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Foto: El Norte de Castilla |
Habrá algunos, los que se manejan con una simpleza más habitual de lo deseable, que tras constatar que ese 4-1 recibido por el Valladolid era un dato cierto, pensarán que los pucelanos ‘no han dado un palo al agua’. Pero no fue así. Raramente tienen razón los que señalan como culpable de todos los males a la escasez de testiculina y que, con la misma lógica, piden exceso de esta como solución. Simplemente, el Rayo ‘dio un agua’ al Pucela al saber aprovechar el enorme ‘caudal’ de errores groseros cometidos por los responsables de guarecer la portería blanquivioleta, un bloque defensivo que no dejó de ‘hacer aguas’. Con solo aprovecharse de aquellos fallos, los vallecanos se llevaron ‘el gato al agua’. Los de adelante tampoco tuvieron fortuna en su ‘remar contracorriente’.
Toni y Antoñito usan el agua para saciar la sed y paliar el calor. Mientras beben, dejan que buena parte caiga sobre sus cuerpos. El canterano vivió la primera mitad como un pececillo escorado en una orilla buscando el oxígeno para sobrevivir. En la segunda mitad se adentró en el medio del río, se encontró feliz en un medio más natural y creció. El primer Toni es insustancial, el segundo aportó esos detalles que llenan de esperanza a una afición que arde en deseos de verle explotar. Antoñito no tuvo su mejor tarde, ni al principio, ni en el medio ni al final. Pasó el partido como quien se sienta al lado de un acantilado: viéndolas venir contemplando el paisaje. Incapaz, el hombre, de contener el oleaje. Uno del equipo arbitral, al fondo, ni bebe ni gesticula. La imagen confirma que son de otro planeta.
En fin, no cabe ‘ahogarse en un vaso de agua’. En el fútbol la ‘corriente’ no ceja y ya el jueves podrán desquitarse. Mientras tanto, toca ración de ajo y agua.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 09-10-2017
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