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Imagen tomada de www.merca2.es |
Cuentan que José Antonio Girón de Velasco resumía con una máxima el
modelo de relación que establecía con las personas en función de sus
coyunturales posicionamientos políticos. El que fuera uno de los fundadores de
las JONS, desde su posición de poder, repetía a quien quisiera escucharle: “Al
amigo, el culo; al enemigo, por culo y al indiferente, la legislación
vigente”.
Lo cierto es que casi cualquiera que tiene potestad para poner en
práctica el axioma gironiano, lo enuncie de forma más o menos grosera, se
desnude de manera más o menos explícita, adecuándolo a las circunstancias del
momento, lo utiliza como guía. En la actualidad, dado que
ya no estamos en una dictadura y, por tanto, el uso discrecional del poder
puede ser contestado por una parte de la sociedad, les es pertinente recubrir
con otro envoltorio una filosofía similar.
Entonces, se da una vuelta de tuerca a dicho aserto para que a la vez
permita las tres opciones y se pueda decir que todo se ha llevado a cabo dentro
del marco de la legislación vigente. En España esto es relativamente sencillo
porque se une una desmesurada inflación legislativa en prácticamente todos los
ámbitos con la falta de concreción en alguno. Se puede, por tanto, hacer una
cosa y la contraria sin salirse de los cauces legales. El Gobierno decide
intervenir las cuentas del Ayuntamiento de Madrid, es legal. El Gobierno no
interviene las cuentas de otros ayuntamientos que también incumplen la regla de
gasto, es legal aunque sea aplicando mecanismos de dilación. Palo o zanahoria
en función de querencias partidarias.
Por la legislación vigente, el Gobierno, bajo el auspicio de Montoro, no
permite al consistorio madrileño, que ha rebajado la desmesurada deuda heredada
y ha generado superávit el curso pasado, utilizar ese remanente para ejecutar
políticas sociales. Vamos, que no es que el ayuntamiento capitalino pida más
dinero o aumente la deuda, pretende, sin más, gastar de lo suyo. La actuación
del gobierno, más allá de fiscalizar las cuentas, pretende limitar las
posibilidades de acción política de las instituciones territoriales ‘díscolas’.
Vamos, que por puro interés de partido, porque ahora le interesa, el
gobierno nos está sometiendo a un proceso de recentralización. Con ello, amparan
a los amigos y anulan a los enemigos. Para ello, se valen de los indiferentes.
Así, cobijándose con el paraguas de la Constitución, van traicionando su
espíritu. Bajo la legislación vigente, eso sí.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 09-11-2017
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