez de mil, recuerda lo dicho en pos de un ridículo reconocimiento. Suele ser habitual, pero hay días que dan mucho juego. El de ayer fue uno de ellos, faltó la intervención de Moyano en alguna jugada decisiva para haber cantado bingo, porque los sospechosos habituales, Masip en este caso para mal, Míchel y Guardiola para bien, dieron rienda suelta a miles de ‘telodijes’ entre los filos y los fobos y viceversa.

La celebración de Míchel, índices al cielo, es, en lo concreto, el cierre de una obra de arte futbolística lanzada por Nacho, pintada con tres pinceladas sublimes por Guardiola y firmada por el valenciano. Una maravilla que pesa lo mismo a favor que un error grosero en contra. Y sobre este particular, no cabe debate, ni ventajismo alguno: es así.


Publicado en "El Norte de Castilla" el 14-09-2020

martes, 21 de julio de 2020

A SABER CÓMO

Imagen "El Norte de Castilla"
Resulta imposible trazar la frontera que separa lo cobarde de lo prudente, lo valiente de lo temerario, lo terco de lo tenaz. Imposible, no por la dificultad, sino porque tal límite no existe.  En realidad estamos ante pares de palabras cuyos significados se solapan, ante binomios de vocablos que comparten un enorme espacio de intersección en el que bien pudieran ser considerados sinónimos. Tan es así, que en ese amplio territorio común elegimos uno u otro término en función de la querencia de quién relata la acción del protagonista de los hechos o, más habitualmente, en función del resultado final de los aconteceres que se narran. Así, cuando pretendemos ensalzar, ya digo, por aprecio o por su buen final, utilizamos las connotaciones elogiosas de ‘prudente’, ‘valiente’ o ‘tenaz’; ahora bien, si buscamos perfiles peyorativos elegimos ‘cobarde’, ‘temerario’ o ‘terco’.

sábado, 18 de julio de 2020

FUEGO AMIGO

Foto "El Norte de Castilla"

Tendré que preguntar a alguno de mis vecinos gitanos si es verdad que en sus comunidades interpretan como mal augurio que sus hijos tengan buenos comienzos porque, a decir verdad, no sé si es cierto que creen el dicho que se les atribuye o se trata de una simple invención: siempre que lo escuche fue, sí, referido a los gitanos, por boca de payos. Si me confirman que asumen como propia tal convicción, indagaré con el fin de comprender si  estamos ante una mera superstición o alguna regla de tres ceñida a la observación, vaya: el haber comprobado que arrancar muy bien en un ámbito determinado resta atención, merma voluntad y desprecia la precaución, potencias todas ellas necesarias para enfrentarse a los inexorables envites que se habrán de encarar. En caso de que la respuesta se decantara por esta última opción, me tropezaría con una duda sobre la relación inversa: empezar bien es garantía de un mal remate, vale, pero ¿se puede afirmar que un mal comienzo es aval suficiente para determinar un final como de película de Hollywood?

domingo, 12 de julio de 2020

CORAZÓN PARA MUCHO MÁS

Foto "El Norte de Castilla"
Cada año me gusta menos este partido. Me chirría el enfrentamiento entre mi pasión y una realidad que me ha ido invadiendo cada poro. Por un lado, soy del Barça desde que tengo consciencia de mí. Recuerdo, por ejemplo, el día que se jugaba la final del Mundial de Argentina, Don Rufino, el cura de mi Rasueros, me preguntó que quién quería que ganase aquel partido. Holanda, dije sin pensar y con la certeza de que era una pregunta inocua, sin trampa ni cartón. No había terminado de decirlo y ya había dibujados cinco dedos en mi cara. Mientras yo trataba de rehacerme sin entender nada, levantó la voz y me explicó la bofetada. En resumen, que un niño católico y español no debía querer que unos protestantes que renegaron de España y la guerrearon se impusieran, aun en un simple partido de fútbol, a un país hermano en la fe, la lengua y la historia. Yo traté de justificarme, “es que juega Neeskens y es del Barça”. 

miércoles, 8 de julio de 2020

MÓVIL, A SECAS

Foto "El Norte de Castilla"
Alicia rompió aguas a eso de las dos o tres de la mañana de una noche de la que en tres semanas se cumplirán veinte años. Inmediatamente cogimos un taxi que nos acercó a la antigua Residencia. Hasta que no fue bien de día no llamé por teléfono ni a sus padres ni a los míos para informarles de la inminencia de su llegada al estado de ‘abuelez’. Por aquel entonces ya existían los teléfonos móviles, pero en su uso aún nos regíamos por los ritmos, los usos y las normas sociales previos -los de los tiempos del viejo teléfono de cable-, esos que advertían de que por la noche, más allá de las 10, salvo causa de fuerza muy mayor, no se llamaba a casa de nadie. Y causa de fuerza mayor era causa de fuerza mayor, esto es, una perentoria necesidad de acudir a la persona a la que se violentaba. Por eso, un ring a destiempo era recibido con un respingo; nada bueno podía ser. 

La hora de comer también era sagrada, pero de otra forma. Llamar en ese momento era un indicativo de mala educación. En muchas casas, de hecho, mientras se estaba a la mesa, no se cogía el teléfono por más que sonase. Estaba rotundamente prohibido. Todo podía esperar a las horas ‘decentes’: hasta informar del fallecimiento de un ser querido.

domingo, 5 de julio de 2020

QUÉ BIEN VIENES HOY

Foto "El Norte de Castilla"
La verdad, para qué engañarnos, en eso de la imagen o la apariencia siempre fui muy básico y despreocupado. Calzoncillos y calcetines aparte, tiro con un par de vaqueros, tres a lo sumo, una docena entre camisas y camisetas, un abrigo para el mucho frío y otro para el frío regular. Me afeito cuando la barba me empieza a molestar, me corto el pelo cuando la melenilla me da demasiado calor.  Por eso, el día que, bien por casualidad, bien por no desentonar mucho en algún evento BBC, se produce el alineamiento planetario y me presento afeitado, con el pelo recién cortadito, estreno zapatos y la ropa va planchada,  me suele ocurrir que alguien de entre los que bien me quiere me espeta aquello de “¡‘Juaqui’, qué guapo vienes!, ¿tanto te costaría ir siempre como hoy?”. Claro, como ya me lo sé, llevo la respuesta preparada y envuelta en una sonrisa, “si me vieses siempre tan arreglado como hoy, nunca me dirías lo guapo que voy. Así, yendo una vez cada mucho, me lo dices y me arreglas el día”. Suficiente material para que en un corrillo se rían del chascarrillo, lo comenten y, si anda mi madre por ahí, alguien meta un poco el dedo en el ojo, “¡cómo es este hijo tuyo!”.  “¿Qué quieres que haga -retóricamente preguntará mi madre como antaño tantas veces tuvo que hacerlo cuando alguien le venía con la copla de  mi última travesura-, que lo mate? 

viernes, 3 de julio de 2020

EL AMOR, DICHO Y HECHO

Foto "El Norte de Castilla"
En un mismo año, el de 1993, Anthony Hopkins protagonizó dos películas de tal dimensión que, con solo haber realizado ese par de trabajos, dan sentido a toda una carrera de actor. 

En ‘Lo que queda del día’ interpreta al señor Stevens, un rígido mayordomo que se enamora de la señorita Kenton, el ama de llaves interpretada por Emma Thompsom. De alguna forma, es un amor correspondido, ella también le ama. Es más, con la discreción propia de la época y del contexto palaciego, pretende hacérselo saber. Él, sin embargo, no se permite tal sentimiento y lo reprime. Tarde, demasiado tarde, cuando ya no existía posibilidad alguna de retorno, Stevens será consciente de que su vida se ha consumido sin haber vivido ni un instante de plenitud. 

lunes, 29 de junio de 2020

EL PUCELA METE DOS

Foto "El Norte de Castilla"
Haciendo uso de la pregunta con que Mario Vargas Llosa da los primeros pedales para impulsar su ‘Conversación en la catedral’, puedo responder que el artículo previsto se jodió unas pocas décimas de segundo después del instante recogido en la foto. Hasta un momento antes, una idea me bullía en la cabeza. Una idea que dependía de un resultado poco probable de antemano que, además, se alejaba como posibilidad según se iba desarrollando el partido.

Pero de repente pudo ser. En el instante concreto en que el fotógrafo pulsaba el botón de su cámara, incrédulo, abrí los ojos de par en par: el azar se aprestaba a ponerme en bandeja la situación anhelada, el resultado que necesitaba. Esperanza tan efímera como vana. Vaclík, el portero sevillista, en un alarde de reflejos, desbarató la pintiparada ocasión de Alcaraz. El Pucela se quedó con la miel en los labios y el menda sin artículo.  

viernes, 26 de junio de 2020

EL PASADO IMPREDECIBLE

Foto "El Norte de Castilla"
Los rusos, para reírse de sí mismos y de su historia oficial, acuñaron un aforismo burlesco: el pasado, dicen, es impredecible. Al parecer data de los tiempos de Stalin, aunque bien pudo ser utilizada con anterioridad, bien se puede decir que, en otra medida, ese afán del poder por reescribir la historia tiene valencia en el resto de lugares del orbe. Los hechos, estos sí, escritos, reescritos, sobrescritos o por escribir, son innegociables. Algunos, además, irreversibles. Tanto, que a quienes tales hechos afectan necesitan hacer un esfuerzo para acomodar su cabeza a la nueva realidad.