miércoles, 8 de abril de 2026

VUELTA COMO HUIDA

 

Foto: A. Ojosnegros

Mi cabeza no me deja más remedio, cada vez que me detengo unos días por el pueblo, ella -que de por sí da vueltas sin parar-, gira su foco de atención y me inunda de unas imágenes que desvían de la temática habitual. No olvido, ¿cómo?, las vicisitudes de un mundo cáustico, quemante de un pasado que aparentaba estable, de una coyuntura amenazante que abre abruptamente un futuro ignoto para el que carecemos de más pista que la propia ausencia de indicios, a excepción de los proporcionados por las miserias de la condición humana. No olvido, claro, pero las emociones, los pensamientos que se arremolinan y me baten se ciernen en ese pequeño espacio en el que fui niño y del que de alguna manera me escapé. Y por primera vez percibo que algo está cambiando. Por rigor apunto que lo reciente no es tanto la percepción como el asiento de esta. El pueblo que recobraba vida apenas unas quincenas en verano, ebulle cada vez más en vacaciones, burbujea muchos fines de semana.

Sabedor de que una tesis consistente no se consolida sobre andanzas que dan razón a nuestras querencias sino con la acumulación de datos que la confirmen, me limito a constatar el hartazgo provocado en mis paisanos por el modo de vida actual de unas ciudades -más cuanto más grandes- en las que la inercia se ha convertido en la fuerza imperativa generadora de los movimientos rutinarios. Una inercia que arrastra cuerpos y esconde vida, que fuerza ritmos y silencia relatos sobre raíces o entorpece sentidos de comunidad.  

Las ciudades, tampoco las muy grandes, no siempre respondieron a este patrón. Pero, al parecer, no me atrevo a garantizar, esta deriva despersonalizadora se impone y son cada vez más las personas que recurren a esta periferia de la periferia en busca del saludo diario, la conversación en las plazuelas, las inopinadas charlas intergeneracionales, los paseos sin destino, las cotidianas cartas o el bingo cotidiano, como excusa para verse y distraerse en común…

Regreso a la ciudad, mi cabeza volverá a sus cosas. Eso sí, cada vez más me aumenta el deseo del retorno. Y sí, ya sé que la realidad rural no es tan bucólica. Pero…

Publicado en El Norte de Castilla el 07-04-2026

 

 

 

  

 

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