domingo, 14 de septiembre de 2025

INJUSTO Y CRUEL, ARBITRARIO Y GENEROSO

Foto: Alberto Mingueza


La pelota topa con la cinta superior de la red de la pista de tenis y se eleva. Woody Allen ralentiza la secuencia del ascenso de la bola hasta que esta alcanza el punto de máxima altura. Justo en ese instante previo al descenso, Allen detiene la imagen. ‘Match Point’, el resultado de una inercia desconocida, la suma de magnitudes -presión, humedad, temperatura, densidad…- a priori despreciables por su ínfima incidencia, un soplo de aire, la reverberación de un sonido… o el azar demediado determinarán el lado de la cancha en el que botará la pelota, repartirán aleatoriamente sonrisas y llantos. Propiciarán, incluso, la escritura de relatos épicos que encumbrarán a las cimas del Olimpo al favorecido por la por la decisión del bote, que cuestionarán el proceder del compungido perjudicado por la fatalidad.

El azar, un azar desapegado del destino, circunstancial, inopinado, que distingue sin más criterio que el ‘porque sí’, resuelve un partido de fútbol como discierne al respecto de la vida o de la muerte en rebuscadas sentencias que aventuraban lo contrario. Sea un penalti en contra que remueve un partido a tu favor o un informe médico que al traspapelarse evita el riesgo de un diagnóstico tardío. Conozco el caso. A un paciente oncológico, por asuntos diferentes a los de su proceso, le realizan una gastroscopia. Cuando acude a por el resultado, le informan de que el expediente no aparece. Verbalmente, a la par que el médico se disculpa, le indica que no había nada preocupante pero que, ante la eventualidad, correspondería efectuar de nuevo la prueba. Así ocurre. Dos días después de un TAC en el que no aparece rastro tumoral, se practica la segunda gastroscopia en la que da la cara ‘un pólipo que por tamaño y color no debe preocupar’. Hasta que en anatomía patológica lo analizan y resulta ser una metástasis localizada y en su mínima expresión. La pelota traspasó la red, cayó del otro lado, punto a favor.

La UD Almería, que redujo a la nada al Pucela en el primer tramo de partido, pudo certificar su dominio transformando un claro penalti provocado a resultas de dicho meneo. Cabezas gachas en el estadio, sometimiento futbolístico y una máxima pena pendiente de transformar en número la elocuente sensación. El balón, manopla de Guilherme mediante, no atravesó la línea. El marcador no entiende de dominios, apunta goles y no hubo razón para alterarlo. Pero el ánimo sí vive sujeto a impactos y este yerro almeriense propició la dilución del propio, el realce del de los blanquivioletas. Había partido. Por eso me apasiona este juego, por su fragilidad, por sus recovecos, incluso porque -como la vida- puede ser tan injusto y cruel como arbitrario y generoso. Dos realidades que no dejan de ser la misma vividas desde perspectivas opuestas. Porque el fútbol no miente, muestra. También lo que no gusta.

La cinta de la red continuó siendo golpeada. El mismo partido, años atrás, sin el VAR reajustando, hubiera cambiado de bando los gestos. Gol válido posteriormente anulado a los rojiblancos, mano discreta de dos defensas almerienses observada por la cámara chivata. Dos pelotas de partido salvadas por el Pucela. Más, dos jugadas simétricas, remate franco al larguero de uno y otro, antes del uno y después del otro, concluyen con finales opuestos: ocasión perdida del primero, ‘deuce’, iguales; para el segundo, penalti en el rebote. Match point que Latasa certificó previo uyuyuyuy y consolidó el juego, set y partido. 

Claro, para que la pelotita golpee la cinta resulta imperativo percutirla previamente, atizarla una y otra vez. El empeño mayúsculo del Pucela propició un resultado inmerecido por juego, sí, pero la casualidad asomó cuando voluntad, esfuerzo y convicción tocaron a su puerta. Casualidad que, eso sí, no suele repetir visita. Quedarse con el resultado como única enseñanza acarrearía el riesgo de confiar en la cinta, en la inercia, en el viento o en que se traspapele el informe de la gastroscopia. 



Publicado en El Norte de Castila el 15-9-2025 

martes, 9 de septiembre de 2025

NETANYAHU LEE, MI MADRE NO

 

Ilustración de Jose Ibarrola

De forma recurrente emerge una controversia referida a la lectura y su poder para aderezar, siquiera regenerar, la condición humana de las gentes que leen; para elevar el rango de estas un peldaño respecto a quienes apenas han abierto un libro. Ha vuelto a aflorar, al menos en el ámbito de las redes sociales, tras la sentencia/acusación de una afamada de este espectro reticular: “No sois mejores porque os guste leer”.

Al escuchar veredictos tanto análogos como antagónicos, mi cabeza bulle de forma similar a los momentos en los que se autopropone pleitos sobre una pretendida superioridad moral de la izquierda (o, en paralelo, de una determinada derecha depositaria de valores comunitarios).  Entiendo que leer aumenta el potencial de desarrollo humano; que meditar, y aun estimar coherentemente el jugo de las reflexiones, propicia avances en nuestras sociedades. Pero también repaso las innumerables personas que, desde mi madre hasta mi compañero de habitación en el hospital, sin catálogo de lecturas, sin necesidad de erudición, sin presumir de comportamiento, esparcen bondad, difunden generosidad y regalan compromiso. Tal vez porque han sido capaces de comprender el mundo desde su mundo; porque desde la sencillez del día a día, entiendan o no a Nietzsche o Kant, hayan oído o no estos ilustres apellidos, han adquirido una visión global, porque sus miradas integran ciclos completos: desde el preparar la tierra al segar; desde el nacer hasta el morir. Porque aman. Porque quieren.

En estas, siempre recuerdo el final de la película de John Frankenheimer ‘El tren’. Un oficial nazi, despechado después de que la Resistencia frustrase el expolio de patrimonio artístico francés, pretende ofender al líder partisano reprochándole que no era ni capaz de comprender el valor de lo recuperado.

Resulta incuestionable que la miseria genera miserables, pero individuos de esta especie brotan, también, como por generación espontánea pese a que les atavíe el dinero, pese a que se recreen en las fabulosas historias relatadas por escrito.

Interrumpe el debate de la lectura un titular de prensa: "Sorprenden a un niño de 12 años con un revólver, cartuchos, droga y... un libro de Pablo Escobar": se hará mejor.

 Publicado en El Norte de Castilla el 9-09-2025

 

 

 

domingo, 7 de septiembre de 2025

FÚTBOL DE ERA, DE ERA DE PUEBLO

 

Foto: Carlos Gil-Roig

Dado que la polisemia nos propone juegos traicioneros, adelanto que no emplearé el término 'era' como sinónimo de época, como «período de tiempo que se cuenta a partir de un hecho destacado», sino que aludiré al «espacio de tierra [...] donde se trillan las mieses». Apuntado este matiz, se puede afirmar que el Real Valladolid –y sus rivales de la categoría– ejercitan y brindan un 'fútbol de era'. El colorido del uniforme pucelano desplegado en Zaragoza, por lo demás, adecuaba la fotografía a la estación: amarillo veraniego como el del campo llano y extenso de la meseta una vez la espiga se dispone para la siega; un tono pajizo que se mantiene cuando la cosechadora completa su labor.

Un fútbol de era en el que la calidad no termina de brotar porque rara vez se impone al caudal destructivo. En Primera, al menos jugaba el otro; por penosa que fuera la temporada propia, podíamos deleitarnos, siquiera remordidos de envidia, con algún detalle de los rivales. Un fútbol aguerrido por necesidad, bravo por obligación, tenso por supervivencia, académico por normativo... un fútbol en el que un error se transforma en condena no derrocha energía en lo superfluo. Donde 'tiki', 'patapum parriba'; cuando 'taka', pelea cuerpo a cuerpo en pos de bajar un balón, aun dando por bueno la ratio de uno de cada diez, y a ver qué pasa.

A veces, demasiadas, no pasa nada. Todo lo más, el tiempo. Y el consumo de paciencia. Menos en el caso del impasible Almada, que al fin y al cabo es la única persona con potestad para modificar la propuesta o el elenco. El míster pucelano ni ha desprecintado el tarro de su aguante. No ocurre durante el partido. Mientras quien más quien menos especula sobre alternativas que propicien un juego fluido; sobre modificaciones que aumenten la consistencia, la contundencia o cualquier abstracción que mejore el juego, Almada observa y mantiene el equipo inicial hasta que avizora el pitido final. No ocurre entre partidos. Mientras otros entrenadores disertan sobre la conveniencia de modificar el once inicial con el fin de sorprender al rival, de involucrar en el proyecto al mayor número de jugadores, el montevideano persevera –o se empecina– con la misma alineación. Dado que desde fuera entendemos que alguno de los jugadores recién incorporados arribó con vitola de titularidad, nos sorprende la calma con la que se produce la inclusión en la dinámica. Se supone que los Federico o Canós realizaron pretemporada en sus clubes de origen; bien, ni presencia en la convocatoria. Uno, que tiene una edad, recuerda aquel fichaje de Romerito por el Barça de Cruyff: un día aterrizó, dos más tarde lució titularidad ante el Real Madrid. Ni adaptarse, ni tono físico, ni zarandajas. ¿Sabe? Pues a jugar. Almada no responde a los patrones de esa escuela, prefiere la calma y trabajo, o viceversa.

Al final, el progreso se describe como un viaje. Un viaje bueno o malo en función de cuánto y cómo se saboree. Avanzar sin detenerse aporta poco. En el camino se aprovecha el tiempo para disfrutar y aprender.

Publicado en El Norte de Castilla el 7-09-2025

 

domingo, 31 de agosto de 2025

TAN FÁCIL, TAN DIFÍCIL

 

Foto: Alberto Mingueza

Descomponer y acomodar, evitar el riesgo en lo propio y procurar el peligro enfrente o, en la clave futbolística de Guillermo Almada, en la clave futbolística, “la presión debe ir acompañada de un buen manejo”. A la presión -correr, atosigar, angostar, recuperar-, condición suficiente para mantener intacto el orgullo, se le arroga la primacía; después, consumada la imprescindible e innegociable tarea, debe corporeizarse el acompañador, la respuesta al ‘para qué’ echamos el bofe ansiando recuperar la pelota: la ejecución del manido manejo, la llave maestra presta para destrabar armazones ajenos. Una labor, la del manejo, de apariencia tan sencilla cuando uno observa a un equipo dominar balón, tiempo y espacios, como enrevesada nos resulta a tenor de la inmensa cantidad de fracasos en el intento. Vamos, como aquello de que viendo jugar a Federer uno entendía lo sencillo que resultaba la práctica del tenis y observando el juego de Nadal adivinábamos la enorme dificultad del deporte de la raqueta.

La complicación obvia del desarrollo del ‘manejo’ se asume por naturaleza: existe otro grupo de futbolistas que se te opone con idéntico propósito, un equipo que concebirá como imprescindible e innegociable el correr, atosigar, angostar y recuperar; que pretenderá, una vez logrado su objetivo, manejar pese a tus recíprocos esfuerzos. “Nuestra propia imprecisión -lamenta Almada- les dio aire a ellos”. Nuestra propia imprecisión con demasiada frecuencia se anota en el haber del desempeño rival. Lo mismo pero al revés de lo que sucede cuando se presume de labor defensiva propia.

Tejer y destejer, el mito de Penélope con las dos relecturas citadas. Por un lado, frente a la solitaria protagonista de la Odisea, el fútbol enfrenta a dos Penélopes forzadas a repartir el tiempo entre elaborar los respectivos sudarios de los respectivos Laertes de forma que mientras una teje, la otra deshilacha. Y viceversa. De otro, cada Penélope pone especial empeño en evitar el avance del tejido de la rival que la evolución del suyo.

Solo la genialidad, la respuesta a un instinto que se impone al gris militar de la táctica, una aventura insospechada, rompen guiones tan previsibles. Si en Primera escasean estos golpes de luz, en esta categoría permanecen en el listado de especies en vías de extinción. Y del árbol de esa monotonía, futbol (casi) sin ocasiones, ciclismo con pinganillo, brotan los puntos. Los que se consiguen y los que se evita que cada rival anote. Al punto ante el Córdoba, sea, se han de sumar los dos que los blanquiverdes no apuntaron.  

El mantra interiorizado en Segunda recuerda que un equipo consolida su posición en la tabla aprovechando errores groseros (Ceuta), exprimiendo jugadas a balón parado (Castellón) y, si acaso, con un poco de inspiración que salpicará el deambular de la temporada. Y en paralelo, claro, evitando ofrecer a tu simétrico rival idénticas vías de agua. Al final, para que un gol se concrete, para evitar la mutua anulación, alguna línea se ha de romper en algún esquema preconcebido. En este encuentro de imprecisiones provocadas, se quebraron las del reglamento: los dos goles que agitaron las gargantas se cimentaron en artimañas antirreglamentarias: el uso de las manos en uno, la ventaja de la posición adelantada en otro. No valieron, claro.   

Estamos donde somos, decía hace un par de semanas, y esto es lo que hay. A estas alturas, tres partidos, siete puntos, me tranquiliza lo mostrado por el entrenador: ha conformado un once, irá introduciendo a los recién llegados, pero bailando despacito al ritmo de Luis Fonsi. Sin golpes de efecto.

Publicado en El Norte de Castilla el 1-09-2025

 

 

 

miércoles, 27 de agosto de 2025

TOCAN A FUEGO

 

Foto: EP

Las víctimas, no solo las mortales, se encubren detrás de un número, la tipología del suceso y el lugar señalado por la adversidad: tantos muertos a consecuencia del terremoto de Myanmar, cuantas personas fallecidas en el accidente de avión en Corea del Sur. Una cifra que amontona nombres, difumina rostros y digiere pesares. La distancia, además, atenúa el sentir.

Aunque al deudo, en el duelo, su muerto le impone un dolor íntimo, excluyente e inalienable; por fortuna, el número de víctimas mortales de los incendios que asuelan, aunque no solo, el noroeste de nuestra comunidad no alcanza las cifras de los episodios referidos. Eso sí, a cantidad de personas damnificadas -no solo por pérdidas económicas, antes bien, por la destrucción del espacio natural y visual que almacenaba miles de memorias acumuladas- propicia la profusión de guarismos en el apunte contable, eleva el rango de la desventura. La cercanía, además, define rostros, individualiza datos. Observando el mapa de los incendios relacioné con singular preocupación los puntos con personas con las que mantengo o he mantenido relación. Por algún motivo, tal vez por el impacto producido al observar las llamas en las inmediaciones del pueblo, mi cabeza juguetona, tal vez traidora, relacionó el nombre de Igüeña con un compañero de internado en Palencia, un chaval que presumía de ocho apellidos García. No sé si me equivoco, si, de atinar, continúa viviendo allí, pero cada vez que leo ‘Igüeña’ imagino la transformación de ese cuerpo fuerte, de esa cara sonriente, de ese temperamento fogoso, en un ser afligido, encogido, vulnerable.

Sé que, en cualquier caso, la mutación, la suya y la del resto, será reversible, aunque nunca del todo: quedará huella en cuerpo, alma y paisaje. Y no por un optimismo vacuo o un ánimo condescendiente. Saldrán como antes ya salieron de otras. 

Los porqués, incluso la carga de responsabilidades, serán materia para más adelante. Convendrá para entonces ‘desenmadejar’ el batiburrillo competencial generado por desconocimiento de unos -excusa de otros-, salir de la hipnosis perezosa provocada por la ‘espectacularización’ de la política, desalinearse de banderías alimentadas de desprecio cuando no de odio.

Publicado en El Norte de Castilla el 26-07-2025

domingo, 24 de agosto de 2025

(SOLO) PARA CASO DE EMERGENCIA

 

Foto: Omar Arnau-Factoría 9

La realidad con demasiada frecuencia se empecina en derribarnos. En esos instantes en los que la cabeza se aproxima rauda al suelo, incumbe evitar un costalazo fatal, corresponde enfrentarse a una fuerza de la gravedad con los recursos disponibles: no con los que en circunstancias de normalidad se requerirían para ejecutar una labor, sino con los escasos que en ocasiones se cuenta para salir a flote. Y una dosis de inteligencia para armonizar una respuesta eficaz con las exiguas mimbres, para transformar la necesidad en virtud.

En el fútbol español en general y en el Pucela en particular, no se atan perros con longanizas. En realidad, salvo oasis o espejismo, nunca destacó la copiosidad -aunque sí la desmesura- ni la holgura en los balances. Y si ocurrió, se dilapidó el caudal hasta enrojecer las cuentas.

A buen seguro, la dirección deportiva del Pucela habría deseado contar con un elenco de futbolistas relevantes cuyo solo nombre impusiera respeto en los rivales y enardeciera a la propia hinchada. Habría deseado, en un condicional cifrado bajo el auspicio de unos requisitos inaccesibles. La realidad, cuatro de los cinco jugadores que a lo largo del partido de Castalia se incorporaron progresivamente al once pucelano, Alani, Moreno, Maroto y Garriel, se habían alineado en los equipos de la cantera blanquivioleta. Sumemos los dos ya asentados en la primera plantilla, Torres y Chuki, y a los pródigos Alejo y Amath para completar el 50% de los dieciséis que alcanzaron protagonismo a lo largo del juego. La virtud de la necesidad: de una u otra forma, los jugadores citados, y alguno más, se habrán de convertir en el cimiento futbolístico de un equipo predispuesto a reverdecerse, siquiera a recomponerse, tras deambular en ciclo aciago culminado con el remate indigno de la pasada campaña. La realidad: salvo algún jugador descollante, la cantera, las canteras, hibernan en la noche de los fichajes. La virtud: no pocas veces este recurso requerido ante la carencia de medios solventa sobradamente las exigencias. Contamos, de hecho, con ejemplos recientes. Y alguno no tanto. Uno que, por la vis cómica del protagonista, acude a mi memoria cada vez que se trata de este asunto: el Betis de Lopera que descendió en la 99-00 tras una época en la que el mandatario verdiblanco no reparó en gastos para sumar a los Jarni, Finidi o Denilson a su elenco. Cerró el grifo entre lamentos y de su academia brotaron jugadores que auparon de nuevo al club de su corazón. 

Cierto que para que la huerta florezca, se requiere tiempo y paciencia. Cierto que en esta época en la que el espectáculo ha invadido cualquier esencia, en los aficionados cunde cierta desilusión cuando no se presentan jugadores contrastados en la sala de prensa. El público, con demasiada frecuencia, de un fichaje resalta lo que tiene y de un canterano destaca lo que le falta. No toca. Más bien incumbe a la afición perdonar errores de juventud y aplaudir la osadía de unos jóvenes que -y aquí incluyo a los recién llegados que aún tienen una carrera por labrar- no han jugado ni cinco de los cien mejores partidos que almacenan en sus pies. La contrapartida es el riesgo, pero…

Mejor irse acostumbrando porque pinta que el fútbol español necesitará trabajo de siembra para que el listón no decaiga. La Península Arábiga, el dinero, la geopolítica, arremete con intención de quedarse y la Premier inglesa, bien asentada en Asia, cuenta con alforjas repletas.

De momento, con un poco de suerte, con otro poco de la menor calidad de los equipos de la categoría y el andamiaje defensivo destacado por Almada se disipan temores, se cobra tiempo y confianza.

Publicado en El Norte de Castilla el 24-08-2025

 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 17 de agosto de 2025

SOMOS DONDE ESTAMOS

 

Foto: Alberto Mingueza

Comienza la temporada. Nada, nunca, nada está conseguido aunque lo parezca, aunque el apriorismo aliente a sobreestimar la propia capacidad por llegar de donde se llega, por desdeñar la división de acogida. Podemos imaginar que la etiqueta de ‘recién descendido’, el poder amedrentador de la camiseta, el peso del nombre, el respeto de la historia, el ‘por ser vos quien sois’, bastará para desempeñarse por la categoría. Podemos no creerlo desde nuestra construcción racional de las expectativas, asumir la realidad de una competición díscola, ingobernable, fuente inagotable de sorpresas; pero de nuestro inconsciente brota una especie de remusguillo traidor que distorsiona la lógica de esta mirada y desaíra a los rivales por carencia de ‘pedigrí’. El tiempo, los partidos, nos rescatarán del atolondramiento. La camiseta, el nombre o la historia no eximen del merecimiento de la situación, del alineamiento con los rivales a los que no convendrá mirar con altivez.


Dando vueltas a estas obviedades y dado que el primer rival designado por el bombo fuera la AD Ceuta FC, la memoria juguetona me trasladó a un partido de las jornadas finales de la temporada 80-81 también en Segunda División. Se enfrentaban en La Balastera, la demolida, el Palencia CF y otro equipo ceutí de nombre similar, la AD Ceuta, que caminaba desahuciado en el último puesto de la clasificación. El público local despilfarró su energía menospreciando de continuo al rival con el cántico ‘a Segunda B, a Segunda B’. Mi mente infantil no entendía nada. Mientras los morados coqueteaban, también, con las plazas de descenso, su afición humillaba al rival entonando un deseo que bien podría caerles de vuelta. De hecho, así fue. Pese a que el Palencia se impuso por un raquítico 1-0, perdió los restantes tres partidos y acompañó al Ceuta en su viaje a la categoría inferior. El Valladolid no es el Palencia, se me puede responder. Cierto. Pero infravalorar, como escupir hacia arriba, acrecienta el riesgo y motiva pésimas consecuencias.
Cierto es que el nivel de la Segunda es muy inferior al de la categoría perdida. Que se lo digan a Pezzolano. Los errores, tanto defensivos como ofensivos, se multiplican en número y consideración. Extraer rédito de los fallos rivales impulsó al ascenso al equipo dirigido por el de Montevideo. La misma estrategia que, posteriormente, ya en Primera, condujo al equipo al abismo y al técnico al despido. De entrada, en este partido de arranque, dos errores chabacanos y una pérdida con el equipo desajustado escribieron el librillo del génesis de los tres goles. No resto mérito al Pucela -concierne provocarlos y aprovecharlos, y de ambas suertes sus jugadores salieron airosos- pero es lo que hay.  El nivel de la Segunda es muy inferior al de la categoría perdida, pero es el que por méritos corresponde.

A ambas categorías les hermana el espectáculo de las inscripciones. A un lado y otro aparecen clubes que desconocen -o desconocemos- si podrán contar con jugadores ya fichados. Otros años esperábamos con desasosiego al último día de mercado (qué fea palabra cuando la mercancía se compone personas) para conocer el nombre de los fichajes; ahora para constatar si podrán ser alineados. Es el modelo, amigo. Desconcertante modelo antitético de la razón del éxito de este juego: la sencillez, la facilidad -con la excepción del fuera de juego- para la comprensión del reglamento. No pegar, no agarrar, no tocar el balón con la mano.

Comienza la temporada. Parece que con buen pie para el Pucela. Como la temporada pasada. Por Dios, que acabe aquí el paralelismo.


Artículo publicado en El Norte de Castilla el 17-08-2025

martes, 12 de agosto de 2025

MODERNAS CRUZADAS

 

Foto: Andrés Molina.

El debate acerca de la pertinencia de rezar en un polideportivo -en cualquier espacio público- carece ‘per se’ de sentido. Las refinadas mociones presentadas con este supuesto fin en realidad recogen una indeleble voluntad de trazar un rayajo disgregador, una línea fronteriza que delimite para separar un ‘ellos’ ajeno, lejano, inmiscible, de un ‘nosotros’ usufructuario, homogéneo, eterno, depositario de un legado inalienable. Plantear como réplica que el rezo musulmán en la calle se puede identificar con las procesiones católicas de Semana Santa, amparándose en el precepto constitucional estipulado en su artículo decimocuarto resumido por Víctor Manuel en ‘Esto no es una canción’ con el ‘Aquí cabemos todos o no cabe ni Dios’, lejos de ruborizar a los interpelados, contribuye a delimitar el trazo pretendido, a ahondar en la divergencia anhelada, a facilitar el subterfugio preciso.

La efectividad del reclamo de la ‘identidad’ como elemento aglutinador de ese ‘nosotros’, que por exclusión dibuja el ‘ellos’, se sustenta en un ardid: la pretensión de sostener el término con las patas de unas nociones ya superadas; la aprehensión de tal ‘identidad’ como un conjunto estanco, un territorio hostil a la divergencia producida en su interior, enemigo de lo considerado inferior que llega de fuera.  La ‘identidad’ actualizada, por el contrario, agranda su valor cuando se refuerza con el aprecio y la estima al resto de identidades con las que interactúa. La propia ‘identidad’, de hecho, evoluciona, sobrepasa -también por contacto- los límites prefijados. La cultura, la tradición, vulnerables a los aconteceres (pregunten a Joaquín Díaz) muda, camina siguiendo un rastro, no se detiene.

La ‘identidad’ carente de dinamismo, entendida como una fotografía, se transforma en el recurso de determinados poderes para delimitar una clase -en realidad una subclase dentro de una clase- indeseable, para dividir, para domesticar. 

Este concepto perezoso de ‘identidad’ visualiza conjuntos heterogéneos, diversos en sí mismos, como una masa uniforme, como si entre su ‘ellos’ -los musulmanes en este caso- no hubiera diferencias. Las hay, y la construcción de conjuntos impermeables alientan a los que, del otro lado, aparecen en la imagen especular, a los que podrían ser su parte identificable.

Publicado en El Norte de Castilla el 12-08-2025

 

 

miércoles, 30 de julio de 2025

MUERTE POR PEREZA

 

Foto: EP

España muere de exceso de presente. Ha mudado de -si alguna vez lo fue- un proyecto con sus variables, sus aspiraciones diversas, sus resquemores, pesadumbres o desasosiegos, a un cúmulo de zanjas que separa cualquier territorio en dos, limita cualquier debate a sucesiones de diatribas que extirpan los matices, restringe al blanco o negro toda gama de colores. Ha dejado de ser más o menos múltiple para advenirse en dos: la una y las demás. Dos que en esta coyuntura aglutinan por resignación. Por hastío. Sus afanes pendulean entre el acabar con el otro -lo llamen ahora ‘sanchismo’, antes ‘zapaterismo’ o, incluso, pese a las tan interesadas como olvidadizas loas del presente, ‘felipismo’- y el evitar que el otro del otro se encarame en un poder político desde el que, se teme, podría encarnar sus aspiraciones homogeneizadoras.

España muere de agotamiento, pero no de una legislatura, de un ciclo histórico. Si existe solución, pasa por un reinicio. En el proceso se ha completado la capitidisminución de la democracia. Los partidos políticos -si alguna vez lo hicieron- ni ‘expresan el pluralismo político’ ni ‘son instrumento político para la participación’ como dispone la Constitución en la que sus dirigentes tanto se amparan. De antemano, el modelo, mediante la trampa de las pequeñas circunscripciones, contrae el número de alternativas, tergiversa la representación -no miren a la periferia, UCD/AP/PP y PSOE obtienen más por menos- y lamina la pluralidad. Con la asunción del ‘callar para ganar’, el ansia de unidad/uniformidad de las organizaciones políticas, se canceló cualquier posibilidad de fiscalización interna. Cantamos bingo: desdemocratización y vaciamiento, causa y efecto o efecto y causa.

España muere de pereza. En las ficticias controversias rematadas con el ‘y tú más’, los contendientes requieren el apoyo electoral con el argumento de ‘ellos son peores’. Sin espacio para la propuesta de fondo. Endogamia de la política, políticos que hablan de políticos.  Permítanme el símil escatológico: sobrellevo mi cáncer a la par que una fisura anal me atormenta. Mientras no me vea morir -y de momento no parece-, me paso el día pendiente del culo.

Publicado en El Norte de Castilla el 29-07-2025