Foto: Alberto Simón-Factoría 9
Prosigue la escalada del Pucela; escalada, sí,
porque de la misma forma que los pobladores del Botxo profesan un incongruente
y disparatado alarde de humildad cuando jactanciosos ponderan la modestia
de Jesús quien «pudiendo haber nacido en Bilbao, lo hizo en Belén», los
blanquivioletas, semana tras semana, pudiendo elevarse hacia la cúspide, optan
por trepar hacia abajo, por encumbrarse al subsuelo, por subir como les sale
de..., dejémoslo aquí.
Esta vez en Leganés, esta vez en apenas 300
segundos. En apenas cinco minutos, y contemplando el encuentro disputado –es un
decir– en aquellas tierras que no tanto tiempo atrás surtían de pepinos a la
capital, recordé a mi tía Ana Mari. Ella se estableció junto a su marido, mi
tío Ricardo, en Zarzaquemada, un distrito de expansión leganense que recogió la
emigración procedente de Andalucía, Extremadura –como ella, pacense de la
frontera con Córdoba– y Castilla –como él, abulense del límite con Salamanca o
Valladolid–, para asentar en un terreno periférico la mano de obra requerida
por la metrópoli, enterrándose así, bajo el asfalto, aquellas huertas
pepineras. Mi tía, cuando en los veranos se acercaba al pueblo, destacaba en el
entorno familiar por la suavidad de su acento, por envolver las 'eses' con la
seda del ceceo, por confrontar involuntariamente su dulzura dialectal frente a
la reciedumbre del 'perfecto', ejem, castellano. Con ese tono meloso, nos
refería su origen en Granja de Torrehermosa, el pueblo de las tres mentiras,
subrayaba: ni es granja, ni refulge su torre, ni es hermosa. Por mi parte, como
'el Ovejas' en la serie 'El pueblo', «ni confirmo, ni desmiento»; la visita aún
se mantiene el catálogo de materias pendientes. Tenga o no sentido el lacerante
aserto, en este punto –recuerdo, a los 300 segundos– mi cabeza se desplazó del
partido de Butarque a mi tía leganense. ¡En qué gran mentira se ha convertido,
o tal vez ya lo fuese y no quisiéramos creerlo, este equipo! La indecente
acción que provocó el primer penalti, esa 'mano' de Alejo, carecía de sentido
en tiempos preVAR, te cazaban casi siempre. Ahora, con las camaritas de
omnipresentes testigas, la penalización resulta inexorable. ¿Dónde habitaba la
concentración requerida a un profesional? Después, Jaouab, al desubicarse, se
autoinflige un gol; mancilla el ejercicio de la defensa al olvidar la atención
al balón y el emplazamiento de su portería. ¿Dónde reposaban los recursos
técnicos y tácticos requeridos a este nivel? En general, y a lo largo del
partido –de tantos partidos–, cuando el Pucela se adueñaba del balón, la
intentona se topaba con la verdad del fútbol: poseer la pelota sin capacidad
para dotar de sentido al juego engaña a la vista, aparentemente amenaza, pero
la circunstancia se torna inofensiva, se transforma en un juego de sistematismo
protocolario.
Entre las mentiras cabe resaltar la labor de un
colegiado reprobado en las tres ocasiones en las que tomó una decisión. Carne
de pescuezo al por mayor.
Mentira, tras mentira, tras mentira. En Granja de
Torrehermosa, que ahora se enfrenta a la amenaza de la instalación de una
macroplanta de biogás, al menos, se alza una torre. No sé a qué se puede
agarrar el Pucela...
Artículo publicado en El NOrte de Castilla el 12-01-2026