miércoles, 28 de enero de 2026

A NUESTRO RITMO

 

Foto: A. G. Barriada

De adolescente, estudiando la Historia de aquella manera en que saltábamos de siglo con solo pasar página, deduje que vivíamos en una época demasiado aburrida; al fin y al cabo no se ‘descubrían’ continentes, las guerras sonaban efímeras -nunca alcanzaban los cien, ni los ochenta, ni siquiera los treinta años- y las fronteras que teníamos más a mano permanecían inmutables. ¡Qué envidia del pasado!, clamaba en silencio. Craso error, me contradije al poco, antes incluso de la apertura en canal de los Balcanes. Después leí que Winston Churchill, reseñando su presente, amparándose en el pasado, apercibió de lo venidero, cuando advirtió de que en los Balcanes se “produce más historia de la que se puede consumir”.

Huelga decir que en este presente estamos desencadenando jirones de incidentes, escribiendo páginas, a un ritmo que satura al mundo, que acelera a ojos vista los procesos de producción, que dirige a un colapso -cada día más inevitable- por incapacidad de digerir tamaña deglución de historia.

Un ritmo desaforado que nos arranca de un pasado reconocible por definición y nos traslada a un futuro que, si bien -y también por definición- nunca pudo predecirse-, nace con las huellas borradas, con los mapas desvencijados, sin ‘gepeeses’ vitales. 

Un ritmo consecuente de la vorágine cotidiana de unas sociedades exangües por exigentes, competitivas, que no necesariamente competentes, y depredadoras a un límite tendente a infinito con el que se sobrepasa diariamente cualquier cota de ‘todovalismo’.  Sociedades que se desprenden paulatinamente de lo imprescindible, que cuestionan -la propia aceleración impele a cuestionar- los recursos imprescindibles para una mínima armonía, mientras obliga para la subsistencia a trabajar innumerables horas en labores grotescas. Sociedades ahormadas, hasta el punto de que Max Weber se llevaría las manos a la cabeza, por una ahormada ética protestante al nuevo espíritu del capitalismo. El imperio impone, aun calladamente.

Mientras, eso sí, una comunidad autónoma poblada por irreductibles castellanos y leoneses resiste, todavía y como siempre, al frenetismo invasor. Quieta, tranquila, haciendo como si nada pasara por más que ocurra, espera que se abran las urnas para que cierren y todo siga igual. O más o menos.

Publicado en El Norte de Castilla el 27-01-2026