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Imagen tomada de elsaltodiario.com |
Cualquiera que no sepa que Winston Churchill murió en 1965,
podría creer que con aquella cita, “los Balcanes producen más historia de la
que pueden consumir”, estaba haciendo referencia a la hilera de conflictos
bélicos que asolaron aquel territorio de niños llamábamos Yugoslavia. Obviamente, la sentencia es anterior. Al fin
y al cabo, aquella retahíla de guerras en el mismo corazón de Europa no fue
sino la continuación, ojalá el punto y final, de una historia de conflictos
que, con sus altos y bajos, han marcado los días de aquellos territorios.
Viene la frase a cuento porque, en paralelo, se suele
apuntar que son envidiables los lugares del mundo que nunca son protagonistas
de nada ya que, en ese transcurrir silencioso, se esconde la tranquilidad que
permite un buen vivir. Sería cierto si fuese verdad, pero no lo es. De ser así,
nuestra comunidad sería ese territorio en el que vivieron Adán y Eva antes de
ser expulsados.
Ocurre, en realidad, que ese aparente sosiego, que esa
trémula discreción, no es otra cosa que el encallamiento de unos problemas que
se enquistan en el alma de una sociedad que aprende a vivir con ellos y los
interioriza otorgando la misma naturalidad que si fueran fenómenos meteorológicos.
Cualquier observador que habite fuera de estos recintos
mesetarios podría llegar a la conclusión de que aquí no ocurre nada, que los
días pasan siendo cada uno igual al anterior, idéntico al siguiente, que
vivimos en un ‘no pasar’ cadencioso que apenas produce historia para digerir. Mas no es así. Pasan cosas; no muchas, pero
algunas pasan. El problema es que, a fuerza de callar, hemos conseguido aparentar
que no existimos.
Sabemos que, escándalo, Cataluña abrió ‘embajadas’ por el
mundo. Un gasto estéril, innecesario, a beneficio de una causa y de unos pocos.
Castilla y León, a su modo, abrió las suyas. Casi ni una referencia en los
medios de allende las montañas. Sabemos de refriegas policiales en otros
territorios, de abusos de poder en otros lugares. En Valladolid un juez, sin
esperar a que concluyesen las declaraciones previstas, absuelve a tres personas
que habían sido acusadas de agredir a unos policías el día que a orillas del
Pisuerga el PP celebraba una convención. Silencio estruendoso puertas
afuera.
Y es que aquí -algo de culpa tendremos los que escribimos-, hemos
hecho creer que no hay historia que digerir, que nunca
pasa nada. Y si pasa, se le saluda.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 03-05-2018
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