lunes, 26 de enero de 2026

ALARMA, GRIETAS EN EL ASFALTO

 

Foto: C. Espeso

A diario, Sansón, Rafa Vega, 'ilustra' en el doble sentido del término: adorna este periódico con sus viñetas y contribuye a dar (nos) luz al entendimiento. Su destreza perfila las escenas, delinea los trazos; su perspicacia fragua deltas y bocadillos, compone en pocas palabras –bien de forma directa, bien recurriendo a la ironía, la caricatura, la antítesis, la paradoja y demás figuras retóricas– una profunda reflexión, una crítica mordaz, un estímulo intelectual. Así, sea el caso, el pasado viernes, como quien no quiere la cosa, uno de sus personajes arguye: «yo soy partidario de multiplicar el gasto en defensa, como nos exige Trump, para que nadie pueda destruir todas esas infraestructuras que seremos incapaces de conservar cuando aumentemos el gasto en defensa». Y te quedas como de un aire dando vueltas a si el resultado de la exigencia trumpiana –la incapacidad del mantenimiento– se emplaza en el listado de las indeseadas consecuencias o habrá de figurar en el registro de causas, en el deseo de origen.

Rafa Vega, Sansón, –también aquí, en este caso cada semana– ilustra sin ilustrar, esclarece sin más apero que la palabra escrita, de tal forma que sus consideraciones, adecuadas en principio para una materia, se expanden a dominios ni siquiera adyacentes. Refiriéndose –en principio– al viaducto de Arco de Ladrillo, escribía el miércoles catorce: «Las grietas encienden todas las alarmas en las estructuras construidas sobre malos cimientos». En principio, al viaducto, porque nos servirían de igual manera vinculadas al Real Valladolid. Tras la victoria en Ceuta, como ocurrió poco más de un mes antes cuando el equipo blanquivioleta obtuvo los tres puntos en Huesca, pudimos creer, incautos –iba a escribir 'pensar', pero no, 'pensar' es otro quehacer muy diferente al de 'creer'–, digo, pudimos creer que (por mor de un nuevo entrenador, de un nuevo desarrollo) se habrían restañado las fisuras. Rafa Vega, ya había desalentado la vana esperanza: «No todas ellas [las grietas] pueden cegarse con una capa caliente de brea. A veces hay que dejar que evolucionen».

Los discursos entusiastas –esas ventas de humo travestidas en análisis técnico-tácticos, dimanadas desde las oficinas del club en presentaciones y demás saraos– tendrán como objeto alentar o complacer, pero vez tras vez se descabalan en cuanto chocan con la realidad. El próximo 'nada por aquí, nada por allá, ¡alehop!' previo a la exposición de los últimos fichajes servirá como subterfugio, desgastado me temo, para arrancar renovadas dosis de ilusión. Apuntará, ¿verdad Rafa?, a «un empeño infructuoso e inútil, como el de alguien que se afanase en atiborrar de bótox, maquillaje y cremas antiarrugas la piel apergaminada de Ramsés II». Si llegado el caso, los actuales dirigentes se escudan en etapas previas, cabrá recordar que «no todas las grietas son tan superficiales; no todas son fruto de la vejez».

Mientras continúe la escalada hacia abajo, solo nos queda el recurso de invocar al dios del fútbol con humildes plegarias: «Benditas sean las [grietas] que rompen muros infranqueables», «benditas sean las que muestran la verdad oculta bajo capas de cal y pintura, de propaganda y demagogia». Y con Rafa y Leonard Cohen esperar con la certeza de que «hay una grieta en todas las cosas por donde entra la luz».

Publicado en El Norte de Castilla el 25-01-2026