Tras uno de los últimos partidos de la
espasmódica temporada, ante la sensación de pérdida de rumbo con la que
deambulaba el Pucela, me refugié en la letra de unos tangos de Enrique Morente para
exponer el ansia, la desesperación, por ubicar el viento que impulsara con
tino: «Si yo encontrara la estrella que me guiara, /yo la metería muy dentro de
mi pecho». Apenas cien días después, podemos aferrarnos de nuevo a otros
desgarrados tangos flamencos de Morente. En el 83 de la centuria ya pasada, el
cantaor granaíno publicó el álbum 'Cruz y luna'; en él pudimos encontrar la
versión musicalizada del poema 'Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios
por fe', escrito cuatro siglos atrás por San Juan de la Cruz, unos versos más
conocidos por el estribillo 'aunque es de noche'.
El 'es de noche' se cernió sobre nuestras cabezas en
cuanto el Cádiz se adelantó en el marcador. Viniendo de donde se viene, resulta
complicado que nuestras inercias se aventuren en pos de un escenario alentador.
El estímulo del ánimo se ha de imponer de forma racional –pese a que la razón
no encuentre argumentos–, la esperanza sobrevive como parte del instinto de
conservación. El dolor, el temor, la duda, la devastación interna... se
alimentan de una realidad demasiado tozuda, incapaz de desmentir la concatenación
de malos agüeros.
Escribía unos renglones más arriba que podemos
aferrarnos a estos tangos, a estos versos. El 'aunque', como buena conjunción
concesiva, introduce un escollo, una cuña que impide a la noche descarriarnos
pese a la oscuridad absoluta: «Qué bien sé yo la fuente que mana y corre».
Puede que «Aquella eterna fuente está escondida», pero «Qué bien sé yo por fe
la fuente fría». Y ahí aparece la palabra clave, la fe, el convencimiento en
que este equipo, pese al inicio –me proveo de eufemismos– vacilante, dispone de
instrumentos para sobreponerse. Al fin y al cabo, algún indicio respalda la
concesión: salvo un rato en Mallorca, ninguno de los tres rivales se ha
mostrado superior a los blanquivioleta. Incluso, los dos últimos, Eibar y
Cádiz, exhibieron un nivel aparentemente de menor enjundia. Eso sí –trabajo y
voluntad–, ambos lucieron más automatismos ofensivos, ambos imprimieron mayor
determinación en los duelos.
Como a los futbolistas de la plantilla y a buena
parte de la afición aquel 83 les puede sonar antediluviano, podrán encontrar
una versión mucho más cercana, de 2017, interpretada por Rosalía: la misma
letra, una estética tan desgarradora pero más personal, en la que cada segundo
rezuma angustia, dolor personal sin dejar de insistir en el 'aunque'.
Un 'aunque' que bien puede ser el gol del
empate, el primer gol, el primer punto «En esta noche oscura», «En este vivo
pan por darnos vida». Al fin y al cabo, mi casi paisano, el medio fraile
fontivereño Juan de la Cruz, al igual que nuestro técnico de cabecera, se
apellidaba Yepes, digo yo que algo sabría de fútbol.
Publicado en El Norte de Castilla el 31-08-2026