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Foto "El Norte de Castilla" |
Entonces Europa, más aún España, bailaba al son de la música provocada por el romper de las olas de un océano al que se agitaba desde la otra orilla.
Esta vez caen como a trasmano, suenan como ajenas, se
observan como un nuevo capítulo, de una serie que seguimos, emitido en fecha
intempestiva. Tal vez sea porque EE.UU. ha perdido fuelle o, simplemente,
porque esa es la sensación que se percibe, parece que la decisión nos atañe
menos. Puede ser que sea así, pero el reflejo de su imagen sigue siendo un
poderoso factor de imitación: su debate será el nuestro; ya es, de hecho, el
nuestro.
Más que en época de cambio, huele a cambio de época. La
pelea entre lo nuevo que anda naciendo, por más que ese término recaiga en el
poseedor del título, y lo viejo que no termina de morir, bien representado por
el aspirante, se muestra palmaria este martes electoral.
En este no saber qué hacer con lo que aterra de lo que vemos
nacer –o renacer-, en este no saber si dejar morir al que muere o hacer como
que creemos que está muy vivo, se produce el claroscuro, tal y como avisó
Antonio Gramsci, del que surgen los monstruos. Monstruos disfrazados de ‘lo
nuevo’.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 04-11-2020
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