Va de suyo que el objetivo de cualquier organización política consiste en tener los votos suficientes para gobernar. Parecería natural que, conseguido ese objetivo, dicha organización podría poner en marcha su programa. Pero esta segunda parte, que suena a obvia, se convierte en imposible cuando se analizan las piezas que forman parte de la maquinaria llamada España. Hasta ahora, todo el poder político se ha repartido entre los dos grandes partidos: ahora tú, ahora yo; aquí nosotros, vosotros allí. El poco espacio que no copaban quedaba en manos de sus epítomes territoriales. Su estrategia se centraba en dos ejes: por un lado, exhibir un discurso esencialista que marcase diferencias ideológicas con el rival y así aglutinar a los propios; por otro, elevar el nivel de las expectativas prometiendo el mejor producto posible para que los indecisos comprasen la mercancía. Una y otra vez. Los programas no eran más que una relación de buenos propósitos, una descripción de un supuesto paraíso pero sin plano para llegar a él, una añagaza, un triste envoltorio para llamar la atención. Luego las palabras se las llevaba el viento del quisimos pero no pudimos o la brisilla del hemos aprendido la lección y la próxima no fallaremos. Con todo, casi siempre se resolvía de la misma manera, manteniendo la confianza en quienes estaban hasta que estos la perdían y comenzaba el siguiente turno. Una y otra vez. Eso sí, anclaron en el imaginario colectivo dos ideas que se retroalimentan: que los gobiernos tienen un poder omnímodo y que la diferencia entre unos y otros radica básicamente en la capacidad de gestión bien por aptitud (somos mejores) o de actitud (somos más honrados y menos mentirosos).
Blog sin más pretensión que la de poner un poco de orden en mi cabeza. Irán apareciendo los artículos que vaya publicando en diversos medios de comunicación y algunas reflexiones tomadas a vuelapluma. Aprovecharé para recopilar artículos publicados tiempo atrás.
jueves, 23 de abril de 2015
lunes, 20 de abril de 2015
JUGADITA PARA GALEANO
Quizá, Eduardo, pueda rescatar una jugadita de esas lindas que mendigabas. Te escribo desde Valladolid, donde ayer, el equipo de la ciudad tenía partido. Es un equipo chico que vive en la escalera que separa la cola de los leones de la cabeza de los ratones. Ahora toca ratón. Tal vez te suene su nombre porque en su día, cómo pasa el tiempo, hace de esto ya más de veinte años, vistieron su elástica blanca y violeta dos jugadores citados en tu ‘Fútbol a sol y sombra’: Valderrama, aquel pibe colombiano fácilmente reconocible porque dirigía las maniobras con «una corona de electrizada pelambre» y su compatriota René Higuita, un guardián de las redes que fue, a la vez, un visionario y un metepatas que sufrió «la maldición de los tres palos». Su rival era el Sabadell, un modesto equipo de la periferia de Barcelona que aspira a mantener esta segunda categoría. El primer tiempo llegaba a su mitad. La pelota correteaba en ese espacio inconcreto que es el centro del campo. Iba y venía sin un criterio claro, pasaba de unos pies temerosos por no perder su posición a otros cuyo único objetivo era alejarla lo más posible de su arco. Estaba siendo, y el resto del tiempo lo confirmó, un encuentro de tantos en el que los unos querían pero no habrían de poder y los otros no podían y terminaron por no querer. Pero te decía que en ese momento, la pelota descansó en el pie derecho de Álvaro Rubio. Te hubiera gustado ver jugar a este chico que ya no lo es tanto. Levantó la vista, oteó el horizonte y envió con precisión la pelota al espacio donde habría de aparecer el extremo derecho. Y apareció lanzado como un cohete Hernán Pérez. Este se introdujo en el área trazando una diagonal, frenó y aceleró, amagó con salir por la derecha y lo hizo por el flanco opuesto. No remató, la jugada no tuvo el premio de ese orgasmo monosilábico, de esas tres letras que se gritan abrazándote a un desconocido. Pero habrías agradecido esta jugadita con una sonrisa y te la hubieras quedado.
jueves, 16 de abril de 2015
LA REALIDAD VENCE DE NUEVO
Hace unas semanas, en una red social, me encontré con un ‘sketch’ que se debió de emitir en algún programa de tv. En dicha escena se recreaba el ambiente de un restaurante de los caros y la atención de la cámara se centraba en una de las mesas donde una pareja, ella y él, reciben la bienvenida del camarero y establecen una de esas conversaciones en las que se decide qué pedir. La mujer intenta hablar, pero su compañero le interrumpe: “Me han recomendado el sitio y me han dicho qué pedir”. Toma la carta y, ante la estupefacta cara de su acompañante, la lee con la pericia de un niño de tres años, sílaba a sílaba, “con-so-mé y de segundo fi-let”. “Falta una e”, añade con aire resabiado. El camarero le aclara “es francés, filé”. Nuestro hombre se viene arriba: “Pues sobra una t”. Continúan con los vinos y más de lo mismo, el camarero sugiere dos, el hombre dice que no, que “traiga uno ‘na’ más que no me gusta mezclar que ‘te se’ sube a la cabeza y es lo peor que te puede pasar”. El camarero se retira. Cuando la pareja se queda a solas, la mujer pregunta al bocas: “Y tú ¿a qué te dedicas?”. Él lo explica todo: “Pues soy concejal de cultura”.
domingo, 12 de abril de 2015
DATO MUY FRÍO
Los datos sobre el desempleo empiezan a parecer bonitos. Esa aparente bondad estadística se nota desde el momento en el que los portavoces oficiales se sientan en la silla desde la que han de informar. Sus sonrisas les delatan, pero hay poco que reprocharles, su misión consiste en que hacernos creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles. En este caso, su labor consistía en alimentar los números con el maná que por fin llega. Así, el número puesto sobre la mesa se convierte en dato irrefutable. El último, el referido a febrero, fue el 13.538, aséptica cifra que indica el descenso en el número de personas desempleadas. En boca de dichos portavoces el número es el sol esplendoroso que iluminará nuestro futuro. Bajando al detalle, el dato, sin embargo, pierde peso. Muchos de esos nuevos contratos son para pocos días o para pocas horas cada día, contratos que aflojan el nudo de la soga que rodea el cuello, pero que no permiten que entre más oxígeno en los pulmones. Empleos que no dan más que para sobrevivir esperando con el mismo miedo que llegue otro nuevo y así ir estirando la angustia. Los números, esos números, cuentan la realidad pero no la explican del todo.
jueves, 9 de abril de 2015
CUI PRODEST
Desde la época de
la República romana, los investigadores buscan pistas para esclarecer cualquier
delito preguntándose quién es el beneficiario de tal crimen, el famoso ‘Cui
prodest’. Este mismo principio del derecho romano cabe extenderlo más allá de
la investigación criminalística, por ejemplo a lo que rodea a la propia
investigación. En torno a cincuenta personas pertenecientes a colectivos
anarquistas han sido detenidas en días pasados. En diciembre otro tanto de lo
mismo. ¿La acusación? Pertenencia a organizaciones criminales con fines
terroristas. ¿Las pruebas? Estamos a la espera.
domingo, 5 de abril de 2015
CARAS Y CULOS
Según marcaba la costumbre, los soldados encargados de llevar a cabo cada crucifixión se habían de repartir las ropas del reo ajusticiado. De esta manera, los cuatro que participaron en la de Jesús, cuando hubieron concluido su labor, se dividieron las pertenencias del que ya colgaba en el madero. Pero en el momento en que tuvieron la túnica entre manos comprobaron que no tenía costuras y que romperla en cuatro trozos no era la mejor idea, por lo que decidieron sortearla. A ese hecho que relata Juan en su Evangelio se agarra una de las tradiciones que ha llegado a nuestros días: los juegos de apuestas vinculados socialmente a la Semana Santa. Hasta tal punto que, la misma actividad que podría ser sancionada cualquier día del resto del año, está perfectamente legalizada durante estas fechas. Así, entre procesión y procesión, multitudes de personas se agolpan en torno a una mesa para jugar a los borregos o se reúnen en corros para lanzar las chapas con el beneplácito de las autoridades, ya sean estas competentes o todo lo contrario.
miércoles, 1 de abril de 2015
EL IGNOTO CEREBRO
Nuestras cabezas
pueden ser armas de destrucción. En ese amasijo formado por millones de
neuronas interconectadas que es nuestro cerebro, reside el misterio más
indescifrable: la naturaleza del ser humano, la de todos y la específica de
cada uno. Podemos saber cosillas, incluso intuir otras de mayor alcance, pero
hasta un punto, a partir de ahí empieza el vacío. Averiguar cuáles son los
estímulos y cuáles las reacciones, las relaciones entre unos y otras, sigue
siendo un pozo insondable incluso para los profesionales del asunto. Se
estudia, se investiga, se experimenta, se avanza, pero lo que se conoce sigue
siendo del tamaño de un alfiler comparado con el inmenso mundo de lo ignoto.
Una de las formas de ir anclando lo poco que se sabe es agrupando realidades
bajo los límites de las palabras.
domingo, 29 de marzo de 2015
OTRO BORRÓN
El 28 de marzo es el cordón que ata dos cumbres de la poesía, de esa que, de tanta verdad, de tanto conocimiento de las pasiones humanas, rasca las entrañas. La fecha también anuda la vida con la muerte, los límites de ese breve espacio de tiempo comprimido entre dos silencios absolutos que es la vida. Un 28 de marzo de hace quinientos años nacía Teresa de Cepeda y Ahumada; otro más reciente, de solo hace setenta y tres, moría Miguel Hernández. Dos figuras que, además de sus versos, fueron capaces de transmitir la fuerza que parte de la convicción de los valores en los que creían, el arrojo para enfrentarse a los poderes de sus respectivos tiempos y la determinación para seguir el camino elegido por duro que este fuera sin sucumbir ante la posibilidad de atajar por otras rutas menos complejas. Pues bien, en esta fecha no pedíamos versos imperecederos al Real Valladolid, nos conformábamos con unas líneas de buena prosa y unos pocos de aquellos valores: algo de convicción en su capacidad, una ración de arrojo para enfrentarse a las vicisitudes de un encuentro de fútbol y un pedacito de determinación para mantener una propuesta y defenderla hasta el final. Pues en vez de eso, un borrón. Ni siquiera tuvo la capacidad de rebelarse ante la adversidad que se escribió en el primer minuto cuando, sin haberse acomodado en el terreno, ya había recibido un gol. El resto del tiempo fue un canto a la angustia y a la incapacidad. La angustia por un tiempo que, según se iba, parecía obligar a los blanquivioletas a marcar el segundo gol antes de haber metido el primero y la incapacidad para rectificar aquel renglón torcido. Entre medias, Samu y Keko (sí, aquel juvenil que anduvo un tiempo por aquí), dos chavales del desahuciado Alba, ofrecieron un curso de clase y desparpajo. Desarbolaron cuando quisieron todas las líneas pucelanas. La única respuesta fue renegar del juego habitual y rezar para que el corparrón de Tulio sirviese de faro.
jueves, 26 de marzo de 2015
EN EL MOMENTO PRECISO
Parecía que estaban
ahí como aletargados; todo lo más, preocupados por guardar su viña catalana,
pero en realidad vigilaban, estaban al acecho esperando el momento propicio
para saltar sobre su presa. No es fácil acertar con ese instante preciso que
garantiza el éxito de la operación. A veces las prisas te impelen a saltar un
poco antes de tiempo y cerca de la línea de meta se agotan las fuerzas; otras
veces, por esperar demasiado, el enemigo tiene tiempo para rearmarse y, cuando
pretendes arrancar, él ya ha llegado. Ciudadanos, con un reloj que ni adelanta,
ni atrasa, ha atacado a la hora en punto. Así, a la chita callando, se han
hecho un hueco en Andalucía que les permitirá uno mayor en lo que aún queda por
repartir en este año de elección tras elección.
No tuvieron prisa,
pudieron haber buscado el espacio tiempo atrás, sabían que en esta sociedad se
estaba larvando el germen del descontento, ese que lleva a desacreditar a todo
lo que huela a pasado e invita a creer en cualquier cosa a la que se pueda
aplicar la palabra nuevo. Pero esperaron a que otros les hicieran el trabajo
sucio. Esos otros llegaron. Los que llamaron círculos a las circunferencias lo iban haciendo. Ciudadanos permanecía agazapado, aún era
pronto.
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