miércoles, 14 de enero de 2026

LOS BAILES DEL DESDECIRSE

 

Foto: Reuters

Si resulta compleja la relación con nosotros mismos, si nos sorprenden -y a veces avergüenzan- nuestras propias reacciones, ya no digo cuando en el asunto se mezclan dos, tres… asombra que pretendamos circunscribir a relatos de buenos y malos, peliculitas de indios y vaqueros -de cuando considerábamos buenos a los vaqueros y malos a los indios-, los entresijos de un mundo enrevesado en el que confluyen una conjunción de historias e Historias dispares, en el que se entremezclan intereses alambicados, en el que los acuerdos y desacuerdos armonizan o corroen cualquier tipo de vínculo. 

El relato oficial, ese que siempre engloba al emisor entre los buenos, diferencia entre ‘malos malísimos’ y ‘malos entre comillas’ a entes -sean personas, países…- semejantes en función de si, además de considerarlo malo en esencia, rinde servicio o se enfrenta al poderoso de turno, de si hablamos de ‘nuestro hijo de puta’ (Franklin D. Roosevelt) o no. Incluso, se justificará -todo lo más, recibirá algún pellizco de monja- al propio cuando su maldad exceda al penúltimo de nuestros límites porque sobre sus antecesores se sobrepasó el último.

Puede, incluso, que el contradictor -no sé, una paisana de Hamlet lejana a comportamientos perversos, sin regir una tiranía ni amparar el narcotráfico, el crimen de Estado…- sea catalogado como tal por conveniencia de quien ostenta el poder y, valga la redundancia, alimenta al testigo, impone la visión universal desde su perspectiva. No será un ‘hijo de puta’ pero convendrá que lo parezca. Nadie soporta sin mácula el escrutinio de una vida pasada.

Cabe que existan malos a los que no se les anota en el listado de malos porque arredran; cabe que descubramos que el propio relator, lo que viene a ser ‘los nuestros’, lo sea. Cabe el salto de uno a otro listado, se llame Delcy o la España del siglo pasado, Eisenhower mediante. Cabe que malos de antaño, pese a haber empeorado, no consten como malos por malos que sean para ellos mismos.

Nada puede sorprender, el futuro deparará giros de guion y, tras cada cual, sonrojará el ridículo de los defensores a ultranza. Y comenzarán los bailes del desdecirse. 

Publicado en El Norte de Castilla el 13-01-2026

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