lunes, 24 de febrero de 2003

LUCÍA

Hace unos meses supimos que habías aceptado el reto de mudar tu piel etérea de deseo por la carne de los que aquí anidamos. Pero no te esperábamos tan pronto. Supongo que esa premura en salir a ver que había ahí fuera es tu primer acto de rebeldía. Echabas de menos las caricias de tu padre, la ternura que anhelabas noche tras noche, que te llegaba de esa mano inmensa y buena de hombre de campo, un día faltó, y otro, y otro. Tu madre te decía que no te asustases, simplemente estabas en otra ciudad más grande que mil pueblos de Castilla y que pronto estaríais de nuevo juntos. Cosas de mayores, de la lógica del sistema. Para procurarte el pan y los pañales, tu madre, contigo flotando dentro, tuvo que hacer el hatillo y montar en el primer tren que a Madrid llevara. Pero tú le añorabas, no entiendes de movilidad laboral ni gaitas de esas, y cada noche sin caricias te revolvías hasta que te empeñaste en salir a buscar el arrumaco y los susurros. No era tu hora, pero para ti era más importante unir el calor de los dos. Y con tu voz de niña balbucear que no entiendes que dos que se quieren tengan que separase para seguir queriéndose. Es mucho más lo que no entenderás. ¿Cómo decirte que se avecina una guerra? ¿Cómo que niñas como tú morirán por no poder comer? Tienes todo por delante para saberlo y seguir revelándote. Enhorabuena Lucía.

lunes, 17 de febrero de 2003

CUANDO LA TRIPULACIÓN NO CALLA

Apenas ha pasado un año desde que Aznar estrenara chaqueta como presidente de Europa y tan seguro estaba en su trono patrio que él, en conciliábulo consigo mismo, decidiría quien de sus hijos heredaría la nave. Apenas hace un año, en la clausura de esa liturgia catódica en que se envuelve cada congreso del PP un Aznar eufórico, con esa sonrisa ensayada ante el espejo para improvisarla después, veía como sus huestes jaleaban el “España va bien” embriagadas por el anís del poder. No sé si no querían ver o el humo del incienso se lo impedía, pero, ¡sólo hace un año!, en sus discursos contaban cuentos de un país de rosas con fondo azul-gaviota regido con pericia incuestionable por un gran capitán. Hasta entonces navegábamos sobre las tranquilas aguas de un ciclo de crecimiento económico y los bogantes, asustados por el poder de la oficialidad del barco, remaban y callaban. Ese tiempo parece ya muy pasado. Los brujas que marcan el signo de la economía mudaron sus designios y el capitán se ha mostrado incapaz de navegar cuando la mar se embravece. Un recorte en los derechos de los remeros encendió la mecha. Desde entonces el capitán navega contra el parecer de buena parte de la tripulación. En estas circunstancias  cambiamos de tripulación o cambiamos de capitán.

lunes, 10 de febrero de 2003

VÍCTIMAS Y VERDUGOS

Dos bramidos recorren las calles de nuestras ciudades, dos gemidos clamando silencio perpetuo a las armas: “No a la Guerra” y “ETA no” son esperanzas que manan desde el fondo herido de la mayoría de nuestras gentes, las que sueñan con desterrar a la violencia como medio de cualquier fin, las que no están dispuestas a comprar nada a precio de una vida. Sin embargo alguien pretende confundirnos enfrentando a esos dos sentimientos, anteponiendo uno sobre otro. Cuando el mundo del cine, en su fiesta, reclama al gobierno español que, ante la crisis en Oriente Medio, encamine sus esfuerzos hacia una solución pacífica son acusados de no haber realizado el mismo gesto ante ETA. Se equivocan. En primer lugar porque lo han hecho –en la gala de 1.998, tras el asesinato de Ascensión García Ortiz y de su marido, el concejal sevillano Alberto Giménez Becerril- y en segundo porque no es lo mismo. Mientras ETA no nos representa, nos asigna el papel de víctimas potenciales y eso produce un legítimo miedo por que estamos al otro lado del gatillo, frente a sus ansiosas pistolas, en la dirección de sus balas, el gobierno nos impele a asumir el papel de sayones de decenas de miles de civiles irakíes. A mi también me da miedo ser víctima, por eso no quiero ser verdugo.

lunes, 3 de febrero de 2003

DONALD EN LA VIEJA EUROPA

Existen personas cuya biografía es un predestino desde el momento en que sus padres les marcan con un nombre. Es el caso del secretario de defensa estadounidense, el señor Rumsfeld, Donald. Una vida dedicada a honrar a su homónimo: Donald, Pato. Ese polichinela metepatas –nunca mejor dicho-, de verbo ininteligible y que no pierde ocasión de pisar un charco con tal de salpicar. Ambos cuentan con la ventaja de saberse inmunes ya que sus respectivos guionistas conspiran para que los acontecimientos discurran acorde sus intereses; trazan una maniquea semblanza de los figurantes de la historieta: una horda de islamocomumunistas malos con petróleo que sueñan con apropiarse de todo y, para salvar al mundo –a pesar del mundo-, unos patitos buenos a los que dotan del potencial que ceden las viñetas a sus  héroes con objeto de cerrar, invariablemente victoriosos, cada aventura para mayor gloria de las arcas del Tío Gilito. 
En su última correría intenta recabar el apoyo de Europa y al no conseguirlo, desairado, la desprecia “Vieja Europa”. Insulto que aquí recibimos con halago, la joven Europa  fue un manantial de caudalosos ríos de muerte, un desgarro rojo, un campo de batalla de guerras sin fin que gestaron imperios a costa de la vida de millones de hombres. Hemos aprendido que los golpes inocuos del cómic se reparan en la viñeta siguiente pero la sangre derramada no vuelve a corretear por vena alguna.