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Imagen tomada de http://noticieros.televisa.com |
A España, como país, le aflige este sentimiento. Desde no sé
cuándo, pero no poco tiempo, siente (o sus gobernantes muestran que sienten) el
deseo de ser reconocida externamente. Esto, que en circunstancias normales
podría ser tomado como algo natural, deja de serlo en cuanto medimos ese
‘pintar algo’ por la relación que se establece entre el presidente del gobierno
de turno y el presidente de turno de los
EE.UU., ya sea siguiendo la corriente, ese fanfarronear de poner los pies en la
misma mesa, o haciendo muecas de enfrentarse al gallito, aquel jactarse de no ponerse
en pie cuando suena su himno. Ahora volvemos a la primera parte, la de seguir
la corriente. Rajoy visita EEUU buscando el apoyo de su presidente mediante una
proclama en favor de la política ‘rajoyense’, obtiene de Trump dos frases
confusas –‘es de tontos querer irse de España’ o ‘España es un gran país que
debería seguir unido’- y, con esa palmadita en la espalda, los corifeos resaltan la importancia de
España por el trato recibido –hasta le han alojado en el espacio de los
visitantes distinguidos-. No sé, pero para mí, pintar algo es tener la
capacidad de ser autónomo, expresar una voz propia y que esta sea respetada. Lo
otro es sumisión.
Cabe, por supuesto, llegar a la conclusión de que se vive
mejor siendo dócil, aquello de ‘dame pan y llámame perro’; pero aunque haya
quien crea que se vive mejor así, no es para presumir.
Es mucho más sano, desde luego, ser un donnadie y asumirlo
que ser un ganapán con ínfulas que no se aburre de alardear de su impostada
importancia porque conoce a tal o cual personaje poderoso.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 28-09-2017
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