
Con la cena sin apenas digerir, en cuanto hayamos
comido la última uva al ritmo del reloj de la Puerta del Sol, se
cumplirá el medio siglo de aquella sarta de astracanadas englobadas en
el infamante título de ‘Veinticinco años de paz’ que fueron ideadas y
dirigidas por Manuel Fraga para que sirvieran como un panegírico del
régimen franquista. Con los cuerpos aún calientes del fusilado Julián
Grimau y de Francisco Granados y Joaquín Delgado pasados por el garrote
vil, con el Siniestro Tribunal de Orden Público recién parido, el
entonces ministro de Información y Turismo hizo suyo el encargo de
ofrecer ante la ciudadanía (la propia y la exterior) una cara amable de
la dictadura. Barrida durante la guerra la España republicana,
silenciados en la posguerra los rescoldos de oposición, se hacía
necesario esgrimir una sonrisa y dirigir un verbo conciliador que
escondiera los cadáveres bajo la alfombra.