lunes, 7 de septiembre de 2026

ESTE PAVO ESTÁ MUY BUENO

Foto: A. Mingueza

Cuando apenas hace unos minutos que el árbitro ha señalado el final del partido del Pucela, con la maqueta –que en un rato referirá un texto relacionado con la primera victoria blanquivioleta– aún en blanco, me quedo con ganas de evadir una respuesta a la manera del padre Velasco, el cura amigo de Francisco Galván de Montemayor, el protagonista de la película 'Él' dirigida por Luis Buñuel en 1953. Los comensales de una cena de la alta sociedad mexicana disertan, inducidos por el afán enfermizo de Francisco, sobre las diferentes perspectivas desde las que enfocan el amor. Mientras tanto –Gloria, doliente receptora de la perversa visión del amor que no es sino cobarde sentido de la posesión– calla. El cura, en su pretensión de difuminar alguna arista de una diatriba tan refinada en formas como agreste en el fondo, apunta un suave cuestionamiento, un leve condicional, un «y si ella no te quisiera...». Atónito ante la vehemencia –y el desalmado convencimiento– de la respuesta, del «tendría que quererme» formulada como una inexorable obligación, el cura opta por apartarse de la conversación, evita de esta forma contrariar al anfitrión. Sin embargo, quizá con la voluntad de que Francisco se callase, por el anhelo de escuchar un parecer opuesto al de este o debido a la simple inconsciencia, otro comensal se empeña en devolver la palabra al padre Velasco.

 

–¿Qué opina usted, padre Velasco?

El hombre, pusilánime, acobardado –cobarde de por sí–, sabedor de la procedencia de su aventajado estatus, abre los ojos como platos, fuerza un gesto candoroso, un ademán afable y concluye.

–Pues yo opino sobre el amor que este pavo está muy bueno.

Me quedo con ganas, decía un poco más arriba, de evadir la respuesta. Cuenta –escucho con demasiada frecuencia, y no solo en lo entroncado con el fútbol– sin más, el resultado. El 'cómo' –cuando se gana y cuando se pierde– ocupa un espacio marginal. Un hijo bastardo de aquel «ganar, ganar y volver a ganar» que proclamó Luis Aragonés ha devenido axioma. Luis, su carrera parece confirmarlo, pretendía ganar siempre; a buen seguro, para su paladar, la literatura de la derrota no la transformaba en dulce por más que hubiera resultado inmerecida... pero de la misma forma, me cuesta creer que un triunfo pírrico, que la suma de tres puntos sustentada en el azar, le complaciese, no le impeliese a desmenuzar las razones por las que –triunfo al margen– su equipo resultó zarandeado en el campo.

–¿Qué opina usted, Robledo, del partido del Real Valladolid?

–Pues yo opino sobre el triunfo del Pucela que este pavo está muy bueno. Y que ha ganado porque el hado estadístico se ha empeñado. De todos los remates de cabeza de los jugadores del FC Andorra, el único que traspasó la línea de gol fue el que Alende, al fin y al cabo lució en su momento la elástica blanquivioleta, realizó contra su propio portero. A partir de ahí, la nada, el desarrollo de la vieja táctica del murciélago: todos colgados del larguero.

Una consideración, De Rooij, uno de los mejores en Cádiz, recibe la retribución en forma de banquillo. Ítem más, de primeras, cuando el jugador que ocupaba su puesto fue sustituido, tampoco compareció. O sufría algún problema físico o qué decir: que este pavo está muy bueno. Los tres puntos también, claro, riquísimos. Pero...