Cuentan que allá por el 48, cuando se
estrenó Gilda en Madrid, hubo alboroto. El detonante fue el dichoso guante de
terciopelo que la Hayword se quitaba ante el pasmo de esa España hambrienta de
pan y libertad. Los que acudieron a esa sesión, en pleno delirio onanista,
percibieron que les robaban, exhibiendo una versión alicorta de la película, el
desnudo de la diva que hubiera saciado, siquiera fugazmente, sus deseos
cohibidos. Intuyeron censura donde no la había, porque la había incluso donde no
la intuían. Erraron de diana pero el disparo iba bien dirigido.
Blog sin más pretensión que la de poner un poco de orden en mi cabeza. Irán apareciendo los artículos que vaya publicando en diversos medios de comunicación y algunas reflexiones tomadas a vuelapluma. Aprovecharé para recopilar artículos publicados tiempo atrás.
