En vísperas de la Nochebuena aparecen imágenes de menús que simulan los manjares que la tradición indica, pero que se realizan con mucho menos ‘glamour’, u ocurrencias del mismo estilo como pintar ojos en los fideos para que parezcan angulas. Humor negro que no llega, como siempre ocurre con la ficción, ni a los tobillos de esa realidad que esconde en las casas de nuestra provincia ‘hambre y cebolla, hielo negro y escarcha grande y redonda’. Quince niños en Tordesillas, otros pocos en Mota y Medina, supongo que más de lo mismo en cualquier otro sitio que se mire, se sientan delante de la pizarra de clase tarareando para sí las Nanas de la cebolla de Miguel Hernández ‘en la cuna del hambre mi niño estaba’, miran a los ojos de sus profesores sin haber desayunado. Hambre que es hambre de la de verdad, de esa que quien la sufre piensa que nunca podrá ser vencida mientras limita sus sueños a estar en la mesa de las cervantinas bodas de Camacho para sentir el estómago saciado.
Blog sin más pretensión que la de poner un poco de orden en mi cabeza. Irán apareciendo los artículos que vaya publicando en diversos medios de comunicación y algunas reflexiones tomadas a vuelapluma. Aprovecharé para recopilar artículos publicados tiempo atrás.
domingo, 22 de diciembre de 2013
jueves, 19 de diciembre de 2013
HAY SI TANTOS DICEN QUE HAY
Cuando llegábamos a
casa con alguna brecha, echábamos la culpa a otro de haber dado inicio a una
pelea que nosotros, buenecicos que éramos, nunca hubiésemos empezado. Nuestras
madres, mientras tiraban de mercromina, nos miraban con cierto desdén y usaban
siempre el mismo latiguillo inculpatorio: dos no se pelean si uno no quiere. En
parte no les faltaba razón, pero solo en parte. En primer lugar, porque si uno
hostiga lo suficiente no hay fuerza humana que evite la colisión y, sobre todo,
porque siempre somos capaces de ver ese hostigamiento que nos justifica y nos
permite aparecer, ante los demás y ante nosotros mismos, como seres beatíficos
que hicimos lo que no nos quedaba más remedio que hacer. Cabe otra posibilidad:
saber que hay alguien que se siente molesto por algo de lo que nos acusa y
negar la mayor diciendo que no ha pasado nada. El otro recalcará la ofensa y
nos negaremos a hablar con él, porque insistiremos en que lo que dice es falso,
que no hay conflicto alguno. Pero lo hay, sea cierta o falsa la acusación,
desde que alguien cree que tiene motivos para plantear un conflicto, el
conflicto existe, y negarlo solo impide una solución pacífica y serena.
martes, 17 de diciembre de 2013
CAMBIO DE OPINIÓN
Haciendo una somera
recopilación de las ventajas que el alcohol aporta a quien lo consume,
el gran Leo Harlem nos explicaba en uno de sus monólogos cómo el exceso
etílico nos provoca raudos cambios de opinión: ‘aquella chiquilla que no
parecía gran cosa, después de seis pelotazos cómo se ha puesto la
princesa’. En esta sociedad en la que estamos anclados, no necesitamos
esa media docena de copazos para pasar de defender airadamente una cosa
a, poco más tarde, postular tercamente por la contraria. Al final,
bebidos o no, nos conducimos socialmente como borrachos, curveando la
trayectoria, empecinados en una trazada incorrecta y manteniendo un
equilibrio inestable hasta caer definitivamente. Es tan fácil el acceso a
la información, es tan inabarcable la que se nos ofrece, que al final
sentimos la carencia de una visión global que nos permita impregnarnos
de unos valores más sólidos y estamos más expuestos a la propaganda y,
por ende, a la manipulación. El filósofo polaco Zygmunt Bauman definió a
nuestra época como la de la modernidad líquida en la que las opiniones
tienen la misma vigencia que las camisas, estas para esta temporada,
aquellas para la que viene. Esperando que los ‘gurús’ de la moda nos
digan cuáles son estas y cuáles aquellas.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
EL ESTADISTA PEOR QUE MALO
En aquella Francia aún sin preñar de revolución, el
aristócrata François de la Rochefoucauld escribió un libro titulado Reflexiones o sentencias y
máximas morales. Una de esas sentencias afirma que la hipocresía es un homenaje
que el vicio rinde a la virtud. O sea, que aparentar lo bueno aunque se actúe
de forma opuesta es el reconocimiento implícito de que se está obrando mal. A
vista de pájaro, mientras volaba sobre Melilla camino de Johannesburgo, Mariano
Rajoy pudo vislumbrar esa valla que su gobierno decidió adornar con cuchillas
con la intención de desactivar la voluntad de saltarla, pero la voluntad puede
más y las cuchillas siegan extremidades. El avión aterrizó y su presencia allí,
en la lejana Sudáfrica, quería ser, o eso se daba por supuesto, un homenaje a
ese hombre que, durante casi treinta años, apenas pudo ver el sol porque se lo
habían robado. Nelson Mandela nació siendo negro y optó, sin dejar de serlo,
por ser rojo, por ser de un rojo que abarcase todos los colores del arco iris
menos los que sirvieran como excusa para cercenar la libertad del último
hombre, de la última mujer. Allí, homenaje que rinde el vicio, estaba el hombre
de las cuchillas.
jueves, 5 de diciembre de 2013
BATUTA BUFONA
El diario oficial de la Ciudad del Vaticano,
L`Osservatore Romano, recibió algo mal la noticia de que el Premio Nobel de
Literatura de aquel 1997 había caído en las impías manos de Darío Fo. Tan mal,
que no tuvieron recato en cuestionar los merecimientos del dramaturgo italiano
del que escribieron que no llegaba ni a escritor, que era, simplemente, un
bufón. Fo, lejos de sentirse molesto por el supuesto desprecio, agradeció esas
palabras, vino a decir que eran muy certeras y que, aun involuntariamente, le
piropeaban de la mejor manera posible. Un bufón, explicaba el recién premiado,
se dedica a hacer gracias ante los poderosos, a sacarles a estos unas
carcajadas, sí. Pero precisamente por eso tienen el poder de transportarlos a
la realidad, de hacerles sentir, siquiera por medio de la risa, seres tan
mundanos como los demás. Los bufones eran los únicos capaces de ridiculizar a
los mismos a los que hacían reír, los únicos que no tenían miedo, porque el humor
les servía como salvoconducto para adentrarse en el territorio de la verdad.
domingo, 1 de diciembre de 2013
VIAJES ÚTILES
Imagino la cara de aquel joven ginecólogo que,
apoyado en la barandilla del balcón, habla por teléfono con su hermano.
‘Bien, bien’, dice, ‘ha merecido la pena viajar hasta aquí’. Recordaba
la primera (y única) vez que atendió un parto en su provincia, tiró
con tal fuerza del niño que le ‘arrancó’ de su madre produciendo en esta
una hemorragia con fatales consecuencias. Con tanto vigor tiró que, a
resultas del propio impulso, el bebé se le resbaló de las manos y voló
hasta que encontró un freno en la cabeza de su propio padre. Ambos
murieron en el acto. Con el auricular en la mano, el médico sonreía
satisfecho. Lejos, aunque no hubiera pasado tanto tiempo, quedaba aquel
día en que el Colegio de Médicos le había expedientado y él decidió irse
a otro lado. Ahora estaba en ese otro lado hablando con su hermano.
¿Cómo te está yendo? Bien, bien, ha merecido la pena viajar hasta aquí,
ya he atendido un parto y he conseguido que sobreviviera el padre.
jueves, 28 de noviembre de 2013
MENOS CULTOS, NO PEORES
| Ambiciones y Reflexiones - Belén Esteban |
En algún momento de la historia
alguien dijo o dejó escrito que si las personas fuésemos más cultas
inmediatamente nos convertiríamos en mejores personas y desde entonces estas
palabras, u otras parecidas, se repiten como si de un axioma matemático se
tratase. Nada más lejos de la realidad. Más cultura individual nos convertiría
en más cultos uno a uno; más cultura en una buena parte de la sociedad
convertiría a esta en una sociedad más culta y ese sería el único beneficio
seguro. No habrá quien pueda garantizar que esa hipotética sociedad vaya a ser
más justa, ni más digna, ni más democrática. Ni siquiera es cierto que un
colectivo mejora necesariamente si quienes le gobiernan son personas
brillantemente formadas. No hace falta más que analizar el nivel cultural de
los jerarcas nazis para darse cuenta de ello, no hace falta más que ver esa
película de Jonh Frankenheimer titulada ‘El tren’ para comprender esta
posibilidad.
sábado, 23 de noviembre de 2013
LETRAS DE IDA Y VUELTA
Este país, en el que lo trascendente pasa de
puntillas pero a la vez se entretiene discutiendo hasta lo inverosímil
sobre lo accesorio, ha encontrado otro elemento de discordia en el
nombre de un centro cultural. Importante es la política cultural que
camina de la evanescencia hacia la nada (la política cultural, no la
cultura). Asunto menor, por más que haga frontera con el delicado
terreno de lo simbólico, es el de las letras que dan nombre al espacio.
Lo primero viene ocurriendo sin que por ello suenen más que unas pocas
voces que se convierten en alarmas insuficientes; pero algún responsable
del ayuntamiento madrileño decide que se retire el letrero del Teatro
Fenán Gómez para renombrarlo posteriormente y la noticia llena páginas
en los medios, origina revuelo en algunos corrillos, mofas en otros y
solivianta esas tabernas actuales llamadas redes sociales.
jueves, 21 de noviembre de 2013
UN DURO POR SUBIR AL ÁRBOL
Seguro que
recuerdan aquellos patéticos primeros chistes que nos contábamos. Tenían todos
como protagonista a Jaimito. Uno de ellos relata cómo una chiquilla le dice a
otra que Jaimito le ha ofrecido un duro por subirse a un árbol. La segunda niña
le responde que lo que pretendía el chaval era verle las bragas. La primera
sonríe con aire de ingenua ambigüedad y le replica que eso ya lo sabía y que,
para evitarlo, se las había quitado antes.
No soy capaz de
poner rostro a ese Jaimito etéreo que es el poder económico que todo lo puede,
que decide por nosotros. Pero consigue su propósito con creces, porque por
menos de un duro ha logrado que varios de nuestros gobernantes accedan a sus
peticiones y suban a un árbol mostrando impúdicamente sus vergüenzas. El
problema es que el árbol es tan alto que lo vemos todos. Desde allí arriba, el
Ministro del Interior muestra que bajo sus calzones tiene un proyecto de ley de
seguridad ciudadana (¡anda qué!) cuyo único propósito es blindar las calles
para reprimir, ley en mano, cualquier tipo de protesta imponiendo sanciones que
sonarían ridículas si se tratase de un chiste, pero estamos hablando de nuestra
realidad.
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