Blog sin más pretensión que la de poner un poco de orden en mi cabeza. Irán apareciendo los artículos que vaya publicando en diversos medios de comunicación y algunas reflexiones tomadas a vuelapluma. Aprovecharé para recopilar artículos publicados tiempo atrás.
domingo, 17 de agosto de 2003
lunes, 11 de agosto de 2003
UNO MÁS UNO SON SIETE
Los chicos de la
orquesta arrancaban de sus instrumentos, con más entusiasmo que destreza, los
acordes de una cancioncilla de verano. Se me acerca uno de los pocos que
permanecerán en el pueblo cuando los músicos recojan y el jolgorio estival dé
paso a diez meses de un crepúsculo abrumadoramente mudo. Manolo, perdido entre
la marabunta de desertores del arado que bailamos en la plaza de Rasueros, me
dice “Juaqui, mecagüen la leche, tó la vida oyendo que una más uno son dos y va
éste, suelta que son siete y se hace millonario”.
Quizá esa frase no
sea un chascarrillo, quizá el resultado de cualquier cuenta no sea otro que el
que más interese repetir y de ahí el
empeño del gobierno en mentir, en sumar a la inversa.
Durante el espacio
temporal de ese oasis de vida en los pueblos que es el verano, una ola de calor
ha matado –o ayudado a morir- a más de cinco mil personas en Francia, a cerca
de dos mil en Portugal y así erre que erre. Menos en España que con el ábaco
del gobierno hemos contado cien muertos escasos. Es tal el complejo de culpa
del PP que se defienden hasta de lo que no se les ataca. Pero algo sabemos,
cuando hablan mienten, cuando suman restan. Uno más uno son siete.
martes, 29 de julio de 2003
NACER, MORIR...
De nuevo esta
ventana se ve atravesada por el hachazo invisible y homicida; otro de los
imprescindibles referidos por Bertold Brecht, Chuchi Pereda, yace en las
profundidades de la nada, resuena en el paraíso de la memoria, en el aire de
Valladolid, en las recias aguas del Cantábrico. En su epitafio podremos leer
palabras de lucha desde la clandestinidad hasta ayer mismo, versos de dignidad
en la vida y ante la muerte. Porque la muerte siempre llega, podemos triunfar
en mil batallas pero al final perderemos la guerra; sólo siendo consciente de
eso, sobreponiéndose a la angustia del límite cercano, se puede soñar con la
amanecida del día siguiente. Su muerte deja un rastro de dolor y un aliento
como referente. Dolor para quienes paladearon su presencia, tanto más cuanto
más cotidiana. Referente para la izquierda que camina, como en un bolero,
perdida, sin rumbo y sola; una izquierda que debe transformar desde lo que
existe, tan flexible para adaptarse como inflexible con sus principios.
Llegó el invierno
definitivo a la guarida de Chuchi. Su último recorrido lo hizo acarreado por el
enorme cuerpo de su hermano; el mismo que, mañana mismo hace tres años, condujo
a mi hijo en su primer viaje a mis brazos. Principio y fin. La muerte como
corolario de la vida.
lunes, 30 de junio de 2003
COMPLEJO DE MADRASTRA
El eco que escupe
el espejo, cuando le abordamos con las legañas aún pegadas a los ojos, nos
recuerda que no somos los más guapos, ni los más altos, ni los más listos.
Buscamos, pues, ese ideal inaccesible, esa persona que anhelamos aparezca en el
cristal cuando lo miramos. Creamos referentes ideales, seres admirados, cuando,
en realidad, pretendemos ser parte de ellos, ser ellos mismos. La sublimación
de esa admiración nos genera infelicidad: deseamos ser porque no somos.
De ese reflejo multiplicado surge un icono
social, una persona que se convierte en referente de multitudes. Analizar el
hálito que desprenden nos proporciona un plano de nuestra sociedad. Hoy, en
España, al margen de los bufones televisivos, Florentino Pérez, con su aura de
triunfador, es esa persona. Poco importa si miente –“never, never, never” fue
su respuesta a la pregunta sobre el fichaje de Beckham-, si juega con ventaja
obteniendo activos por sus influencias –480 millones de euros obtenidos de una
dudosa recalificación en este momento de hipersensibilidad tras el escándalo de
la Asamblea de Madrid-, si incumple la
ley –negocia con jugadores cuyo contrato está en vigor a espaldas de sus
clubes-. Poco importa, consigue lo que se propone y guarda las apariencias
encubriendo sus actos en el verbo gótico de Jorge Valdano. Es el mapa de
nuestros valores, la imagen que soñamos refleje nuestro espejo.
sábado, 28 de junio de 2003
¿QUIÉN SALE BENEFICIADO?
Nuestro sistema
electoral cojea. Por un lado elegimos en listas cerradas y bloqueadas a los
representantes en cualquier institución y, por otro, la representatividad de
cada electo es individual e intransferible. Ambos condicionantes unidos hacen
un pan como unas hostias. Votamos a un partido del que conocemos la voz, como
mucho, de quien encabeza la lista y dejamos en manos de una sarta de
advenedizos la responsabilidad de gobernarnos. Si el sistema electoral reconoce
la libertad inviolable por mandato imperativo de cada cargo público, que se
abran las listas, que podamos conocer a priori quién es y qué opina cada uno de
nuestros representantes. Si, por el contrario, hemos de votar a listas de
desconocidos, estos se deberían limitar a obedecer las indicaciones de cada
partido; sería una democracia sesgada, pero es la que tenemos. Lo intolerable
es lo de ahora, individuos que se esconden en el anonimato protector de unas
siglas y que asumen para sí el poder otorgado por el voto de quienes no les
conocen. Terreno abonado para cualquier corruptor. Caldo de cultivo para asumir
el poder negado por las urnas. En cualquier caso, ¿por qué a los emporios
inmobiliarios les interesa tanto que el PP gobierne las instituciones? ¿Por qué
el precio de los pisos se ha disparatado?
lunes, 23 de junio de 2003
TRABAJADOR DE LA CULTURA
El resoplido con el que sello cada artículo
se avino el pasado lunes con el estertor, con la última nota de esa canción que
fue la vida de Compay Segundo. Hijo póstumo de la Cuba española, hermano del
sueño mil veces enterrado de los barbudos; nos deja en herencia una sublime
definición de revolución “el capital más grande de un hombre es poder alegrar a
otros hombres”. Una patada con ritmo de son en los huevos de nuestro
confortable espíritu mercenario. Cada lágrima derramada ante su infinita
quietud es el sudor de las alegrías repartidas al por mayor a lo largo de su
siglo de presencia.
Podría haber escrito sobre el asalto a la
democracia que es el silencio del gobierno, la negativa a ser siquiera
preguntado en el Parlamento acerca de cada uno de sus mil frentes de mentira. O
sobre esa historia de espías y venas cortadas a resultas de la manipulación con
que se nos abocó a la guerra. O de ese misterio insondable que es comprobar,
para los que sufrimos la información basura del dúo Urdaci-Arenas en la TV
pública española, como otra cadena, también pública, la BBC inglesa, cuestiona
abrigada de independencia el papel de su gobierno.
Pero no, no me quemaré –ni les quemaré- la
sangre; escribo paladeando un roncito, seducido por la música de Compay y como
penúltimo homenaje impediré que nada ni nadie perturbe hoy mi felicidad, esa
magia difundida por un trabajador de la cultura.
lunes, 16 de junio de 2003
NOSTALGIA CONTRA NOSTALGIA
Andan los días y los mundos podridos de
religión. Nada es nuevo. Padecemos esa enfermedad autoinmune que lleva a unos
órganos a enfrentarse contra otros dentro del mismo cuerpo que es la humanidad.
Me atormenta imaginar la burda sonrisa de quienes hacen negocio trenzando
señuelos de supuestos más allás eternamente felices en compañías de dioses,
profetas o huríes.
Mueren los que
sufren la nostalgia cotidiana de una tierra de promisión soñando edificar sobre
fangales de sangre la nueva Jerusalén, y matan. Matan a quienes secularmente
habitaron las ásperas tierras del Jordán. Y matan mucho más allá del talión.
Mil ojos por ojo, por diente los dientes de familiares y de los que por allí
pasaren. Y para todo un pueblo hambre, a falta de pan buenos son obuses.
Es sólo un ejemplo,
un síntoma del mal que aquí, lejos de sanar, se infecta. España abandera la
pretensión de muescar a la futura constitución europea con otra nostalgia,
la del cristianismo imperial. Olvidan
que el sueño de una Europa libre y justa mana de las luces enciclopedistas en
que ardieron las supersticiones religiosas. Además, en vez de estudiar eso, en
nuestras escuelas impartirán catequesis. Nostalgias de un pasado que nunca fue.
Ceguera.
lunes, 9 de junio de 2003
MORIR SOLO, SÓLO MORIR
Arsenia y Amalio pudieron haber muerto allá por el año 25 del siglo
pasado, cuando nacer y seguir vivo era arte de funámbulos, pero sobrevivieron.
Hasta el otro día. Quizá mucho antes habían dejado de existir y la fuerza que
arrastraba sus pies no era sino el reflujo del último estertor. Pero de su
muerte física nada supe hasta antes de ayer. Podrían haber muerto en esa guerra
traidora en la que jugaban a esquivar obuses o en esos exangües años
posteriores de estómago vacío, a todo ello resistieron. Por un miserable chusco
llenaron de llagas sus manos y así, año tras año, hasta que la maquinaria les
echó de las prosperas fincas del señorito. En la capital, con tantos como
ellos, encontraron cobijo bajo una chapa, entre cuatro tablones. Sólo varios años
después, incontables horas de trabajo después, compraron una casa digna de tal
nombre. En ella criaron a sus cinco hijos, en ella invocaban a esos axiomas de
la unidad familiar. Pero a su alrededor las viejas estructuras se derrumbaban
antes de construir las nuevas. Dos días atrás aparecieron muertos en su vieja
casa, seis días llevaban sin que nadie les hubiese echado de menos; mas su
muerte se produjo mucho antes, cuando se despeñó la única institución en que
los humildes podían creer: los que tenían cerca.
lunes, 2 de junio de 2003
PADRES ENTIERRAN A HIJOS
Los anhelos de compartir mesa y mantel con
la superpotencia se han convertido en el polvo que ya es aquel avión
desvencijado que dejó en su camino la vida de 74 personas. De doce apenas nada
sabemos, no eran de aquí; en los noticiarios vende menos el sustantivo
“persona” que los adjetivos “español” o “militar”. Cuando, además, ambos se
asocian el calamar chorrea el chapapote de la quintaesencia de la patria.
Decía que los sueños de grandeza de las
Azores no son sino otra más de esas eternas campañas de imagen que pretenden
que veamos lo que no es. Megalómanos discursos que esconden un vacío de
capacidad. Declaraciones de guerra mientras los aviones caen por su propio
peso. No es cebarse ante la adversidad, es, simple y llanamente, el fracaso de
una concepción de la política. Ésa que aparenta un gran pilotaje en las rectas
pero que suelta el volante cuando el camino se curva.
Al final se han llenado páginas enteras
explicando lo que ocurrió o con generalidades humanitarias como excusa. Pero la
gran pregunta que nadie responde es qué necesidad existe de enviar soldados a
pacificar si previamente no se crea una guerra.
Ahora queda un amasijo de hierros, las
lágrimas de unos hijos, el dolor eterno de unos padres... la ausencia para sus
parejas.
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