En el libro
'El malestar en la cultura', Sigmund Freud considera que la cultura inhibe y
orienta los impulsos agresivos, las pulsiones. Una idea que se condensa en
una frase –«El primer humano que insultó a su enemigo en vez de tirarle una
piedra fue el fundador de la civilización»– comúnmente atribuida al médico
austriaco aunque como tal no aparece en ese texto. De esta manera, reflexiona
el autor, se posibilita una vida en sociedad, se propicia que la palabra –tanto
por la capacidad de ser esgrimida en el momento pertinente, cuanto por su
adecuación en la construcción de normas persistentes– garantice una cierta
armonía comunitaria. Por contra, apunta Freud, esa pulsión retraída mantiene la
potestad de mutar en una incómoda culpa, de horadar nuestro ánimo para
introducir una acusada infelicidad.
Dado que las
palabras disponen por sí mismas de la facultad de herir, ofender o transmitir
en sus significados imágenes de mal gusto, la propia sociedad –llámenlo
hipocresía, llámenlo lubricante social– ideó alteraciones verbales para atenuar
el filo de algunas expresiones. Eufemismos, lo denominamos. Así, los 'feos',
sin adquirir hermosura, nos convertimos en 'poco agraciados'; los 'gordos', sin
perder un kilo, en 'fuertes'. El poder, siempre atento, se adueñó del recurso
para metérnosla doblada, para edulcorar el despido mediante una 'ajustada
regulación de empleo' o suavizar la merma salarial recurriendo al 'ajuste
competitivo de los salarios'. En el fútbol, me cuentan –se non è vero, è ben
trovato– que Vicente Cantatore, para cuestionar la calidad de un jugador
evitando el 'es muy malo', le comentaba al delegado del equipo, Camilo
Segoviano, «Fulanito, como futbolista, es muy buena persona». Eufemismo o coña,
anuencia o artilugio evasivo de la propia responsabilidad, Víctor Orta
pretendió emular al mito blanquivioleta.
En la semana
precedente, supongo que para loar la plantilla que él mismo configuró, el
director deportivo blanquivioleta adujo que «esta es la plantilla de más
calidad humana en mis 20 años de profesional». Cantatore o Summers, en esta
plantilla 'To er mundo è güeno'. Completó Orta la semana con un ataque de
tribunerismo que le costó una sanción de media docena de partidos. Sanción de
la que desconozco el sentido para quien ejerce su labor en el despacho. Visto
lo visto, si el correctivo le hubiera inhabilitado –y por anticipado–, algo
habría mejorado por la razón de que peor no hubiera podido ir. La posición
retrasada de Peter para proteger a Ramón, un central expuesto al viento del
lateral, oficio de síntoma del desastre planificador: para cubrir una carencia,
se autoanula el potencial ofensivo del rizoso extremo. El Castellón lo
agradeció.
La plantilla
juega con faltas de 'ortagrafía', apenas muerde por ausencia de 'ortadoncia',
cojea en algunas posiciones por no acudir a la 'ortapedia', los futbolistas
parecen despistados por el desprecio a la 'ortadoxia' del juego, pierden su
lugar por alejarse del 'ortacentro'... Y, como me apunta un amigo, de tanto en
tanto nos endosa la 'ortaturra' para que nos fijemos en su dedo.
Ante el dilema
Víctor o Victoria, alguien eligió mal.