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Imagen tomada de grandespymes.com.ar |
El presente, este presente concreto, ya pasó, dejó de ser.
Así, cada presente fenecerá para ir dando paso a sucesivos e inasibles
presentes. El pasado y el futuro no existen, son dos cómplices necesarios en un
delito continuado de impostura.
En tiempos electorales, todos al fin, estos delitos
florecen. Ahí están, entonces, el pasado y el futuro permitiendo que se les
utilice como coartadas. De la manera en que calla el amigo del asesino en una
película de gánsteres cuando escucha a este asegurando, muy serio y bajo
palabra de honor, que él no pudo cometer tal crimen porque en ese preciso
instante estaba en el cine junto a su colega, el pasado y el futuro escuchan en silencio a nuestros
dirigentes políticos utilizando a ambos como esplendor o amenaza. De esta
manera, parece que las opciones que se nos abren se resumen en dos: mientras
las tres derechas -dos con claridad; una así, así- reclaman una vuelta a un bucólico pasado para
esquivar las zancadillas de un futuro apocalíptico si vencen sus rivales, las
‘no derechas’ garantizan un camino hacia el futuro que evitará el trasiego por
los tenebrosos valles del pasado por el que nos tocaría transitar si sus
rivales vencen.
La derecha, en singular o en plural, sabe de antemano que
tienen jugada ganadora, que el contexto internacional se ha puesto de su parte.
Trump ante Clinton, los del Brexit ante Cameron, los Salvinis varios ante a los
bruselenses, la parte más radical de este espectro ha conseguido, tiene mérito,
hacer ver que es la mejor herramienta para enterrar los desastres generados por
la visión menos extrema de este mismo lateral.
Las no derechas, los restos de una socialdemocracia que
murió cuando no se atrevió a ser lo que era y el sumatorio de grupúsculos más o
menos disidentes del discurso oficial que por momentos parecen no saber si van
o vienen -en otros, sí, todo hay que decirlo-, se ofrecen, más que por su
valor, por no ser lo que los otros son, para que no nos pongan al reloj a dar
vueltas en sentido contrario. Sienten que el viento sopla tan fuerte en su
contra que su discurso se conforma con poco más que no retroceder. En dos
palabras, que nos resignemos para no tenernos que asustar. La lectura no puede
ser peor porque al pasado nunca se vuelve. Sí, puede que en este momento
aparezcan discursos que se asemejan mucho a los de antaño, pero hasta ahí. Las
razones son otras; los agentes, distintos;
las circunstancias nada tienen que ver. Mejor que acojonar estaría
desarrollar un proyecto de país que, partiendo del efímero presente, tuviera
fuerza para conseguir el apoyo suficiente.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 21-02-2019
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