lunes, 30 de marzo de 2026

EL ¿Y SI ESTA VEZ SÍ? RESPONDE ‘NO’

 

 Foto: Carlos Espeso

En uno de esos mentideros cibernéticos constituidos en torno a cualquier tipo de afinidad grupal, algún miembro daba por sentado que la obligada ausencia de Peter Federico traería consigo el pan debajo del brazo de la restitución de Alejo a la posición de extremo derecho. Cabía otra opción, claro: que el vallisoletano se mantuviera en el lateral y en la vacante del sancionado se desempeñara otro jugador. Más cábalas, más manduca para el mentidero.

Las premisas de contexto recordaban que el jugador hispano-dominicano no aparecía en la alineación titular del enfrentamiento anterior, la del mustio partido de Miranda. Pero del movimiento rectificador de Escribá aquella tarde –la devolución a Peter del puesto de extremo diestro, el acercamiento de Chuki al centro de la ofensiva– quisimos entender que el entrenador pucelano había admitido la certeza asumida por toda la ciudad futbolera: la prestancia del de 'la Vitoria' se capitidisminuye cuando se le deporta a la banda. Quisimos entender. Olvidamos, sin embargo, aquel enunciado escrito por el francés Alphonse Karr y que ya apareció en esta ventana referido al escaqueado Almada: «Nos gusta llamar testarudez a la perseverancia ajena, pero le reservamos el nombre de perseverancia a nuestra testarudez». Y Escribá, erre que erre, perseverante desde su punto de vista, inmoló de nuevo a Chuki en el costado. Y resolvió el debate sobre si Alejo jugaría de lateral o de extremo enviándolo al banquillo.

Conocemos tan solo la realidad acontecida. El recurso de la ucronía aporta dosis de consuelo siquiera porque tiende a darnos la razón: al fijar el punto de partida en una modificación alentada por nuestra querencia, insertamos la realidad alternativa deseada, el final feliz convenido con nosotros mismos. Carece de sentido, pues, invocar vanas certidumbres alrededor de 'qué hubiera ocurrido si...'. Ahora bien, resulta complicado estimar que cualquier propuesta esperada hubiera empeorado la que nuestros ojos han contemplado. En medio de estos tostones, siempre me asalta el retruécano del inicio de la novela de Dickens 'Historia de dos ciudades' –«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos»– cuando no puedo evitar contraponer el fútbol al fútbol: qué hermosas y qué espantosas versiones abarca.

Me preguntaba hace apenas tres semanas «¿y si esta vez sí?» espoleado por el esperanzador arranque de la etapa Escribá. Mantengo el sí, porque la dinámica previa desahuciaba. Porque con los puntos logrados se puede tejer un salvavidas. Hasta ahí. No hay más. Salvar el culo, sobrevivir, como única esperanza. Puntos logrados, anoto, a partir de un juego en el que, antes de conseguir los resultados, destacaba la forma de alcanzarlos. A la «primavera de la esperanza» de una ciudad, le sucede «el invierno de la desesperación» de la otra. Un canto a la monotonía, una oda a la nada. Tiempo de ucronías en busca de desahogos, de futuros menos imperfectos, de que se den por cumplidas las escasas expectativas que se mantienen: las de no caer aún más abajo.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 29-03-2026

 

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