martes, 13 de enero de 2026

NI GRANJA, NI TORRE, NI HERMOSA

 

Foto: Alberto Simón-Factoría 9

 

Prosigue la escalada del Pucela; escalada, sí, porque de la misma forma que los pobladores del Botxo profesan un incongruente y disparatado alarde de humildad cuando jactanciosos ponderan la modestia de Jesús quien «pudiendo haber nacido en Bilbao, lo hizo en Belén», los blanquivioletas, semana tras semana, pudiendo elevarse hacia la cúspide, optan por trepar hacia abajo, por encumbrarse al subsuelo, por subir como les sale de..., dejémoslo aquí.

 

Esta vez en Leganés, esta vez en apenas 300 segundos. En apenas cinco minutos, y contemplando el encuentro disputado –es un decir– en aquellas tierras que no tanto tiempo atrás surtían de pepinos a la capital, recordé a mi tía Ana Mari. Ella se estableció junto a su marido, mi tío Ricardo, en Zarzaquemada, un distrito de expansión leganense que recogió la emigración procedente de Andalucía, Extremadura –como ella, pacense de la frontera con Córdoba– y Castilla –como él, abulense del límite con Salamanca o Valladolid–, para asentar en un terreno periférico la mano de obra requerida por la metrópoli, enterrándose así, bajo el asfalto, aquellas huertas pepineras. Mi tía, cuando en los veranos se acercaba al pueblo, destacaba en el entorno familiar por la suavidad de su acento, por envolver las 'eses' con la seda del ceceo, por confrontar involuntariamente su dulzura dialectal frente a la reciedumbre del 'perfecto', ejem, castellano. Con ese tono meloso, nos refería su origen en Granja de Torrehermosa, el pueblo de las tres mentiras, subrayaba: ni es granja, ni refulge su torre, ni es hermosa. Por mi parte, como 'el Ovejas' en la serie 'El pueblo', «ni confirmo, ni desmiento»; la visita aún se mantiene el catálogo de materias pendientes. Tenga o no sentido el lacerante aserto, en este punto –recuerdo, a los 300 segundos– mi cabeza se desplazó del partido de Butarque a mi tía leganense. ¡En qué gran mentira se ha convertido, o tal vez ya lo fuese y no quisiéramos creerlo, este equipo! La indecente acción que provocó el primer penalti, esa 'mano' de Alejo, carecía de sentido en tiempos preVAR, te cazaban casi siempre. Ahora, con las camaritas de omnipresentes 'testigas', la penalización resulta inexorable. ¿Dónde habitaba la concentración requerida a un profesional? Después, Jaouab, al desubicarse, se autoinflige un gol; mancilla el ejercicio de la defensa al olvidar la atención al balón y el emplazamiento de su portería. ¿Dónde reposaban los recursos técnicos y tácticos requeridos a este nivel? En general, y a lo largo del partido –de tantos partidos–, cuando el Pucela se adueñaba del balón, la intentona se topaba con la verdad del fútbol: poseer la pelota sin capacidad para dotar de sentido al juego engaña a la vista, aparentemente amenaza, pero la circunstancia se torna inofensiva, se transforma en un juego de sistematismo protocolario.

Entre las mentiras cabe resaltar la labor de un colegiado reprobado en las tres ocasiones en las que tomó una decisión. Carne de pescuezo al por mayor.

Mentira, tras mentira, tras mentira. En Granja de Torrehermosa, que ahora se enfrenta a la amenaza de la instalación de una macroplanta de biogás, al menos, se alza una torre. No sé a qué se puede agarrar el Pucela...

Artículo publicado en El NOrte de Castilla el 12-01-2026

lunes, 5 de enero de 2026

EL ÁNIMO PENDULAR

 

Foto: Carlos Espeso

Nada más llegar a las instalaciones de El Norte de Castilla, al entrar en la sala de televisión desde la que realizamos el seguimiento de los partidos del Pucela tanto para materializar la transmisión online como para tomar las notas preparatorias de los artículos que conforman el paginado referido al encuentro, me topo en la pantalla con el pitido final del partido precedente en esta misma Segunda División, un Almería-Granada que enfrentaba a un puntero local con un visitante clasificatoriamente lánguido. El resultado final –un tres a dos que encarama, siquiera provisionalmente, al club indálico a un puesto de ascenso directo y zambulle a los nazaríes en la zona abisal– mostró de súbito las dos ópticas extremas y antagónicas en las que se alinea la afición del Real Valladolid: la idealizadora y la agorera. Y no tanto una parte a un lado y otra, inmiscible con aquella, al otro. No. En muchos casos, la misma persona se dispone en una u otra condición en función de la hora del día, del día de la semana, de forma que cualquier minucia pendulea su disposición anímica.

–Buen resultado para el Pucela –apuntó alguien cuyo nombre omitiré por no escribir que fui yo.

–¿Qué dices? Si el Almería va delante, nos favorece que pinche –corrigió alguien al alguien de antes.

–Ya –apostilló el que no diré que era yo–, pero si el Granada hubiera vencido, además de sumarse al listado de los que habrían alcanzado al Pucela, hubiera elevado la línea de agua que marca la salvación.

–A estas alturas me niego a mirar hacia abajo –cerró el interlocutor optimista.

Claro, bien está, pensé en ese momento justo en el que la conexión televisiva nos desplazaba a Zorrilla, que los de fuera contribuyan, pero de poco sirve el auxilio si el Pucela no cumple, para más o para menos, con su cometido. Entrenador nuevo, además. ¿Aire renovado o más de lo mismo? Veremos. Y vimos. El péndulo, oscilante por definición, a lo suyo. Al desaliento de la primera mitad, este cuento ya lo habíamos visto, le sucedió el denuedo de la segunda en la que la hueste blanquivioleta amilanó al minutos antes jactancioso Racing. Le amilanó y le hirió con un gol ejecutado gracias a la táctica del despiste. Tras lanzar tres córneres consecutivos en los que la pelota no sobrepasó la altura de la rodilla, dos de ellos ni la del tobillo, el inmediato cuarto alcanzó la altura precisa. Así, mientras los defensas del equipo cántabro se acostumbraron a defender el subsuelo, un blanquivioleta, conocedor del ardid, se impulsó hasta el cielo para rematar expedito y elevar la masa pendular a la altura de la euforia.

Euforia que se desvaneció, mediante árbitro, VAR mediante, cuando el colegiado, tras consultar la maquinita, auspiciado por un ya sólito espíritu rigorista, señaló penalti tras un contacto leve e intrascendente para el desarrollo posterior de la jugada. Decisión pertinente, incluso atinada, de haber sido pitada a la primera, en el instante preciso. Un desbarre contra la esencia del juego, cuando la resolución admite estudio.

Otra semana más en la que el movimiento ondulatorio desasosegará a la perdida masa pucelana.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 4-01-2026

 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

FELIZ AÑO PARA LOS VENCIDOS

 

Foto: E. Press


Noche de noche, noche tras noche; y, tras la noche, otra noche más. Noches sin apenas día, días sin apenas paz. Un apenas que, en esta parte del mundo, nos ha mentido, un sosegado interludio -breve para el engranaje narrativo de los libros de Historia, prolongado en nuestra vital proporción-, que sucedió al eterno estruendo de los cañones, que precede a una siguiente parte que, ensimismados con la apacible piececita instrumental, pensamos que nunca jamás arrancaría. Lo pensábamos olvidando que en otros lares financiábamos estallidos.

El ansia nunca se detiene, ni siquiera se contrae. En estas, cuando nos sorprende una nueva guerra, cuando la amenaza nos atemoriza, insistimos en aquello de que ‘el hombre nunca aprende’, en lo otro de que ‘en una guerra salimos todos perjudicados’. Y no. Muchos sí aprenden, son conscientes de que, situados en el punto adecuado, una guerra produce réditos. Por cierto, no solo a los demás. Nuestra azarosa ubicación en el mapa geopolítico nos ha aportado, además de la quietud apuntada, una rica bolsa de caudales. Pero hemos dejado de ser centro y observamos con recelo ese cambio de aires. Los momentos de profundo desinterés alientan los deseos de quien tiene un interés profundo, y viceversa.

Estos días nos desearemos -y vaya si se lo deseo a ustedes, a quienes dedican un minuto a leer estas notas tomadas al pie de un café- un feliz año. Lo haremos con la sensación de que podemos trocear el tiempo como si la realidad no fuese un continuo; al menos, con el ánimo de salir indemnes del proceso. Un continuo, decía, que ahora nos dirige por una senda desconocida que no presagia nada bueno; ni al menos mejor del ya de por sí desapacible territorio de partida.

Entre la incertidumbre, una certeza, la de Aute: la guerra que vendrá será la más hortera de todas las guerras que ha habido y habrá. Bueno, y la de Brecht: Entre los vencidos, el pueblo llano pasaba hambre. Entre los vencedores, el pueblo llano la pasaba también.  

Madre, en la puerta permanece el niño de la semana pasada. Mientras, plácidos, aguardamos el no sé qué. 

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 30-12-2025

 

 

 

 

 

 

(Versión un pelín más larga, dos frases)

Noche de noche, noche tras noche; y, tras la noche, otra noche más. Noches sin apenas día, días sin apenas paz. Un apenas que, en esta parte del mundo, nos ha mentido, un sosegado interludio -breve para el engranaje narrativo de los libros de Historia, prolongado en nuestra vital proporción-, que sucedió al eterno estruendo de los cañones, que precede a una siguiente parte que, ensimismados con la apacible piececita instrumental, pensamos que nunca jamás arrancaría. Lo pensábamos olvidando que en otros lares financiábamos los estallidos que provocaban el temblor de unas tierras que nunca permitimos que fueran del todo de sus habitantes.

El ansia nunca se detiene, ni siquiera se contrae. En estas, cuando nos sorprende una nueva guerra, cuando la amenaza nos atemoriza, insistimos en aquello de que ‘el hombre nunca aprende’, en lo otro de ‘en una guerra salimos todos perjudicados’. Y no. Muchos sí aprenden, son conscientes de que, situados en el punto adecuado, una guerra produce réditos. Por cierto, no solo a los demás. Nuestra azarosa ubicación en el mapa geopolítico nos ha aportado, además de la quietud apuntada, una rica bolsa de caudales. Pero hemos dejado de ser centro y observamos con recelo ese cambio de aires. Hemos vivido bien amparados en el mundo de “las cosas son así” y, efectivamente, las cosas son así. Los momentos de profundo desinterés alientan los deseos de quien tiene un interés profundo, y viceversa.

Estos días nos desearemos -y vaya si se lo deseo a ustedes, a quienes dedican un minuto a leer estas notas tomadas al pie de un café- un feliz año. Lo haremos con la sensación de que podemos trocear el tiempo como si la realidad no fuese un continuo; al menos, con el ánimo de salir indemnes del proceso. Un continuo, decía, que ahora nos dirige por una senda desconocida que no presagia nada bueno; ni al menos mejor del ya de por sí desapacible territorio de partida.

Entre la incertidumbre, una certeza, la de Aute: la guerra que vendrá será la más hortera de todas las guerras que ha habido y habrá. Bueno, y la de Brecht: Entre los vencidos, el pueblo llano pasaba hambre. Entre los vencedores, el pueblo llano la pasaba también.  

Madre, en la puerta permanece el niño de la semana pasada. Mientras, plácidos, aguardamos el no sé qué.  

 

 

 

lunes, 22 de diciembre de 2025

PARAÍSO DE LO INVEROSÍMIL

 

Foto: C. Gil-Roig

Cuando nos adentramos en los entresijos de una ficción, cine, teatro, literatura, buceamos en las aguas de un universo que no se rige necesariamente con las mismas reglas de la lógica con la que interpretamos nuestra materialidad. En estas obras, un humano puede viajar en el tiempo, volar, poseer una fuerza descomunal o una inteligencia prodigiosa, regresar de la muerte o esquivarla a lo largo de varios siglos... y tal circunstancia no alcanza a sorprender a ninguna de las personas que se acerquen al relato en cuestión. Se admiten desde el inicio los códigos propuestos por el autor por más que disten de la realidad, se procede a la inmersión en la ‘ilusión de verdad’ y ya. Mientras se respete la coherencia interna, espectadores y lectores procederán encantados a la suspensión de su incredulidad, al depósito del escepticismo en la antesala de la creación artística. Así, el reto de quien escribe o dirige consiste en no romper el acuerdo tácito establecido con el público, en no pintar fuera del contorno propuesto durante ese transcurso temporal en el cual el público se subsume en el universo de ficción: en respetar la apariencia de credibilidad, la verosimilitud.

   
Aunque la propia realidad se empeñe en imitarlo procurando tramas que cualquier productora cinematográfica o editorial literaria desecharía por absurda, el fútbol continúa ostentando el título de paraíso de lo inverosímil. Nos lo creemos por la única razón de que se presenta ante nuestros ojos. Tanto lo que observamos en el campo... como, cada vez más, lo que ocurre en su periferia: por lo que concierne últimamente al Pucela, en su ámbito –iba a escribir ‘directivo’, pero no– de propiedad.


Huelga repetir las vicisitudes del trasiego de Almada desde que hace apenas una semana la afición congregada en Zorrilla solicitara su marcha hasta su desembarco en Oviedo previo desaire al Valladolid. Se ha pasado de repudiarle a sentir la orfandad del ¿y ahora qué? Pateo generalizado en la platea si el sainete, tramado por el alumnado de una escuela de teatro, se hubiera representado en el Calderón. Es todo tan de mentira, aunque sea verdad, que si yo fuera un futbolista del Oviedo, en la primera charla motivacional de este nuevo ex, en cuanto pronunciase la palabra ‘compromiso’ o cualquiera de sus sinónimos, me entraría la risa floja y le mandaría a freír espárragos.

 
Y en medio del marasmo, le corresponde a Sisi el marrón –por más que él lo entendiera como “un regalo caído del cielo”– de aguantar el tipo mientras dure el interregno. Y a la primera, toma ya verosimilitud, el bueno de Sisinio asume las riendas del relato y le da por pintar fuera de los márgenes presupuestos. Un interino no dispone de tiempo para modificar lo trabajado, para incorporar una nueva propuesta, efímera por definición. No le compete inventar; todo lo más, realizar algún ajuste para reforzar la estructura dañada. Supongo que le pudo la ilusión, el afán de mostrar su sello. Las pretensiones de revolución, cuando no disponen de tiempo ni de base sociológica, no superan el concepto de algarada. El marrón fue marrón y el técnico eventual, supongo que desencantado, se habrá comido buena parte de lo que no debería haber recaído en su estómago.

Mientras Sisi digiere el desengaño, los dueños escriben una obra sin aparente coherencia interna. Recalco el ‘aparente’. La carencia de lógica se deriva del desconocimiento del público, de los renglones que no han visto la luz. Si pudiéramos atar todos los cabos, descubriríamos la lógica de los entramados, oscura, pero, a la vez, verosímil y real. 

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 21-12-2025

miércoles, 17 de diciembre de 2025

SEÑOR, SÍ SEÑOR

 

Ibarrola


He escuchado con frecuencia anhelos de transformación enunciados con frases sustentadas en un condicional que habita a medio camino entre apuntalar el deseo y señalar una carencia categórica. Corolarios aspiracionales labrados bajo premisas hipotéticas e irreales del estilo “si la gente supiera la verdad, reaccionaría”. Cada vez -de forma general y no excluyendo la afectación a un grupo humano minoritario– lo creo menos. Lo que ocurre no difiere de lo que a lo largo de la historia sucedió, los hechos concretos aportan solo un matiz. Al menos, la esencia se conoce. El humano responde como un animal gregario, manso, dócil que -insisto, por lo general- manifiesta su fuerza cuando obedece al dueño del local. Porteros de discoteca con ínfulas.

Sumisos en escala ante líderes en escala: primero, ante el investido cabeza del grupillo, que a su vez obedece e impone obedecer al del grupo…  y así sucesivamente hasta responder al vasallaje del mandamás del grupo más fuerte. Así, hasta que, total o parcialmente, se desmorona la estructura. Circunstancia que no elimina la cadena de mando, la sustituye. “Échame pan y llámame perro”, reclamó alguien y el imperativo fraguó fortuna, alcanza nuestros días. Da igual si corres el riesgo de recibir una patada; el éxito consiste en saberla esquivar para, si es necesario, dársela después a otro que reclamó pan aceptando humillaciones. Como réplica, otro refrán recomienda no servir a quién sirvió. Lo entendemos como advertencia ante el riesgo de que el antaño subordinado haya perdido el encuadre. En realidad, el proverbio avisa de lo contrario, el ascendido ya miraba desde aquella perspectiva: fue manso para exigir mansedumbre. Con el añadido de que ahora se atribuye mérito por haber alcanzado posición, se convence de su merecimiento.

Sumisos a un modelo, también a escala. Hablamos de flexibilidad para recibir inversión, de rebajar cualquier exigencia. Al fin, doblegarnos, adquirir ductilidad para arquear el espinazo, para ejecutar con apariencia digna la genuflexión. Más pan, más perros. Hablamos de guerras, de presupuestos de defensa, como si la voluntad, el interés, la decisión, fuese nuestra. Adaptarnos evolutivamente consiste en eso: cambios etológicos, fisiológicos y morfológicos para gritar “señor, sí señor”.

Artóculo publicado en El Norte de Castilla el 16-12-2025

 

lunes, 15 de diciembre de 2025

UN BUCLE DENTRO DE UN BUCLE

 

Foto: Carlos Espeso

La decepción después de una ilusión que sucedió al desencanto sobrevino tras la esperanza que había sucedido a un desengaño producido tras la euforia que a su vez había relevado al chasco que se originó luego de aquel lejano alborozo inmediato a la decepción después de... y así, en bucle dentro un bucle, caminamos por la vida: entreveramos nuestras jornadas aprendiendo que los días de mucho son vísperas de nada; que en los días de nada, por más que llueva, siempre escampa. Y por si se nos olvida, siempre aparece el fútbol, descarnado en su esencia, para recordárnoslo.

Acudía el Pucela a Zorrilla tras dos previas decepciones consecutivas enfoscadas ya, tras el cemento de la esperanza preparada con la hormigonera del triunfo en Huesca, en algún ignoto muro del cerebro. De repente, de temblar mirando hacia abajo, un resultado pintón a resultas de un notable desempeño, vuelca la imagen, modifica las expectativas... distorsiona la realidad de un cuarto de hora antes y nos encontramos descontando en nuestro futuro perfecto la distancia que nos separa de los de arriba, de los que ocupan la posición que allá por mayo repartirá primarios regocijos, amnésicos deleites, antesalas que encubrirán venideras frustraciones.

En los mentideros blanquivioletas se debatía -como si las indisposiciones padecidas ya no afectasen, como si no pudiera aparecer ni el efecto de una secuela- acerca de si el equipo había encontrado (definitivamente) el juego o se limitó a plasmar un juego del que ya era depositario, por medio de la eficacia, en resultado. Que si tendencias rectificadas, que si inflexiones apuntadas, que si mínimos relativos indicadores del fin de un declive, del comienzo de un remonte... que si nada: ni ocasiones sin gol, ni goles sin apenas ocasión; ni juego sin eficacia, ni eficacia hija o no del juego. Diez minutos duró el impulso, la expectativa, la ilusión en su acepción de «concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos». De nuevo a sufrir los estragos del deambular en bucle, del volver a la fase depresiva.

Si el Pucela hubiera ganado al FC Andorra, como daba por descontada la citada inercia levemente despuntada una semana atrás, el triunfo hubiera contribuido a olvidarse de vulnerabilidades, a apretar el paso por ese mundo que olvida el riesgo del derrumbe. Quizá, perdón por la disrupción, la holgada distancia a los puestos de descenso se asemeja a la tranquilidad, la relajación, que aporta un modelo de sanidad pública aun a los sanos por la certeza que les otorga la garantía de que no existe la línea del descalabro. Quizá, perdón por la disrupción, campañas como la de recogida de alimentos efectuadas en ese Zorrilla al que acudía el Pucela pretenden sumar al menos un punto en la clasificación de las personas más vulnerables, un punto que les aleja algo de la línea del descenso al último círculo del infierno. Por más que uno cuestione determinados usos interesados, la disposición y el empeño de muchas personas del común en alejar siquiera un poco la línea de la necesidad merecen el apunte, un remate final para que no se olvide, para saber dónde estamos, para recordarnos que el bucle vital nos puede conducir a una situación similar a la que se pretende combatir.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 14-12-2025

 

lunes, 8 de diciembre de 2025

PUES SÍ, TENÍA OTRO PASO

 

Foto: Carlos Gil-Roig

En un encuentro ocasional, una persona que trabaja en una residencia me comentó que uno de los internos del centro compartía conmigo localidad de nacimiento. Al escuchar el nombre, no caí de inmediato. Pero una referencia orientó mi memoria. Entonces, al reconocerle, esbocé una sonrisa bobalicona. Mi cabeza, qué remedio, ella es así, viajó a diversos puntos de aquella época que engloba infancia, adolescencia y primerísima juventud.

 

Los momentos de encuentro con aquel muchacho grande se fueron sucediendo en una especie de proyección sobre mi cerebro. Tan pronto se me aparecía la imagen de su semblante carialegre cuando, sentado en la puerta de su casa, devolvía el saludo a los muchachos que recorríamos el camino de la escuela, como alcanzaba a distinguir su figura enérgica, dichosa, amigable, al mostrar sus láminas coloreadas. De repente, por ligazón, el zigzag memorístico me condujo a una tarde veraniega en la alquería de Astudillo. Allí, el padre de este muchacho conducía una cuadrilla presta para escardar: unos chavales que obteníamos unos duros para evitar pedir en casa la propina y un señor, mayor aún que nuestros padres, que sumaba jornales precisos y preciosos para el sustento familiar. Surco arriba, surco abajo, el hombre acumulaba metros de rezago. El encargado alzó su tronco y, al percatarse, le espetó. «¿Qué, no tienes otro paso?». Sin azararse, con pausa, el jornalero se incorporó antes de emitir sentencia: «Sí, pero es más lento». «Entonces», resolvió el capataz, «continúa con el que llevas».

Un doble tirabuzón psíquico me condujo al Pucela, a su ritmo de escarde. Dudé sobre si ya había utilizado esta anécdota; por lentitud, el Pucela aportó un sinnúmero de opciones. En cualquier caso, me dije. De forma inhabitual, me rondaba una materia sobre la que hacer girar un artículo antes de que comenzara el partido. Idea que, apenas alcanzados los dos minutos, se reforzó cuando el Huesca dejó escapar una ocasión pintiparada. Y luego otra. El rival, al decir de Almada, puceleaba: creaba, amenazaba, pero no concretaba. Por contra, un lujo de Latasa, un disparo malicioso de Chuki, invirtieron los papeles encarnados en fechas precedentes: a la primera ocasión, ventaja propia. Y a la segunda, tras esquivar acometidas oscenses, doble ventaja. Peter Federico, que partía desde la banda que le indica Almada, marca arrancando y consumando en el territorio que Yepes propone. El Pucela demostró que sí tiene otro paso. No cabe –tomo reflexión de otra persona que sabe algo de esto– criticar si se pierde aun creando ocasiones y, a la vez, atizar si se gana pese a concederlas. El Pucela demostró que sí tiene gol. Tal vez los dueños festejen el hallazgo. Se ahorrarían un pico en el próximo mercado. Tal vez, de ocurrir así, Almada maldiga este acierto al entender que encierra algún germen que volverá a menoscabar cuando menos se le espere. Tal vez, pero de momento hemos visto al Pucela apresurar el paso. Y es un paso.

 


miércoles, 3 de diciembre de 2025

LA TORMENTA Y LA GOTERA

 

Foto: Efe

Cincuenta años después, sea por la efeméride redonda, sea porque la coyuntura prescribe una mirada hacia algún punto sedante del pasado, sea por encontrar la génesis de una conversación cerrada en falso que - durante algún que otro decenio aparentó curada o cuanto menos simuló inocua- supura infectada, la Transición vuelve a colear en debates, ficciones o relatos compuestos para la digestión social, para alimento de propios y vómito antagónico. La Transición y su fósforo constitucional. La Transición y sus amenazas latentes. La Transición y su contingencia golpista. La Transición arrinconada cuando dicha contingencia se hizo carne (o la vacuna Tejeril, o la vuelta atrás de un plan que se trastabilló). Una historia de traiciones y lealtades en la que se asumieron como dogma los papeles de traidores y leales preasignados y escritos al pertinente dictado por Victoria Prego. Una historia ahora deshilachada en versiones en las que los relatores, cada relator, distribuyen unos u otros papeles a su conveniencia.

La Transición, desmemoria subsiguiente al silencio impuesto manu militari, pacto para no hacerse daño al estilo del chiste del dentista -eso sí, un acuerdo en que el paciente solo disponía de su mano frente a la dotación amenazante, anestésicos incluidos, del sacadientes- consolidó unos lustros de sensación de bonanza. La Transición, digo, ha perdido su efecto terapéutico.

Al final, los viejos por hastío, los jóvenes por desaliento, diagnostican la quiebra de un modelo que, si alguna vez guareció, ya no transmite sensación de cobijo. Bien entendido, el paradigma resquebrajado, el patrón que amenaza con la intemperie, no es tanto la gotera local como la imponente tormenta global, pero importa que el tejado propio se arregle.

Y no encuentro manera. Las propuestas han desaparecido. El apoyo tan solo se reclama por el descrédito del enemigo, que ya no rival. La libertad augurada, al menos la capacidad de decisión, se deteriora cuando las opciones desaparecen. La alternativa a una propuesta deseada nunca puede ser la que, envuelta en detergente, defiende una idea opuesta.

Y en el mundo de verdad, el de la supervivencia, el de llenar el plato cada día, los mineros aún mueren en la planta catorce.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 2-12-2025

martes, 2 de diciembre de 2025

CUANDO LA ENSALADA ES NADA

 

Foto: Rodrigo Jiménez

De forma sencilla, entendemos el movimiento como la tesitura en la que se encuentra un cuerpo en el transcurso de un cambio de posición. Desde esta perspectiva, el Valladolid, obviamente, modifica su emplazamiento, se mueve hacia adelante, avanza, porque, como dejó cincelado Vujadin Boskov en las tablas de piedra donde se acuñan los mandamientos de la sabiduría futbolística, ‘punto es punto’ y todo suma. Los ahora ancianos que padecieron las inclemencias del hambre de la posguerra extienden este principio futbolero del aludido entrenador serbio a la vertiente nutricia: ‘mejor ensalada que nada’.

La Física afianza la definición; requiere para ello un observador capaz de constatar, mediante mediciones, dicho cambio de posición -en función del tiempo- respecto a un sistema de referencia. Esta perspectiva dota al movimiento de un matiz relativo: un cuerpo, en función del sistema tomado como referencia, puede moverse o no hacerlo –mantenerse en reposo–, puede, incluso, avanzar o retroceder mientras verifica idéntico tránsito. Ya saben, usted y la persona que ocupa el asiento contiguo en un tren en marcha permanecen quietos ante el ojo de una tercera pasajera; se desplazan vertiginosamente hacia adelante desde la óptica de la vaca que pasta en la pradera aledaña a la vía o reculan si nos atenemos a la panorámica que se observa a través de la ventanilla del tren de alta velocidad que, circulando en paralelo, sobrepasa su convoy. El punto –por más que persista en su boskoviano ser punto, por más que, considerando el sistema de referencia de la recta de los números naturales, suponga un avance– comporta un retroceso tanto en la referencia clasificatoria como, y si me apuran esta visión es aún más preocupante, en las coordenadas que definen el nivel del juego, el potencial del grupo. Un puntito p’alante, un, dos tres, un pasito p’atrás. Pero no punto y pasos sucesivos, como los de la coreografía del baile de María, sino interpretados en el mismo instante.

Para comprensión del movimiento, en su estudio físico, ya digo, contamos con dos caminos. A un lado se abre la senda de la cinemática, una forma de estudio que se limita a considerar el movimiento en sí, a analizar la trayectoria dibujada por el móvil según transcurre el tiempo. Una línea decreciente, si nos referimos al Pucela, que ha transitado desde las posiciones que albergan el sueño del ascenso hasta, de momento, situarse a tiro de la amenaza con el desahucio. Queda la duda de si en un futuro aparecerá el punto de inflexión primero, el mínimo después, que indiquen el cambio de la tendencia, el fin de la caída, el inicio del tramo creciente de la gráfica.

De otro, nos adentraremos en la espesura de la vereda de la dinámica, un pasaje en el que se va relacionando dicha trayectoria con las causas reales que la provocan, en el que se describen las fuerzas que originan los movimientos… y las de resistencia, que los atenúan o los detienen. El estudio dinámico respondería a la súplica de Almada tras el partido ante el Málaga. Don erre que erre demandó en rueda de prensa analizar los partidos más allá del resultado. Escribo ‘don erre que erre’ contradiciendo de alguna forma lo sostenido en el artículo anterior, aquello del espíritu de la escalera: por sus palabras, por sus declaraciones, por más que descienda peldaños, por más que el Pucela se descuelgue escalones hacia abajo, la cabeza de Almada no encuentra la frase idónea para haberla formulado antes. Y si la idea se le presenta, se desvanece al ritmo que describiera el técnico galés John Benjamin Toshack: “Los lunes pienso en cambiar a diez jugadores, los martes a ocho, los jueves a cuatro, el viernes a dos, y el sábado ya pienso que tienen que jugar los mismos cabrones de siempre”. Los mismos cabrones y dispuestos de la misma manera. Las mismas fuerzas del estudio dinámico de partidos anteriores -ese presionar más por cantidad de esfuerzos que por calidad de los mismos- con la pretensión de obtener una secuela diferente. Y eso, en frase (siempre y mal) atribuida a Einstein, resulta que no. Salvo que nos refiramos a la erosión, el desgaste provocado por la insistencia de movimientos aparentemente inocuos que terminan por abrir grietas en el cuerpo rival. “Lo que hacemos -remata el técnico blanquivioleta- es lo que te acerca a ganar”. Tendremos que creerle… o desesperarnos aguardando el fin o bien de un proceso por definición duradero o bien de una excusa, también por definición, sin fundamento.

 Artículo publicado en El Norte de Castilla el 1-12-2025