Si resulta compleja la relación con nosotros mismos,
si nos sorprenden -y a veces avergüenzan- nuestras propias reacciones, ya no
digo cuando en el asunto se mezclan dos, tres… asombra que pretendamos
circunscribir a relatos de buenos y malos, peliculitas de indios y vaqueros -de
cuando considerábamos buenos a los vaqueros y malos a los indios-, los
entresijos de un mundo enrevesado en el que confluyen una conjunción de
historias e Historias dispares, en el que se entremezclan intereses
alambicados, en el que los acuerdos y desacuerdos armonizan o corroen cualquier
tipo de vínculo.
El relato oficial, ese que siempre engloba al emisor
entre los buenos, diferencia entre ‘malos malísimos’ y ‘malos entre comillas’ a
entes -sean personas, países…- semejantes en función de si, además de
considerarlo malo en esencia, rinde servicio o se enfrenta al poderoso de
turno, de si hablamos de ‘nuestro hijo de puta’ (Franklin D. Roosevelt) o no.
Incluso, se justificará -todo lo más, recibirá algún pellizco de monja- al
propio cuando su maldad exceda al penúltimo de nuestros límites porque sobre
sus antecesores se sobrepasó el último.
Puede, incluso, que el contradictor -no sé, una
paisana de Hamlet lejana a comportamientos perversos, sin regir una tiranía ni
amparar el narcotráfico, el crimen de Estado…- sea catalogado como tal por
conveniencia de quien ostenta el poder y, valga la redundancia, alimenta al
testigo, impone la visión universal desde su perspectiva. No será un ‘hijo de
puta’ pero convendrá que lo parezca. Nadie soporta sin mácula el escrutinio de
una vida pasada.
Cabe que existan malos a los que no se les anota en el
listado de malos porque arredran; cabe que descubramos que el propio relator,
lo que viene a ser ‘los nuestros’, lo sea. Cabe el salto de uno a otro listado,
se llame Delcy o la España del siglo pasado, Eisenhower mediante. Cabe que
malos de antaño, pese a haber empeorado, no consten como malos por malos que
sean para ellos mismos.
Nada puede sorprender, el futuro deparará giros de
guion y, tras cada cual, sonrojará el ridículo de los defensores a ultranza. Y comenzarán los bailes del desdecirse.
Publicado en El Norte de Castilla el 13-01-2026
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