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Imagen tomada de eleconomista.es |
La jota del ‘que sí que, que no que’ tocada sobre el
escenario de la Sala Tercera del Tribunal Supremo al respecto de quién debe
pagar el impuesto por la inscripción de las hipotecas, más allá del ridículo
producido, nos deja sobre las tablas una estrofa verdaderamente preocupante,
aquella que fue escrita en una nota informativa por el presidente de la Sala en
la que, para “dejar sin efecto todos los
señalamientos sobre recursos de casación pendientes con un objeto similar”, utiliza
como cimiento la “enorme repercusión económica y social”. En
realidad, todos hemos entendido el disparate como un eufemismo para, palabrería
mediante, salvar la cara a esa banca a la que la sentencia del Tribunal había
dejado un tanto cariacontecida. Al fin y al cabo ahí, en la cuenta de
resultados bancaria, es donde se concentraba la mayor repercusión económica. La
social, por otra parte, con cierta cautela, eso sí, como siempre que llega una
inesperada buena noticia, se condensó en un ‘dar palmas con las orejas’ de los
miles de potenciales beneficiarios.