Me acosa, tenaz, el eco de Víctor Jara en mi cabeza. Así, mientras veo el partido, tarareo repetida e inconscientemente una melodía del cantautor al que el felón chileno le cortara las manos y la lengua.
«Suena la sirena de vuelta al trabajo». La desidia tiene
estas cosas. Cuando ya habían dado por concluida su labor se topan con
la realidad. Faltaba algo más, un punto salvador, y ellos con esas
pintas vacacionales. Han vuelto al trabajo, cabizbajos, para gritar que,
cuando quieren, pueden. La respuesta al porqué no pudieron, al porqué
no quisieron, mancilla la imagen de un grupo tan conformista como lo es,
a veces, la ciudad que lo alberga.
«Y tú caminando, lo iluminas todo». En marcha, este
grupo, ha alumbrado instantes de gozo que ya moran indelebles en el
subconsciente colectivo blanquivioleta. Al poner el freno de mano
emborronaron una temporada que ya no será para el recuerdo.
«Muchos no volvieron, tampoco Manuel». El Valladolid
continuará en Primera, ‘el furbol, amigos, es asín’, por gracia de un
gol del transparente Aguirre, lo que ya es un milagro en sí mismo.
Con este alivio concluye la peripecia de esta temporada.
Un año se estira mucho y, para mí, éste, mucho más. Doce meses atrás,
triste por otros motivos, no imaginaba que iba a disfrutar de esta
posibilidad. Hoy quiero enviar éstos últimos pases desde la línea de
fondo a Juan, Angélica y María Jesús para agradeceros el estímulo
inicial, a Diego, que es mi vida, por existir, a ti por sonreir tan
cerca, a vosotros por dedicar unos minutos a estos renglones, a la gente
de deportes por aguantarme y a Eloy por confiar. Seguimos en pie. Hasta
la próxima temporada. O no.
Publicado en “El Norte de Castilla” el 1-6-2009
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