jueves, 3 de abril de 2014

DIFERENTES, NO RAROS

Mi madre quería que estudiásemos, le costase lo que le costase. Y le costó muchas horas de esfuerzo, alguna noche sin dormir y muchos desvelos, pero se salió con la suya. Al fin y al cabo, lo que su vista podía alcanzar no llegaba a ver ningún futuro en el pueblo, así que lo mejor era que nos fuésemos de allí y buscásemos en los libros el pan del mañana. Eran tiempos en los que estudiar era sinónimo de progreso económico, la única escapatoria de un espacio en el que el reloj parecía haberse parado quizá definitivamente. La montaña rusa de la historia se encargará de desmentir aquel axioma, pero entonces es lo que había. Cuando esa tarde llegué a casa, ella me mostró la  revista de un colegio en Palencia. Allí habría de ir. Leí cada párrafo, escudriñé cada foto, mi imaginación recorrió cada recoveco, soñé con un mundo tan diferente al que había sido el mío hasta ese momento. Un detalle, sin embargo, captó especialmente mi atención: entre los alumnos fotografiados estaba Enrique. Además de piscina, campos de fútbol, salas de juegos, había un negro. Podría ver frente a frente a alguien de otra raza. Enrique fue mi primera pregunta cuando, por fin, llegué al colegio. Desde entonces han sido muchas las cosas que he visto y una sola la que he aprendido, cada ser humano es radicalmente diferente al resto y a la vez esencialmente igual a los demás. En lograr ese difícil equilibrio entre diferenciarnos de los demás y ser, a la vez, parte de ellos se asientan buena parte de nuestras frustraciones y nuestras alegrías. Fito con sus Fitipaldis decía que no sabía si era él o el mundo el que estaba cabeza abajo y definía su malestar: se sentía raro, no diferente sino raro.

lunes, 31 de marzo de 2014

SIN ACUSE DE RECIBO

Estimado Señor Rubio:
Desde ayer, la Pucela futbolística se asoma por la ventana, cierra los ojos y se regodea mientras recibe en la cara ese tímido rayito de sol que, atravesando el cristal, parece venir a decirnos que ha llegado para derrotar al invierno. Pero en esta tierra sabemos que hasta el cuarenta de mayo no es conveniente desterrar la ropa de abrigo, por si acaso. Precisamente por eso, ahora que aún nada está conseguido y, a la vez, se está a tiempo de lograrlo todo, quería dirigirme a usted para decirle una palabra que, también a la vez, resume todas: ¡gracias! No me apetece esperar a que se confirme la permanencia del equipo, así será, cruzo los dedos,  porque daría la sensación de que ese agradecimiento sería un premio por haber alcanzado un fin. Quiero hacerlo en este momento en que todo está por escribir. En este sentido me da igual lo que ocurra al final, si alumbra ese rayo de sol es debido, sobre todo, a usted. Sí, ya sé que el fútbol no es una excepción, que el trabajo de uno carece de sentido si no está respaldado del de los demás. Y es cierto que usted pertenece a una plantilla que ha dado a lo largo del año muestras de una honradez que escasea en otros ámbitos de la vida social de nuestro país. Quienes así no lo entendieron tuvieron que hacer las maletas. Al resto nada que reprocharles, lo que tienen lo dan. Más no se puede pedir. Pero en medio de todos refulge usted, y no por brillar como lo haría una estrella, tampoco por arrancarse en carreras estériles a la manera de los demagogos que buscan el aplauso fácil, su mérito radica, ahí es nada, en hacer en cada momento lo que corresponde y hacerlo, casi siempre, bien. Ayer, sin ir más lejos, consiguió transmitirme la emoción que siento cuando observo ante mí algo que se acerca a la perfección.

viernes, 28 de marzo de 2014

SEGURO QUE SÍ

Supongo que las cosas habrán cambiado desde entonces, pero cuando uno vuelve la vista hacia atrás y la fija en aquella época en que la semana no era más que una larga espera que encontraba sentido a partir de los viernes, rememora un tiempo envuelto en una doble capa de optimismo y perseverancia. O sea, una concatenación de intentos fallidos que culminaban en la vana esperanza de que la semana siguiente sería distinto. Llegada la hora salíamos en tropel a la fiesta de cualquier pueblo o, en su defecto, a la Peñaranda capital de aquella comarca en la que conviven tres provincias. Ahora llegaban los de tal pueblo, ahora los del otro hasta abarrotar el aforo de las calles. Los chicos de entonces, copa en mano, aires de yo pasaba por aquí, nos acercábamos a las chicas con las que íbamos coincidiendo en cada garito.

jueves, 27 de marzo de 2014

CON LA FRENTE MARCHITA

Decimos por aquí que en la mesa y en el juego se conoce al caballero. Si olvidamos el tinte clasista que expele el tenor literal de este refrán, podremos obtener de él una enseñanza: aunque uno se pase la vida queriendo disimular, hay ámbitos en los que la verdadera personalidad, por más empeño que uno ponga en esconderla, se impone a las apariencias.
La muerte de Adolfo Suárez ha tenido este efecto. Las versiones oficiales han edulcorado una época de cambalaches y posibilismos, ‘una tormenta que -como cantara Sabina- duró hasta entrados los años ochenta cuando el sol fue secando la ropa de la vieja Europa’. Desde este hoy que se nos desconcha ha brotado un arrebato melancólico como si ese ayer fuese paradisíaco. Pero, sigo con Sabina, ‘no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió’.

domingo, 23 de marzo de 2014

CON DIGNIDAD

Llegada de la marcha a Valladolid - ROSI CASARES
Han pasado cinco meses desde que Cáritas hiciese público el VIII Informe del Observatorio de la Realidad Social referido a 2012, un pormenorizado estudio que, piedra sobre piedra, dato sobre dato, certificaba con un número, tres millones, una realidad que, a estas alturas, no se le escapa a nadie: algún vecino nuestro es pobre de los de verdad. Pobre severo, si utilizamos la terminología empleada en el informe. El subtítulo del informe no puede contener más información en menos palabras: «El aumento de la fractura social en una sociedad vulnerable que se empobrece». Lo peor, con todo, no es el dato - tres millones de personas en España disponen menos de 307 euros al mes- sino la tendencia: cinco años antes el número era la mitad. La información que ofrece la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) confirma esta tendencia, sus análisis ratifican que en el periodo 07-10 España fue el país europeo donde más aumentó la desigualdad. Mientras los ingresos de las clases sociales más altas se mantuvieron, las más bajas habían reducido sus rentas en un 14%. Si extendiésemos los datos hasta hoy podríamos, de quedarnos vergüenza, ponernos colorados. El fútbol, como buen crisol en el que se funden todos los metales de la sociedad, se mimetiza con la sociedad hasta reflejarla de forma fidedigna. Todos los focos apuntan esta semana en la dirección de ese Foro de Davos del balompié, de ese Wall Street futbolero, que es el Real Madrid-Barça, sin embargo, el partido en que más había en juego era el del Pucela frente al Rayo. Mientras aquellos se enzarzan en discusiones sobre quién tiene el mejor avión o despide a más empleados, estos se juegan en cada carrera el pan de cada día. Comparten planeta, pero son otra cosa. Aquellos rivalizan, decía, pero se ponen de acuerdo para quedarse con el pastel. Estos pelean por unas migajas, apenas por un salario que les permita vivir y mantener las fuerzas para poder trabajar al otro día. Nos han convencido de que una derrota es una humillación, de que un empate, si no da para llegar a fin de mes, es merecido porque, a buen seguro, no hace nada por salir de esa condición.

jueves, 20 de marzo de 2014

14ª MUESTRA INTERNACIONAL DE CINE LGBT




JURADO DEL CICLO DE DERECHOS HUMANOS



LA DESNUDA MUERTE DESNUDA

Las valoraciones de las noticias que tienen capacidad para sobresaltarnos se convierten en un retrato fidedigno de quien las emite, porque siempre pillan con el pie cambiado. Es más fácil salir al paso con un comunicado oficial en el que la fina hipocresía encubre la bajeza de los verdaderos propósitos. Cuando toca lidiar con la cruel realidad a pelo, sin retóricas prefabricadas, a muchos se les ve el descosido ético.

lunes, 17 de marzo de 2014

BATIR Y PICAR

Bien pudo haber sido así. Juan Ignacio Martínez, ese entrenador que viste como lo haría cualquier señor castellano para ir a misa, se quedó plácidamente dormido en el sofá. En su cara se podían leer todas las letras de la palabra felicidad. De súbito abrió los ojos –apenas le costó un instante reubicarse en su nueva condición de despierto– se levantó, caminó hacia su despacho, allí se sentó, tomó un bolígrafo y, en el primer folio en blanco que encontró sobre la mesa, escribió unas notas que concluían con un ‘ganamos al Barça’. Volvió a sonreír recreándose de nuevo en la escena con la que había soñado momentos atrás. Estaba, como cualquier padre, a los pies de la cama de su criatura leyéndole un cuento. Un mozuelo pasaba la tarde en su taller, dado que no era mucho el trabajo que le encargaban, pasaba buena parte del tiempo en su inopia particular. Unas moscas, pesadas de oficio, no le dejaban de incordiar. El chico cogió un trozo de paño y, de un golpe seco, mató a siete de ellas. Satisfecho, quiso inmortalizar la hazaña con una leyenda estampada en una de sus camisas: Maté a siete de golpe. Se la puso y salió a pasear por la ciudad. Entre sus vecinos se acrecentó el rumor de que el lema hacía referencia a siete soldados que nuestro protagonista habría abatido de golpe. Su fama llegó hasta el rey que, impresionado por el valor del chiquillo, le encomendó enfrentarse a dos gigantes que atemorizaban a los habitantes de su palacio. El reto era de órdago pero el joven no podía volverse atrás, a riesgo de hundir su reputación, y aceptó la encomienda.

domingo, 16 de marzo de 2014

UCRANIA TAMBIÉN VIVE EN VALLADOLID

Pasean a diario por las mismas calles que nosotros, sus hijos acuden al mismo colegio que los nuestros, la crisis económica de nuestro país hace mella de igual manera en su día a día, pero estos días tienen una preocupación añadida. En su tierra natal se juega una partida de esas que si es difícil saber cómo han empezado, resulta imposible adivinar el rumbo que va a tomar. Iuliia Andriyevska, Tatiana Zhuravska, Oksana Guryn, Bogdan Marchuk y Vadim Bondarenko son cinco de los más de doscientos ucranianos que viven en Valladolid. Han querido compartir con El Norte de Castilla sus reflexiones y exponernos sus temores.   



Van llegando de uno en uno, en cada rostro se vislumbra la preocupación, esa forma de miedo inconcreta, de temor a no se sabe qué cuando la mirada al frente no aventura nada bueno. Al entrar en el bar en el que estábamos citados me encuentro a Oksana Guryn que ya estaba esperándonos sentada en un taburete en la barra. Le acompaña Chema, su marido, un vallisoletano con quien tiene dos hijos, los saludo y les presento a Iuliia Andriyevska. Oksana muestra su sorpresa: “¿También eres ucraniana?” Iuliia es la camarera que les ha atendido y no se había percatado de que eran paisanas. Se ríen y se elogian mutuamente el nivel de castellano. El punto de partida de Oksana es Staryi Sambar, una ciudad atravesada por el río Dnister situada apenas a veinte km de la frontera con Polonia; el de Iuliia está en la localidad de Skvyra, a poco más de cien km al este de Kiev, el epicentro del terremoto ucraniano. A continuación entran Bogdan Marchuk y Vadim Bondarenko, dos chicos que recién acaban de sobrepasar la mayoría de edad. Ellos llegaron a Valladolid siendo todavía unos niños, pero no han perdido los lazos con la tierra de origen de sus padres, son miembros de esa segunda generación que eternamente padecerá la enfermedad del doble desarraigo, forasteros aquí y extraños allá. La última en incorporarse es Tatiana Zhuravska. Al igual que Oksana, lleva años afincada en Valladolid, aquí conoció a quien hoy es su marido y aquí nacieron sus dos hijos.  Ellos dejaron Ucrania en su día, las cosas en la joven república no parecían sencillas y eligieron emprender un camino cuyo destino tenía una escala, en algún caso, si esto se puede afirmar alguna vez, puede que definitiva, en Valladolid.