martes, 10 de febrero de 2026

TURRA PARA DESPISTAR CON EL DEDO

 

Foto: A. Mingueza



En el libro 'El malestar en la cultura', Sigmund Freud considera que la cultura inhibe y orienta los impulsos agresivos, las pulsiones. Una idea que se condensa en una frase –«El primer humano que insultó a su enemigo en vez de tirarle una piedra fue el fundador de la civilización»– comúnmente atribuida al médico austriaco aunque como tal no aparece en ese texto. De esta manera, reflexiona el autor, se posibilita una vida en sociedad, se propicia que la palabra –tanto por la capacidad de ser esgrimida en el momento pertinente, cuanto por su adecuación en la construcción de normas persistentes– garantice una cierta armonía comunitaria. Por contra, apunta Freud, esa pulsión retraída mantiene la potestad de mutar en una incómoda culpa, de horadar nuestro ánimo para introducir una acusada infelicidad.

Dado que las palabras disponen por sí mismas de la facultad de herir, ofender o transmitir en sus significados imágenes de mal gusto, la propia sociedad –llámenlo hipocresía, llámenlo lubricante social– ideó alteraciones verbales para atenuar el filo de algunas expresiones. Eufemismos, lo denominamos. Así, los 'feos', sin adquirir hermosura, nos convertimos en 'poco agraciados'; los 'gordos', sin perder un kilo, en 'fuertes'. El poder, siempre atento, se adueñó del recurso para metérnosla doblada, para edulcorar el despido mediante una 'ajustada regulación de empleo' o suavizar la merma salarial recurriendo al 'ajuste competitivo de los salarios'. En el fútbol, me cuentan –se non è vero, è ben trovato– que Vicente Cantatore, para cuestionar la calidad de un jugador evitando el 'es muy malo', le comentaba al delegado del equipo, Camilo Segoviano, «Fulanito, como futbolista, es muy buena persona». Eufemismo o coña, anuencia o artilugio evasivo de la propia responsabilidad, Víctor Orta pretendió emular al mito blanquivioleta.

En la semana precedente, supongo que para loar la plantilla que él mismo configuró, el director deportivo blanquivioleta adujo que «esta es la plantilla de más calidad humana en mis 20 años de profesional». Cantatore o Summers, en esta plantilla 'To er mundo è güeno'. Completó Orta la semana con un ataque de tribunerismo que le costó una sanción de media docena de partidos. Sanción de la que desconozco el sentido para quien ejerce su labor en el despacho. Visto lo visto, si el correctivo le hubiera inhabilitado –y por anticipado–, algo habría mejorado por la razón de que peor no hubiera podido ir. La posición retrasada de Peter para proteger a Ramón, un central expuesto al viento del lateral, oficio de síntoma del desastre planificador: para cubrir una carencia, se autoanula el potencial ofensivo del rizoso extremo. El Castellón lo agradeció.

La plantilla juega con faltas de 'ortagrafía', apenas muerde por ausencia de 'ortadoncia', cojea en algunas posiciones por no acudir a la 'ortapedia', los futbolistas parecen despistados por el desprecio a la 'ortadoxia' del juego, pierden su lugar por alejarse del 'ortacentro'... Y, como me apunta un amigo, de tanto en tanto nos endosa la 'ortaturra' para que nos fijemos en su dedo.

Ante el dilema Víctor o Victoria, alguien eligió mal.

 Artículo publicado en El Norte de Castilla el 09-02-2026