Hemos dormido sobre el lecho de una Historia bastarda, hija de
usurpadores armados que, sintiéndose depositarios eternos de la tierra,
asesinaron a los hombres y después a su memoria. Hemos silenciado sus
recuerdos en el mismo baldón en el que fueron fusilados sus sueños.
Hemos escondido en el estómago el veneno del mordisco de una víbora que
seguía viva cada amanecer. Hemos visto gente que sufre y calla dolor
pero ya no miedo, que no sólo “desea su pan, su hembra y la fiesta en
paz”. El tiempo de jarcha ha concluido; no hay rencor de viejas deudas
pero no se puede vivir sobre el silencio, hijo del miedo, cómplice del
terror. No hay ira, pero tampoco libertad mientras perviva el ultraje
del olvido, de la desmemoria interesada, de una sangrante herida
falazmente cicatrizada. Construir los cimientos del nuevo edificio de la
concordia sobre viejas literas de muertos desarropados del calor de una
flor es garantía de ruina. Ha llegado el día de lavar su honra: fueron
ejecutados y comidos por los gusanos lejos de su hogar, fueron exiliados
y probaron el amargor del pastel que no se puede comer en casa, fueron
personas de bien. Que puedan descansar, por fin, en paz.
Blog sin más pretensión que la de poner un poco de orden en mi cabeza. Irán apareciendo los artículos que vaya publicando en diversos medios de comunicación y algunas reflexiones tomadas a vuelapluma. Aprovecharé para recopilar artículos publicados tiempo atrás.
martes, 26 de octubre de 2004
REALIZACIÓN PERSONAL
Dejamos jirones de existencia en las fábricas para comprar otro coche
-jamás lo suficientemente grande- que nos embale al mismo atasco, para
pagar el piso que nunca termina de ser nuestro... para satisfacer tanta
estúpida necesidad creada artificialmente y nos alaban. El discurso
oficial insinúa que ese es el camino de la realización personal,
que estamos progresando. El trabajo, un intercambio de actividades que
nos debería permitir vivir a todos, se ha convertido en nuestra mortaja y
su reparto nos subordina por nuestro miedo, mansedumbre o complicidad;
hablar de derechos es un ritual pleistocénico. Hemos organizado nuestras
vidas para el trabajo, guarderías para aparcar al niño, asilos para
almacenar al viejo improductivo, planes de estudio que forman empleados
dóciles, ciudades para que el coche nos conduzca a la fábrica y al
comercio. Sin espacio, sin tiempo... sin alternativas. Dimitidos de
nuestra responsabilidad como ciudadanos libres, nuestro traje es el de
consumidores, contribuyentes o cuerpo electoral; nos hemos transformado
en masa, burda masa complaciente, devoradora de imprescindibles
vacuidades. Vendimos nuestra libertad por un salario. Vendimos nuestra
libertad.
PRENSA DEPORTIVA
La
objetividad de un periódico es un camelo, una entelequia. Y si fuera
posible no sería conveniente, sólo encontraríamos una cabecera. El
periodista que se escuda en la objetividad es una farsante, en el mejor
de los casos nos narrará su visión-versión de los hechos, en el peor nos
encontraremos con el relato que le interesa al patrón, la moto que le
venda la parte interesada o la necedad que crea que usted quiere leer.
Más la subjetividad no debe cruzar la línea Maginot del respeto y la
prensa deportiva la desborda asiduamente. El “As” con un madridismo
ramplón, de ópera bufa, “El Mundo Deportivo” y el “Sport” encendidamente
culés con un ojo puesto en las inmediaciones del Bernabéu, puro
complejo y el “Marca” cuyo dominio del mercado les impulsa a sentirse
poseedores de una verdad absoluta inexistente, una prepotencia que les
conduce a ridiculizar al modesto y un patrioterismo xenófobo plasmado en
titulares como “leña al moro” o “moro, plata y bronce” refiriéndose al
atleta El Guerrouj. Vender más te hace más rico no necesariamente mejor.
BANDERITA
Me vienen a la memoria las sobremesas de los sucesivos julios del
primer lustro de los noventa. Momentos proclives para la siesta o la
partida arropada con un buen café fueron suplantados por la televisión.
Un mocetón, así le llamábamos en mi pueblo, nos mostró la geografía gala
con su majestuoso pedalear.
Los que nos recreábamos en esas tardes de canícula oíamos y leíamos superlativos hiperbólicos que trataban de definir cada golpe genial asestado al resto del pelotón por ese mozo que a lomos de su bici había alisado los Pirineos y mostrado franco el camino a Europa. A este lado de los pirineos ya no éramos tan bajitos.
Despedazó el estereotipo de ciclista formado en España: los Bahamontes, Julito Jiménez, Ocaña, Tarangu, Delgado....tan geniales como imprevisibles. Tan capaces de dejar sin resuello al más pintado como de llegar tras el coche-escoba. Hizo añicos de las proezas de todos ellos y ascendió a los altares donde convive con los mitos imperecederos del ciclismo.
Años después, los epítetos de admiración recaen sobre otro ciclista que, tras superar un cáncer en los testículos, reúne fuerzas suficientes para conseguir un brillante palmarés en las mismas carreteras.
Ambos nombres hoy aparecen en dos listas: la de los deportistas que consiguieron emocionarnos con sus hitos y en la de la sospecha.
La cruzada hipócrita que comenzó hace dos años tiene a ambos en el punto de mira. Sin embargo, mientras los medios de comunicación vilipendiamos al denunciante Thomas Davy por tomar el nombre de Induráin en vano hemos sembrado la sombra de la duda en el caso de Lance Armstrong.
La mano que mece la pluma debería olvidar la banderita antes de escribir negro sobre blanco.
Los que nos recreábamos en esas tardes de canícula oíamos y leíamos superlativos hiperbólicos que trataban de definir cada golpe genial asestado al resto del pelotón por ese mozo que a lomos de su bici había alisado los Pirineos y mostrado franco el camino a Europa. A este lado de los pirineos ya no éramos tan bajitos.
Despedazó el estereotipo de ciclista formado en España: los Bahamontes, Julito Jiménez, Ocaña, Tarangu, Delgado....tan geniales como imprevisibles. Tan capaces de dejar sin resuello al más pintado como de llegar tras el coche-escoba. Hizo añicos de las proezas de todos ellos y ascendió a los altares donde convive con los mitos imperecederos del ciclismo.
Años después, los epítetos de admiración recaen sobre otro ciclista que, tras superar un cáncer en los testículos, reúne fuerzas suficientes para conseguir un brillante palmarés en las mismas carreteras.
Ambos nombres hoy aparecen en dos listas: la de los deportistas que consiguieron emocionarnos con sus hitos y en la de la sospecha.
La cruzada hipócrita que comenzó hace dos años tiene a ambos en el punto de mira. Sin embargo, mientras los medios de comunicación vilipendiamos al denunciante Thomas Davy por tomar el nombre de Induráin en vano hemos sembrado la sombra de la duda en el caso de Lance Armstrong.
La mano que mece la pluma debería olvidar la banderita antes de escribir negro sobre blanco.
M.A.R.EMOTO
Algún entrenador de equipo modesto, cuando han de enfrentarse a uno de
nivel teóricamente superior, para insuflar las dosis de moral necesarias
a los futbolistas, suelen utilizar un socorrido argumento “jugamos once
contra once” tratando de crear la sensación de igualdad, a priori,
inexistente. Jorge Valdano adorno el eufemismo “el fútbol es un deporte
en el que juegan once contra once y al final gana Alemania”. Muchísimo
antes, Helenio Herrera aseveró que “con diez se juega mejor que con
once” aunque, a pesar de ello, sus equipos alinearon de inicio siempre a
los once permitidos. Pero, al fin, en cualquiera de las tres románticas
afirmaciones presupone que el resultado final de un partido era algo
que se decidía en el campo de juego.
Esto nunca ha sido tan así, los equipos con más medios tenían mejores jugadores y por tanto ganaban casi siempre pero además contaban con alguna prebenda, pongamos por caso, arbitral que en ocasiones falseaba lo que el puro juego hubiera resuelto. Se han dado, y se dan, casos a lo largo de la historia de clubes identificados con regímenes políticos que eran utilizados como imagen y eran privilegiados respecto al resto. Como en el resto de las actividades, la cercanía al poder, multiplica el número de goles marcados. Haciendo una síntesis entre Boskov y Ortega podríamos decir que fútbol es fútbol y su circunstancia.
Hoy, los clubes de fútbol, son empresas que manejan ingentes cantidades de dinero. Los éxitos deportivos aseguran la bondad de los balances económicos de los gestores. La cercanía al poder facilita, en buena medida, esa labor empresarial.
Es la única razón que se me ocurre para comprender la surrealista incorporación, a la directiva del Real Valladolid, de ese muñeco de guiñol que un día fue portavoz del gobierno de celtiberia.
Ceder parte de la labor directiva a quien hubo de ser despedido de su cargo en la Secretaría de Estado de Comunicación por su capacidad para generar un problema donde había una solución es una apuesta incomprensible desde un punto de vista estrictamente futbolístico.
Ha llegado el momento de marcar goles con la mano y el más tonto hace relojes de madera que andan.
Esto nunca ha sido tan así, los equipos con más medios tenían mejores jugadores y por tanto ganaban casi siempre pero además contaban con alguna prebenda, pongamos por caso, arbitral que en ocasiones falseaba lo que el puro juego hubiera resuelto. Se han dado, y se dan, casos a lo largo de la historia de clubes identificados con regímenes políticos que eran utilizados como imagen y eran privilegiados respecto al resto. Como en el resto de las actividades, la cercanía al poder, multiplica el número de goles marcados. Haciendo una síntesis entre Boskov y Ortega podríamos decir que fútbol es fútbol y su circunstancia.
Hoy, los clubes de fútbol, son empresas que manejan ingentes cantidades de dinero. Los éxitos deportivos aseguran la bondad de los balances económicos de los gestores. La cercanía al poder facilita, en buena medida, esa labor empresarial.
Es la única razón que se me ocurre para comprender la surrealista incorporación, a la directiva del Real Valladolid, de ese muñeco de guiñol que un día fue portavoz del gobierno de celtiberia.
Ceder parte de la labor directiva a quien hubo de ser despedido de su cargo en la Secretaría de Estado de Comunicación por su capacidad para generar un problema donde había una solución es una apuesta incomprensible desde un punto de vista estrictamente futbolístico.
Ha llegado el momento de marcar goles con la mano y el más tonto hace relojes de madera que andan.
DE SANTIAGO A FLORENTINO
Santiago
Bernabéu presidía al Madrid como a su casa, Florentino Pérez lo preside
como a su empresa. Bernabéu registraba “hasta la última peseta” en una
libretita, Pérez se rodea de un equipo ejecutor de la política
económica del club y el se reserva los dictámenes de mayor
trascendencia. El uno consiguió que la Federación Española de Fútbol
urdiese un quiebro al destino y Alfredo Di Stéfano recalase en Madrid,
el otro conseguirá, en conchabeo con el Ayuntamiento, solventar los
problemas de liquidez del club valiéndose de alguna maniobra
recalificatoria con los terrenos de la Ciudad Deportiva.
Representan lo mismo, son lo mismo pero sus actuaciones nada tienen que ver. Como el Conde de Lampedussa en “el Gatopardo” cambian todo para que todo permanezca igual.
Esta, en esencia, ha sido la común trayectoria del poder económico en España. De la libretita y vender porteros automáticos en las cacerías (genial Berlanga) hemos pasado al estilo Wall Street. De lo paleto a lo global. Y el poder económico no desandaría este camino, desde luego. Nunca han estado mejor que hoy, nunca han tenido más poder que hoy.
Y la oposición, pretendidamente de izquierdas, les llama franquistas a los pretendidamente de centro. No se han enterado, Bernabéu murió en la cama hace aproximadamente 25 años, muchos de los aficionados creen que Santiago Bernabéu es un estadio y hoy, como ayer, el Madrid se juega la Intercontinental.
Representan lo mismo, son lo mismo pero sus actuaciones nada tienen que ver. Como el Conde de Lampedussa en “el Gatopardo” cambian todo para que todo permanezca igual.
Esta, en esencia, ha sido la común trayectoria del poder económico en España. De la libretita y vender porteros automáticos en las cacerías (genial Berlanga) hemos pasado al estilo Wall Street. De lo paleto a lo global. Y el poder económico no desandaría este camino, desde luego. Nunca han estado mejor que hoy, nunca han tenido más poder que hoy.
Y la oposición, pretendidamente de izquierdas, les llama franquistas a los pretendidamente de centro. No se han enterado, Bernabéu murió en la cama hace aproximadamente 25 años, muchos de los aficionados creen que Santiago Bernabéu es un estadio y hoy, como ayer, el Madrid se juega la Intercontinental.
EUSEBIO
Miércoles,
20 de mayo de 1.992, cerca de las once de la noche, estadio de Wembley.
Desde el borde del área, unos metros escorada a la derecha de la
portería, se produce una falta. Ronald Koeman lanza con fuerza y
precisión y el balón embiste a la red. Delirio en azulgrana. Foto
histórica de una histórica deuda saldada. Recordamos al irascible
Stoichkov, al austero Zubizarreta, al genio Laudrup, al imberbe
Guardiola... pero pregunten a quien le hicieron esa falta, germen del
gol, casi nadie recordará a ese futbolista que no era fuerte, no corría
mucho, no sabía regatear, no iba bien de cabeza, no marcaba goles y sólo
se le notaba cuando no estaba. Muchos de los que vieron aquel partido
dudarían incluso si jugó.
Ese
es su estilo, jugar sin hacer ruido, sin dejar un resquicio a la
demagogia, tan de moda hoy en el fútbol. Nunca una carrera inútil y a la
vez nunca escatimó esfuerzo alguno, siempre en el lugar preciso para
cortar, mirar y pasar. Su apariencia menuda le convirtió en sospechoso,
su juego mató la sospecha e hizo carne el verbo de Ángel Cappa “el
atleta cuando llega acaba, el futbolista cuando llega empieza”.
Austero,
fiel reflejo da la Castilla Machadiana “al fin aquí me tenéis, ligero
de equipaje”, Eusebio ha sido capaz de jugar quinientos partidos en
primera división devolviéndonos el juego perdido, ese fútbol sin
aditivos, güisqui sin soda, sexo sin boda, ese buen vino que con el
tiempo sólo puede mejorar.
Un
recuerdo en estos tiempos de desmemoria, su regreso al Nou Camp. Todos
los espectadores, de pie, le aplaudieron a rabiar cuando fue sustituido.
El azar quiso que ese partido acabase con triunfo del R. Valladolid,
naturalmente el gol lo marco él.
Nadó
contracorriente y lejos de ahogarse nos ha dado quinientas lecciones.
Hemos disfrutado del fútbol y hemos aprendido a vivir. Gracias.
GLOBALIZACIÓN
Globalización
es la palabra de moda. Pretende definir un mundo casi ideal en el que
todo fluye con más fuerza y velocidad que las aguas, tras una riada,
buscando su cauce original.
Pretenden, los panegiristas del fin de las ideologías, convencernos (vencernos) de las bondades de esta nueva economía en la que la información y los capitales se desplazan con vertiginosos movimientos de cintura y en tiempo real podemos adquirir un paquete de acciones en Canadá o conocer el resultado de cualquier partido de fútbol australiano a la par que los asistentes al estadio.
El resultado, paradójicamente, es el inverso. Tanta globalización desvirtúa los procesos globales. Hundido el artesano y sentenciado a muerte el agricultor nadie tiene ante si procesos completos de producción. Quien, hoy tiene la suerte de poder trabajar, realiza una mísera parte de un proceso productivo que ignora, sólo me interesa mi tornillo.
La concentración en urbes traslada esta paradoja a las relaciones cotidianas. La estructura social de las ciudades no permite relaciones intergeneracionales más allá de las marcadas por vínculos jerárquicos padre-hijo, profesor-alumno...... Hemos robado a los chavales la posibilidad de contemplar la vida como un discurrir y la hemos presentado como una sucesión de hechos que a ti te suceden. Lo pagaremos.
El disfrute de las prácticas deportivas no podía esquivar esta tendencia; pocos son los deportes que atraen la atención, sólo interesan los partidos decisivos y dentro de estos, los momentos culminantes: un gol, una canasta o una bola de partido. Es una visión sesgada, estamos en la cultura de Estudio-estadio.
Pretenden, los panegiristas del fin de las ideologías, convencernos (vencernos) de las bondades de esta nueva economía en la que la información y los capitales se desplazan con vertiginosos movimientos de cintura y en tiempo real podemos adquirir un paquete de acciones en Canadá o conocer el resultado de cualquier partido de fútbol australiano a la par que los asistentes al estadio.
El resultado, paradójicamente, es el inverso. Tanta globalización desvirtúa los procesos globales. Hundido el artesano y sentenciado a muerte el agricultor nadie tiene ante si procesos completos de producción. Quien, hoy tiene la suerte de poder trabajar, realiza una mísera parte de un proceso productivo que ignora, sólo me interesa mi tornillo.
La concentración en urbes traslada esta paradoja a las relaciones cotidianas. La estructura social de las ciudades no permite relaciones intergeneracionales más allá de las marcadas por vínculos jerárquicos padre-hijo, profesor-alumno...... Hemos robado a los chavales la posibilidad de contemplar la vida como un discurrir y la hemos presentado como una sucesión de hechos que a ti te suceden. Lo pagaremos.
El disfrute de las prácticas deportivas no podía esquivar esta tendencia; pocos son los deportes que atraen la atención, sólo interesan los partidos decisivos y dentro de estos, los momentos culminantes: un gol, una canasta o una bola de partido. Es una visión sesgada, estamos en la cultura de Estudio-estadio.
MUERTE DE UN CICLISTA
Cien veces al
año, cien, se repone en vivo la genial película de J.A. Bardem. No está
previamente anunciada, se desconoce el lugar y la hora exacta, es un
secreto el nombre de los actores, del director... pero inexorablemente
se programa. Tras cada proyección se suceden las anónimas y crueles
lágrimas en cien hogares, cien, y el recuerdo permanecerá eternamente,
cien eternidades de soledad, de ausencia. Cien fogonazos, cien puñales,
cien torsos ensangrentados en los arcenes, cien veces cien
desesperaciones, cien madres, cien, cien, cien.....
Inexorablemente,
como el devenir del después tras el ahora y de este tras el antes, cien
cunetas se alimentan de rojo cruel. Inapelablemente cien coches
desgarran, cien ambulancias aturden, cien agujeros esperan. Terca,
testaruda, tenazmente... cien.
Una vez, el
elegido por la fatalidad, pertenece al idolatrado mundo de lo
mediáticamente reseñable, y recordamos a los otros noventa y nueve. Es
tan hipócrita el resueno que en la lista de los ausentes nunca aparecen
los que usan la bicicleta sin fin deportivo, sólo para ir a su trabajo, a
su casa, al bar...para desplazarse sin coche. Utópicos mentecatos del
pasado
Cien frutos en flor, cien espigas en primavera, cien colores, cien olores, cien amores pendientes, cien besos robados, cien claveles carmesí, cien cipreses, cien.
Clamamos contra la ley de la gravedad. Pero el coche, que insufla velocidad a nuestro espíritu colectivo, es el fetiche sagrado de nuestra civilización. ¡Ave coche, los que van a morir te saludan!. Cien.
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