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Foto "E Norte de Castilla" |
Leo que Samuel Paty, un profesor francés algo más joven que yo, ha sido decapitado. El autor de tal barbaridad, Abdoulakh Anzorov, 18 años, de origen checheno, esgrimió que Paty “había osado rebajar a Mahoma”. Ese ‘rebajar’ consistió en valerse de caricaturas de Mahoma publicadas en la revista Charlie Hebdo -en cuya sede, por lo mismo, en 2015 fueron asesinadas 12 personas- para establecer un diálogo en clase sobre la libertad de expresión. Dos apreciaciones: una, Samuel Paty, consciente de que el Islam prohíbe las imágenes de Mahoma, advirtió de lo que iba a mostrar para no obligar a nadie a verlo; dos, Abdoulakh Anzorov no era uno de sus alumnos.
Bien.
Entre la clase y el asesinato transcurrieron once días. Les recomiendo, si me
permiten, que busquen la historia de cómo el infundio, el odio y la
intransigencia se desplazan retroalimentándose, de cómo el victimismo termina
convertido en un puñal.
En el
diálogo conmigo mismo me topo con un fundamentalismo islámico que
soterradamente pretende imponerse entre los propios de su religión. Las dudas
parten del cómo hacer frente sin condescendencias a los intransigentes respetando,
a la vez, a las personas que profesan pacíficamente esa religión. Del cómo
salvaguardar vidas y libertad de expresión.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 21-10-2020
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