Blog sin más pretensión que la de poner un poco de orden en mi cabeza. Irán apareciendo los artículos que vaya publicando en diversos medios de comunicación y algunas reflexiones tomadas a vuelapluma. Aprovecharé para recopilar artículos publicados tiempo atrás.
Año nuevo, año viejo. Dicho así, con resonancia en el título de aquella serie de los setenta, ‘Hombre rico, hombre pobre’. El uno, elegante, ilusionado, con la ambición intacta, con un sueño como referencia; el otro, zarrapastroso, hosco, desgastado, molido a golpes, desesperanzado. Al menos, en esa estética asentamos la presentación: en el deseo de un feliz año mientras amontonamos el que termina en el desván de los anhelos inconclusos, cuando no en el cesto de la ropa pendiente de zurcir. Año nuevo, año viejo, como si apenas hace 52 semanas el viejo no hubiera sido nuevo. Hombre rico, hombre pobre, como si se tratase de una elección, como si no hubiera condicionantes que desbrozan unos caminos, que enfangan los otros.