Las páginas del
periódico se disocian, se desapegan o como quiera que se denomine ese efecto
consistente en desligar las partes que confluían modelando un todo armónico.
Sí, cada sección se diferenciaba del resto, pero uno, al abrir el diario, tenía
la sensación de enfrentarse a una realidad conformada como una sucesión de círculos
concéntricos, redondeles de más diámetro cuanto mayor fuera el ámbito narrable,
pero anclados al mismo punto. A las noticias referidas a una colisión sin
víctimas o a las declaraciones del alcalde de turno desplegadas en ‘local’ o
‘provincia’ le sucedían las que daban cuenta de la rutina cuasi administrativa
de la política autonómica o de algún hecho de cierta enjundia sucedido en
provincias de la comunidad. Inmediatamente saltábamos a las más floridas
páginas de ‘España’, distintas, pero no tan distantes. Y a ‘internacional’
donde leíamos sobre algún conflicto lejano, alguna amenaza imperial - EE.UU
lleva en guerra la práctica totalidad de su existencia, no puede sobrevivir sin
alimentar el conflicto-, los acuerdos y desacuerdos en la burocrática y
fingidamente cándida UE... Sumemos algún sobresalto de cuando en vez, un poco
(o un mucho) de ’Deporte’, la arrinconada ‘Cultura’ y el periódico se volvía a
doblar con un “mañana será otro día”.
De repente, un
hilo roto descose la cotidianeidad de unas secciones de la tenebrosidad de
otras. Un abismo separa la construcción de la estación de trenes o los
vericuetos de las negociaciones ‘mañuecas’ de la encrucijada civilizatoria en
Irán a la que nos han (hemos) sometido. Un mismo periódico, dos existencias
paralelas.
Tras décadas de
aprendizaje, en esta parte del mundo, al respecto de lo que las cosas deberían
ser, nos asalta la realidad que efectivamente es; nos enseñaron que se cruza
cuando el semáforo está en verde sin prevenirnos de, aun así, mirar previamente
no vaya a ser que un coche se lo salte. El todo vale para obtener lo que se
pretende se va de las manos, en lo del ‘todo vale’ y ‘en lo que se
pretende’.
“Comeremos
mierda”, concluían los optimistas. ¿Ya habrá para todos?, interpelaban los (no
tan) agoreros. Y doblamos el periódico sin certezas de que mañana vaya a ser
otro día.
Artículo publicado en El Norte de Castilla el 24-03-2026