sábado, 29 de octubre de 2005

DEBAJO DEL BURKA

Para cualquier madridista Villarreal no es más que un poblacho de provincias y Guti les presta su voz: “paletos”. Para un directivo merengue el Valencia no es más que estación de paso,  para cualquier futbolista con aspiraciones llámese Mijatovic o Mendieta. Para cualquier acémila del fondo sur los futbolistas de un equipo vasco “no son españoles son hijos de puta”. Para cualquier norteamericano el difuso e inconcreto resto del mundo tiene la obligación de permanecer sometido y, además, no hacerse notar. Para cualquier gobierno de los USA la defensa de los intereses de sus empresas ha sido prioritaria frente al respeto a unos mínimos derechos en los territorios donde se implantan. Para cualquier multinacional, Afganistán, tras su labor de zapa al expansionismo soviético, se convirtió en potencial campo sembrado de oleoductos que omnipotenciasen su control de los centros de extracción del petróleo mundial. Con el pretexto de liberar a las afganas de sus burkas y transformada su tierra en desierto para horadar, pretenderán ver sus bragas desde el subsuelo ocupado completando el ciclo de humillación. Cuando tiroteas a la milana puedes ser ahorcado por cualquier Azarías harto de prepotencias. De soberbios es no esperarlo, de mentecatos no entenderlo. 

viernes, 28 de octubre de 2005

A VUELTAS CON LA ENTREPIERNA

Uno ya está un poco mayor, y sobre todo casado, para alardear de deseos húmedos en entrepiernas varias. Lo que no obsta para reconocer que épocas hubo en que me hubiera matado por encontrar con quien compartir pasiones y pulsiones, que las copas con los amigos eran la posición de partida de un juego cuyo culmen se tejía en una alcoba desconocida. Pero eran muchas más las veces que retornaba a casa silbando, impasible el ademán y pensando que la próxima vez sí. Así, de fracaso en fracaso, hasta el efímero éxito final y vuelta la burra al trigo, que nada hay más tenaz que un veinteañero en la búsqueda de un acople sexual.

Gonzalo Muinelo en la ofrenda de la vera cruz fustigaba a tirios y troyanos, testigos mudos de un proceso de descristianización de la sociedad. Síntomas hay de la razón de su aserto, el mensaje de aquel rebelde muerto a manos de los suyos no tiene apenas seguidores y menos entre los que así se llaman. Murió pobre, clamó por la justicia, alzó a los marginados sobre los fariseos, expulsó del templo a los mercaderes... en fin “el que quiera venir tras de mí que deje todo cuanto posea y me siga”. Pero hete aquí que no, que la descristianización pregonada es la de una sociedad moderna que vive en promiscuidad. Pasmoso si no fuera tan manida la aversión al sexo de los sectores que hoy copan el poder en una institución tan jerarquizada como la iglesia católica. Mandamases iracundos que anteponen su restrictiva moral tildando de actuar como animales a quienes desoyen sus mandados. Sorprendente es su desconocimiento de la biología y el machismo que rezuman. Si algo diferencia, en materia sexual, a la mujer de cualquier otra hembra mamífera es la disposición a poder disfrutar del goce carnal más allá de la razón reproductiva, cualidad biológica que nos separa del mundo irracional. Nada hay más animal, menos humano, que soslayarla para relacionar sexo con reproducción, anular las llamaradas de nuestro cuerpo y desoír los cantos del placer. Contingencia que si se nos dio es para disfrutarla. Y si don Gonzalo no quiere en su derecho está pero ya es hora de que mire a su alrededor, comprenda que la tierra gira, asuma como bueno lo que no daña y ceje en su empeño de satanizar a quienes no pasan por su ojo de la aguja. Así cada quién disfrutará con quien quiera y los Muinelos de turno serán un poquito más felices, tendrán un motivo menos de preocupación. Que además no es para tanto.

ESCUPÍ EL PLATO EN EL QUE COMÍ

Son pocos y sus cuentas no son corrientes. El mundo cae a sus pies y cualquiera de sus actos, gestos o salidas de tono se convierte en portada de los medios de comunicación y lugar común de las charletas de tasca durante varios días. Viven como dioses y como tales viven. Su única habilidad conocida es la destreza con los pies.

Uno de ellos, cuando su equipo celebraba el triunfo en un torneo, deslenguado por la euforia y quien sabe por qué más, micrófono en ristre y mil cámaras mediante, oficia su “éxito” con un estentóreo cabrón a modo de afrenta final al equipo vencido que casualmente fue el suyo.

Un poco por su voluntad y otro por la que se le venía encima suplica perdón, reconoce su yerro y desagravia su ofensa mostrando gratitud al club otrora vejado. A partir de ahí todo son parabienes y aplausos por su pronta rectificación en la que asume como verdad revelada que uno no debe escupir el plato en el que comió. Deduzco que si la burla hubiera ofendido a otro club que no le hubiera tenido jamás en su plantilla nunca se hubiera retractado de sus palabras pero ¿qué es eso del plato que te dio de comer?

En el fútbol de élite, tal y como hoy se entiende, el futbolista es a la vez mano de obra, materia prima y máquina de producción. Europa, la Europa rica, consume más de lo que produce y escarba fuera de sus fronteras en pos de críos que en un futuro cercano alimenten su beneficio. América del Sur y África son los caladeros en los que se atrapan las piedras que, debidamente pulidas, se convierten en diamantes.

Samuel Eto´o, nuestro protagonista, era un chiquillo africano cuyas cualidades innatas para eso del fútbol le libraron de la patera. Un privilegiado de una forma de entender el mundo. El éxito de uno trasciende mientras la miseria de los demás es la realidad cotidiana de la que nos alejamos. Él llega a España en avión.

La empresa que le contrató no valoró otra cosa que el rendimiento económico que Eto´o le iba a ofrecer en el futuro, nunca le regaló un plato de comida. Se lo ofreció a cambio de muchísimo más.

El fútbol es una empresa que vende ilusión pero la ilusión es una espejismo que rinde cuentas en el futuro. La empresa es una realidad que hace caja día a día. El perdón suplicado por Eto´o es digno de encomio pero de sus palabras sobran las de un agradecimiento innecesario. El plato que le dieron, el que le dan, no es tan distinto del pesebre en el que mi padre echaba la panija a los cerdos, pensando en San Martín.

jueves, 27 de octubre de 2005

SIN ARMAS, CON SOLUCIONES

La esencia de una sociedad es el conflicto. Bien encauzado supone un paso adelante, una oportunidad. Pero a veces se encanalla hasta ajar el tejido social. Existe un mojón en el camino a partir del cual es tarde para aplicar ensalmos o pretender sanar con gasitas de algodón.
En el País Vasco subsiste un conflicto enquistado cuya metástasis llega a cualquier rincón de España, un conflicto que ensarta el pasado y el fututo rasgando cualquier atisbo de normalidad social, cultural o política. ETA, en este contexto, es sólo la punta negra de un iceberg. Pasear por las calles de las ciudades vascas o dedicar unos minutos del verano a hablar con gentes de esa generación, la mía, que ha nacido allí pero vuelven puntuales a nuestros pueblos, los de sus padres, no deja lugar a la duda.
ETA es un residuo del franquismo, una banda que pretende imponer su visión del mundo a punta de coche bomba. Un anacronismo sin valor futuro pero capaz de deteriorar el presente. El final de su anacrónica violencia es el paso previo para abordar las demás contradicciones, para que el conflicto deje de ser tal. Pero el remedio no es sólo el fin de la violencia etarra.
Anteayer cientos de miles de personas se manifestaron por las calles de Madrid convocados por la Asociación de Víctimas del Terrorismo con el empeño de defenestrar la resolución del Parlamento por todos conocida.
Entiendo, desde el dolor de quien lo ha perdido todo, su afán. Comprendo que como dolientes principales necesiten una reparación y centren su empeño vital en ello. Quien ha sufrido el rigor de la violencia debe ser un soporte ético pero nunca se puede arrogar el privilegio de ser un colectivo decisorio en exclusiva de las políticas ni ser ejecutor del derecho. El uso perverso del poder empático de las víctimas va preñado de una malicia irresponsable.
La macabra trayectoria de ETA es el deyección de un conflicto. Pero tras el eco de los disparos olvidar su respaldo social, criminalizar a todos los que sin violencia aspiran a lo mismo, desoír el magma que mana bajo nuestros pies, puede lastrar los días venideros.
Con la violencia de ETA hemos de acabar, sus planteamientos políticos sólo pueden refutarse con argumentos de mayor peso.
Los conflictos que brotan de enfrentamientos nacionalistas son de largo recorrido, o se trabaja en pos de una solución o pudren las carnes como una larva que va creciendo y brota de sopetón estallando en la cara. Las soluciones manu militari demoran pero no curan. Tito mantuvo aparentemente acallados los ecos nacionalistas en Yugoslavia medio siglo. El resto de la historia ya la conocemos.

miércoles, 26 de octubre de 2005

LA CENA DE LA ETERNA JUVENTUD

Hay días que merecen la pena. Escribo con las ojeras de una trasnochada cada vez más infrecuente y una sonrisa resabiada de nostalgia y de ilusión. Casi cien personas, cien locuras. Alguno ha traspasado el Rubicón de los cuarenta, otros no llegan al peldaño de los veinte. Risas, alegría, abrazos...encuentro. Semblanza de una excepción. Tres lustros de reivindicación en un mismo mantel: la historia de Alternativa Universitaria.

En ésta época de crisis del asociacionismo, más aún del que enraíza su referente en la utopía, la salud de A.U. es un fenómeno sociológicamente inaudito. Si además se trata de un colectivo juvenil –quince años son ocho generaciones distintas y enlazadas- sólo hay una explicación:  han encontrado un bote con el bálsamo de Fierabrás.

En A.U. la juventud no es un ave de paso, ni un resabio cínico de la adolescencia. Es un manera de afrontar la vida, una propuesta insolente en pro de una universidad pública, abierta e inmersa en la sociedad de la que forma parte; de una universidad encaminada a preparar personas con capacidad crítica y que apoye a los grupos sociales que sufren exclusión. Para la memoria colectiva quedan aquellos acuerdos del claustro universitario apoyando a los insumisos o a los homosexuales. 

Un centro de información por el que han pasado miles de alumnos, movilizaciones contra la subida de tasas, contra las lous o los informes bricall que atacaban a la esencia de universidad pública, contra los que aprovecharon su cargo para falsificar las notas hasta que fueron condenados por ello ¿verdad señor Aroca? En la calle y en el despacho. Horas y horas de trabajo sin perder la sonrisa. Horas de un día, de un año y otro....

Los libros de historia están atestados de reyes y reyezuelos, de caciques y fotos de palacio pero los grandes cambios políticos y sociales despuntaron del esfuerzo originario de unos pocos que supieron que organizados podían más.

Entre el desdén de quienes viven en un mundo del que nada se cuestionan, el posibilismo de los que se preguntan los por qués, habita el entusiasmo de una asociación juvenil que sueña el mundo que no es y se lanza a la aventura de conquistarle preguntándose “¿por qué no?”. Se llama Alternativa Universitaria y tiene las puertas abiertas.

martes, 25 de octubre de 2005

LA FUENTE DE LA PLAZA DE RASUEROS

De tanto en tanto rehago el hatillo de ropa y desando el camino por el que deserté del arado hace ya muchos años, los escasos cien kilómetros de uva y trigo que separan mi casa del exangüe Rasueros, mi pueblo. El regreso no es un retorno sino una constatación de lo inapelable de la huida, en todo caso un arrumaco con nostalgia, más que a la tierra,  al tiempo que en ella hubo vida.

Rasueros, sincero, recibe con el cementerio a la entrada. De un blanco traslúcido, esa receptoría de muertos evoca más historias que historia en todo el pueblo queda. Poco más tarde el ruido del coche nos anuncia y abre de súbito la puerta de mi vieja casa de niño. La mueca de ternura de mis padres, ya aquejados de edad, el retozo de su risa ajada cuando abrazan a su nieto, mi hijo, me descoloca entre dos mundos de los cuales no formo completamente parte. Es un achuchón entre dos universos inmiscibles; los abuelos de Rasueros, el nieto de Valladolid y yo doliente de doble desarraigo, de la condición de forastero en ambas partes. Es un dolor desesperanzado sin antídoto que valga.

En casa perdura el olor a cuadra, entrar España en la Unión Europea y salir las vacas de los pequeños establos familiares fue todo uno, con su partida sepultaron una época que inexorablemente languidecía. A pesar o quizá por ello, cada vez que abro una botella de leche recuerdo los esfuerzos vanos de mi padre intentando salvar a una res de la muerte y las lágrimas iracundas de mi madre ante la pérdida inevitable. Las vacas se fueron pero ¡ay! su tufillo permanece.

La tarde es café, saludos y paseo por calles desnudas entre casas, algunas reconstruidas, que sólo se llenan unos días en verano. Callejuelas que desaguan en la plaza que es alegoría de toda la región. Extensa y desahuciada de pasado. Hasta hace apenas dos años en su centro descansaba orgullosa una modesta fuente, la primera canalización de agua corriente, alivio de trabajo para nuestras abuelas. Alrededor unos jardines con bancos de piedra fedatarios de amistades y cogorzas, de amores y pasiones; ¡Si pudieran hablar cuántas virginidades perdidas quedarían desveladas!. Hoy un barreñón de cemento empavesado con luces de neón usurpa ese espacio.  Sigo andando, el frontón no encuentra quien juegue en él, a la escuela no van más de seis u ocho zagales. Las piscinas que llegaron cuando niños, en las que aprendimos a nadar y conocimos a las chicas de los pueblos cercanos, están como a trasmano sin nadie que las haga caso. Las campanas de la torre mudéjar tocan a muerto.

El invierno en los pueblos es invierno; sin esperanza de primavera. El frío en las calles vaciadas de niños congela más adentro de los huesos. Cuando regreso al presente, unívocamente urbano, estoy un poco más triste.

domingo, 23 de octubre de 2005

DE NOSOTROS DEPENDE

Una maleta como principio y fin de Rosa María. Una maleta de cartón de España profunda huyendo de las penalidades del hambre mesetario le acompañó en el sueño de pan de la Barcelona industrial; otra maleta, rebosante de infamias, apostada en un banco fue testigo de sus últimas palabras dirigidas al cielo o a la nada. Rosa María, dieciocho hijos mediante –once vivos aún- ha muerto sola y abandonada. Vieja y loca era demasiada carga y como una culpa cualquiera se la arrojaban unos a otros. Ya sin fuerza y sin razón se la despeñó al abismo, probablemente su demencia le anuló la capacidad de odiar, de despreciar a sus hijos, hasta eso se ahorraron. El hecho no es reciente pero ahora ha trascendido tras un proceso judicial que le ha puesto precio: 240 euros de multa. El ordenador con el que esto escribo equivale al abandono de cinco madres. Paradojas del simple existir, con el paso de los años, una madre, se transforma en una vieja y si todo se mide por la eficacia y el rendimiento ¿Para qué sirve una vieja?. 240 euros es la punición por arrojo de escombros en la vía pública.
Américo Rodríguez grita su rabia contenida tras muchos años y más desaires. Se le niegan seis metros cuadrados donde instalar un ascensor que sustituya a sus pies enfermos, se le niegan las palabras directas del presidente de la Junta mil veces requeridas, se le niega una vida distinta al vegetar... y llora hacia dentro sus lágrimas mientras pasea su dignidad recordando que su vivir es un sinvivir. Cincuenta días de huelga de hambre nos interrogan, y tras cincuenta días, con Américo en el hospital, su mujer no puede más: “que quién pueda hacer algo lo haga”. De la misma forma que la vida es eterna en cinco minutos, la existencia puede ser insufrible sin seis metros que no se venden. El aleatorio dardo de la enfermedad se ha clavado en Américo pero la puntilla es brutalmente humana.
Son dos casos, sólo dos personas invisibles en las estadísticas. En los próximos meses seremos bombardeados con promesas de una mejor calidad de vida si votamos a tal o cual partido. Hablarán de proyectos faraónicos de miles de millones de euros, de trenes que en media hora nos llevarán a cualquier parte, de Europa, de la Constitución. Pero somos nosotros, usted y yo, los depositarios de parte de la felicidad de las personas que nos rodean. Tomando partido por los más débiles. Es una opción egoísta, mañana seremos viejos o enfermos.

miércoles, 19 de octubre de 2005

VIAJE DEL SUBSECRETARIO



La hipocresía reviste con verbo de tul el sentimiento de culpa, es anhelo de integridad, una vil justificación, una gracia que ofrece el error asumido. La envidia de la virtud hizo a Caín criminal, nos recuerda Machado. El hipócrita pretende, con gestos acomodados a sus palabras, ser creído (él o la tribu de la que se siente parte) Y el PP  es un caballo que porta un baldón de muerte como joroba. José María Aznar se sintió importante declarando una guerra y sus huestes han de obrar en consecuencia. El general de esta plaza, Javier León de la Riva, a falta de divisiones acorazadas, aporta lo que tiene: ordena a Rafael Salgado, vicesecretario del ayuntamiento, ir a Irak y explicarles como se privatiza el agua o como quedaría de lustrosa la ciudad de Diwaniya toda ella llena de fuentes. Les prevendrá de las fechorías de las Asociaciones de Vecinos o de los padres dolientes por naderías de leucemias y otras hierbas. Adecua palabras y obras al gusto del mandamás, blanquea el rubor de su tez ante el ridículo presidente; “soy de los suyos, es de los nuestros”.
Y digo, traviste las palabras y con ellas los presupuestos: los dineros que costearán el viaje saldrán del anémico saquillo destinado a la cooperación internacional, serán detraídos de la escuálida cantidad de 600.000 euros que destina Valladolid a proyectos de desarrollo en países desahuciados en el trastero del planeta. Idéntica cantidad, sirva de referencia, que hace ocho años. Quizá ahora, como antifaz que enmascare el desaguisado bélico o como anzuelo que acalle a las voces discrepantes, aumente. Vano esfuerzo.
Lo del alcalde de Valladolid es un ejemplo más de cómo el ego acomplejado del presidente secuestra la voluntad, y la dignidad, de sus mandados. O quizá soy un pertinaz optimista que procura rebuscar gérmenes de razón en el guijarral del conservadurismo español. Quizá esa derecha que se envuelve en la bandera y juega al me pongo de pie, me vuelvo a agachar, desea que juguemos a los agachaditos inertes que dejan hacer; tal vez esa derecha que sueña con inmovilizar la historia, esa derecha de solaz onanista ante visitas del Papa o desfiles de militarones disfrazados de Mahatma Ghandi sólo ansíe ser respetada por sus músculos.
Puede que Javier León de la Riva no practique la hipocresía tribal, se crea a sí mismo y entienda que gastar el dinero del municipio en el viaje del subsecretario sea el idílico colofón a la liberación de Irak. ¡Qué horror!