miércoles, 17 de junio de 2026

BAJAS MIRADAS

 

Foto: Ep

Se acabó la guerra entre los Estados Unidos e Irán. Al menos, ambos países han anunciado un acuerdo. Una buena noticia, un rictus de preocupación. Que se detengan las hostilidades, a excepción de para quienes sustentan riqueza y poder en el negocio armamentístico, supone motivo de regocijo. Pero el contexto, ay, el contexto, impide la celebración. Por un lado, la historia de la cabeza imperial -y la de su aliado en estas contiendas- demuestra una desacomplejada adicción bélica. Por otro, se mantiene vigente la alerta que el presidente de China, Xi Jinping, anunció al de los Estados Unidos, Donald Trump: ‘La trampa de Tucídides’, la explicación del historiador griego que 2500 años atrás relató cómo el progreso de Atenas/China generó el miedo de Esparta/Estados Unidos desatando la Guerra del Peloponeso. Acaba la guerra, pero no la sensación de que asistimos al preámbulo del abatimiento de un nuevo Francisco Fernando, al instante previo a la chispa que detonará la hecatombe. Eso sí, cosas del corrimiento de los poderes, el baleado no será archiduque ni europeo.

A otro nivel, bajando la mirada, el teatro patrio sustenta sus representaciones en el triste desempeño de los correspondientes representantes -los depositarios del poder ejecutivo y sus entornos- ante sus representados. ¿Qué les queda a estos cuando pretenden defender electoralmente un modelo garantista de estructura social cobijadora? La antisepsia, en estas circunstancias, resulta demasiado insuficiente ante heridas extensas y profundas. Lamentable orfandad. ¿A quién votan quienes consideran desalmada la expulsión masiva de emigrantes, los pacientes oncológicos que temen los abrazos de dirigentes locales con los Mileis de turno, las apologías de las teologías de la prosperidad?

La mirada más abajo nos presenta a un Mañueco presidencial. Entusiasmo de la nada, no solo por la continuidad sino por la asunción de que no aspiramos a más que la gestión de esa nada. Tan nada, que la propia población, aun consciente de ella, la sigue eligiendo ante su alternativa de menos que nada.

Quien ha reclamado alzar la mirada, el papa Prevost, tuvo que marcharse abrumado de España. A nadie complació, todos le aplaudieron. Al menos, ninguno le acusó de pretender dividir esta comunidad en dos con la elección del nombre pontifical: mucho mejor hubiera sido Castilla y León XIV.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 16-06-2026

miércoles, 3 de junio de 2026

LA NOTA DE CORTE

 

Foto: José C. Castillo

Una nota, un número adosado, una aspiración viva o un anhelo que se desvanece. Una centésima delinea la frontera entre un éxito o un fracaso autoinfligido. La Selectividad -perdón, hablo en pesetas- como linde inexistente entre la dicha por poner el pie en la carrera que a buen seguro (de eso me han convencido, en eso he construido el relato de mi futuro) me garantizará la felicidad y la desventura de sentir el fracaso, el amargor de asumir una vida, de tan distante a lo soñado, un poco ajena. Una presión insoportable. Una competencia contra sí mismo -surgida de un modelo que casi desde la cuna nos configura con las etiquetas ‘winners and losers’, ganadores y perdedores- con poder destructor. Como si supiéramos, con la vida recién estrenada, dónde únicamente sí merece la pena y dónde solo cabe la resignación.    

‘Winners and losers’ para todo, tiempos donde los ‘losers entre los losers’, los que a simple vista discuerdan de lo que el imaginario define (impone) como ‘ser de aquí’, no caben en el territorio. El ‘winner’ por acogerse a una ‘prioridad nacional’ acota un primer rechazo que le permite mantenerse en el equipo ‘de los buenos’ junto a una mayoría. Se erige exponente de esa mayoría inicial a la que se le pretende instalar una mentalidad de víctima para que reaccione ofendida ante la minoría excluida. La historia recuerda que, posterior e inexorablemente, el pretendido ganador tornará a perdedor de consecutivos repudios. Así, quienes gracias a ellos alcanzaron el poder, planteando otra acotación de ‘prioridad’ que sonará bien aún a muchos, aplicarán a los ahora señalados las mismas recetas que, mirando hacia abajo, ellos habían exigido antes para otros. Ha sido así tantas veces… Niemöller, ¿recuerdan? Primero fueron tales, pero yo no era. Círculos concéntricos que solo preocupan cuando desaparece el trazo del que nos cobijaba por detrás.  Prioridad nacional, bosquejo de un ‘nacionalindividualismo’, un lazo ficticio de identidad que encubre el ‘sálvese quien pueda’. Una planta que crece fertilizada por el nitrógeno procedente de la inmundicia de un presente que, en los espacios de decisión, apesta.

La chavalería atosigada ahora por la Selectividad tendrá la siguiente palabra. Suerte.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 2-06-2026

 

martes, 2 de junio de 2026

FIN…POR FIN

 

Foto: Marian León


Semana arriba, semana abajo, en idéntica tesitura, el año pasado por estas fechas me acordaba de mi tío Pedro, el cura hermano mayor de mi madre que, aprovechando el descanso veraniego, sustituía al párroco titular. Recapitulo: tan larga y tediosa resultaba la liturgia eucarística por él celebrada que los feligreses, como respuesta a la despedida «podéis ir en paz», circunscribían el 'demos gracias a Dios' a una exclamación de alivio, a un clamor de desahogo, a un ostensible 'gracias a Dios' que aunaba el compromiso de aguantar hasta el final con el afán de que terminase. 'Gracias a Dios' podemos replicar al silbatazo del árbitro que dio por concluida esta temporada, la segunda de la agonía; como lo pudimos exclamar tres fines de semana atrás cuando el Pucela –'¿habrá otro –entre sí decía– más pobre y triste que yo?'– 'el rostro volvió y halló la respuesta' en ese Zaragoza que recogía las hierbas que los blanquivioletas arrojaban. Desde entonces, tres partidos, tres celebraciones ajenas, que hemos sentido como tres responsos añadidos a la inmisericorde temporada. Tres semanas de nada, para nada y por nada... por nada más que cumplir el expediente, para evitar así los preceptivos castigos por incomparecencia limitando la presencia a lo somático, lo estrictamente corpóreo. Porque de aquello de 'en cuerpo y alma' como alegoría del esfuerzo, del compromiso, poco quedó tras aquel partido referido, tras aquel suspiro que espantaba al miedo. Desde entonces, la afición del Pucela permanece callada. Y en este caso no cabe inferir que el que calla otorga. Más bien, el silencio es la respuesta. La respuesta por lo pasado, la tensión de la expectativa por lo venidero.

 

Así, desenganchados de la tensión presente, pendientes de todo menos del fútbol, el mutismo solo se rompe con grotescos lamentos a peripecias irrelevantes ajenas al propio devenir del equipo. Sea como ejemplo que el copresidente haya tenido que justificarse por acudir a un estadio para disfrutar de un partido ajeno a los del Pucela. Una protesta, minoritaria, pero protesta, que cuestiona más la situación que el hecho concreto. No deja de ser una réplica de lo mil veces ocurrido: si el equipo sobrepasa las expectativas, el aficionado se fotografía con el futbolista que se encuentra de fiesta a las tantas de la madrugada en vaya usted a saber qué local; si se amontonan las derrotas, se acusa al jugador –entre calificativos más sonoros– de mercenario. Resulta difícil encontrar un terreno en el que la inestabilidad emocional se prodigue tanto como en el fútbol. Acudiera para disfrutar de otro equipo, para acompañar a otra persona o confundido por un sintagma polisémico (al escuchar a Mbappé hablar de 'cuarto delantero' pudo creer que, en vez del escalafón atacante, se refería a la más sabrosa de las partes en que se divide al lechazo), Solares –agua o terrenos destinados para edificar– asistió a donde le pareció, porque quiso y sin cometer, que se sepa, delito alguno.

Volvamos a lo sustantivo, al fútbol en este caso. La temporada ha ofrecido una barbaridad de limones. En estos casos corresponde preparar una limonada. Es lo que hay y desde aquí se parte. Lo demás, será engañarnos. Al punto final del episodio de la temporada le sucede un punto que esta vez no deberá ser ' y seguido' sino 'y aparte'. Conviene reflexionar antes de continuar con la escritura.

Por mi parte, un placer compartir esta ventana con ustedes. Cada jornada, cada temporada.... Y van dieciocho. Nos hacemos viejos.


Artículo publicado en El Norte de Castilla el 1-06-2026