La línea que separa la genialidad de la impostura es demasiado tenue, al menos mientras no haya nadie capaz de desenmascarar al impostor. Es tan porosa la frontera que aún hoy no sabría decir si Tony Leblanc tomó el pelo a media España o demostró que el hambre estaba arraigado en el imaginario colectivo del español medio cuando se atrevió a sentarse delante de una cámara con un cuchillo y una manzana y, sin más, pelar y comer la fruta. La gente reía a carcajadas. Probablemente él rio más. El ver la cara de un hombre feliz ante la tesitura de llenar el estómago, o satisfecho tras hacerlo, produjo en los espectadores una hermosa empatía, una sonrisa complaciente que ponía de manifiesto la sensación de que los tiempos del hambre parecían haber pasado.
Blog sin más pretensión que la de poner un poco de orden en mi cabeza. Irán apareciendo los artículos que vaya publicando en diversos medios de comunicación y algunas reflexiones tomadas a vuelapluma. Aprovecharé para recopilar artículos publicados tiempo atrás.
domingo, 25 de noviembre de 2012
jueves, 22 de noviembre de 2012
PAISA, PAISA, ESPAÑA BARATA
El Marqués de Villena levanta la
copa. Comparte mesa con Pedro Girón y el arzobispo Gordillo que le acompañan en
el brindis. A menos de cien km., también en un palacio, se produce una escena
similar. Aquí el que levanta primero el vino es Enrique IV de Castilla y los
que le siguen son Beltrán de la Cueva y Diego Hurtado de Mendoza. Con las copas
al aire, brindan todos: ¡¡¡Por Castilla!!! Se aprestan a disputar una partida
de ajedrez en la que las piezas son los habitantes de sus dominios. Castilla se
desangra. Muchos mueren en el campo de
batalla, todos sufren las hambrunas que siempre suceden a las guerras. Ellos,
los principales, están a salvo mientras desangran Castilla. Hemos podido ver
estas imágenes recreadas en la serie televisiva ‘Isabel’.
Castilla, para los que brindan,
son ellos, sus intereses, una bandera en la que se envuelven, un enemigo para
justificar su avaricia, un pueblo obligado. Lo llaman patria pero la venden en
cuanto encuentran ocasión, se erigen en adalides pero solo defienden lo suyo.
No hace tanto, lo recordamos, llegaron a España miles de personas en busca de
un futuro, traían sus manos prestas para trabajar y se les negaba el pan y la
sal. Conseguir el permiso de residencia, el salvoconducto para entrar por las
puertas de la ciudadanía, era un imposible si antes no se conseguía un contrato
de trabajo. Ahora, los que se llenaban la boca hablando de las esencias quieren
ponerlo más ‘fácil’, se regala comprando un piso por más de 160.000 euros: “Paisa,
paisa, España barata”. La soberanía ya la vendieron, los pisos, ya mismo,
también.
Enrique IV Rajoy y la banca
Villena no necesitan escenificar ningún desencuentro, brindan todos juntos por
esas medidas que pretenden aumentar la demanda para no abaratar la oferta. Tras
la puerta alzan las copas: ¡¡¡Por España!!! Mientras, los españoles pagan las
consecuencias de tamañas imposturas propiciadas por de los que se definen a sí
mismos como patriotas y según van cayendo por el precipicio se lamentan recordando
aquel viejo chiste: ¡Por gilipollas!
Publicado en "El Norte de Castilla" el 22-11-2012
lunes, 19 de noviembre de 2012
TIEMPOS DE SILENCIO
Los tiempos de silencio tienen capacidad para cambiar el sentido de la historia que se está contando. Pueden durar cuarenta años aunque Luis Martín-Santos sea capaz de condensarlos en unas pocas páginas que recorren un Madrid convertido en metáfora de aquella España gris conformada con una burguesía arribista, una clase media depauperada, un ambiente cultural tan embebido en sus disquisiciones retóricas como ciego ante una realidad que le pillaba a escasos metros y un submundo marginal bárbaro.
Pero los tiempos de silencio pueden durar un instante, una minúscula pausa, y aun así ser capaces de aportar diferentes significados en función de cuando se produzcan. Sin ir más lejos, las mismas sílabas, separadas de distintas formas, aportan informaciones diversas. Hace poco más de un lustro, Telemadrid, el mismo canal que durante la víspera de la huelga del pasado miércoles grabó uno de sus comentaristas informando de lo que había ocurrido el día después, no gozaba –eso decían las encuestas– de mucho prestigio entre su potencial audiencia y emprendió una campaña de publicidad para revestirse de credibilidad. El eslogan elegido decía: ‘Espejo de lo que somos’. Instantáneamente alguien propuso que cambiásemos el lugar de los silencios y escribió como réplica: ‘Espe jode lo que somos’.
jueves, 15 de noviembre de 2012
ROCA EN POTENCIA
La vida es una enfermedad crónica
que, inexorable ella, nos guía hacia la muerte. Incluso la ‘no vida’ conduce a
la nada, una piedra, más pronto o más tarde, será arena diseminada. Al menos
los seres racionales tenemos una potestad: sabiendo que la vida es limitada
podemos optar por desgastarla nosotros mismos o esperar, como la piedra, a que
sea el poder infinito del agua y el viento el que nos vaya convirtiendo en
tierrilla. A veces el aire y el agua desgastan tanto que, aunque aparentemente
veamos una roca, a poco que presionemos con los dedos, se desmigaja arrojándose
por un balcón. Un muerto aquí, una muerta allá, y otro, y otra. Muertos que,
contados de uno en uno, generan conmoción pero no crean alarma en la atmósfera
que pretende, implacable, seguir con su juego erosionador. Una mala forma de
remate a unas vidas que se lanzaron al suelo de la desesperación, un vuelo a la
nada que solo se puede tomar cuando al futuro dibuja láminas en negro.
Quizá, eso que pensamos que son
los elementos de la naturaleza, no son más que cuatro convenciones y somos
nosotros los que hemos asumido que las cosas solo pueden ser así. Pero, a lo
mejor, pueden ser de otra manera. Para comprobarlo no hay más que echar la
vista atrás y recordar frases tan lapidarias como las que ahora asocian huelga
y hecatombe. Hace menos de medio siglo, en USA, ante una convocatoria similar
la patronal decía: “¿Pagar el mismo salario a mujeres y negros? Las empresas no
pueden sobrevivir si las leyes del Gobierno nos ahogan”.
Por eso ayer se había convocado
una huelga, para que antes de ser arena podamos, al menos, elegir en qué orilla
del río queremos estar, para que la roca que se vuelva a formar a partir de
nosotros sienta de nuevo la vida y pueda poner al aire y al agua en su sitio. Para
no ser granos de arena solitarios sino una roca en potencia. Al fin y al cabo,
si la normalidad siempre acaba en muerte ¿por qué insistir tanto en ser parte
de ella?
Publicado en "El Norte de Castilla" el 15-11-2012
lunes, 12 de noviembre de 2012
DE VÍCTIMAS VIVIMOS MEJOR
Cuando algo no ha funcionado como debería, giramos los
ojos buscando en quien cargar la culpa, alguien que acarree con las previsibles
consecuencias de todas las iras que pretenden escaquearse. Hay quien dice que
es parte de la idiosincrasia española, pero me temo que se podría generalizar
de forma casi universal. Para ello, uno de los recursos más sencillos, pero con eficacia
probada, es el convertirse a uno mismo en víctima. Un buen manejo del lenguaje,
una memoria selectiva y pocos escrúpulos son los condimentos necesarios para
articular un lenguaje que deje poco margen para la confrontación de los hechos.
Es lo que se conoce como victimismo. Decía que suele ser un recurso eficaz
aunque esa eficacia sea poco duradera ya que la insistencia en este tipo de
conductas pierde valor en la medida en que se repite y, sobre todo, impide la
autocrítica imprescindible para seguir creciendo como personas (o como
sociedades).
jueves, 8 de noviembre de 2012
EL PODER DE LAS MANOS CON CALLOS
El 'poder', como la crisis o el
Dios de los católicos, es uno y múltiple. Y no, no me refiero a esa ingenua
separación clásica que lo divide en tres, legislativo, ejecutivo y judicial. El
poder, el de verdad, trabaja de la misma manera que los directores teatrales:
no aparece cuando llega el momento de la representación, pero ha marcado las
pautas que seguirá todo el elenco cuando el público no estaba delante.
Ese poder es básicamente
económico, por más que pueda vestir toga, sotana, birrete o uniforme. Hacernos
pensar que está en manos de los políticos es parte de ese juego de
mistificación. Y caemos en la trampa. Ahora, cuando se desacredita todo lo
relacionado con la política, muchas voces reclaman, por ejemplo, que se limite
el tiempo que un político puede permanecer en un cargo. No creo que falte buena
intención en quienes esto sostienen, sin embargo yerran el tiro. Puedo estar de
acuerdo en los segundos, terceros y cuartos escalones políticos, pero no en el
primero. Ese tope supondría, en muchos casos, la imposibilidad de llevar a cabo
verdaderas transformaciones sociales ya que, para ello, se necesita un poder
político fuerte para contrarrestar las resistencias del poder económico. No es
casualidad que en los EE.UU. se tomase esta medida tras el fallecimiento del
único presidente que ganó cuatro elecciones, F.D. Rooselvelt. Este, uno de los
presidentes mejor valorados por el conjunto de la población, fue repudiado por
el poder económico del momento, al que no le hizo ninguna gracia eso del New
Deal.
martes, 6 de noviembre de 2012
LA SOLEDAD DEL QUE ESTÁ SOLO
Son más de veinte personas sentadas en una sala de pocos metros cuadrados, más de veinte soledades que esconden su cara con ambas manos tratando de esconderse de los demás, pretendiendo modificar el pasado. El silencio suena como un estruendo cuando nadie habla porque ninguno de los allí presentes encuentra la palabra precisa. En cada cabeza bulle un instante, un error con el que habrán de cargar, una decisión inoportuna, un golpe de infortunio, un escaqueo, un ‘si hubiera llegado antes’, un reproche, un ‘por qué no haría aquello’. Pero los hechos son testarudos, precisamente, porque no tienen vuelta atrás.
El caso es que todos, hasta hace unos minutos, se imaginaban nadando, el agua les llegaba al cuello pero se sentían fuertes, sus brazos respondían a las órdenes de la cabeza aunque la orilla aún quedara lejos. Pero un golpe de mar, cuando la luz parecía más clara, ha vuelto a sumergir, una semana más, la cabeza que tanto cuesta sacar. Todos se sienten solos, pero no todos lo sufren igual, porque no es la misma soledad la del que se siente culpable, que la del que se evade, la del que rebusca las causas entre los demás o la del que, simplemente, se siente solo.
Hace cinco años, Jaime Rosales dirigió una película titulada precisamente así, ‘La soledad’. Dos mujeres de dos generaciones diferentes, Adela y Antonia, ven como las pequeñas estructuras sobre la que asientan sus vidas se desmoronan. A partir de ahí, lágrimas y culpa, mucha culpa. Lágrimas por la pérdida y culpa por no haberla evitado por más que en ningún caso tengan nada que reprocharse, a pesar de que, poco antes, celebraban unos pasos adelante en sus vidas.
Poco antes Kike Sola veía como el balón se dirigía hacia él, la portería parecía enorme. Remató, y cuando ya celebraba el gol, surgió del aire la mano de Dani para evitar el gol. Más pendientes de lamentar la mala suerte que del propio juego, lanzaron un córner sin convicción. El balón llegó a los pies de Óscar, lo condujo magistralmente hasta que encontró el momento oportuno para hacérselo llegar a Omar, este levantó la cabeza y, de forma tan inmediata como precisa, lo cedió a Ebert que aparecía por el otro lado. Allí acabó todo, un toque sutil de este torete rubio superó al portero y desentrañó el partido. Óscar y Omar, protagonistas de la jugada de una película en la que ni habían participado, permitieron que Ebert asestara una puñalada, quizá la última, a Mendilibar.
Todos continúan sentados y en silencio. Rubén se dice que podría haber frenado antes para evitar la expulsión, Andrés que podría haber retrocedido un par de pasos...Pero uno, solo uno, está solo y cuenta las horas. Huele a RIP. Sufre tanto como lo que, no hace tanto, hizo que disfrutásemos. Se merece que le deseemos todas las venturas.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 05-11-2012
jueves, 1 de noviembre de 2012
LA HISTORIA, UN MUERTO VIVIENTE
Los sepultureros de la historia
tienen prisa por enterrar el reciente
pasado que parece morir ante sus ojos. El politólogo norteamericano Francis
Fukuyama raudo se aprestó a inhumar, allá por el 92 del siglo pasado, los
despojos de la historia; un escritor, Eduardo Jordá, no esperó ni 24 horas para
arrojar tierra sobre el cadáver de Miguel Delibes, asegurando que su mundo se
había extinguido mucho antes que la vida del literato.
Pero ambos se quedaron cortos de
tierra porque la historia recompuso sus cenizas, salió de la tumba y ahora vuelve
a aparecer como muerta viviente o como viva muy viva. “El gran éxito de la película ‘Los santos
inocentes’ se debió a que todos comprobamos con alivio que el mundo de Delibes
ya había desaparecido para siempre” dice Jordá. No se sentirían tan aliviados
los que pensaban como él si tuvieran a bien levantar la vista para comprobar que
los desprecios de los dueños del cotarro al saberse inexpugnables, los
distintos servilismos asumidos por los muchos Alfredo Landa que no aciertan a
ver otro camino que les garantice un plato caliente, ya no son retahílas
contadas por un abuelo pesado, sino escenas cada vez más cotidianas.
martes, 30 de octubre de 2012
Ser lo que se es
No hay nada más difícil que ser como uno es. Bueno, sí, ser como uno quiere
ser. Porque para ser como uno es hay que saltar los mil obstáculos que cada día
esperan al salir de casa, e incluso dentro de ella. Mil obstáculos distintos
unos de otros, colocados unos por los que te quieren mal, otros por los que no
ven en ti más que a un enemigo y alguno, los menos pero quizá los más altos,
por los que más te quieren debido a su
afán por tratar de reconducir lo que nadie les pidió que condujesen o,
simplemente, porque el camino elegido no es fácil de digerir, de
compatibilizar. Pero para ser como uno quiere ser, necesita, además, conocerse
y cuestionarse; analizarse y aprender, reflexionar y estar dispuesto a conocer
los propios límites, asumir los errores
y, sobre todo, se precisa una potente dosis de valor para enfrentarse a uno
mismo, para no creerse el centro del mundo imponiendo sus deseos, sus
apetencias, como patrones por los que se tienen que mover los demás.
La intención, imprescindible para ese empeño, no es suficiente porque
cuando llegan los momentos duros dudamos hasta de lo que somos, de lo que
queremos, y nos quedamos a expensas del viento. En esos tiempos dejamos de ser
y pretendemos demostrar; en vez de vivir
con naturalidad, estamos pendientes de las opiniones externas, de lo que
piensen o digan los demás. Javi Guerra ha sido el bastión bajo el que se ha
guarecido el Real Valladolid durante los dos últimos años, pero algo se torció
al comenzar este. Sobrepasada la treintena y con una carrera futbolística más
que digna, no ha conseguido marcar ni un solo gol en la Primera División. No lo
hizo mal en los primeros partidos pero el gol no llegó. Manucho ocupó su puesto
en el equipo titular y, para sorpresa de casi todos, tuvo un rendimiento de
notable alto. Guerra dejó de ser pilar, perdió la titularidad y ahora se ahoga
en la duda. Si lo que soy no vale tendré que demostrar algo más, pero ese algo
más no está en el catálogo de sus virtudes. La presión se le agolpa en el
costado y, hasta el balón, desobedece sus instrucciones. Cuanto más se obceca,
Javi es menos Guerra. Cuanto menos atención preste a lo anecdótico, ese primer
gol, antes llegará y vendrá con hermanos.
Lo agradeceremos todos, porque el Pucela se empieza a parecer a aquel
chaval que disfrutaba del sexo casi todos los días, casi los lunes, casi los
martes...Los partidos de fuera casi se empatan y los de casa casi se ganan. Y
así, entre casi y casi, el Valladolid vive cómodo gracias al colchón de las dos
primeras jornadas, desde entonces casi, tras casi, cinco puntos en siete
partidos, números rojos. Si Javi vuelve a ser el que es, el Pucela volverá a
reencontrarse y podrá caminar con garbo y taconeando, digan lo que digan los
mediocres que se esconden en sus voces.
Publicado en "El Norte de Castilla" el 30-10-2012
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