jueves, 5 de agosto de 2004

MINUTO DE SILENCIO

El mito de la invulnerabilidad ha sido derribado en forma de torres hermanas. Significaban más que eran y su caída es más que su desplome. Es odio condensado, veneno que hervía en las venas de los suicidas, cianuro con nombre de religión volando hasta incrustarse en diez mil edificios. Es una guerra pero no empezó ayer, es consecuencia, es una indecente gestión del dolor ajeno. Es dolor engendrando dolor y en el parto una persona sufre, mil, un millón de dolores que se engendran oliendo a muerto y clamando justicia y engendrando más dolor. Es prepotencia criando cuervos, esculpiendo un bumerang, es billete de ida y vuelta. Nada hay más vulnerable que un ser humano odiado por otro ser humano, más vulnerable que una torre, que una religión, que un imperio forjado en miles de seres torturados. El invierno, imperecedero para muchos, ha depositado sus copos de nieve donde el sol tenía su guarida.


Hoy estamos de luto, todos los días el odio nos sirve motivos para ello. Silba el árbitro, comienza el partido.

domingo, 4 de julio de 2004

POETAS CONTRA CONTABLES

El fútbol es un debate entre dos concepciones sociales, entre dos maneras de vivir. Vituperado por pretendidas élites intelectuales, espectáculo circense para anestesiar al pueblo, sobrevive casi como fue ideado. Mas no es una fruslería cebada a merced de la moda televisiva. En la prehistoria de esta sociedad de la información ya era un fenómeno que cautivaba a las gentes y cada sociedad lo vivía, jugaba y expresaba acorde a su idiosincrasia; el alegre fútbol de la calle brasileño, el elegante francés, el industrioso alemán, el primitivo inglés...hasta el de los equipos actuales, aderezo mestizo en el que confluyen diversos caracteres.

Hoy, ya ayer para usted, tras el paso por el cernedor de dieciséis selecciones, se juega la final de la Eurocopa. Nuestros paisanos, esa columna que sustenta el oeste ibérico, al que tantas veces clavamos la navaja de mirarle con desdén por encima del hombro o ni le mirábamos, esos vecinos que ven desaguar a nuestro padre Douro, pretenden el título frente al ultradefensivo Coloso de Rodas.

lunes, 7 de junio de 2004

PROSTITUCIÓN EUROPEA

Europa es una necesidad política, un salto cualitativo del cejijunto provincianismo a la ciudadanía universal, de las esencias a los derechos. Pero el sueño de generaciones -una Europa crisol, ariete de los derechos humanos, refractaria por escaldada de aventuras bélicas o colonialistas, medioambientalmente sostenible, abierta, solidaria, laica y comprometida con las condiciones de vida de hombres y mujeres- se desvanece. A cambio, un lo tomas o lo dejas en forma de constitución cambalacheada que trueca el sueño en pesadilla.

lunes, 31 de mayo de 2004

PALESTINA. EL HILO DE LA MEMORIA

Es sólo un libro pero este hojaldre de páginas es a la vez una clase vigorosa de periodismo impartida por Teresa Aranguren. De principio avisa, sin tapujos, “El testigo del drama está en el drama...no creo que pretender ser distante y aséptico sea condición de objetividad y verdad”. Escribir es mirar el mundo desde un particular caleidoscopio, componer desde la mirada propia, una de tantas. La pretensión de objetividad es un ejercicio de cinismo retórico que esconde la individualidad del ángulo de visión de quién escribe. Teresa, al contrario, marca su territorio, sale a la calle casi a cuerpo, pertrechada sólo con el poder de la palabra. De la palabra escrita, de la que no se lleva el aire, de la que demanda permanecer; palabras revestidas con tanto orgullo como las personas, no personajes, que habitan en las páginas del libro. 

martes, 11 de mayo de 2004

DECÍA, DIGO Y DIRÉ “NO”

Mis ojos se ensucian de rabia y asco ante esas fotos que colocan al hombre un peldaño por debajo del cerdo. Una soldado, émula de Jonh Wayne, muerde un cigarrillo y con una sonrisa señala la polla de presos iraquíes, un grupo de militarones se regodea tras amontonar  a futuros cadáveres. En el amor y la guerra no hay moral que valga más que el deseo de sojuzgar al vencido. Esto es la guerra y así se escribe; se mata y se muere, pero sobre todo se humilla. Nada es inocuo por más que sus impulsores pretendan revestir sus propósitos de bienaventuranzas y disfrazar sus efectos con la seda de los eufemismos, por más que acudan al catálogo de virtudes para declararla. En el bien entendido pretenden llenar sus bolsillos de dólar y poder aunque emborronen discursos de amor a su pueblo y gloria de dios por los siglos de los siglos. Saben de sobra que ellos morirán viejos, cuidados y con un termómetro bajo sus aseados sobacos tras haber sembrado la mierda de la muerte prematura lejos de sus casas. Y odio que generará muerte, que generará odio, que... así el mundo no girará en el sentido que marquen jóvenes armados de futuro sino por el recuerdo de los desafueros sufridos por unos abuelos mancillados. ¿A ellos qué?

lunes, 3 de mayo de 2004

SIN POSTRE

El melón constitucional está en un tris de ser abierto mientras discutimos con las enaguas abajo si son galgos o podencos. Los gerentes de esta comunidad, esos que miran de soslayo a Madrid antes de tomar una decisión, dirán que algo se ha ido y no sabrán cómo ha sido. Con prosopopeya relatarán que unas perversas fuerzas centrífugas se han llevado por delante ese sueño inconcluso de la paisana Isabel Montatanto llamado España. Digo inconclusa porque la pieza Portugal falta del puzzle onírico de la tan católica.

jueves, 29 de abril de 2004

NUEVE PROVINCIAS DE ESPAÑA

Díceme Hoyas, a la sazón sufriente prior de esta página, que los escribas que aquí garabateamos malamente nuestras ideas somos una recua de desarraigados, que a la menor nos descarriamos por vericuetos que nos arrastran allende la meseta. Vamos, que para el bueno de Tomás conducimos nuestras letras hacia Irak, el tripartito o, cuando no, la nostalgia nos seduce como aquella prima que vivía en el extranjero; pero que de este páramo cuyo topónimo se engarza con el alambre de una conjunción copulativa, ni letra. Tiene razón, lo que de por sí ya es un síntoma. Porque Castilla y León no es ni por arriba ni por abajo. El techo que nos cobija no se aleja mucho de los sueños frustrados de España eterna con las goteras sin restañar que narraron los tristes hombres tristes de aquella generación del 98. Somos un vivero de nacionalistas de la España que se sintió imperial y que aún espera que los designios de ese Dios uno y trino se posen sobre nuestra hidalguía y nos sonría como pueblo elegido para gestas que engrandezcan la historia de lo universal. Pero ya no estamos para trascendencias.

martes, 20 de abril de 2004

EL CRISTO Y LA BOLSA

Si hiciera caso a mis descreídos ojos y nada más me preguntase, esos renglones de feligreses  escritos en las calles a lo largo de la semana santa obligarían a reconocerme en medio de una sociedad henchida de un fervor religioso que, sin embargo, el resto del año desmiente. Una contradicción nada aparente que en principio me desconcierta. 

Bajo las caperuzas de esas reatas de penitentes que marcharon en filas de a uno se disimulan las caras de nuestros vecinos mostrando resabios de una religión prescrita con analgésicos marca dogma cuya modernidad se enarbola en pos de las treinta monedas que nos aporta el gran fetiche futurista: el turismo. Mañana, cuando las tallas reposen en sus aposentos cotidianos y muchos escondan sus convicciones religiosas para mejor recuerdo en el mismo armario donde guardan almidonada la túnica de sayón, los hosteleros harán cuentas.

jueves, 11 de marzo de 2004

CARTA A ETA MIRANDO A LOS OJOS DE MI HIJO

Una tos alérgica impidió a mi hijo dormir bien la noche del miércoles al jueves. Decidí no llevarle al colegio y que descansase. Pero esa mañana era ya noche, noche de dolor a las ocho de la mañana. Unos salvajes apagaron el sol como vosotros lo habíais hecho otros días siniestros. Con Diego a mi lado no pude hacer otra cosa en todo el día que mirarle, sólo mirarle. Fundí mi pupila en sus ojos transparentes y le hablaba, “que el azar de la barbarie no convierta tu futuro, ese que aún ni has soñado, en amasijo de carne de víctima y, aún más, que nunca seas verdugo”. Y frente a él, llorando reflexionaba y os maldecía cómo tantas otras veces, cómo seguiré haciendo mientras permanezcáis anclados en sueños tiznados de sangre mil veces inocente. Comprenderéis que el reflejo condicionado, que el primer impulso, dibujase vuestras siglas en nuestros ascos. No fuisteis vosotros. Pero eso no borra de nuestra memoria la semilla de dolor que habéis sembrado a lo largo de treinta años. Esas muertes mancillan vuestro debe, el pasado es lamentablemente terco. Hoy, sin embargo, debéis dar un paso al futuro, valiente, sin cortapisas ni vuelta atrás. Un pie en pared que marque el final del ansia homicida que hasta ahora mostráis. Ninguna causa merece la muerte ajena y la vuestra, por supuesto, tampoco. La carnicería del jueves fue brutal pero el dolor es individual y una víctima, una tan solo, en el silencio de sus cercanos, hilvana el mismo drama. Llevo años soñando, con muchos, con casi todos, en ese instante de lucidez en que decidáis que callen para siempre las armas. Para vosotros existe una guerra, yo soy uno más de vuestros enemigos, vale, pero la paz se hace con los enemigos. Abandonad las armas, asumir el error hace grande a quien lo hace. Estáis a tiempo de tener un gesto de dignidad. Pedid perdón a todas las víctimas, purgad culpas de sangre y luchad por vuestra arcadia desde los votos.

Sentid, pensad, que cada víctima tiene cara y su visión es un acicate; mientras enturbio estas letras con mis lágrimas os recuerdo que la voluntad mayoritaria es la de vivir en paz, la de buscar vías pacíficas para la resolución de conflictos. Incorporaos. Y recordad que en la masacre de Madrid murieron gentes que vinieron de Colombia, de Rumanía, de Marruecos y así hasta doce lugares de origen. Esa es mi patria, la de los que viajan en tren, la de los que se levantan a las seis a trabajar y no llegan a fin de mes. Si la vuestra es otra reclamadla pero con la palabra. En nuestras conciencias está grabado a fuego que seremos libres en la medida en que queramos serlo y hoy lo queremos más que nunca. Falta vuestra palabra, esa que silencie definitivamente las armas. Está en vuestra mano.