lunes, 16 de marzo de 2026

Y QUE LE DEN AL TAL MURPHY

 

Foto: Rodrigo Jiménez

No precisaré quién, porque anhelo volver y no pretendo arriesgarme a soportar aviesas miradas cada vez que nos crucemos, pero la última vez que fui a mi pueblo, al coincidir en la calle con la persona referida, me saludó alzando un poco el brazo a la vez que articulaba un estruendoso «ehhhh, Juaqui» gutural. Como corresponde a cualquier encuentro –al menos en esa parte de la Castilla rural–, mi devolución del saludo consistió en repetir la fórmula escuchada, vocativo incluido. Así, al «apa», le responde un «apa»; al gesto silencioso, un gesto silencioso, y al «buenas tardes, Fulano», un «buenas tardes, Mengana». Viene al caso aquella situación porque la interlocutora siempre ha vivido en esa comunidad central. Allí dirige una oficina bancaria. Allí la supongo estrictamente formal –en lenguaje y gesticulación– adecuando las palabras y las formas a cada cliente.

 

Allí. Pero una vez que deja atrás el pinar que antecede al cementerio, que a su vez precede al pueblo, se sitúa aquí y modifica el registro: la educación altera su apariencia, el paisanaje precisa menos formalismos, el cuerpo le pide otra cosa. Al fin y al cabo, cada lugar, cada momento, requiere un lenguaje y un proceder.

El Pucela de Escribá anda en ello. De la primera parte –en cada lugar–, el equipo ha progresado más que adecuadamente. Tan cierto es que la perceptible mejora, pese a su aspecto integral, se sostiene en la fase ofensiva como que la defensa carece de fiabilidad, como que apenas soporta las embestidas rivales. Pero al menos el equipo no se pierde en filigranas. A un defensa –en la zona trasera del campo– se le exige un expeditivo «ehhhh, balón», y así saluda al delantero rival. Al centrocampista –cuando recibe alejado de una y otra portería– se le demanda una seductora «buenos días, señora pelota, adelante» y de esta manera conduce, dirige, aproxima y facilita. Al delantero –en esa circunstancia de apremio por cercanía al portero rival– se le reclama un concluyente «siéntese y firme aquí», una acomodación definitiva que cierre el contrato entre la pelota y la red. Hasta el defenestrado Latasa ha encontrado con el técnico valenciano la forma de adecuar sus características al juego del equipo. Y no lo digo tanto por el gol como por su intervención en el de Marcos André.

De la segunda –en cada momento–, ¡ay!, no albergo aún garantías. De la misma forma que en Málaga el Pucela no encontró la respuesta adecuada al empellón inicial de un local que acudía altanero a la cita empujado por su dinámica de juego y resultado, ante el Leganés los blanquivioleta –tras una relevante primera mitad– se despersonalizaron tras el descanso. La exigua ventaja entreveró vetas de desconfianza que atenuaron la mordiente e indujeron la indecisión hasta difuminar el juego en la indefinición. No supo el Pucela si le correspondía ser gato o ratón, caballo o caballero, chicha o 'limoná'. Y a punto estuvo de pagarlo. Pero al igual que antes la cosa estaba en que no, ahora la respuesta siempre conduce al sí. Y que le den al tal Murphy. «Ehhhh».

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 15-03-2026

 

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