miércoles, 11 de marzo de 2026

ADAPTADITOS

 

Humo en una refinería de petróleo de Shahran tras un ataque aéreo en Teherán. Efe

De nuevo, un sobresalto bélico: la tan insensata como codiciosa astracanada en Irán.  De nuevo la escenificación de este mundo perenne siempre en manos de un grupúsculo que, en su afán por acumular poder, impone al resto la obligación de matarse.

Y mientras, ese resto se viste argumentalmente acomodándose los calzoncillos por encima de los pantalones: primero observo dónde me coloco/colocan; posteriormente, rebusco/memorizo premisas justificadoras; para concluir debatiendo/recitando sartas de consignas o -perdón por el eufemismo- letanías de distorsiones.

Aun consciente de esta realidad, aun previendo que los habré de escuchar, algunos pareceres -los que supeditan al mero interés la decisión de involucrarse en una guerra- me rechinan. Envuelto el discurso -bien por contradicción, mera apariencia o mal disimulado miedo- en el boato de la valentía, oír la conveniencia de apuntarse al carro ganador para evitar represalias del imperial, me provoca por este orden pasmo y recelo. Entonces acude a mí la certidumbre de que los que a la par se muestran tan fuertes con los débiles como débiles con los fuertes se consideran a sí mismos fuertes sin detenerse a constatar su naturaleza de vasallos ensoberbecidos. Encaramados estos en el peldaño de una pretendida consideración, cuestionan a quienes apuntalan su vigor frente los poderosos mientras traslucen su delicadeza ante los vulnerables. Al final, esa actitud desmonta su estructura mental y les deja en evidencia. Esa actitud y no otras, porque tanto al poder como a sus adláteres no les preocupan quienes ofrecen debilidad ante los débiles -falsos compasivos- y débiles contra los fuertes -cobardes llegado el caso-. Tampoco les incomodan quienes expresan tanta animadversión contra débiles como contra fuertes. Les mostrarán como tarados a los que, albergando buenas ideas e intenciones, se les va la olla.

Tampoco comparto, aun coincidiendo en el hecho de no respaldar la embestida militar, que la decisión resulta adecuada para evitar que, como país, tengamos que volver a sufrir otro infausto 11-M.  A veces -insisto, ni por forma, ni por intenciones estamos en este caso- corresponde retribuir con un alto precio la defensa de los valores. Sobreviven los que se adaptan, sí; pero una cosa es eso y otra empequeñecerse compitiendo en la adaptación.   

Artículo publicado en El Norte de Castilla el 10-03-2026