Foto: R. Jiménez
La verdad, yo no venía dispuesto
para solventar un apaño como este. Grato es, por supuesto, pero mentalmente me
desencuadraba. En alguna que otra ocasión, pocas, todo hay que decirlo, me ha correspondido historiar
encuentros en los que el Pucela había endosado cinco perillos al equipo rival.
Seis, incluso, al Rayo Vallecano en aquel último día de septiembre del año
2012. Siete, yendo a más, a los entonces bisoños churumbeles del Barça,
dirigidos por nuestro paisano Eusebio Sacristán, en los días previos a las
navidades del 14. Como Lope de Vega –bien que salvando la insondable distancia
que se extiende entre un 'Fénix de los ingenios' y este destripaletras agradecido–
me enfrento a una imprevista tarea: «Un soneto me manda hacer Violante». La
dificultad se acrecienta por la situación. En la temporada 2012-2013, el Pucela
caminaba holgado por las avenidas de la Primera División. Dos cursos más tarde,
galleaba con el plumaje del recién descendido por los vericuetos de la Segunda.
En ambas ocasiones, la melodía de una goleada, pese a lo improbable, no sonaba
estruendosa. Ahora, sin embargo, una sinfonía que albergase tal eventualidad
chirriaba. Y ahí me hallo, ¿cómo se da cuenta de una goleada? «En mi vida me he
visto en tanto aprieto». Si «catorce versos dicen que es soneto», nadie podrá
negar que anotar cinco chirlos es paliza.
«Yo pensé que no hallara consonante» para describir
el portento. Dado el poco hábito de mis manos en la tarea de hilvanar relatos
que refieran méritos propios, pretendí encontrar circunstanciales causas en
algún agente exógeno: dada la fecha, indagué acerca de la posible ayuda de la
Virgen del Pilar. Lo descarté de inmediato. Teniendo en cuenta la situación del
Real Zaragoza –hoy por hoy envidia la del Pucela, no digo más–, no me la
imagino capitaneando futbolísticamente tropa alguna. Además, una ayuda de la
Pilarica al Pucela implicaría un pescozón al Albacete. Nos toparíamos con una
resolución injusta a sabiendas, una especie de prevaricación divina impropia
del personaje que encarna la pureza. ¿Qué puede tener, además, la advocación de
María sobre el pilar en contra del Albacete Balompié? ¿Contra un equipo aún más
débil que el Pucela? Perjudicar voluntariamente al necesitado enmendaría el
conjunto de la doctrina social de la Iglesia. Y eso sí que no.
Me acobardaba el reto, «mas si me veo en
el primer terceto,/ no hay cosa en los cuartetos que me espante». El inopinado
meneo pudo brotar de una conjunción astral, de un desfase estadístico, de la
concatenación de condicionales cumplidos. Nos pasamos la vida con el 'y si tal,
y si cual...' de analgésico para la frustración, y este lunes careció de
sentido hasta el 'si Latasa hubiera marcado con el pie'.
Ahora, «que voy los trece versos
acabando», me percato de que en este mismo doce de octubre se conmemora la
fiesta nacional. No descarto que –y les alabo el gusto– los jugadores del
Albacete compartan la filosofía expuesta en 'La mala reputación' por el cantautor
francés Georges Brassens versionada en castellano por Paco Ibáñez: «Cuando la
fiesta nacional/ yo me quedo en la cama igual».
«Contad si son catorce, y
está hecho». Pero no nos vengamos arriba. Está hecho el artículo. La goleada
reluce, reilusiona, sí; pero a la temporada le queda mucha tela por cortar y no
estará toda tan ajada como la albaceteña.
Artículo publicado en El Norte de Castilla el 13-10-2026
