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miércoles, 21 de octubre de 2026

LA MITAD, Y AQUÍ ME TIENE

 

Foto: Efe

Se pretende adornar los discursos de épica -aquí el héroe que les liberará, ahí el pueblo concernido presto a la inmolación- y las palabras apenas alcanzan para envolver el alegato en papel de periódico añejo. ‘Sacrificios’, se promete con aires churchillianos, “un gobierno que pedirá sacrificios”. Aquel primer ministro británico, convertido en un icono una vez debidamente acicalada su biografía, permanece en nuestra memoria colectiva. Pero ni así. El “sangre, sudor y lágrimas” que se le atribuye, enunciado como un ruego de abnegación, olvida que Churchill, antes que demandarlo, lo ofrecía. Y lo ofrecía -y a lo mejor aquí está, pese a las abismales diferencias contextuales, la analogía que ampara la retrotracción al año cuarenta del siglo pasado- anteponiendo a la enumeración “sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” un rotundo “no tengo nada que ofrecer…”.

La petición de sacrificio culmina una liturgia de hipérbole identitaria, de desmesura simbólica, de redundancias recargadas de supuestos valores supuestamente tradicionales que establecen quién es el extraño o el ajeno (o el propio pero malo). Asumidas las divisas, expuesto lo mal que va todo por culpa de los malos, las pormenorizaciones germinan como espontaneidades previamente anotadas en un ideario que reparte dividendos y faenas. Huelga decir para quiénes qué. Esta solemne demanda, hija legítima de aquel “vivimos por encima de nuestras posibilidades”, resuena a Antonio Machado: “Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden”.

Pues bien, estoy dispuesto a sacrificarme cuanto sea menester si el que lo propone realiza el doble de esfuerzo; si consigue que me crea la necesidad y me convenza. De lo contrario, me sentiré obligado a la penitencia, pero la consideraré un expolio, el resultado de las martingalas de tanto capitán Araña dispuesto a atizar el fuego de los sacrificios en el altar del mercado.

En cualquier caso, las escorias de ese discurso no se limitan a presentar un pasado que, en el mejor de los casos, apenas fue: olvida la ya sacrificada labor cotidiana de millones de habitantes de esta España. A lo mejor es porque no pillan a mano del orador, más cercano a los beneficiarios de ese récord de ganancias empresariales.

 Y mientras tanto, Francia…

 Publicado en El Norte de Castilla el 20-10-2026

miércoles, 7 de octubre de 2026

LA INEFICACIA DEL CETERIS PARIBUS

 

Foto: EFE / Borja Sánchez

Las personas que -por provecho dinerario, anuencia indolente o asimilación sistémica- alegan que “el desahucio es legal” se refugian en una legislación que, a su entender, se ampara en el derecho natural. Les resulta obvio que, si alguien ha comprado cien pisos, suyos son; si suyos son, ningún límite impedirá obrar a su antojo. Quien enuncia la frase pretende, entiendo, sacralizar la propiedad, cerrar el debate. En realidad, apunta una de las causas del problema. Una, porque el debate de la vivienda, siempre subyacente, eclosiona cuando se confabulan varios motivos. Ahí ya no sirven los paños calientes, ante un problema de primer orden, el remedio deber ser global, y, por tanto, complejo. Suena ridículo que, tras el efecto del caso de María del Carmen Abascal, pretendamos que la reparación de 25000 desahucios anuales se logre con 25000 soluciones particulares. Ella se ha convertido en detonante, el mapa es otra cosa.  

El gobierno, no solo a este respecto, y no solo el central, ha implementado medidas bien caracterizadas con la locución latina “ceteris paribus”, expresión utilizada en economía para referirse a los análisis de los efectos de una medida “permaneciendo constante todo lo demás”. Simplifica el análisis, pero a la realidad le caracteriza su complejidad. Da igual si hablamos de alquiler, subvención para la gasolina… Lo afectado nunca queda quieto. Cualquier medida, como acción, acarrea una reacción. En la mayoría de los casos, las medidas paliativas concluyen con redistribuciones a la inversa, de abajo a arriba. Lo saben, lo cuelan -porque suena bien- para que callemos y olvidemos seguir el rastro. Lo urgente se impone a lo importante. El asunto se olvida… hasta que vuelve a estallar.

En demasiados temas, y me temo que en algunos por llegar, cuando ya los pasados carecen de solución, los futuros continúan a la espera. Mientras un derecho se trate como bien de inversión, quedará inexorablemente sujeto a la especulación. En vivienda y en lo que se abra el abanico.

Por cierto, mientras (el derecho a) la vivienda se imponga como asunto de debate, no cabrán esencialismos. Tal vez ahí radique la decisión de Pedro Sánchez de adelantar las elecciones: ‘o mal o peor’. Así estamos.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 6-10-2026

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Y EL MAR RECORDÓ

 

Foto: Ep


En una especie de justicia química redistributiva, un puñado de sal arrojado sobre el agua de una cazuela termina distribuyéndose de forma uniforme. Si antes de añadir el pellizco salino, mediante una membrana semipermeable -la que permite que el agua circule mientras bloquea la sal- dividimos la cazuela en dos partes, observaremos que, ante la imposibilidad de alcanzar la armonía por la retención del cloruro de sodio, será el agua la que traspase la frontera vaciando, de esta forma, parcialmente un lado y elevando el nivel acuoso del otro. Aplicando esta propiedad, la ósmosis, el ser humano aprendió, por ejemplo, el proceso de la curación del jamón. Dado que, de inicio, la sal apenas puede entrar, el agua del músculo sale.   

Los humanos hemos tejido en el planeta una urdimbre de membranas que, también de inicio, separan semipermeablemente concentraciones de riqueza muy diversas. De esta forma, ante un enorme gradiente osmótico -y la tela que divide las disoluciones económica y socialmente más dispares se sitúa entre España y Marruecos, vaya, en Ceuta y Melilla-, si el soluto de la renta no se disemina, será el disolvente de la población el que circule.

Antaño, los progenitores de los que ahora pretenden acceder a Europa, los millones de habitantes de aquella conveniente periferia, posibilitaban el bienestar de ese territorio cuya denominación, ‘occidente’, se desactualiza cada día. El sistema nos beneficiaba, no sorprende que un flujo humano de ‘perdedores’ aspire a compartir la sal. Europa, aquel enano político que ha perdido talla económica, languidece. En su corrosión, hasta la aglutinadora lealtad interna, ha perdido vigencia. A la par, los procesos migratorios, sobrepasando el orden interesado del receptor, han adquirido el perfil de masas informes. Aquella estrategia de pagar a otros países el canon por realizar el ‘trabajo sucio’ más allá de la membrana europea se vuelve en contra: entregas dignidad, pagas vigilancia y el vigilante te presiona: las personas se convierten en instrumentos de poder, de chantaje.

Una certeza: han muerto en torno a dos centenares de personas. Dentro de unos años el presente de entonces leerá a Federico García Lorca: “Y el mar recordó ¡de pronto! los nombres de todos sus ahogados”.

Publicado en El Norte de Castilla el 8-09-2026

 

 

 

miércoles, 1 de julio de 2026

RETORNO PARA MIRAR ADELANTE

 

Foto: Rodrigo Jiménez

Calor. Exceso de calor. Mataría -metafóricamente, aclaro como necesidad en estos tiempos en que ningún nivel de burrada puede dejar de tomarse en serio-, mataría, digo, a quienes asocian ‘calor’ con ‘buen tiempo’. En mi cabeza, la correspondencia siempre fue otra: la establecida entre ‘verano’ y ‘pueblo’. Las visitas en otra época del año se convierten en leves digresiones, silencios de apenas unas horas, comas en la oración del año, pausas breves para dar y recibir esas sonrisas que, pese a mantenerse presentes desde la infancia, necesitan apuntalarse.  

 

En verano muda la consideración. El regreso -porque no se trata de un viaje sino de un retorno- no se encamina a un lugar, se ramifica hacia diversos tiempos del atrás. Cada rostro con el que topas, cada rutina en la que te acomodas, cada fecha que transcurre, la fiesta de tal o cual pueblo, lanza una mirada hacia atrás en la que te reconoces. Una mirada que, pensaba, te acercaba al pasado; que, en realidad, te aleja del presente, te muestra el camino transitado. Por ti mismo y por el barco en el que viajamos, por este mundo en el que zozobran todos los círculos concéntricos. Un apego que me posibilita conocer raíces, un arraigo al que impido refugiarme en la identidad.  

 

No sé si por más o menos días, tornaré a ese tiempo de viejas reglas, de decoros añejos. Veré a mi madre y me acordaré del día que un concursante en la televisión ignoraba una respuesta que ella conocía. ¿A qué van a la tele si no saben algo que sé hasta yo?, -preguntaba-. Por dinero o por salir en la tele, -respondió mi hermano-. Pues yo -sostuvo ella- ni por todo el oro del mundo iría a quedar como una ignorante delante de toda España. 

 

Por más o menos días, como Rantés, el protagonista de la película de Eliseo Subiela ‘Hombre mirando al sudeste’, me quedaré quieto, con la mirada perdida en el infinito, intercambiando información siquiera conmigo mismo. Llorando las sucesivas Venezuelas. La vida, la muerte, la vida. Aprendiendo que la naturaleza no sorprende porque sorprende despiadadamente con inusitada frecuencia. El presente espera.   

Publicado en El  Norte de Castilla el 30-06-2026

miércoles, 17 de junio de 2026

BAJAS MIRADAS

 

Foto: Ep

Se acabó la guerra entre los Estados Unidos e Irán. Al menos, ambos países han anunciado un acuerdo. Una buena noticia, un rictus de preocupación. Que se detengan las hostilidades, a excepción de para quienes sustentan riqueza y poder en el negocio armamentístico, supone motivo de regocijo. Pero el contexto, ay, el contexto, impide la celebración. Por un lado, la historia de la cabeza imperial -y la de su aliado en estas contiendas- demuestra una desacomplejada adicción bélica. Por otro, se mantiene vigente la alerta que el presidente de China, Xi Jinping, anunció al de los Estados Unidos, Donald Trump: ‘La trampa de Tucídides’, la explicación del historiador griego que 2500 años atrás relató cómo el progreso de Atenas/China generó el miedo de Esparta/Estados Unidos desatando la Guerra del Peloponeso. Acaba la guerra, pero no la sensación de que asistimos al preámbulo del abatimiento de un nuevo Francisco Fernando, al instante previo a la chispa que detonará la hecatombe. Eso sí, cosas del corrimiento de los poderes, el baleado no será archiduque ni europeo.

A otro nivel, bajando la mirada, el teatro patrio sustenta sus representaciones en el triste desempeño de los correspondientes representantes -los depositarios del poder ejecutivo y sus entornos- ante sus representados. ¿Qué les queda a estos cuando pretenden defender electoralmente un modelo garantista de estructura social cobijadora? La antisepsia, en estas circunstancias, resulta demasiado insuficiente ante heridas extensas y profundas. Lamentable orfandad. ¿A quién votan quienes consideran desalmada la expulsión masiva de emigrantes, los pacientes oncológicos que temen los abrazos de dirigentes locales con los Mileis de turno, las apologías de las teologías de la prosperidad?

La mirada más abajo nos presenta a un Mañueco presidencial. Entusiasmo de la nada, no solo por la continuidad sino por la asunción de que no aspiramos a más que la gestión de esa nada. Tan nada, que la propia población, aun consciente de ella, la sigue eligiendo ante su alternativa de menos que nada.

Quien ha reclamado alzar la mirada, el papa Prevost, tuvo que marcharse abrumado de España. A nadie complació, todos le aplaudieron. Al menos, ninguno le acusó de pretender dividir esta comunidad en dos con la elección del nombre pontifical: mucho mejor hubiera sido Castilla y León XIV.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 16-06-2026

miércoles, 3 de junio de 2026

LA NOTA DE CORTE

 

Foto: José C. Castillo

Una nota, un número adosado, una aspiración viva o un anhelo que se desvanece. Una centésima delinea la frontera entre un éxito o un fracaso autoinfligido. La Selectividad -perdón, hablo en pesetas- como linde inexistente entre la dicha por poner el pie en la carrera que a buen seguro (de eso me han convencido, en eso he construido el relato de mi futuro) me garantizará la felicidad y la desventura de sentir el fracaso, el amargor de asumir una vida, de tan distante a lo soñado, un poco ajena. Una presión insoportable. Una competencia contra sí mismo -surgida de un modelo que casi desde la cuna nos configura con las etiquetas ‘winners and losers’, ganadores y perdedores- con poder destructor. Como si supiéramos, con la vida recién estrenada, dónde únicamente sí merece la pena y dónde solo cabe la resignación.    

‘Winners and losers’ para todo, tiempos donde los ‘losers entre los losers’, los que a simple vista discuerdan de lo que el imaginario define (impone) como ‘ser de aquí’, no caben en el territorio. El ‘winner’ por acogerse a una ‘prioridad nacional’ acota un primer rechazo que le permite mantenerse en el equipo ‘de los buenos’ junto a una mayoría. Se erige exponente de esa mayoría inicial a la que se le pretende instalar una mentalidad de víctima para que reaccione ofendida ante la minoría excluida. La historia recuerda que, posterior e inexorablemente, el pretendido ganador tornará a perdedor de consecutivos repudios. Así, quienes gracias a ellos alcanzaron el poder, planteando otra acotación de ‘prioridad’ que sonará bien aún a muchos, aplicarán a los ahora señalados las mismas recetas que, mirando hacia abajo, ellos habían exigido antes para otros. Ha sido así tantas veces… Niemöller, ¿recuerdan? Primero fueron tales, pero yo no era. Círculos concéntricos que solo preocupan cuando desaparece el trazo del que nos cobijaba por detrás.  Prioridad nacional, bosquejo de un ‘nacionalindividualismo’, un lazo ficticio de identidad que encubre el ‘sálvese quien pueda’. Una planta que crece fertilizada por el nitrógeno procedente de la inmundicia de un presente que, en los espacios de decisión, apesta.

La chavalería atosigada ahora por la Selectividad tendrá la siguiente palabra. Suerte.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 2-06-2026

 

miércoles, 20 de mayo de 2026

LA REPRODUCCIÓN DEL GATOPARDO

 

Foto: Valerio Merino


Alguna vez llegué a pensar que mi generación -entendida esta en sentido amplio- podría atribuirse la mayor quiebra generada entre dos antecesoras. No tanto por la presunción de una significación histórica, por esa visión que coloca nuestra realidad en el centro de cualquier encrucijada, sino porque engulló una serie de revoluciones tecnológicas -ese tractor que determinó el éxodo rural-, de cambios socioeconómicos que configuraron un mundo alejadísimo del que habían vivido nuestros padres cuando se convirtieron en nuestros padres. Tanto, que entendimos que sus conocimientos poco podrían acompañarnos en nuestra peripecia vital, más industrial, más urbana, más ilustrada… más democrática. Asumimos inmodestamente que no se produciría un desenganche similar con nuestros hijos. Error, para variar.

Con observar a mi hijo, a su entorno, con escucharlos; con leerlos y analizar siquiera someramente sus anhelos, sus miedos, sus cosmovisiones, se constata la colosal grieta que nos separa. Nos creímos distintos por reformular nuestro mundo previo; ellos ni reformulan, crean uno diferente: se relacionan distinto, han modificado códigos gastados. De primeras, se han reducido a casi nada las relaciones intergeneracionales, los espacios de encuentro. Nos supusimos comienzo de algo, asumimos ahora el rol de bisagras.  

Desde nuestra atalaya catalogamos a las personas de esta nueva generación -también tomada en sentido amplísimo- como débiles y acríticos, como ‘de cristal’. Simplemente su realidad es más compleja, carecen de ese centro de gravedad permanente que reclamaba Battiato. Tendemos a explicar su mundo sobre las bases de lo que fue el nuestro, a creer que sirve lo que nos sirvió cuando el capital reclamaba más personas formadas en derecho, medicina, ingeniería, arquitectura… de los que la élite económica disponía. Una coyuntura que propició una cierta permeabilidad social, una porosidad ahora apenas perceptible.

Diógenes de Sinope, que vivía en una tinaja, tenía que salir con su candil a la calle en busca de un hombre honesto y honrado; con las nuevas tecnologías, ya no tan nuevas, se han generado tinajas tan enormes que contienen miles de mundos, no hace falta calle. Universos que, por desconocimiento, no me atrevo a juzgar. Eso sí, me temo que el gatopardo se sigue reproduciendo. El poder se adapta siempre.  

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 19-05-2026

miércoles, 6 de mayo de 2026

LA FIESTA EN PAZ

 

Foto: Reuters

Hace apenas una semana, este nuestro ‘Norte’ titulaba ‘La mitad de los jóvenes ve con buenos ojos las políticas autoritarias y una dictadura’ un artículo en el que daba cuenta de una encuesta de la Fundación SM cuyo objeto de estudio fueron los españoles de 15 a 29 años. Partamos de una obviedad: la otra mitad no hace ojitos a ese mantra que crece adquiriendo forma de profecía autocumplida. Y de otra evidencia: las encuestas, así, “tomadas de una en una -arrogándome palabras de José Agustín Goytisolo- son como polvo, no son nada”, una simple fotografía, estática por definición, que solo adquiere valor observada rodeada de otros sondeos idénticos previos, transformándose en fotograma para componer la película de la evolución.

Sorprende que sorprenda el desarrollo del guion. Marx dejó escrito -y esta indicación se admite por marxistas y no marxistas como utensilio sociológico básico- que “no es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia”. Las necesidades, reales o percibidas, subordinan -o adecúan- el pensamiento de cada momento. Y la vida actual traza sus caminos sobre agua, delinea vías inestables, efímeras, estructuras carentes de solidez que amenazan con desvencijarse y arrastrarte en la caída. Hasta la palabra carece de valor, la única verdad admitida sentencia que ya ni la verdad existe. Tal vez no existió nunca, pero circulaban mentiras tomadas como certezas. Dado que casi siempre se está dispuesto a ceder algo de lo que se dispone de nacimiento a cambio de solventar las carencias, insisto, reales o percibidas, parece poco precio la permuta de aceptar mano dura -que se suele entender para los demás- recibiendo lo mismo que ansiaba Jarcha medio siglo atrás “su pan, su hembra -entiéndase compañía y afecto- y la fiesta en paz”. Un cobijo, al fin y al cabo.

Sumemos que la vida actual se desarrolla en un mundo en el que la hidalga Europa languidece vestida de chaqué observando que se imponen los que se amparan en el uso de la fuerza, interna y externa. Y la chavalería toma nota y, sin pretenderlo, homenajea al director argentino recientemente fallecido Adolfo Aristarain, buscando ‘un lugar en el mundo’.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 5-05-2026

miércoles, 22 de abril de 2026

EL CALLEJÓN DEL GATO

 


Callejón del Gato. Foto: José González

A resultas de la gobernabilidad en varias comunidades autónomas -la nuestra incluida-, contemplamos acercamientos, intentos de acuerdo o alianzas ya cerradas. En el frontis del edificio político relatado se sitúa el desaire de premisa, el repudio como efecto, de miles de realidades diversas agrupadas en un concepto unívoco: emigrantes. Añadan el relativo que quieran, no sería más que el intento de atenuar un eco procurando que no chirríe.

A rebufo de MAGAs imperiales -consignas que envuelven de orgullo rancio una voluntad de privilegio, valleinclanescos callejones del Gato que en sus espejos deformantes devuelven el esperpento de corpachones que presumen de coraje y no son más que el reflejo de un miedo atávico a lo que cuestiona su primacía- se ampara un discurso que refuerza una preeminencia -por más que asumido (tanto el discurso como la preeminencia) por quien lo enuncia o por quienes aclaman tal prédica- que suena impostado a la luz de cualquier razón humana. Más que a rebufo, diría que el argumento, vacuo pero intimidador, toma impulso en el más potente de los trampolines. Galopando a lomos del altavoz dominante, traducen/reducen/infieren el ‘grande’ del lema no a un territorio, ni al Estado referido en cada caso o a las personas que allí habitan -ni siquiera a todas las que disponen de nacionalidad-, sino a una tipología concreta de seres idénticos, a un subgrupo -por más que mayoritario, que anteriormente exclusivo- de personas que relatan historias similares, de habitantes, al fin, de una homogeneidad.

Miro a los ojos a los (primeros) señalados como responsables -perdón por la ironía- de tanto mal ajeno, a quienes serían (los primeros) sufridores de la exclusión, y me acuerdo de una frase maravillosa brotada del impulso de una partida de tute por parejas. Mi compañero, tras concluir un juego, miró la libretilla en la que uno de los contrincantes apuntaba el marcador jalonando con cruces (cinco por cuatro en aquel momento) a ambos lados de una línea que dividía la hoja en dos partes encabezadas con los epígrafes ‘ellos/nosotros’. Ante la duda derivada de la igualdad, inquirió al apuntador: “ellos somos nosotros, ¿no?”. Ellos somos nosotros, sí; solo que ellos son los primeros.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 21-04-2026

miércoles, 8 de abril de 2026

VUELTA COMO HUIDA

 

Foto: A. Ojosnegros

Mi cabeza no me deja más remedio, cada vez que me detengo unos días por el pueblo, ella -que de por sí da vueltas sin parar-, gira su foco de atención y me inunda de unas imágenes que desvían de la temática habitual. No olvido, ¿cómo?, las vicisitudes de un mundo cáustico, quemante de un pasado que aparentaba estable, de una coyuntura amenazante que abre abruptamente un futuro ignoto para el que carecemos de más pista que la propia ausencia de indicios, a excepción de los proporcionados por las miserias de la condición humana. No olvido, claro, pero las emociones, los pensamientos que se arremolinan y me baten se ciernen en ese pequeño espacio en el que fui niño y del que de alguna manera me escapé. Y por primera vez percibo que algo está cambiando. Por rigor apunto que lo reciente no es tanto la percepción como el asiento de esta. El pueblo que recobraba vida apenas unas quincenas en verano, ebulle cada vez más en vacaciones, burbujea muchos fines de semana.

Sabedor de que una tesis consistente no se consolida sobre andanzas que dan razón a nuestras querencias sino con la acumulación de datos que la confirmen, me limito a constatar el hartazgo provocado en mis paisanos por el modo de vida actual de unas ciudades -más cuanto más grandes- en las que la inercia se ha convertido en la fuerza imperativa generadora de los movimientos rutinarios. Una inercia que arrastra cuerpos y esconde vida, que fuerza ritmos y silencia relatos sobre raíces o entorpece sentidos de comunidad.  

Las ciudades, tampoco las muy grandes, no siempre respondieron a este patrón. Pero, al parecer, no me atrevo a garantizar, esta deriva despersonalizadora se impone y son cada vez más las personas que recurren a esta periferia de la periferia en busca del saludo diario, la conversación en las plazuelas, las inopinadas charlas intergeneracionales, los paseos sin destino, las cotidianas cartas o el bingo cotidiano, como excusa para verse y distraerse en común…

Regreso a la ciudad, mi cabeza volverá a sus cosas. Eso sí, cada vez más me aumenta el deseo del retorno. Y sí, ya sé que la realidad rural no es tan bucólica. Pero…

Publicado en El Norte de Castilla el 07-04-2026

 

 

 

  

 

miércoles, 25 de marzo de 2026

AÑORADA MONOTONÍA

 

Foto: El Norte

Las páginas del periódico se disocian, se desapegan o como quiera que se denomine ese efecto consistente en desligar las partes que confluían modelando un todo armónico. Sí, cada sección se diferenciaba del resto, pero uno, al abrir el diario, tenía la sensación de enfrentarse a una realidad conformada como una sucesión de círculos concéntricos, redondeles de más diámetro cuanto mayor fuera el ámbito narrable, pero anclados al mismo punto. A las noticias referidas a una colisión sin víctimas o a las declaraciones del alcalde de turno desplegadas en ‘local’ o ‘provincia’ le sucedían las que daban cuenta de la rutina cuasi administrativa de la política autonómica o de algún hecho de cierta enjundia sucedido en provincias de la comunidad. Inmediatamente saltábamos a las más floridas páginas de ‘España’, distintas, pero no tan distantes. Y a ‘internacional’ donde leíamos sobre algún conflicto lejano, alguna amenaza imperial - EE.UU lleva en guerra la práctica totalidad de su existencia, no puede sobrevivir sin alimentar el conflicto-, los acuerdos y desacuerdos en la burocrática y fingidamente cándida UE... Sumemos algún sobresalto de cuando en vez, un poco (o un mucho) de ’Deporte’, la arrinconada ‘Cultura’ y el periódico se volvía a doblar con un “mañana será otro día”.

De repente, un hilo roto descose la cotidianeidad de unas secciones de la tenebrosidad de otras. Un abismo separa la construcción de la estación de trenes o los vericuetos de las negociaciones ‘mañuecas’ de la encrucijada civilizatoria en Irán a la que nos han (hemos) sometido. Un mismo periódico, dos existencias paralelas.

Tras décadas de aprendizaje, en esta parte del mundo, al respecto de lo que las cosas deberían ser, nos asalta la realidad que efectivamente es; nos enseñaron que se cruza cuando el semáforo está en verde sin prevenirnos de, aun así, mirar previamente no vaya a ser que un coche se lo salte. El todo vale para obtener lo que se pretende se va de las manos, en lo del ‘todo vale’ y ‘en lo que se pretende’. 

“Comeremos mierda”, concluían los optimistas. ¿Ya habrá para todos?, interpelaban los (no tan) agoreros. Y doblamos el periódico sin certezas de que mañana vaya a ser otro día.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 24-03-2026

miércoles, 11 de marzo de 2026

ADAPTADITOS

 

Humo en una refinería de petróleo de Shahran tras un ataque aéreo en Teherán. Efe

De nuevo, un sobresalto bélico: la tan insensata como codiciosa astracanada en Irán.  De nuevo la escenificación de este mundo perenne siempre en manos de un grupúsculo que, en su afán por acumular poder, impone al resto la obligación de matarse.

Y mientras, ese resto se viste argumentalmente acomodándose los calzoncillos por encima de los pantalones: primero observo dónde me coloco/colocan; posteriormente, rebusco/memorizo premisas justificadoras; para concluir debatiendo/recitando sartas de consignas o -perdón por el eufemismo- letanías de distorsiones.

Aun consciente de esta realidad, aun previendo que los habré de escuchar, algunos pareceres -los que supeditan al mero interés la decisión de involucrarse en una guerra- me rechinan. Envuelto el discurso -bien por contradicción, mera apariencia o mal disimulado miedo- en el boato de la valentía, oír la conveniencia de apuntarse al carro ganador para evitar represalias del imperial, me provoca por este orden pasmo y recelo. Entonces acude a mí la certidumbre de que los que a la par se muestran tan fuertes con los débiles como débiles con los fuertes se consideran a sí mismos fuertes sin detenerse a constatar su naturaleza de vasallos ensoberbecidos. Encaramados estos en el peldaño de una pretendida consideración, cuestionan a quienes apuntalan su vigor frente los poderosos mientras traslucen su delicadeza ante los vulnerables. Al final, esa actitud desmonta su estructura mental y les deja en evidencia. Esa actitud y no otras, porque tanto al poder como a sus adláteres no les preocupan quienes ofrecen debilidad ante los débiles -falsos compasivos- y débiles contra los fuertes -cobardes llegado el caso-. Tampoco les incomodan quienes expresan tanta animadversión contra débiles como contra fuertes. Les mostrarán como tarados a los que, albergando buenas ideas e intenciones, se les va la olla.

Tampoco comparto, aun coincidiendo en el hecho de no respaldar la embestida militar, que la decisión resulta adecuada para evitar que, como país, tengamos que volver a sufrir otro infausto 11-M.  A veces -insisto, ni por forma, ni por intenciones estamos en este caso- corresponde retribuir con un alto precio la defensa de los valores. Sobreviven los que se adaptan, sí; pero una cosa es eso y otra empequeñecerse compitiendo en la adaptación.   

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 10-03-2026

 

 

miércoles, 25 de febrero de 2026

CUMPLO CON MI DEBER

 

Fotograma de la película 'La vida de los demás'


Abordamos el odio como germen de acontecimientos violentos que de tanto en tanto transgreden nuestra rutina. A veces, atribuimos al victimario un odio en abstracto que impele un desprecio genérico, que se ampara, se impulsa, al socaire de un proceso de deshumanización de las personas agrupadas, bajo su visión, en colectivos de los que nutre su desprecio. Otras, un odio concreto, una afrenta que rezuma, una deuda pendiente, la desposesión de lo que (o peor, de quien) se consideraba propio. Imbuidos en estos pensamientos, también se nos aproxima el concepto ‘venganza’, que no sé si es odio u otra cosa.

Abordamos el odio porque, en nuestra -envidiable en este caso- simpleza cotidiana, con esa pretensión de comprender los sucedidos, nos preguntamos cuánto hay que odiar para matar, nos mostramos incapaces de plantear conjeturas asentadas en supuestos aún más perversos.

Insisto, conferimos al odio la exclusiva potestad de provocar estos aciagos comportamientos, pero ¿y si no?, al menos ¿y si no siempre?, ¿y si una agresión, un homicidio, se ejecutan con la frialdad propia del operario que desarrolla su labor, respondiendo así ,sin más sentimiento, a una espiral de lógica in crescendo? Crimen sin odio, dicho a la manera de Michael Corleone a su hermano Sonny, “no es nada personal, son negocios”. No se requiere odiar al policía para balear, como no se precisa -si te dejamos ir, compréndelo, chico, después se puede marchar cualquiera- para ajusticiar al que abandona determinadas pandas. Personalmente, me asusta más: ¡qué poco ha de valer la vida para quien mata sin odio! Me asusta porque nos puede convertir -de los dos lados- en parte de esa espiral que aglutina crímenes convertidos en cifras. En la guerra, por ejemplo, el que mata no odia necesariamente al que ha matado. Es un deber. Obediencia, sumisión: valores en alza.

Vuelvo a ver la película ‘La vida de los demás’ (titulada ‘El mal no existe’ en su versión original) del director iraní Mohammad Rasoulof -en su día condenado a cárcel y prohibición de salir de su país por el Tribunal Revolucionario Islámico-, donde muestra esa maldad institucionalizada, burocrática, materializada por personas que en su día a día no difieren de cualquiera de nosotros.

Artículo publicado el 24-02-2026

 

miércoles, 11 de febrero de 2026

NI TAN MAL

 

Foto: EP


Leo, escucho, observaciones a vuelapluma -y algún análisis más elaborado a buen seguro compuesto cuando, aún sin recuento, se conocía el resultado-; observaciones, digo, al respecto del resultado de las elecciones autonómicas de Aragón. En buena parte se apunta un fiasco del PP y, como consecuencia, atribuyen a Jorge Azcón, su candidato, el yerro al servirse de su facultad presidencial para anticipar los comicios. Y me sorprenden. Su partido debería, entiendo, dar palmas con las orejas; por el momento elegido… y por el resultado.

En primer lugar, porque, aun habiéndose disipado su cuenta de votos, de esperar, podría haber empeorado. En segundo, y más importante, porque los números salidos de las urnas alientan el anhelo y alimentan la posibilidad de alcanzar el objetivo compartido por el grupo -los grupos- sociológico que les apoya, les apoyó y/o les considera el hermano débil por decadente, o decadente por débil.

Yo no sé si la estrategia de Azcón, como la de Guardiola en Extremadura o, en su momento, la de Mañueco aquí, se proyectó considerando provechosa la tesitura convalidada por las urnas. Ni sabría discernir qué iguala al PP con VOX, cuál les sitúa como cómplices en la diferencia, cuándo ejercen de los gatopardianos Príncipe de Salina y su sobrino y cuánto ciertamente les distancia. Pero más allá de los nombres, egos y necesidades de quienes viven amparados a la sombra del PP, todo apoyo recabado responde a un objetivo coincidente, comparte un común desprecio de sobra conocido.  

Mañueco y Guardiola comprobaron que, asumiendo un gradito de debilidad, desguazaban al PSOE. Un precio ridículo. VOX resta al PP (y más allá) y el PP palía la merma arañando votos a su izquierda (ojo, la izquierda del PP es derecha). Podrán ser pocos, pero valiosísimos si se considera que suponen el tesoro de una transferencia entre bloques, la eterna clave electoral española: todo cae adonde lo indefinido decide. La otra transferencia es generacional, el balance entre los que por edad se van y los que por edad llegan. Veremos (veréis o verán) si estos noveles votantes fidelizan su voto en años posteriores o si están respondiendo a una moda.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 10-02-2026

 

miércoles, 28 de enero de 2026

A NUESTRO RITMO

 

Foto: A. G. Barriada

De adolescente, estudiando la Historia de aquella manera en que saltábamos de siglo con solo pasar página, deduje que vivíamos en una época demasiado aburrida; al fin y al cabo no se ‘descubrían’ continentes, las guerras sonaban efímeras -nunca alcanzaban los cien, ni los ochenta, ni siquiera los treinta años- y las fronteras que teníamos más a mano permanecían inmutables. ¡Qué envidia del pasado!, clamaba en silencio. Craso error, me contradije al poco, antes incluso de la apertura en canal de los Balcanes. Después leí que Winston Churchill, reseñando su presente, amparándose en el pasado, apercibió de lo venidero, cuando advirtió de que en los Balcanes se “produce más historia de la que se puede consumir”.

Huelga decir que en este presente estamos desencadenando jirones de incidentes, escribiendo páginas, a un ritmo que satura al mundo, que acelera a ojos vista los procesos de producción, que dirige a un colapso -cada día más inevitable- por incapacidad de digerir tamaña deglución de historia.

Un ritmo desaforado que nos arranca de un pasado reconocible por definición y nos traslada a un futuro que, si bien -y también por definición- nunca pudo predecirse-, nace con las huellas borradas, con los mapas desvencijados, sin ‘gepeeses’ vitales. 

Un ritmo consecuente de la vorágine cotidiana de unas sociedades exangües por exigentes, competitivas, que no necesariamente competentes, y depredadoras a un límite tendente a infinito con el que se sobrepasa diariamente cualquier cota de ‘todovalismo’.  Sociedades que se desprenden paulatinamente de lo imprescindible, que cuestionan -la propia aceleración impele a cuestionar- los recursos imprescindibles para una mínima armonía, mientras obliga para la subsistencia a trabajar innumerables horas en labores grotescas. Sociedades ahormadas, hasta el punto de que Max Weber se llevaría las manos a la cabeza, por una ahormada ética protestante al nuevo espíritu del capitalismo. El imperio impone, aun calladamente.

Mientras, eso sí, una comunidad autónoma poblada por irreductibles castellanos y leoneses resiste, todavía y como siempre, al frenetismo invasor. Quieta, tranquila, haciendo como si nada pasara por más que ocurra, espera que se abran las urnas para que cierren y todo siga igual. O más o menos.

Publicado en El Norte de Castilla el 27-01-2026

 

 

miércoles, 14 de enero de 2026

LOS BAILES DEL DESDECIRSE

 

Foto: Reuters

Si resulta compleja la relación con nosotros mismos, si nos sorprenden -y a veces avergüenzan- nuestras propias reacciones, ya no digo cuando en el asunto se mezclan dos, tres… asombra que pretendamos circunscribir a relatos de buenos y malos, peliculitas de indios y vaqueros -de cuando considerábamos buenos a los vaqueros y malos a los indios-, los entresijos de un mundo enrevesado en el que confluyen una conjunción de historias e Historias dispares, en el que se entremezclan intereses alambicados, en el que los acuerdos y desacuerdos armonizan o corroen cualquier tipo de vínculo. 

El relato oficial, ese que siempre engloba al emisor entre los buenos, diferencia entre ‘malos malísimos’ y ‘malos entre comillas’ a entes -sean personas, países…- semejantes en función de si, además de considerarlo malo en esencia, rinde servicio o se enfrenta al poderoso de turno, de si hablamos de ‘nuestro hijo de puta’ (Franklin D. Roosevelt) o no. Incluso, se justificará -todo lo más, recibirá algún pellizco de monja- al propio cuando su maldad exceda al penúltimo de nuestros límites porque sobre sus antecesores se sobrepasó el último.

Puede, incluso, que el contradictor -no sé, una paisana de Hamlet lejana a comportamientos perversos, sin regir una tiranía ni amparar el narcotráfico, el crimen de Estado…- sea catalogado como tal por conveniencia de quien ostenta el poder y, valga la redundancia, alimenta al testigo, impone la visión universal desde su perspectiva. No será un ‘hijo de puta’ pero convendrá que lo parezca. Nadie soporta sin mácula el escrutinio de una vida pasada.

Cabe que existan malos a los que no se les anota en el listado de malos porque arredran; cabe que descubramos que el propio relator, lo que viene a ser ‘los nuestros’, lo sea. Cabe el salto de uno a otro listado, se llame Delcy o la España del siglo pasado, Eisenhower mediante. Cabe que malos de antaño, pese a haber empeorado, no consten como malos por malos que sean para ellos mismos.

Nada puede sorprender, el futuro deparará giros de guion y, tras cada cual, sonrojará el ridículo de los defensores a ultranza. Y comenzarán los bailes del desdecirse. 

Publicado en El Norte de Castilla el 13-01-2026

miércoles, 31 de diciembre de 2025

FELIZ AÑO PARA LOS VENCIDOS

 

Foto: E. Press


Noche de noche, noche tras noche; y, tras la noche, otra noche más. Noches sin apenas día, días sin apenas paz. Un apenas que, en esta parte del mundo, nos ha mentido, un sosegado interludio -breve para el engranaje narrativo de los libros de Historia, prolongado en nuestra vital proporción-, que sucedió al eterno estruendo de los cañones, que precede a una siguiente parte que, ensimismados con la apacible piececita instrumental, pensamos que nunca jamás arrancaría. Lo pensábamos olvidando que en otros lares financiábamos estallidos.

El ansia nunca se detiene, ni siquiera se contrae. En estas, cuando nos sorprende una nueva guerra, cuando la amenaza nos atemoriza, insistimos en aquello de que ‘el hombre nunca aprende’, en lo otro de que ‘en una guerra salimos todos perjudicados’. Y no. Muchos sí aprenden, son conscientes de que, situados en el punto adecuado, una guerra produce réditos. Por cierto, no solo a los demás. Nuestra azarosa ubicación en el mapa geopolítico nos ha aportado, además de la quietud apuntada, una rica bolsa de caudales. Pero hemos dejado de ser centro y observamos con recelo ese cambio de aires. Los momentos de profundo desinterés alientan los deseos de quien tiene un interés profundo, y viceversa.

Estos días nos desearemos -y vaya si se lo deseo a ustedes, a quienes dedican un minuto a leer estas notas tomadas al pie de un café- un feliz año. Lo haremos con la sensación de que podemos trocear el tiempo como si la realidad no fuese un continuo; al menos, con el ánimo de salir indemnes del proceso. Un continuo, decía, que ahora nos dirige por una senda desconocida que no presagia nada bueno; ni al menos mejor del ya de por sí desapacible territorio de partida.

Entre la incertidumbre, una certeza, la de Aute: la guerra que vendrá será la más hortera de todas las guerras que ha habido y habrá. Bueno, y la de Brecht: Entre los vencidos, el pueblo llano pasaba hambre. Entre los vencedores, el pueblo llano la pasaba también.  

Madre, en la puerta permanece el niño de la semana pasada. Mientras, plácidos, aguardamos el no sé qué. 

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 30-12-2025

 

 

 

 

 

 

(Versión un pelín más larga, dos frases)

Noche de noche, noche tras noche; y, tras la noche, otra noche más. Noches sin apenas día, días sin apenas paz. Un apenas que, en esta parte del mundo, nos ha mentido, un sosegado interludio -breve para el engranaje narrativo de los libros de Historia, prolongado en nuestra vital proporción-, que sucedió al eterno estruendo de los cañones, que precede a una siguiente parte que, ensimismados con la apacible piececita instrumental, pensamos que nunca jamás arrancaría. Lo pensábamos olvidando que en otros lares financiábamos los estallidos que provocaban el temblor de unas tierras que nunca permitimos que fueran del todo de sus habitantes.

El ansia nunca se detiene, ni siquiera se contrae. En estas, cuando nos sorprende una nueva guerra, cuando la amenaza nos atemoriza, insistimos en aquello de que ‘el hombre nunca aprende’, en lo otro de ‘en una guerra salimos todos perjudicados’. Y no. Muchos sí aprenden, son conscientes de que, situados en el punto adecuado, una guerra produce réditos. Por cierto, no solo a los demás. Nuestra azarosa ubicación en el mapa geopolítico nos ha aportado, además de la quietud apuntada, una rica bolsa de caudales. Pero hemos dejado de ser centro y observamos con recelo ese cambio de aires. Hemos vivido bien amparados en el mundo de “las cosas son así” y, efectivamente, las cosas son así. Los momentos de profundo desinterés alientan los deseos de quien tiene un interés profundo, y viceversa.

Estos días nos desearemos -y vaya si se lo deseo a ustedes, a quienes dedican un minuto a leer estas notas tomadas al pie de un café- un feliz año. Lo haremos con la sensación de que podemos trocear el tiempo como si la realidad no fuese un continuo; al menos, con el ánimo de salir indemnes del proceso. Un continuo, decía, que ahora nos dirige por una senda desconocida que no presagia nada bueno; ni al menos mejor del ya de por sí desapacible territorio de partida.

Entre la incertidumbre, una certeza, la de Aute: la guerra que vendrá será la más hortera de todas las guerras que ha habido y habrá. Bueno, y la de Brecht: Entre los vencidos, el pueblo llano pasaba hambre. Entre los vencedores, el pueblo llano la pasaba también.  

Madre, en la puerta permanece el niño de la semana pasada. Mientras, plácidos, aguardamos el no sé qué.  

 

 

 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

SEÑOR, SÍ SEÑOR

 

Ibarrola


He escuchado con frecuencia anhelos de transformación enunciados con frases sustentadas en un condicional que habita a medio camino entre apuntalar el deseo y señalar una carencia categórica. Corolarios aspiracionales labrados bajo premisas hipotéticas e irreales del estilo “si la gente supiera la verdad, reaccionaría”. Cada vez -de forma general y no excluyendo la afectación a un grupo humano minoritario– lo creo menos. Lo que ocurre no difiere de lo que a lo largo de la historia sucedió, los hechos concretos aportan solo un matiz. Al menos, la esencia se conoce. El humano responde como un animal gregario, manso, dócil que -insisto, por lo general- manifiesta su fuerza cuando obedece al dueño del local. Porteros de discoteca con ínfulas.

Sumisos en escala ante líderes en escala: primero, ante el investido cabeza del grupillo, que a su vez obedece e impone obedecer al del grupo…  y así sucesivamente hasta responder al vasallaje del mandamás del grupo más fuerte. Así, hasta que, total o parcialmente, se desmorona la estructura. Circunstancia que no elimina la cadena de mando, la sustituye. “Échame pan y llámame perro”, reclamó alguien y el imperativo fraguó fortuna, alcanza nuestros días. Da igual si corres el riesgo de recibir una patada; el éxito consiste en saberla esquivar para, si es necesario, dársela después a otro que reclamó pan aceptando humillaciones. Como réplica, otro refrán recomienda no servir a quién sirvió. Lo entendemos como advertencia ante el riesgo de que el antaño subordinado haya perdido el encuadre. En realidad, el proverbio avisa de lo contrario, el ascendido ya miraba desde aquella perspectiva: fue manso para exigir mansedumbre. Con el añadido de que ahora se atribuye mérito por haber alcanzado posición, se convence de su merecimiento.

Sumisos a un modelo, también a escala. Hablamos de flexibilidad para recibir inversión, de rebajar cualquier exigencia. Al fin, doblegarnos, adquirir ductilidad para arquear el espinazo, para ejecutar con apariencia digna la genuflexión. Más pan, más perros. Hablamos de guerras, de presupuestos de defensa, como si la voluntad, el interés, la decisión, fuese nuestra. Adaptarnos evolutivamente consiste en eso: cambios etológicos, fisiológicos y morfológicos para gritar “señor, sí señor”.

Artóculo publicado en El Norte de Castilla el 16-12-2025

 

miércoles, 3 de diciembre de 2025

LA TORMENTA Y LA GOTERA

 

Foto: Efe

Cincuenta años después, sea por la efeméride redonda, sea porque la coyuntura prescribe una mirada hacia algún punto sedante del pasado, sea por encontrar la génesis de una conversación cerrada en falso que - durante algún que otro decenio aparentó curada o cuanto menos simuló inocua- supura infectada, la Transición vuelve a colear en debates, ficciones o relatos compuestos para la digestión social, para alimento de propios y vómito antagónico. La Transición y su fósforo constitucional. La Transición y sus amenazas latentes. La Transición y su contingencia golpista. La Transición arrinconada cuando dicha contingencia se hizo carne (o la vacuna Tejeril, o la vuelta atrás de un plan que se trastabilló). Una historia de traiciones y lealtades en la que se asumieron como dogma los papeles de traidores y leales preasignados y escritos al pertinente dictado por Victoria Prego. Una historia ahora deshilachada en versiones en las que los relatores, cada relator, distribuyen unos u otros papeles a su conveniencia.

La Transición, desmemoria subsiguiente al silencio impuesto manu militari, pacto para no hacerse daño al estilo del chiste del dentista -eso sí, un acuerdo en que el paciente solo disponía de su mano frente a la dotación amenazante, anestésicos incluidos, del sacadientes- consolidó unos lustros de sensación de bonanza. La Transición, digo, ha perdido su efecto terapéutico.

Al final, los viejos por hastío, los jóvenes por desaliento, diagnostican la quiebra de un modelo que, si alguna vez guareció, ya no transmite sensación de cobijo. Bien entendido, el paradigma resquebrajado, el patrón que amenaza con la intemperie, no es tanto la gotera local como la imponente tormenta global, pero importa que el tejado propio se arregle.

Y no encuentro manera. Las propuestas han desaparecido. El apoyo tan solo se reclama por el descrédito del enemigo, que ya no rival. La libertad augurada, al menos la capacidad de decisión, se deteriora cuando las opciones desaparecen. La alternativa a una propuesta deseada nunca puede ser la que, envuelta en detergente, defiende una idea opuesta.

Y en el mundo de verdad, el de la supervivencia, el de llenar el plato cada día, los mineros aún mueren en la planta catorce.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 2-12-2025

miércoles, 19 de noviembre de 2025

LA ORIGINALIDAD DEL PASADO

 


Ignacio Carral. fotografía, cedida por su hija, fue portada de «Estampa» en 1930

“Todos coinciden en que encontraron algo muy nuevo, muy original y muy eficaz, para regentar el Estado y la nación”. Ese algo “nació en contra de un régimen anterior que se ha convenido en llamar viejo. No cabe duda de que lo contrario a lo viejo es lo nuevo”. “Pero no por esto debe acusárseles demasiado de renovadores”, los defensores de esto nuevo “son buenos chicos y han procurado conservar lo mejor posible los defectos y las lacras del régimen tradicional”. “Han reducido el reparto de prebendas y honores, que antes se hacía equitativamente entre los hombres de todos los partidos, a los hombres del partido” suyo. “Son vagos retóricos como el más consumado político del régimen anterior”. “Mientras aquellos manejaban […] palabras indeterminadas como ‘libertad’, ‘progreso’ y ‘orden’, estos manejan […] ‘patria’, ‘disciplina’…”.

“Han exaltado las características del viejo régimen hasta un limite inverosímil”, si antes “sostenían estériles luchas sobre si la orientación del gobierno debería ser liberal o conservadora”, ahora establecen que “la orientación de todo gobierno debe ser permanentemente” la propia de ellos. “Claro que aún no está la obra completa. […] Aún quedan vertederos por donde puede escaparse la antipatriótica oposición” a ese algo nuevo impugnante.

Lo entrecomillado pertenece a un artículo publicado hace un siglo, el 14 de noviembre de 1925, en las páginas de El Norte de Castilla. Texto escrito por el segoviano Ignacio Carral, mientras trabajaba en un instituto de Sicilia, que llegó a mi mano gracias a Juan, estudiante de Historia que se topó con estos renglones mientras realizaba sus prácticas.

Repetimos la cantinela de que la historia se repite. Las reflexiones, también; de manera que lo escrito por nuestros antecesores bien se puede considerar información del pasado procedente del futuro.

“Solo que esta novedad”, concluye, “es un poco peligrosa. […] Era la que gobernaba todavía cuando aquellos hombres feroces de la Revolución francesa hicieron subir al patíbulo a tanta buena gente”. La mirada de Carral se apagó en 1935, sin tiempo para retratar con palabras a 1945 como reflejo de 1789, para asimilar que su predicción no se cumplió en España, para observar este presente de hoy.

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 18-11-2025