miércoles, 3 de junio de 2026

LA NOTA DE CORTE

 

Foto: José C. Castillo

Una nota, un número adosado, una aspiración viva o un anhelo que se desvanece. Una centésima delinea la frontera entre un éxito o un fracaso autoinfligido. La Selectividad -perdón, hablo en pesetas- como linde inexistente entre la dicha por poner el pie en la carrera que a buen seguro (de eso me han convencido, en eso he construido el relato de mi futuro) me garantizará la felicidad y la desventura de sentir el fracaso, el amargor de asumir una vida, de tan distante a lo soñado, un poco ajena. Una presión insoportable. Una competencia contra sí mismo -surgida de un modelo que casi desde la cuna nos configura con las etiquetas ‘winners and losers’, ganadores y perdedores- con poder destructor. Como si supiéramos, con la vida recién estrenada, dónde únicamente sí merece la pena y dónde solo cabe la resignación.    

‘Winners and losers’ para todo, tiempos donde los ‘losers entre los losers’, los que a simple vista discuerdan de lo que el imaginario define (impone) como ‘ser de aquí’, no caben en el territorio. El ‘winner’ por acogerse a una ‘prioridad nacional’ acota un primer rechazo que le permite mantenerse en el equipo ‘de los buenos’ junto a una mayoría. Se erige exponente de esa mayoría inicial a la que se le pretende instalar una mentalidad de víctima para que reaccione ofendida ante la minoría excluida. La historia recuerda que, posterior e inexorablemente, el pretendido ganador tornará a perdedor de consecutivos repudios. Así, quienes gracias a ellos alcanzaron el poder, planteando otra acotación de ‘prioridad’ que sonará bien aún a muchos, aplicarán a los ahora señalados las mismas recetas que, mirando hacia abajo, ellos habían exigido antes para otros. Ha sido así tantas veces… Niemöller, ¿recuerdan? Primero fueron tales, pero yo no era. Círculos concéntricos que solo preocupan cuando desaparece el trazo del que nos cobijaba por detrás.  Prioridad nacional, bosquejo de un ‘nacionalindividualismo’, un lazo ficticio de identidad que encubre el ‘sálvese quien pueda’. Una planta que crece fertilizada por el nitrógeno procedente de la inmundicia de un presente que, en los espacios de decisión, apesta.

La chavalería atosigada ahora por la Selectividad tendrá la siguiente palabra. Suerte.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 2-06-2026

 

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