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| Foto "El Norte de Castilla" |
Blog sin más pretensión que la de poner un poco de orden en mi cabeza. Irán apareciendo los artículos que vaya publicando en diversos medios de comunicación y algunas reflexiones tomadas a vuelapluma. Aprovecharé para recopilar artículos publicados tiempo atrás.
domingo, 5 de julio de 2020
QUÉ BIEN VIENES HOY
viernes, 3 de julio de 2020
EL AMOR, DICHO Y HECHO
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| Foto "El Norte de Castilla" |
En ‘Lo que queda del día’ interpreta al señor Stevens, un rígido mayordomo que se enamora de la señorita Kenton, el ama de llaves interpretada por Emma Thompsom. De alguna forma, es un amor correspondido, ella también le ama. Es más, con la discreción propia de la época y del contexto palaciego, pretende hacérselo saber. Él, sin embargo, no se permite tal sentimiento y lo reprime. Tarde, demasiado tarde, cuando ya no existía posibilidad alguna de retorno, Stevens será consciente de que su vida se ha consumido sin haber vivido ni un instante de plenitud.
jueves, 2 de julio de 2020
MEDIA CIUDAD EN BICI
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| Foto "El Norte de Castilla" |
lunes, 29 de junio de 2020
EL PUCELA METE DOS
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| Foto "El Norte de Castilla" |
Pero de repente pudo ser. En el instante concreto en que el fotógrafo pulsaba el botón de su cámara, incrédulo, abrí los ojos de par en par: el azar se aprestaba a ponerme en bandeja la situación anhelada, el resultado que necesitaba. Esperanza tan efímera como vana. Vaclík, el portero sevillista, en un alarde de reflejos, desbarató la pintiparada ocasión de Alcaraz. El Pucela se quedó con la miel en los labios y el menda sin artículo.
viernes, 26 de junio de 2020
EL PASADO IMPREDECIBLE
Los rusos, para reírse de sí mismos y de su historia
oficial, acuñaron un aforismo burlesco: el pasado, dicen, es impredecible. Al
parecer data de los tiempos de Stalin, aunque bien pudo ser utilizada con
anterioridad, bien se puede decir que, en otra medida, ese afán del poder por
reescribir la historia tiene valencia en el resto de lugares del orbe. Los
hechos, estos sí, escritos, reescritos, sobrescritos o por escribir, son
innegociables. Algunos, además, irreversibles. Tanto, que a quienes tales
hechos afectan necesitan hacer un esfuerzo para acomodar su cabeza a la nueva
realidad.
Foto "El Norte de Castilla"
martes, 23 de junio de 2020
COMO PÁJARO EN LA JAULA
sábado, 20 de junio de 2020
LA ‘BE’ QUE FALTA
Las Tres Z.Z.Z. o las Cinco Jotas son dos marcas
comerciales, tan solo dos marcas comerciales. Sin embargo, por la excelencia de
sus productos -botas de vino la una, la otra, jamón de Jabugo- casi nos han
convencido de que el número de zetas de una bota o el de jotas de un ibérico
sirve como guía, al modo de las estrellas de un hotel, para apuntar la calidad
del género ofrecido.Foto "El Norte de Castilla"
Cuando pretendemos adquirir algún producto, quienes tenemos que conformarnos con menos utilizamos una referencia más de andar por casa, la de las tres ‘bes’. Eso sí, siendo a priori conscientes de que rara vez se obra el milagro de encontrar un artículo bueno, bonito y barato. En estas, ya digo, lo más habitual, asumimos al menos el descarte de una ‘be’. Si queremos que sea bueno y barato, bonito no será; si bonito y barato, andará la cosa justita de calidad; si bueno y bonito, tocará tirar de cartera, pagaremos gusto y ganas.
jueves, 18 de junio de 2020
INFILTRADOS
Es tan disparatada la realidad que cuando me viene a la memoria una noticia que leí hace un tiempo no consigo estar seguro de si me topé con ella bajo una cabecera convencional o en web satírica. La noticia relataba cómo un grupo de policías infiltrado en una banda de narcos se había visto envuelto en un tiroteo con otra cuadrilla de policías infiltrada en otra banda de narcos. La imagen me asalta con frecuencia. Algunas actuaciones que se dan en espacios sociopolíticos con los que simpatizo son tan inexplicables que solo adquirirían sentido si hubieran sido llevadas a cabo por personal infiltrado opuesto a cualquier opción de avance en la línea que se dice defender.
lunes, 15 de junio de 2020
ES LO MISMO PERO NO ES IGUAL
El fútbol mercancía ya no vive de lo que recauda en las taquillas, ya no vivía de ello antes del parón.
Es lo mismo, al menos se llama de la misma manera, pero este fútbol se parece poco al que antes ocurría en una cancha de Primera División. Es curioso, escribo la palabra ‘antes’, repaso la frase y sonrío con la respuesta que me doy. Si en febrero hubiera escrito la misma palabra, inmediatamente me habría dado cuenta de que la frase contenía un vacío: el ‘antes’ carece de sentido si no se completa con una referencia temporal. Hoy no. Hoy, y al menos durante un tiempo, entendemos sin más el sentido de esos ‘antes’ desreferenciados. Antes, decía, el fútbol era una fiesta social, un espacio de encuentro, una liturgia, en la que se participaba. No éramos nosotros los que jugábamos, pero los que jugaban eran ‘nosotros’. En la décima de segundo que precedía a cada remate de Ünal, se nos iba el alma; en el instante previo a cada parada de Masip, nos atenazaba el miedo. Y ellos, por distantes que parezcan los futbolistas, sentían esa llama, ese fogonazo, que bajaba a la hierba desde la grada.
Se atribuye a George Berkeley, un filósofo inglés de la primera mitad del XVIII, el primer esbozo una de esas propuestas/preguntas que sirven como palanca para la reflexión y que ha llegado a nuestros días: ¿hace ruido el árbol que cae y golpea contra el suelo cuando no hay nadie para escucharlo? ¿Hay, podríamos preguntarnos nosotros, fútbol cuando se desarrolla un partido y no hay nadie para animar, gritar, festejar, enfadarse…?
Digo fútbol y me refiero, claro, al espectáculo del fútbol. El juego en sí es otra cosa que no necesita más que un balón, unas porterías que pueden ser hasta imaginarias y gente que lo quiera disfrutar. No, me refiero al que congregaba multitudes antes de que la tele se adueñara de él. Hago un aparte: quienes piensen que la atracción de este juego radica en que las televisiones nos lo meten por los ojos yerran de principio a fin. No hace falta más que ver imágenes o leer crónicas de principio o mediados del siglo pasado para comprobarlo. No hace falta más que recordar que en cualquier partido entre dos pueblos, el perímetro del campo estaba rodeado por decenas de lugareños. Fue la propia fuerza del fútbol la que lo convirtió en objeto de deseo para los mercaderes, y ese deseo impelió la transformación del juego en mercancía.
Que en estas circunstancias no haya espectadores en las gradas puede ser considerado una anécdota circunstancial pero era el camino que estaba escrito. El fútbol mercancía ya no vive de lo que recauda en las taquillas, ya no vivía de ello. Como en tantos otros aspectos podremos pensar que los cambios han sido consecuencia de los efectos de la COVID-19 cuando en realidad estos meses no van a romper ninguna dinámica, se van a limitar, y no es poco, a acelerar los procesos en marcha.
La grada, un pedazo de ella, ahora ha quedado para salpicarla de futbolistas suplentes. Vemos a nueve del Pucela. Ocho con pose relajada, cumpliendo protocolos, esperando quietos… y Ben Arfa trasteando con ganas de jugar, con tantas como nosotros de verlo –aunque, ¡vaya!, no pueda ser con su correspondiente ¡oh! en el campo-. Son cosas de lo que ahora se denomina ‘nueva normalidad’, un eufemismo que nos plantea el ir acostumbrándonos a nuevos escenarios, como si no fuera eso la esencia de la vida. Nada hay menos normal, que lo normal; nada más perecedero que a lo que decimos ‘las cosas son así’. El décimo, arriba a la izquierda, tieso como un palo, serio como una esfinge, es David Espinar. Esto si que no ha cambiado, el gesto circunspecto de la mano derecha de Ronaldo es intemporal, inasequible a modificación.
Nos preguntamos, por si lo coyuntural se torna definitivo, si vamos a seguir siendo aficionados con un fútbol bajo en calorías. Será que sí. Poco a poco nos iríamos acostumbrando, lo verás, lo veré, aunque ahora digamos que no.
Publicado en El Norte de Castilla el 15-06-2020






