A diario,
Sansón, Rafa Vega, 'ilustra' en el doble sentido del término: adorna este
periódico con sus viñetas y contribuye a dar (nos) luz al entendimiento.
Su destreza perfila las escenas, delinea los trazos; su perspicacia fragua
deltas y bocadillos, compone en pocas palabras –bien de forma directa, bien
recurriendo a la ironía, la caricatura, la antítesis, la paradoja y demás
figuras retóricas– una profunda reflexión, una crítica mordaz, un estímulo
intelectual. Así, sea el caso, el pasado viernes, como quien no quiere la cosa,
uno de sus personajes arguye: «yo soy partidario de multiplicar el gasto en
defensa, como nos exige Trump, para que nadie pueda destruir todas esas
infraestructuras que seremos incapaces de conservar cuando aumentemos el gasto
en defensa». Y te quedas como de un aire dando vueltas a si el resultado de la
exigencia trumpiana –la incapacidad del mantenimiento– se emplaza en el listado
de las indeseadas consecuencias o habrá de figurar en el registro de causas, en
el deseo de origen.
Rafa Vega,
Sansón, –también aquí, en este caso cada semana– ilustra sin ilustrar,
esclarece sin más apero que la palabra escrita, de tal forma que sus
consideraciones, adecuadas en principio para una materia, se expanden a
dominios ni siquiera adyacentes. Refiriéndose –en principio– al viaducto de
Arco de Ladrillo, escribía el miércoles catorce: «Las grietas encienden todas
las alarmas en las estructuras construidas sobre malos cimientos». En
principio, al viaducto, porque nos servirían de igual manera vinculadas al Real
Valladolid. Tras la victoria en Ceuta, como ocurrió poco más de un mes antes
cuando el equipo blanquivioleta obtuvo los tres puntos en Huesca, pudimos
creer, incautos –iba a escribir 'pensar', pero no, 'pensar' es otro quehacer
muy diferente al de 'creer'–, digo, pudimos creer que (por mor de un nuevo
entrenador, de un nuevo desarrollo) se habrían restañado las fisuras. Rafa
Vega, ya había desalentado la vana esperanza: «No todas ellas [las grietas]
pueden cegarse con una capa caliente de brea. A veces hay que dejar que
evolucionen».
Los discursos
entusiastas –esas ventas de humo travestidas en análisis técnico-tácticos,
dimanadas desde las oficinas del club en presentaciones y demás saraos– tendrán
como objeto alentar o complacer, pero vez tras vez se descabalan en cuanto
chocan con la realidad. El próximo 'nada por aquí, nada por allá, ¡alehop!'
previo a la exposición de los últimos fichajes servirá como subterfugio,
desgastado me temo, para arrancar renovadas dosis de ilusión. Apuntará, ¿verdad
Rafa?, a «un empeño infructuoso e inútil, como el de alguien que se afanase en
atiborrar de bótox, maquillaje y cremas antiarrugas la piel apergaminada de
Ramsés II». Si llegado el caso, los actuales dirigentes se escudan en etapas
previas, cabrá recordar que «no todas las grietas son tan superficiales; no
todas son fruto de la vejez».
Mientras
continúe la escalada hacia abajo, solo nos queda el recurso de invocar al dios
del fútbol con humildes plegarias: «Benditas sean las [grietas] que rompen
muros infranqueables», «benditas sean las que muestran la verdad oculta bajo
capas de cal y pintura, de propaganda y demagogia». Y con Rafa y Leonard Cohen
esperar con la certeza de que «hay una grieta en todas las cosas por donde
entra la luz».
Publicado en El Norte de Castilla el 25-01-2026