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Foto "El Norte de Castilla" |
De repente ese ‘existe’ ha cobrado fuerza desde el lugar más inesperado, el envés del despoblamiento, la comunidad receptora -de todo- por antonomasia: la mismísima Madrid, a resultas del lamentable espectáculo del conflicto entre el gobierno de la comunidad y el de España sobre la gestión de la pandemia, ha emergido como sujeto político visible. Recalco ‘visible’. Madrid ya era un sujeto político mayúsculo; pero ejercía su sobresaliente influencia callada, imperceptible, como si la cosa no fuera con ella, sin disonar nunca con la música oficial.
A Madrid, de tan grande, no la veíamos. Nos envolvía como el agua a ese pez que nadaba preguntándose qué era el agua. Madrid, la oficial, la corte, no las villas, con razón o sin ella, que eso es para otro día, se ha dejado oír cuando no se ha sentido privilegiada. Los dos cinturones de provincias sin mar que la rodean -quince, el 40% del territorio español, menos habitantes que Madrid y no por casualidad- empiezan a mirarla con recelo. Ya saben que Madrid existe y exige. Que en la capital no hay lamento, sino poder.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 07-10-2020
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