miércoles, 14 de octubre de 2026

CINCO CHIRLOS DICEN QUE ES PALIZA

 

Foto: R. Jiménez

La verdad, yo no venía dispuesto para solventar un apaño como este. Grato es, por supuesto, pero mentalmente me desencuadraba. En alguna que otra ocasión, pocas, todo hay que decirlo, me ha correspondido historiar encuentros en los que el Pucela había endosado cinco perillos al equipo rival. Seis, incluso, al Rayo Vallecano en aquel último día de septiembre del año 2012. Siete, yendo a más, a los entonces bisoños churumbeles del Barça, dirigidos por nuestro paisano Eusebio Sacristán, en los días previos a las navidades del 14. Como Lope de Vega –bien que salvando la insondable distancia que se extiende entre un 'Fénix de los ingenios' y este destripaletras agradecido– me enfrento a una imprevista tarea: «Un soneto me manda hacer Violante». La dificultad se acrecienta por la situación. En la temporada 2012-2013, el Pucela caminaba holgado por las avenidas de la Primera División. Dos cursos más tarde, galleaba con el plumaje del recién descendido por los vericuetos de la Segunda. En ambas ocasiones, la melodía de una goleada, pese a lo improbable, no sonaba estruendosa. Ahora, sin embargo, una sinfonía que albergase tal eventualidad chirriaba. Y ahí me hallo, ¿cómo se da cuenta de una goleada? «En mi vida me he visto en tanto aprieto». Si «catorce versos dicen que es soneto», nadie podrá negar que anotar cinco chirlos es paliza.

«Yo pensé que no hallara consonante» para describir el portento. Dado el poco hábito de mis manos en la tarea de hilvanar relatos que refieran méritos propios, pretendí encontrar circunstanciales causas en algún agente exógeno: dada la fecha, indagué acerca de la posible ayuda de la Virgen del Pilar. Lo descarté de inmediato. Teniendo en cuenta la situación del Real Zaragoza –hoy por hoy envidia la del Pucela, no digo más–, no me la imagino capitaneando futbolísticamente tropa alguna. Además, una ayuda de la Pilarica al Pucela implicaría un pescozón al Albacete. Nos toparíamos con una resolución injusta a sabiendas, una especie de prevaricación divina impropia del personaje que encarna la pureza. ¿Qué puede tener, además, la advocación de María sobre el pilar en contra del Albacete Balompié? ¿Contra un equipo aún más débil que el Pucela? Perjudicar voluntariamente al necesitado enmendaría el conjunto de la doctrina social de la Iglesia. Y eso sí que no.

Me acobardaba el reto, «mas si me veo en el primer terceto,/ no hay cosa en los cuartetos que me espante». El inopinado meneo pudo brotar de una conjunción astral, de un desfase estadístico, de la concatenación de condicionales cumplidos. Nos pasamos la vida con el 'y si tal, y si cual...' de analgésico para la frustración, y este lunes careció de sentido hasta el 'si Latasa hubiera marcado con el pie'.

Ahora, «que voy los trece versos acabando», me percato de que en este mismo doce de octubre se conmemora la fiesta nacional. No descarto que –y les alabo el gusto– los jugadores del Albacete compartan la filosofía expuesta en 'La mala reputación' por el cantautor francés Georges Brassens versionada en castellano por Paco Ibáñez: «Cuando la fiesta nacional/ yo me quedo en la cama igual».

«Contad si son catorce, y está hecho». Pero no nos vengamos arriba. Está hecho el artículo. La goleada reluce, reilusiona, sí; pero a la temporada le queda mucha tela por cortar y no estará toda tan ajada como la albaceteña.


Artículo publicado en El Norte de Castilla el 13-10-2026