martes, 26 de octubre de 2004

TENGO MIEDO

Tengo miedo. Un miedo abstracto, inaprensible. Nunca el precio de la muerte fue tan asequible para las hordas patrióticas de naciones, religiones o capitales. Gentes que parecen estremecerse ante una bandera o lloran al oír los sones de un himno que son capaces de matar a quien se interponga ante sus designios o se sitúen en el camino del azar. Terroristas o héroes según se mire; dirigentes políticos o terroristas según miremos. El caso es que, desde una veta de inquina e interés, se está sembrando el mundo con la simiente del odio. Muertos vuestros y nuestros que generarán, sin duda, más muertos.

Tengo miedo ante los atrabiliarios que no dudan, ante quienes pretenden imponer sus objetivos políticos, religiosos o territoriales con la única sílaba onomatopéyica que es capaz de balbucear una pistola o un coche bomba. Tengo miedo de quién pretende obtener réditos políticos o económicos y, revestidos de auras presidenciales, nos arengan ciegamente alimentando la raíz de la aversión que dicen querer evitar.

Porque el odio es una planta de raíces profundas. De ella brota una flor hechicera, la violencia. Cortando la flor se esparcen más semillas permaneciendo incólume la raíz.

No sé si ustedes también. Pero yo tengo miedo.

CRISIS, ¿PARA QUIÉN?

No es nuevo el robo del contenido de las palabras, de tanto usarlas se ajan como mi camisa mil veces puesta.  El Real Madrid compra a Ronaldo en la lonja de carne humana y podemos leer “Revolución Ronaldo”. Voy al diccionario, revolución: Motín, rebelión, cambio importante de un estado de cosas. Más poder al poder no puede ser revolución, acusaríamos de revolucionario a Bush. Ronaldo contribuirá a que las cosas permanezcan como estaban, es la contrarrevolución por antonomasia. Mucho se habla de la crisis económica de los clubes de fútbol y se ejemplifica con los Madrid o Barcelona de turno. Pero en ésta crisis, como en todas, quien desaparece es el Burgos, el Granada...
Nos muestra Oliver Stone en la escena inicial de “Wall Street” a un mendigo bajo un puente y de ahí la cámara recorre el corto camino que conduce hacia el centro del poder: cualquier planta de cualquier rascacielos de Manhattan.
Los clubes no disponen de dinero, pero a “los grandes” les beneficia la situación. Estos manejan recursos que les aferrarán a su pedestal. Los que algún día aspiraron a enriquecerse con valores al alza y se endeudaron hasta las cejas, soñando con burbujas que no cesaban de crecer, ven como lo que no deja de crecer son sus deudas. Los demás se conforman con mantener los mínimos supervivencia, con llegar a fin de mes, aunque sea vendiendo hasta la propia casa.

MALDITAS SEAN

Malditas todas la guerras y malditos nosotros que no tenemos dedos suficientes para contar las que se avecinan. Guerras miserables en la misérrima África, hambre contra hambre, tribu contra tribu. Donde jamás llegó un libro, donde una vacuna es el unicornio azul, nunca falta quien siembre odio, quién lo abone con armas hasta que germinen los cadáveres.
Guerras enfrentando a dos inexistentes dioses disfrazados con advocaciones diversas, padres que, contra natura, entierran a sus hijos y rezan responsos arrodillados ante ese todopoderoso por el cual murieron, mientras, los sacerdotes del único ser supremo verdadero y mensurable recuentan sus ganancias.
Guerras pequeñas, domésticas; sociedades desangradas lenta pero inexorablemente. Una revolución que se aja y se torna en mafia, una mafia que asesina arreglando con ritmo de cumbia los acordes de la democracia. Utopías que tiñen de rojo el sueño del caimán verde de la esperanza. El deseo de justicia, eternamente saboteado por el gigante del norte, no puede brotar de la muerte.
Guerras justificadas en nuestro nombre por un imperio de carne putrefacta que aniquila nuestros sueños de derecho, de razón.
Guerras justas o injustas, legales o ilegales, santas o demoníacas. Os maldigo a todas para siempre.

CERRADO POR VACACIONES

Durante los meses de verano mi cerebro tartamudea, se atasca y me cuesta Dios y ayuda hilvanar palabras que, constreñidas en el blanco del folio, den vida a estos retales que tras cada martes se mudarán en guiñapo para adecentar cristal, cargamento de contenedor o sudario de bocata.

Escarbo en busca de un cobijo en que refrescar mis neuronas en las infinitas tardes del estío mesetario. Pero hasta los libros están de vacaciones. La biblioteca cerrada desde las tres muestra un semblante de palacio fantasmal; como si de repente todos  hubiéramos muerto, como si nadie trabajase por las mañanas y necesitase el refugio vespertino de los libros que allí se prestan. Foco cultural cerrado por vacaciones. Sigo caminando.

HA LLEGADO EL DÍA

Hemos dormido sobre el lecho de una Historia bastarda, hija de usurpadores armados que, sintiéndose depositarios eternos de la tierra, asesinaron a los hombres y después a su memoria. Hemos silenciado sus recuerdos en el mismo baldón en el que fueron fusilados sus sueños. Hemos escondido en el estómago el veneno del mordisco de una víbora que seguía viva cada amanecer. Hemos visto gente que sufre y calla dolor pero ya no miedo, que no sólo “desea su pan, su hembra y la fiesta en paz”. El tiempo de jarcha ha concluido; no hay rencor de viejas deudas pero no se puede vivir sobre el silencio, hijo del miedo, cómplice del terror. No hay ira, pero tampoco libertad mientras perviva el ultraje del olvido, de la desmemoria interesada, de una sangrante herida falazmente cicatrizada. Construir los cimientos del nuevo edificio de la concordia sobre viejas literas de muertos desarropados del calor de una flor es garantía de ruina. Ha llegado el día de lavar su honra: fueron ejecutados y comidos por los gusanos lejos de su hogar, fueron exiliados y probaron el amargor del pastel que no se puede comer en casa, fueron personas de bien. Que puedan descansar, por fin, en paz.

REALIZACIÓN PERSONAL

Dejamos jirones de existencia en las fábricas para comprar otro coche -jamás lo suficientemente grande- que nos embale al mismo atasco, para pagar el piso que nunca termina de ser nuestro... para satisfacer tanta estúpida necesidad creada artificialmente y nos alaban. El discurso oficial insinúa que ese es el camino de la realización personal, que estamos progresando. El trabajo, un intercambio de actividades que nos debería permitir vivir a todos, se ha convertido en nuestra mortaja y su reparto nos subordina por nuestro miedo, mansedumbre o complicidad; hablar de derechos es un ritual pleistocénico. Hemos organizado nuestras vidas para el trabajo, guarderías para aparcar al niño, asilos para almacenar al viejo improductivo, planes de estudio que forman empleados dóciles, ciudades para que el coche nos conduzca a la fábrica y al comercio. Sin espacio, sin tiempo... sin alternativas. Dimitidos de nuestra responsabilidad como ciudadanos libres, nuestro traje es el de consumidores, contribuyentes o cuerpo electoral; nos hemos transformado en masa, burda masa complaciente, devoradora de imprescindibles vacuidades. Vendimos nuestra libertad por un salario. Vendimos nuestra libertad.

PRENSA DEPORTIVA

La objetividad de un periódico es un camelo, una entelequia. Y si fuera posible no sería conveniente, sólo encontraríamos una cabecera. El periodista que se escuda en la objetividad es una farsante, en el mejor de los casos nos narrará su visión-versión de los hechos, en el peor nos encontraremos con el relato que le interesa al patrón, la moto que le venda la parte interesada o la necedad que crea que usted quiere leer. Más la subjetividad no debe cruzar la línea Maginot del respeto y la prensa deportiva la desborda asiduamente. El “As” con un madridismo ramplón, de ópera bufa, “El Mundo Deportivo” y el “Sport” encendidamente culés con un ojo puesto en las inmediaciones del Bernabéu, puro complejo y el “Marca” cuyo dominio del mercado les impulsa a sentirse poseedores de una verdad absoluta inexistente, una prepotencia que les conduce a ridiculizar al modesto y un patrioterismo xenófobo plasmado en titulares como “leña al moro” o “moro, plata y bronce” refiriéndose al atleta El Guerrouj. Vender más te hace más rico no necesariamente mejor.

BANDERITA

Me vienen a la memoria las sobremesas de los sucesivos julios del primer lustro de los noventa. Momentos proclives para la siesta o la partida arropada con un buen café fueron suplantados por la televisión. Un mocetón, así le llamábamos en mi pueblo, nos mostró la geografía gala con su majestuoso pedalear.

Los que nos recreábamos en esas tardes de canícula oíamos y leíamos superlativos hiperbólicos que trataban de definir cada golpe genial asestado al resto del pelotón por ese mozo que a lomos de su bici había alisado los Pirineos y mostrado franco el camino a Europa. A este lado de los pirineos ya no éramos tan bajitos.

Despedazó el estereotipo de ciclista formado en España: los Bahamontes, Julito Jiménez, Ocaña, Tarangu, Delgado....tan geniales como imprevisibles. Tan capaces de dejar sin resuello al más pintado como de llegar tras el coche-escoba. Hizo añicos de las proezas de todos ellos y ascendió a los altares donde convive con los mitos imperecederos del ciclismo.

Años después, los epítetos de admiración recaen sobre otro ciclista que, tras superar un cáncer en los testículos, reúne fuerzas suficientes para conseguir un brillante palmarés en las mismas carreteras.

Ambos nombres hoy aparecen en dos listas: la de los deportistas que consiguieron emocionarnos con sus hitos y en la de la sospecha.

La cruzada hipócrita que comenzó hace dos años tiene a ambos en el punto de mira. Sin embargo, mientras los medios de comunicación vilipendiamos al denunciante Thomas Davy por tomar el nombre de Induráin en vano hemos sembrado la sombra de la duda en el caso de Lance Armstrong.

La mano que mece la pluma debería olvidar la banderita antes de escribir negro sobre blanco.

M.A.R.EMOTO

Algún entrenador de equipo modesto, cuando han de enfrentarse a uno de nivel teóricamente superior, para insuflar las dosis de moral necesarias a los futbolistas, suelen utilizar un socorrido argumento “jugamos once contra once” tratando de crear la sensación de igualdad, a priori, inexistente. Jorge Valdano adorno el eufemismo “el fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y al final gana Alemania”. Muchísimo antes, Helenio Herrera aseveró que “con diez se juega mejor que con once” aunque, a pesar de ello, sus equipos alinearon de inicio siempre a los once permitidos. Pero, al fin, en cualquiera de las tres románticas afirmaciones presupone que el resultado final de un partido era algo que se decidía en el campo de juego.

Esto nunca ha sido tan así, los equipos con más medios tenían mejores jugadores y por tanto ganaban casi siempre pero además contaban con alguna prebenda, pongamos por caso, arbitral que en ocasiones falseaba lo que el puro juego hubiera resuelto. Se han dado, y se dan, casos a lo largo de la historia de clubes identificados con regímenes políticos que eran utilizados como imagen y eran privilegiados respecto al resto. Como en el resto de las actividades, la cercanía al poder, multiplica el número de goles marcados. Haciendo una síntesis entre Boskov y Ortega podríamos decir que fútbol es fútbol y su circunstancia.

Hoy, los clubes de fútbol, son empresas que manejan ingentes cantidades de dinero. Los éxitos deportivos aseguran la bondad de los balances económicos de los gestores. La cercanía al poder facilita, en buena medida, esa labor empresarial.

Es la única razón que se me ocurre para comprender la surrealista incorporación, a la directiva del Real Valladolid, de ese muñeco de guiñol que un día fue portavoz del gobierno de celtiberia.

Ceder parte de la labor directiva a quien hubo de ser despedido de su cargo en la Secretaría de Estado de Comunicación por su capacidad para generar un problema donde había una solución es una apuesta incomprensible desde un punto de vista estrictamente futbolístico.

Ha llegado el momento de marcar goles con la mano y el más tonto hace relojes de madera que andan.

DE SANTIAGO A FLORENTINO

Santiago Bernabéu presidía al Madrid como a su casa, Florentino Pérez lo preside como a su empresa. Bernabéu  registraba “hasta la última peseta” en una libretita, Pérez se rodea de un equipo ejecutor de la política económica del club y el se reserva los dictámenes de mayor trascendencia. El uno consiguió que la Federación Española de Fútbol urdiese un quiebro al destino y Alfredo Di Stéfano recalase en Madrid, el otro conseguirá, en conchabeo con el Ayuntamiento, solventar los problemas de liquidez del club valiéndose de alguna maniobra recalificatoria con los terrenos de la Ciudad Deportiva.

Representan lo mismo, son lo mismo pero sus actuaciones nada tienen que ver. Como el Conde de Lampedussa en “el Gatopardo” cambian todo para que todo permanezca igual.

Esta, en esencia, ha sido la común trayectoria del poder económico en España. De la libretita y vender porteros automáticos en las cacerías (genial Berlanga) hemos pasado al estilo Wall Street. De lo paleto a lo global. Y el poder económico no desandaría este camino, desde luego. Nunca han estado mejor que hoy, nunca han tenido más poder que hoy.

Y la oposición, pretendidamente de izquierdas, les llama franquistas a los pretendidamente de centro. No se han enterado, Bernabéu murió en la cama hace aproximadamente 25 años, muchos de los aficionados creen que Santiago Bernabéu es un estadio y hoy, como ayer, el Madrid se juega la Intercontinental.

EUSEBIO

Miércoles, 20 de mayo de 1.992, cerca de las once de la noche, estadio de Wembley. Desde el borde del área, unos metros escorada a la derecha de la portería, se produce una falta. Ronald Koeman lanza con fuerza y precisión y el balón embiste a la red. Delirio en azulgrana. Foto histórica de una histórica deuda saldada. Recordamos al irascible Stoichkov, al austero Zubizarreta, al genio Laudrup, al imberbe Guardiola... pero pregunten a quien le hicieron esa falta, germen del gol, casi nadie recordará a ese futbolista que no era fuerte, no corría mucho, no sabía regatear, no iba bien de cabeza, no marcaba goles y sólo se le notaba cuando no estaba. Muchos de los que vieron aquel partido dudarían incluso si jugó.

Ese es su estilo, jugar sin hacer ruido, sin dejar un resquicio a la demagogia, tan de moda hoy en el fútbol. Nunca una carrera inútil y a la vez nunca escatimó esfuerzo alguno, siempre en el lugar preciso para cortar, mirar y pasar. Su apariencia menuda le convirtió en sospechoso, su juego mató la sospecha e hizo carne el verbo de Ángel Cappa “el atleta cuando llega acaba, el futbolista cuando llega empieza”.

Austero, fiel reflejo da la Castilla Machadiana “al fin aquí me tenéis, ligero de equipaje”, Eusebio ha sido capaz de jugar quinientos partidos en primera división devolviéndonos el juego perdido, ese fútbol sin aditivos, güisqui sin soda, sexo sin boda, ese buen vino que con el tiempo sólo puede mejorar.

Un recuerdo en estos tiempos de desmemoria, su regreso al Nou Camp. Todos los espectadores, de pie, le aplaudieron a rabiar cuando fue sustituido. El azar quiso que ese partido acabase con triunfo del R. Valladolid, naturalmente el gol lo marco él.

Nadó contracorriente y lejos de ahogarse nos ha dado quinientas lecciones. Hemos disfrutado del fútbol y hemos aprendido a vivir. Gracias.

GLOBALIZACIÓN

Globalización es la palabra de moda. Pretende definir un mundo casi ideal en el que todo fluye con más fuerza y velocidad que las aguas, tras una riada, buscando su cauce original.

Pretenden, los panegiristas del fin de las ideologías, convencernos (vencernos) de las bondades de esta nueva economía en la que la información y los capitales se desplazan con vertiginosos movimientos de cintura y en tiempo real podemos adquirir un paquete de acciones en Canadá o conocer el resultado de cualquier partido de fútbol australiano a la par que los asistentes al estadio.

El resultado, paradójicamente, es el inverso. Tanta globalización desvirtúa los procesos globales. Hundido el artesano y sentenciado a muerte el agricultor nadie tiene ante si procesos completos de producción. Quien, hoy tiene la suerte de poder trabajar, realiza una mísera parte de un proceso productivo que ignora, sólo me interesa mi tornillo.

La concentración en urbes traslada esta paradoja a las relaciones cotidianas. La estructura social de las ciudades no permite relaciones intergeneracionales más allá de las marcadas por vínculos jerárquicos padre-hijo, profesor-alumno...... Hemos robado a los chavales la posibilidad de contemplar la vida como un discurrir y la hemos presentado como una sucesión de hechos que a ti te suceden. Lo pagaremos.

El disfrute de las prácticas deportivas no podía esquivar esta tendencia; pocos son los deportes que atraen la atención, sólo interesan los partidos decisivos y dentro de estos, los momentos culminantes: un gol, una canasta o una bola de partido. Es una visión sesgada, estamos en la cultura de Estudio-estadio.

MUERTE DE UN CICLISTA

Cien veces al año, cien, se repone en vivo la genial película de J.A. Bardem. No está previamente anunciada, se desconoce el lugar y la hora exacta, es un secreto el nombre de los actores, del director... pero inexorablemente se programa. Tras cada proyección se suceden las anónimas y crueles lágrimas en cien hogares, cien, y el recuerdo permanecerá eternamente, cien eternidades de soledad, de ausencia. Cien fogonazos, cien puñales, cien torsos ensangrentados en los arcenes, cien veces cien desesperaciones, cien madres, cien, cien, cien.....

Inexorablemente, como el devenir del después tras el ahora y de este tras el antes, cien cunetas se alimentan de rojo cruel. Inapelablemente cien coches desgarran, cien ambulancias aturden, cien agujeros esperan.   Terca, testaruda, tenazmente... cien.

Una vez, el elegido por la fatalidad, pertenece al idolatrado mundo de lo mediáticamente reseñable, y recordamos a los otros noventa y nueve. Es tan hipócrita el resueno que en la lista de los ausentes nunca aparecen los que usan la bicicleta sin fin deportivo, sólo para ir a su trabajo, a su casa, al bar...para desplazarse sin coche. Utópicos mentecatos del pasado

Cien frutos en flor, cien espigas en primavera, cien colores, cien olores, cien amores pendientes, cien besos robados, cien claveles carmesí, cien cipreses, cien.
Clamamos contra la ley de la gravedad. Pero el coche, que insufla velocidad a nuestro espíritu colectivo, es el fetiche sagrado de nuestra civilización. ¡Ave coche, los que van a morir te saludan!. Cien.

lunes, 25 de octubre de 2004

ESCAPARATE

Cuando cuento todas las horas que uno ha dedicado a practicar cualquier actividad deportiva y se me ocurre añadir las dedicadas a disfrutarlo por la vía pasiva (ver, oír, leer.... reflexionar) me cercioro de, ya sin pasmo alguno, que una buena parte de mis treinta y un años les he dedicado a esto. Supongo que no soy el único. El deporte se ha convertido en el elemento más consumido de los que aderezan nuestro ocio deseado o indeseado (verbigracia el paro).

Nuestra alma social esta más nítidamente reflejada en este “panorama deportivo” que el rostro de Narciso en el agua.

Unos, la mayoría, viven el deporte desde la más absoluta pasividad. Tumbados en el sillón de su casa, sentando cátedra con comentarios tan llenos de ira como vacíos de razón y derrochando la adrenalina acumulada en las horas de trabajo, en el coche...

Algunos dando rienda suelta a sus frustraciones se convierten en un peligroso ciempiés (preciosa metáfora de Galeano) que disfrazado con los colores de un equipo pueden teñir de rojo cualquier acontecimiento.

Otros, no menos, practicándolo. Disfrutando de las posibilidades que el deporte entrega: desde la mera actividad física a la posibilidad de relación.

Todos viviendo en una sociedad en el que el deporte se ha convertido en religión, los orondos empresarios se han convertido en sumos sacerdotes, los deportistas en dioses a venerar de los que conocemos todos sus milagros y los gobernantes pierden el culo por fotografiarse ufanos con ellos y bostezar heroicidades patrias.  Con este panorama la publicación de la carta que ETA ha remitido al futbolista  Bixente Lizarazu ha sido un perfecto escaparate en el que, más allá de la cantidad solicitada, les ha servido para darse a conocer en todos los rincones de Europa.

martes, 5 de octubre de 2004

LA IMAGEN DE ESPAÑA

Polvo en el horizonte, las tres españas cabalgan a lomos de sus corceles: Balón, Pancarta y almidón. Mientras la primera se anestesia y la segunda reaparece tras años de “no sabe no contesta”, la tercera se viste de boda para mostrar una apariencia impoluta, esmoquin sin arrugas que viste mucho entre los que se reúnen para cantarnos que “Europe is living a celabration”. Pero tienen miedo y se ofuscan, el mejor momento para escuchar sus verdades tantas veces escondidas en eufemismos ininteligibles. Tras años de piquete televisivo coreando que España va bien, acusan de trepanar la imagen hispana a quien desafía en carne propia esa consigna por hacerlo delante de invitados de postín. Tal como Juan Diego en los Santos Inocentes. Han vendido frascos con suspiros de la virgen y acusan de herejía a quién sólo ve botes con aire. Cuando la realidad se impone a la consigna intentan cuartear  a quienes sienten como plebe: enemigo en paro, enemigo inmigrante, enemiga mujer... Enemigos de España. De su España homogénea, de su burbuja irreal. Pero hay otra. La que puede disfrutar de un mundial que se acerca y a la vez salir a la calle consciente de que su existencia no es la entelequia que se cuenta en el telediario. Ese caballo llamado Balón no puede permanecer en la cuadra eternamente anestesiado. Corre el riesgo de volver del mundial a las primeras de cambio.

lunes, 23 de agosto de 2004

TARDE DE VERANO

Hoy puedo respirar. La televisión en directo que es mi ventana me muestra la playa desnuda de esas gentes con complejo de chuletilla, amantes de las brasas. El mismo sol que con su brusca premura ha ahogado a los cereales y con ellos al sueño anual de los pocos agricultores que hoy son, ha suscrito una tregua. Hoy es uno de esos pocos días de clase media que nos concede esta maldita ciudad de contraste entre la vanidad de unas jornadas abrasivas recluidas en sus mansiones de verano y una sarta de días desarrapados con hambre de calor que se esparcen a lo largo del resto del año.

Apresúrense, huyan; se acercan días que amasan todo el calor, ciegos por saciar sus instintivas ansias frente a las necesidades de los pobres invernales. Mejor, no deserten, háganle frente. Su armadura deslumbra mas no es un enemigo invencible. Busque un rincón en su casa, deje la ventana abierta durante la noche y cierre la persiana con la amanecida. Coja un libro, uno de esos en cuyos renglones se lee más de lo que en cada renglón se ha escrito. Sumérjase, trasládese a paginazos; una tras otra, tras otra la otra. No se arrepentirá. Transformará el oropel del verano en vulgar bisutería. Comprenderá el ciclo de las estaciones. Unos con tanto, otros sin nada.

viernes, 6 de agosto de 2004

CARRUSEL DEPORTIVO

La verdad, cuando alguien, atañéndose al fútbol, balbuce el manido argumento del “pan y circo” consigue sacarme de mis casillas. En una simplificación podemos decir que la sociedad no necesita el narcótico del fútbol para tornarse indolente. Esa desidia es un hecho que tiene que ver con el acomodo de clases satisfechas, no busquemos excusas. Cierto es, por otra parte, que para muchos esas dos horas que dura un partido son un bálsamo de Fierabrás, ciento veinte minutos sin pensar en los recibos pendientes, en las discusiones familiares, en cualquier infamia de las que se repiten inexorablemente en nuestro maltrecho globo azul. Dos horas para el regocijo de una pasión inofensiva, de un fervor inodoro, de un ardor eterno en dos partes de cuarenta y cinco minutos, de autoenajenación dispuesta a fundir lo trascendente con la nada. Pero hay momentos que no permiten seguir las peripecias de unos señores que se disputan un balón, que la cabeza está pendiente de las últimas noticias que llegan desde algún lugar del mundo. Por eso se agradece que, sin respetar a dios gol, una emisora de radio interrumpa la narración de un partido y las voces serias de los noticieros expandan el hedor de una situación podrida que se acerca al último estertor. La barbarie israelí en Palestina, asumo el cien por cien de lo declarado por Saramago,  bien merece la interrupción del carrusel deportivo. Colocando en su sitio cada cosa. Se agradece.

jueves, 5 de agosto de 2004

MINUTO DE SILENCIO

El mito de la invulnerabilidad ha sido derribado en forma de torres hermanas. Significaban más que eran y su caída es más que su desplome. Es odio condensado, veneno que hervía en las venas de los suicidas, cianuro con nombre de religión volando hasta incrustarse en diez mil edificios. Es una guerra pero no empezó ayer, es consecuencia, es una indecente gestión del dolor ajeno. Es dolor engendrando dolor y en el parto una persona sufre, mil, un millón de dolores que se engendran oliendo a muerto y clamando justicia y engendrando más dolor. Es prepotencia criando cuervos, esculpiendo un bumerang, es billete de ida y vuelta. Nada hay más vulnerable que un ser humano odiado por otro ser humano, más vulnerable que una torre, que una religión, que un imperio forjado en miles de seres torturados. El invierno, imperecedero para muchos, ha depositado sus copos de nieve donde el sol tenía su guarida.


Hoy estamos de luto, todos los días el odio nos sirve motivos para ello. Silba el árbitro, comienza el partido.

lunes, 7 de junio de 2004

PROSTITUCIÓN EUROPEA

Europa es una necesidad política, un salto cualitativo del cejijunto provincianismo a la ciudadanía universal, de las esencias a los derechos. Pero el sueño de generaciones -una Europa crisol, ariete de los derechos humanos, refractaria por escaldada de aventuras bélicas o colonialistas, medioambientalmente sostenible, abierta, solidaria, laica y comprometida con las condiciones de vida de hombres y mujeres- se desvanece. A cambio, un lo tomas o lo dejas en forma de constitución cambalacheada que trueca el sueño en pesadilla.

lunes, 31 de mayo de 2004

PALESTINA. EL HILO DE LA MEMORIA

Es sólo un libro pero este hojaldre de páginas es a la vez una clase vigorosa de periodismo impartida por Teresa Aranguren. De principio avisa, sin tapujos, “El testigo del drama está en el drama...no creo que pretender ser distante y aséptico sea condición de objetividad y verdad”. Escribir es mirar el mundo desde un particular caleidoscopio, componer desde la mirada propia, una de tantas. La pretensión de objetividad es un ejercicio de cinismo retórico que esconde la individualidad del ángulo de visión de quién escribe. Teresa, al contrario, marca su territorio, sale a la calle casi a cuerpo, pertrechada sólo con el poder de la palabra. De la palabra escrita, de la que no se lleva el aire, de la que demanda permanecer; palabras revestidas con tanto orgullo como las personas, no personajes, que habitan en las páginas del libro. 

martes, 11 de mayo de 2004

DECÍA, DIGO Y DIRÉ “NO”

Mis ojos se ensucian de rabia y asco ante esas fotos que colocan al hombre un peldaño por debajo del cerdo. Una soldado, émula de Jonh Wayne, muerde un cigarrillo y con una sonrisa señala la polla de presos iraquíes, un grupo de militarones se regodea tras amontonar  a futuros cadáveres. En el amor y la guerra no hay moral que valga más que el deseo de sojuzgar al vencido. Esto es la guerra y así se escribe; se mata y se muere, pero sobre todo se humilla. Nada es inocuo por más que sus impulsores pretendan revestir sus propósitos de bienaventuranzas y disfrazar sus efectos con la seda de los eufemismos, por más que acudan al catálogo de virtudes para declararla. En el bien entendido pretenden llenar sus bolsillos de dólar y poder aunque emborronen discursos de amor a su pueblo y gloria de dios por los siglos de los siglos. Saben de sobra que ellos morirán viejos, cuidados y con un termómetro bajo sus aseados sobacos tras haber sembrado la mierda de la muerte prematura lejos de sus casas. Y odio que generará muerte, que generará odio, que... así el mundo no girará en el sentido que marquen jóvenes armados de futuro sino por el recuerdo de los desafueros sufridos por unos abuelos mancillados. ¿A ellos qué?

lunes, 3 de mayo de 2004

SIN POSTRE

El melón constitucional está en un tris de ser abierto mientras discutimos con las enaguas abajo si son galgos o podencos. Los gerentes de esta comunidad, esos que miran de soslayo a Madrid antes de tomar una decisión, dirán que algo se ha ido y no sabrán cómo ha sido. Con prosopopeya relatarán que unas perversas fuerzas centrífugas se han llevado por delante ese sueño inconcluso de la paisana Isabel Montatanto llamado España. Digo inconclusa porque la pieza Portugal falta del puzzle onírico de la tan católica.

jueves, 29 de abril de 2004

NUEVE PROVINCIAS DE ESPAÑA

Díceme Hoyas, a la sazón sufriente prior de esta página, que los escribas que aquí garabateamos malamente nuestras ideas somos una recua de desarraigados, que a la menor nos descarriamos por vericuetos que nos arrastran allende la meseta. Vamos, que para el bueno de Tomás conducimos nuestras letras hacia Irak, el tripartito o, cuando no, la nostalgia nos seduce como aquella prima que vivía en el extranjero; pero que de este páramo cuyo topónimo se engarza con el alambre de una conjunción copulativa, ni letra. Tiene razón, lo que de por sí ya es un síntoma. Porque Castilla y León no es ni por arriba ni por abajo. El techo que nos cobija no se aleja mucho de los sueños frustrados de España eterna con las goteras sin restañar que narraron los tristes hombres tristes de aquella generación del 98. Somos un vivero de nacionalistas de la España que se sintió imperial y que aún espera que los designios de ese Dios uno y trino se posen sobre nuestra hidalguía y nos sonría como pueblo elegido para gestas que engrandezcan la historia de lo universal. Pero ya no estamos para trascendencias.

martes, 20 de abril de 2004

EL CRISTO Y LA BOLSA

Si hiciera caso a mis descreídos ojos y nada más me preguntase, esos renglones de feligreses  escritos en las calles a lo largo de la semana santa obligarían a reconocerme en medio de una sociedad henchida de un fervor religioso que, sin embargo, el resto del año desmiente. Una contradicción nada aparente que en principio me desconcierta. 

Bajo las caperuzas de esas reatas de penitentes que marcharon en filas de a uno se disimulan las caras de nuestros vecinos mostrando resabios de una religión prescrita con analgésicos marca dogma cuya modernidad se enarbola en pos de las treinta monedas que nos aporta el gran fetiche futurista: el turismo. Mañana, cuando las tallas reposen en sus aposentos cotidianos y muchos escondan sus convicciones religiosas para mejor recuerdo en el mismo armario donde guardan almidonada la túnica de sayón, los hosteleros harán cuentas.

jueves, 11 de marzo de 2004

CARTA A ETA MIRANDO A LOS OJOS DE MI HIJO

Una tos alérgica impidió a mi hijo dormir bien la noche del miércoles al jueves. Decidí no llevarle al colegio y que descansase. Pero esa mañana era ya noche, noche de dolor a las ocho de la mañana. Unos salvajes apagaron el sol como vosotros lo habíais hecho otros días siniestros. Con Diego a mi lado no pude hacer otra cosa en todo el día que mirarle, sólo mirarle. Fundí mi pupila en sus ojos transparentes y le hablaba, “que el azar de la barbarie no convierta tu futuro, ese que aún ni has soñado, en amasijo de carne de víctima y, aún más, que nunca seas verdugo”. Y frente a él, llorando reflexionaba y os maldecía cómo tantas otras veces, cómo seguiré haciendo mientras permanezcáis anclados en sueños tiznados de sangre mil veces inocente. Comprenderéis que el reflejo condicionado, que el primer impulso, dibujase vuestras siglas en nuestros ascos. No fuisteis vosotros. Pero eso no borra de nuestra memoria la semilla de dolor que habéis sembrado a lo largo de treinta años. Esas muertes mancillan vuestro debe, el pasado es lamentablemente terco. Hoy, sin embargo, debéis dar un paso al futuro, valiente, sin cortapisas ni vuelta atrás. Un pie en pared que marque el final del ansia homicida que hasta ahora mostráis. Ninguna causa merece la muerte ajena y la vuestra, por supuesto, tampoco. La carnicería del jueves fue brutal pero el dolor es individual y una víctima, una tan solo, en el silencio de sus cercanos, hilvana el mismo drama. Llevo años soñando, con muchos, con casi todos, en ese instante de lucidez en que decidáis que callen para siempre las armas. Para vosotros existe una guerra, yo soy uno más de vuestros enemigos, vale, pero la paz se hace con los enemigos. Abandonad las armas, asumir el error hace grande a quien lo hace. Estáis a tiempo de tener un gesto de dignidad. Pedid perdón a todas las víctimas, purgad culpas de sangre y luchad por vuestra arcadia desde los votos.

Sentid, pensad, que cada víctima tiene cara y su visión es un acicate; mientras enturbio estas letras con mis lágrimas os recuerdo que la voluntad mayoritaria es la de vivir en paz, la de buscar vías pacíficas para la resolución de conflictos. Incorporaos. Y recordad que en la masacre de Madrid murieron gentes que vinieron de Colombia, de Rumanía, de Marruecos y así hasta doce lugares de origen. Esa es mi patria, la de los que viajan en tren, la de los que se levantan a las seis a trabajar y no llegan a fin de mes. Si la vuestra es otra reclamadla pero con la palabra. En nuestras conciencias está grabado a fuego que seremos libres en la medida en que queramos serlo y hoy lo queremos más que nunca. Falta vuestra palabra, esa que silencie definitivamente las armas. Está en vuestra mano.  

domingo, 29 de febrero de 2004

NO SABE PERO CONTESTA





Carlos Taibo, uno de esos trotamundos de la disidencia intelectual, habló el jueves en Valladolid. Curtido cómo uno está en el triste cobijo de los cuatro gatos que decoramos  estas citas asombra ver su capacidad de convocatoria. Eso ya es adrenalina para un tiempo. 

Amén de resaltar la gran paradoja: los únicos mentores de una lectura sosegada de la letra (la grande y la pequeña) de ese pretendido tratado constitucional son los postulantes del “no” mientras los patronos del voto afirmativo escamotean su contenido difundiendo vaguedades, Carlos, tirando de sus nutrientes intelectuales ironizó sobre el nuevo tipo de encuestas al uso de cara al referéndum. Al consabido si-no-no sabe/no contesta se le debe agregar un cuarto epígrafe: no sabe pero contesta, aun más, no sabe pero acata. En realidad la sociedad que estamos construyendo parece el sueño de Esquilache, aquel ministro de Carlos III, máximo exponente del despotismo ilustrado, menos de lo segundo que de lo primero. La inercia social al uso conlleva un desencanto de tal calibre que el personal por hastío dimite de su labor crítica. Del todo para el pueblo pero sin el pueblo al que hagan lo que quieran se cierra un círculo que recrea un panorama parejo. Como entonces el único motín quizá provenga de la reacción nostálgica. Del resto, sumisión por cansancio o desidia.

En éstas la televisión asume el rol de Oráculo de Delfos, de prontuario ético, capaz por saturación de dibujar el abanico de gustos y necesidades. Algún programa se escapa de la vorágine y pretende hablar de ideas, de libros. Al margen de gustos o tendencias, el que modera Sánchez Dragó es uno de ellos y a veces dan una clave aunque, como días atrás, lo hagan de forma inconsciente; el elenco de polemistas intercambiaban ejemplos de malos usos del lenguaje, uno de ellos con rostro sorprendido relató que los chiquillos para negar usaban la expresión “va a ser que no”. Nadie dio respuesta. A la par que los más mimetizan actitudes recogidas de la tele como las ratas aprenden en las jaulas experimentales, los sabios analizan el por qué pero la realidad se les escapa entre los dedos.

La conciencia se evade refugiándose en los cuarteles de invierno y el resto no sabe pero opina lo que le han coreado mil veces. Dad al poder una tele y moverá el mundo. A su gusto.

Publicado en la edición de Castilla y León de 'El Mundo'.

lunes, 16 de febrero de 2004

UN DÍA CUALQUIERA DEL AÑO QUE VIENE

Afahin Chiddi está tumbado sobre una colchoneta en un calabozo. No hace aún dos horas caminaba de vuelta a casa tras finalizar otra interminable jornada laboral. Como todos los días desde hace 10 meses. Pero hoy, tras ver como se acercaba un policía, se abrigó con una sensación de desasosiego y empezó a correr. Una llamada del policía a la central y al minuto varios coches patrulla siguieron su rastro hasta que le detuvieron.

Sobre la colchoneta llora. Ya no podrá enviar a su madre el dinero que arranca de sus 400 euros de sueldo. Llora y se le agolpan las emociones en forma de recuerdos. Aquel primer día en que su padre le dejó al cargo del rebaño de cabras y ayudó a un cabritillo a nacer, aquel día que fue con su hermano mayor a la ciudad de Imzurem enorme para él que sólo conocía su aldea y cada trocha en las montañas, aquel día que conoció a aquella chiquilla de ojos negros. Aquel día en que la tierra se estremeció y se tragó todas las casas de su aldea y bajo la suya quedó para siempre la alegría de su hermana. Ese día maldijo a Alá, el miedo se convirtió primero en dolor y después en ira. Pasaron unas semanas, sin futuro y odiando al suelo que cubre a su padre y a la niña, decidió huir al norte. Tomó el hatillo, vendió sus cabras y supo a quién tenía que dirigirse para embarcarse en una patera que le arrojó a la costa y de allí a buscarse la vida.

Hablaba un más que correcto castellano y no le fue difícil encontrar trabajo. Sin papeles estaba a merced de quien le contratase, nada podía exigir y tuvo que aceptar lo que le dieron: doce horas, seis días por semana, cuatrocientos euros de salario.

Ya ni eso, hoy es carne de deportación, le trasladarán de nuevo a su aldea. Pero sabe que lo volverá a intentar. ¿Qué otra cosa puede hacer? Ha soportado humillaciones e insultos, ha sobrevivido con lo mínimo viviendo con otros siete hombres en la misma casa, no ha vuelto a ver a aquella muchacha. Pero es consciente de que no puede volver atrás aunque le obliguen. Llora con la rabia de la que extraerá la fuerza para volver. 

Llora pero sabe que sólo es una interrupción en su destino. Llora y levanta la mirada. En la misma celda hay otro hombre más oscuro todavía. Con lágrimas en los ojos le cuenta su historia, de dónde vino, cómo tembló la tierra bajo sus pies, cómo le detuvieron. Cuando Afahin calla su compañero se arranca. Me llamo Laurent y vine de Haití.

lunes, 9 de febrero de 2004

CRUZADA CONTRA EL SEXO

Cuentan que allá por el 48, cuando se estrenó Gilda en Madrid, hubo alboroto. El detonante fue el dichoso guante de terciopelo que la Hayword se quitaba ante el pasmo de esa España hambrienta de pan y libertad. Los que acudieron a esa sesión, en pleno delirio onanista, percibieron que les robaban, exhibiendo una versión alicorta de la película, el desnudo de la diva que hubiera saciado, siquiera fugazmente, sus deseos cohibidos. Intuyeron censura donde no la había, porque la había incluso donde no la intuían. Erraron de diana pero el disparo iba bien dirigido.

domingo, 1 de febrero de 2004

JULIO MÉDEM

ETA es vil y envilece. No cabe éxito mayor. Treinta años acaparando portadas y debates. Dictadura, transición y democracia. Caudillos y presidentes. Una generación, la mía, no ha conocido el antes. De niños escuchábamos a nuestros mayores que ETA era el paradigma de maldad y, ya entrados en grasas, el paradigma de maldad sigue siendo ETA. Seis lustros de anuncios de agonía de la banda pero “el muerto que vos matasteis goza de perfecta salud”.

Ese hijo bastardo del ramplón nacionalismo araniano que mamó odio al albur de la represión franquista y se hizo grande asumiendo para sí deseos de insatisfechos de toda laya se ha instalado en nuestras vidas y no vemos el día del alivio de su extinción definitiva. Si nunca tuvo sentido su existencia, hoy menos. Pero sigue y sigue matando y no sólo, también confundiendo, atemorizando, manchando... pudriendo.