jueves, 20 de febrero de 2014

PALABRAS TRANSGÉNICAS

Dijo que libraría al pueblo de las ratas a cambio de un pequeño botín y los aldeanos, hartos, pero sin saber qué hacer para acabar con la plaga, aceptaron la propuesta. El flautista, del que bien poco sabían en el pueblo, hizo sonar su instrumento con tal virtuosismo que consiguió que las ratas le siguieran y acabaran ahogadas en el río. Imagino que su flauta emitiría unos sonidos tan bellos como para embelesar hasta los seres más abyectos pero que, en cambio, la melodía no podía estar acompañada de letra alguna, es imposible, ya sabemos, soplar y sorber todo a la vez. Los patrones del pueblo decidieron no pagar lo acordado y nuestro flautista decidió vengarse. Estando los mayores en alguna de sus misas, el músico tomó de nuevo la flauta y de esta brotaron hermosos acordes que obnubilaron los sentidos de los incautos niños. Le siguieron hasta una covacha donde les encerró. Según unos, algún niño rezagado alertó a los adultos; según otros, el flautista consiguió su propósito ya que los aldeanos pagaron la recompensa y más en concepto de rescate. Cuentan también que, siempre que hay tajada nunca falta quien se apunte, algún lugareño colaboró en la urdimbre del plan.